UN PIE DESPU�S DEL OTRO
" Hay personas a las que les gusta escalar el Everest, una paranoia como otra cualquiera. Pero no soy qui�n para criticar, teniendo en cuenta la modestia de mi propia man�a, la cual consiste en descubrir callejuelas desconocidas. Como se ve, una man�a bastante elemental. Sergio de Gouvea y yo �ramos peritos en el asunto. Descend�amos en el final de una l�nea y, cuando nos sonre�a la perspectiva, envered�bamos por cualquier calle transversal. Nunca nos import� el nombre de la calle, porque est�bamos haciendo descubrimientos y no turismo y, adem�s, no constaba entre nuestras intenciones colonizar aquellas tierras inc�gnitas ni volver all� jam�s. Eramos unos colonos completamente desinteresados. En aquel tiempo las personas sol�an reparar unas en las otras y los abor�genes nos observaban con una mirada de quien indaga: -�Qui�nes ser�n esos?-. Bien, saciados los ojos en los paisajes suburbanos, a veces lleg�bamos a descubrir tambi�n un bar, generalmente de esquina, donde saci�bamos la sed. S�lo no saci�bamos los asuntos, sobre todo metaf�sicos, lo que debe dejar asombrados a los pragm�ticos de hoy en d�a. Despu�s volv�amos andando por el trayecto del tranv�a, hasta cansarnos, momento en el que tom�bamos dicho tranv�a, y a veces lleg�bamos a caminar hasta el centro, en los d�as de mejor forma. Por esas andanzas domingueras nos juzg�bamos peripat�ticos �De qu�! S�lo �ramos precursores del m�todo Cooper. Aunque en c�mara lenta." |