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Barco: El primer barco de vapor que cruzó el
Atlántico fue el buque correo de costa remozado Savannah, que zarpó desde
Savannah, Georgia, el 28 de mayo de 1819 y llegó a Liverpool el 20 de junio.
Algunos otros barcos cruzaron después el océano Atlántico, pero no se
instituyó un servicio regular hasta 1840, año en que la empresa recién creada
Cunard Line estableció y mantuvo una línea regular entre Gran Bretaña y
Estados Unidos. Los buques eran de madera, con ruedas accionadas por vapor, y
llevaban también mástiles y un aparejo de barca que se usaba cuando el viento
era favorable. Sus dos máquinas le suministraban una potencia de 1.500 CV,
aproximadamente, y propulsaban el barco a unos 9 nudos (16 km/h). Los
primeros vapores estadounidenses que mantuvieron un programa regular de viajes
transatlánticos fueron el Hermann y el Washington, que comenzaron sus servicios
en 1847. Entre los primeros intentos de aplicación de la propulsión por
hélice, se cuenta la construcción en 1804, por el inventor John Stevens, de un
barco de vapor con dos hélices. Aunque obtuvo éxito en varias pruebas, Stevens
se desalentó debido a dificultades en la construcción de la máquina, y no
prosiguió sus ensayos. En 1836, el sueco John Ericsson y el británico Francis
Smith introdujeron, cada uno de ellos por caminos independientes, la hélice que
fue sometida a prueba en una serie de barcos, entre los que destacó el navío
británico Great Britain, terminado en 1844. El buque tenía 98,2 m de
eslora y una capacidad de carga de casi 3.550 t. Una única máquina de
2.000 CV impulsaba el barco a una velocidad de 12 nudos (22 km/h). El
Great Britain se hundió en la costa de Irlanda, pero soportó severos vientos y
marejadas durante un invierno completo, y fue reflotado más tarde sin daños.
Este hecho eliminó una gran parte de los prejuicios conservadores contrarios al
uso del hierro como material apropiado para la construcción de barcos.
Bicicleta: Vehículos toscos de dos ruedas propulsados
por los pies eran corrientes en los primeros años de la segunda mitad del siglo
XVII. En 1690, un francés inventó la célérifère, que consistía en un
bastidor de madera al que se añadían las ruedas. El vehículo no tenía
manillar; el asiento era una almohadilla en el bastidor y se propulsaba y
dirigía impulsando los pies contra el suelo. En 1816, un noble alemán diseñó
el primer vehículo de dos ruedas con dispositivo de dirección. Esta máquina,
denominada draisiana (en honor a su inventor), tenía un manillar que pivotaba
sobre el cuadro, permitiendo el giro de la rueda delantera. Después, inventores
franceses, alemanes y británicos introdujeron mejoras. En Inglaterra, estos
primeros modelos se conocieron como balancines; el nombre de dandy horse quedó
para el vehículo inventado en 1818. El balancín era más ligero que la
draisiana y tenía un asiento ajustable y un apoyo para el codo. Fue patentado
en Estados Unidos en 1819, pero suscitó poco interés. En 1839, el escocés
Kirkpatrick Macmillan añadió las palancas de conducción y los pedales a una
máquina del tipo de la draisiana. Estas innovaciones permitieron al ciclista
impulsar la máquina con los pies sin tocar el suelo. El mecanismo de impulsión
consistía en pedales cortos fijados al cubo de la rueda de atrás y conectados
por barras de palancas largas, que se encajaban al cuadro en la parte superior
de la máquina. Las barras de conexión se unían a las palancas a casi un
tercio de su longitud desde los pedales. La máquina era impulsada por el empuje
de los pies hacia abajo y hacia adelante. En 1846, un modelo mejorado de esta
máquina, diseñado por un escocés, tomó el nombre de dalzell, muy utilizado
en Gran Bretaña. El precursor directo de la bicicleta moderna fue el modelo
francés dirigido por manivela, velocípedo de pedaleo sin presión, que se hizo
popular en Francia hacia 1855. El cuadro y las ruedas se fabricaban en madera.
Los neumáticos eran de hierro y los pedales estaban colocados en el cubo de la
rueda delantera o del conductor, que era un poco más alta que la rueda de
atrás. En Gran Bretaña esta máquina se conoció como el ‘quebrantahuesos’,
a causa de sus vibraciones cuando circulaba sobre carreteras pedregosas o en
calles adoquinadas.
Brújula: En su forma más sencilla este tipo de brújula está formado por una aguja magnetizada montada en un pivote situado en el centro de un círculo graduado fijo (denominado rosa de los vientos) de modo que la aguja pueda oscilar libremente en el plano horizontal. El compás náutico, una brújula magnética utilizada en la navegación, tiene varios haces de agujas magnetizadas paralelas fijados a la parte inferior de la rosa que pivota sobre su centro en un recipiente de bronce cubierto de vidrio. El recipiente está montado en un balancín, por lo que la rosa mantiene una posición horizontal a pesar del balanceo y cabeceo del barco.En el compás líquido, el más estable de los compases náuticos, el recipiente está lleno de líquido, una mezcla de alcohol y agua. El líquido ayuda a sostener la rosa, que en este tipo de brújula pivota sobre su centro y flota en el líquido, con lo que se reduce la fricción en el pivote y se amortiguan las vibraciones de la rosa causadas por el movimiento del buque. Estas ventajas hacen que el compás líquido se emplee más que el compás seco. En ambos tipos hay trazada una línea negra vertical, conocida como línea de fe, en la superficie interior del recipiente, orientada según la proa del barco. El rumbo del buque se obtiene leyendo los grados que marca la rosa frente a la línea de fe. La brújula magnética sólo apunta al norte magnético si el barco está libre de magnetismo y si no hay objetos grandes de hierro o acero en las proximidades. Si el barco está magnetizado o la aguja se ve afectada por objetos de hierro o acero, se produce el error conocido como desviación. Para corregir la desviación la brújula se instala en un soporte denominado bitácora de compensación, equipado con un sistema de imanes que compensan las influencias perturbadoras. Para obtener el norte verdadero en una brújula magnética también hay que efectuar las correcciones debidas a la declinación magnética (el ángulo formado entre el meridiano magnético y el meridiano verdadero). Este ángulo (también llamado variación magnética) puede ser positivo o negativo, y varía con la posición geográfica y en cierta medida con el tiempo. Se han determinado la magnitud, el signo y el cambio anual de la declinación de la mayoría de los lugares de la superficie terrestre, y estos datos están registrados en todas las cartas náuticas. Las tormentas magnéticas provocan cambios transitorios e impredecibles de la declinación, sobre todo en las latitudes más elevadas. El compás náutico convencional resulta poco fiable en las aeronaves debido a los errores introducidos por los giros y aceleraciones bruscas del avión. Para eliminar estos errores, los compases aeronáuticos tienen un diseño especial, con unidades direccionales magnéticas estabilizadas respecto al movimiento del avión mediante péndulos o giróscopos.
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