PABLO NERUDA. (1904-1973)


BIOGRAF�A
Poeta chileno, considerado uno de los m�s importantes del siglo XX. Hijo de un ferroviario, y hu�rfano de madre cuando solo hab�a vivido un mes, escrib�a poes�a desde muy joven (el seud�nimo comenz� a usarlo cuando apenas ten�a diecis�is a�os). Gabriela Mistral lo inici� en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admir� toda su vida. Estudi� para convertirse en profesor de franc�s, sin llegar a lograrlo. Su primer libro, cuyos gastos de publicaci�n sufrag� �l mismo con la colaboraci�n de amigos, fue Crepusculario (1923). Al a�o siguiente, su Veinte poemas de amor y una canci�n desesperada se convirti� en un �xito de ventas (ha superado el mill�n de ejemplares), y lo situ� como uno de los poetas m�s destacados de Latinoam�rica. Entre las numerosas obras que le siguieron destacan Residencia en la tierra (1933), que contiene poemas impregnados de tr�gica desesperaci�n ante la visi�n de la existencia del hombre en un mundo que se destruye, y Canto general (1950), un poema �pico-social en el que retrata a Latinoam�rica desde sus or�genes precolombinos. La obra fue ilustrada por los famosos pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Como obra p�stuma se publicaron, en el mismo a�o de su fallecimiento, sus memorias, con el nombre de Confieso que he vivido. Poeta enormemente imaginativo, Neruda fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poes�a por unas formas expresivas m�s asequibles. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputaci�n internacional supera los l�mites de la lengua. En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, represent� a su pa�s en ciudades de Asia, Latinoam�rica y Espa�a. De ideas pol�ticas izquierdistas, fue miembro del Partido Comunista chileno y senador entre 1945 y 1948. En el a�o 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido y, entre 1970 y 1972, fue embajador en Francia. En 1971 recibi� el Premio Nobel de Literatura y el Premio Lenin de la Paz. Antes hab�a obtenido el Premio Nacional de Literatura (1945).



ODA A LA POBREZA

" Cuando nac�,
pobreza,
me seguiste,
me mirabas
a trav�s
de las tablas podridas
por el profundo invierno.
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
de noche, repet�an
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salto quebrado, el traje roto,
los zapatos abiertos,
me advert�an.
All� estabas
acech�ndome
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
all� estabas
busc�ndome,
sigui�ndome,
desde mi nacimiento
por las calles.
Cuando alquil� una pieza
peque�a, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,
o al descorrer las s�banas
en un hotel oscuro,
adolescente,
no encontr� la fragancia
de la rosa desnuda,
sino el silbido fr�o
de tu boca.
Pobreza,
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.
Cuando enferm� tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres
los dejaban caer como pedradas.
T�, con amor horrible,
de un mont�n de abandono
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado
y mirando a los pobres
recog�as
mi �ltimo plato haci�ndolo diadema.
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.
Junto
a cada pobre
me encontrar�s cantando,
bajo
cada s�bana
de hospital imposible
encontrar�s mi canto.
Te sigo,
pobreza,
te vigilo,
te acerco,
te disparo,
te a�slo,
te cerceno las u�as,
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:
en el oc�ano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,
secarse el sudor negro,
encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada d�a
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar pan en las panader�as.
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
est� cantando,
mi vida
est� viviendo,
mi sangre
est� luchando.
Derrotar�
tus p�lidas banderas
en donde se levanten.
Otros poetas
anta�o te llamaron
santa,
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo
te desaf�o,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que all� te quedes
fr�a y encarcelada
mirando con un ojo
el pan y los racimos
que cubrir� la tierra
de ma�ana. "


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