| UMBERTO ECO. (1932) |
| BIOGRAF�A |
Umberto Eco naci� en 1932 en Alejandr�a, Italia. Vive entre Mil�n, Bolon�a y Estados Unidos. Es Doctor en Filosof�a por la Universidad de Tur�n. En la actualidad ejerce como catedr�tico de Filosof�a en la Universidad de Bolonia. Estudioso del lenguaje y de los signos de la comunicaci�n, es Doctor honoris causa en 25 universidades entre las que se cuenta la Complutensa de Madrid, y ha sido galardonado en numerosas ocasiones. Forma parte de el Foro de Sabios de la Unesco. Trabaj� en la RAI en programas culturales, perteneci� al Grupo 63, tabaja como ensayista, historiador, conferenciante y cr�tico literario. Sin embargo su versatilidad va m�s all� de cuantos temas incluidos en la ortod�xia intelectual podemos imaginar. Lo mismo entra en debate sobre el mundo de las telecomunicaciones que lo hace sobre la trascendencia social de Mafalda, Superman, Claudia Shiffer o los trenes Norteamericanos. Ameno y seductor con el lenguaje no se ha encerrado en la torre de cristal de su c�tedra, sino que se ha abierto al p�blico m�s heterog�neo con la finalidad �ltima de permanecer enterado de los avatares del mundo en el que le ha tocado vivir participando con sus peculiares puntos de vista en la marcha que la sociedad y los indiv�duos del pr�ximo siglo han iniciado. Su primera obra escrita es "La structura assente" ( 1968), a las que siguieron " El Tratado de semi�tica general" ( 1975), "Apocal�pticos e Integrados" (1965) y "Opera Abierta". Sin embargo sus obras m�s conocidas son, las novelas "El nombre de la rosa" (1980), "El p�ndulo de Foucault" (1988) y "La isla del d�a de antes". |
| ACADEMIA TEM�TICAS (fragmento) No estamos muy avanzados: tenemos una computadora conectada a Internet cada 1800 habitantes, mientras que en Alemania hay una cada 380 y en los Estados Unidos una cada 76. Pero es poco tambi�n en los Estados Unidos: admitiendo que a esa computadora la usan una veintena de personas, �qu� hacen las restantes 56? Quedan excluidas. �De qu�? Del poder. La perspectiva m�s pesimista para el futuro es que nazca una sociedad dividida en tres clases: en el nivel m�s bajo, una masa de proletarios que no tienen acceso a la computadora (y por lo tanto tampoco al libro) y que dependen s�lo de la comunicaci�n televisiva; en el nivel medio, una peque�a burgues�a que usa la computadora de manera masiva (como en el caso t�pico de un empleado de una compa��a a�rea que usa la m�quina para saber qui�n est� listado para un determinado vuelo), y, finalmente, una 'nomenklatura' (en el sentido sovi�tico del t�rmino) que sabe c�mo hacer razonar a la m�quina (y que posee los medios econ�micos para hacerse de los elementos cada vez m�s nuevos y m�s potentes)." |
BORGES Y BURGOS (art�culo) Recuerdo que ten�a 22 o 23 a�os cuando se public� por primera vez Ficciones. Se hab�an hecho unas 500 copias, pr�cticamente nadie se hab�a dado cuenta. Entonces vino un poeta italiano (�Sergio Sogni?), quien me dijo: "Lea este libro. Es de un argentino que nadie conoce aqu�". Me enloqueci�. Me pasaba noches y noches ley�ndoselo a mis amigos. Me reconoc� de inmediato en Borges. Fue un amor a primera vista. Desde mi juventud, cuando Borges apenas ten�a mil lectores en Italia. Era un desconocido en ese momento (estoy hablando del a�o 1955 o 1956). Evidentemente, hay una suerte de homenaje en El nombre de la rosa, pero no por el hecho de que haya llamado a mi personaje Burgos. Una vez m�s estamos frente a la tentaci�n del lector de buscar siempre las relaciones entre novelas: Burgos y Borges, el ciego, etc�tera. Simplemente me gust� la idea de tener un bibliotecario ciego y le puse el mismo nombre de Borges, pero en ese momento todav�a no sab�a que iba a quemar la biblioteca. Es una alegor�a. Al igual que los pintores del Renacimiento, que colocaban su retrato o el de sus amigos, yo puse el nombre de Borges, como el de tantos otros amigos. Era una manera de rendirle homenaje a Borges. |
| EL NOMBRE DE LA ROSA " Guillermo se sent�a profundamente humillado. Trat� de consolarlo, dici�ndole que hac�a tres d�as que estaba buscando un texto en griego y era natural que hubiese descartado todos los libros que no estaban en griego. El respondi� que sin duda es humano cometer errores, pero que hay seres humanos que los cometen m�s que otros, y a estos se los llama tontos, y que �l se contaba entre estos �ltimos, y se preguntaba si hab�a valido la pena que estudiase en Par�s y Oxford para despu�s no ser capaz de pensar que los manuscritos tambi�n se encuadernan en grupos, cosa que hasta los novicios saben, salvo los est�pidos como yo, y una pareja de est�pidos tan buena como la nuestra hubiera podido triunfar en las ferias, y eso era lo que ten�amos que hacer en vez de tratar de resolver misterios, sobre todo cuando nos enfrentabamos con gente m�s astuta que nosotros. |
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