QUINTANA. (1906-1994)


BIOGRAF�A

Poeta nacido en Alegrete, en el estado de Porto Alegre, Brasil. Despreocupado por la cr�tica, hizo poes�a porque sent�a necesidad, seg�n sus propias palabras. En 1929 trabaja para el diario O Estado y un a�o despu�s publica sus primeros poemas en una revista. Pasa seis meses en Rio de Janeiro d�nde participa como voluntario en el S�ptimo Batall�n de Cazadores. En 1940 Se edita A rua dos Cataventos con excepcional repercusi�n, varios de estos sonetos pasan a figurar desde entonces en antolog�as y libros escolares. M�s tarde colabora en el diario Correio do Povo de Porto Alegre y en 1962 re�ne en un s�lo vol�men toda la poes�a publicada hasta entonces. Recibi� el premio Machado de As�s por la Academia Brasile�a de las Letras por el conjunto de su obra. Muri� el 5 de mayo de 1994 a los 87 a�os en Porto Alegre. Escribi� entre otras obras Cancoes (1946), Espejo m�gico (1948), Sapato Florido (1947), O Aprendiz de Feiticeiro (1950), Apontamentos de Hist�ria Sobrenatural (1976) y Esconderijos do Tempo (1980). Fu� traductor de Papini, Maupassant, Proust, Voltaire, Charles, Morgan, Virginia Woolf y otros. En su poes�a reina el pesimismo y la ternura por un mundo que parece le es adverso.



UN PIE DESPU�S DEL OTRO

" Hay personas a las que les gusta escalar el Everest, una paranoia como otra cualquiera. Pero no soy qui�n para criticar, teniendo en cuenta la modestia de mi propia man�a, la cual consiste en descubrir callejuelas desconocidas. Como se ve, una man�a bastante elemental. Sergio de Gouvea y yo �ramos peritos en el asunto. Descend�amos en el final de una l�nea y, cuando nos sonre�a la perspectiva, envered�bamos por cualquier calle transversal. Nunca nos import� el nombre de la calle, porque est�bamos haciendo descubrimientos y no turismo y, adem�s, no constaba entre nuestras intenciones colonizar aquellas tierras inc�gnitas ni volver all� jam�s. Eramos unos colonos completamente desinteresados. En aquel tiempo las personas sol�an reparar unas en las otras y los abor�genes nos observaban con una mirada de quien indaga: -�Qui�nes ser�n esos?-. Bien, saciados los ojos en los paisajes suburbanos, a veces lleg�bamos a descubrir tambi�n un bar, generalmente de esquina, donde saci�bamos la sed. S�lo no saci�bamos los asuntos, sobre todo metaf�sicos, lo que debe dejar asombrados a los pragm�ticos de hoy en d�a. Despu�s volv�amos andando por el trayecto del tranv�a, hasta cansarnos, momento en el que tom�bamos dicho tranv�a, y a veces lleg�bamos a caminar hasta el centro, en los d�as de mejor forma. Por esas andanzas domingueras nos juzg�bamos peripat�ticos �De qu�! S�lo �ramos precursores del m�todo Cooper. Aunque en c�mara lenta."


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