MIGUEL DELIBES. (1920)


BIOGRAF�A

Naci� en Valladolid en 1920. Premio Nadal de Novela en 1947, ha publicado La sombra del cipr�s es alargada (1948), A�n es de d�a (1949), El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sis� (1953), La hoja roja (1959), Las ratas (1962), Cinco horas con Mario (1966, cuya adaptaci�n teatral es de 1979), Par�bola del n�ufrago (1969), Las guerras de nuestros antepasados (1975, adaptada al teatro en el 1990), Los santos inocentes (1981, llevada al cine por Mario Camus), Mujer de rojo sobre fondo gris (1991), Coto de caza (1992). Muchas de sus obras tiene que ver con el mundo de la caza, lo que explica su caracterizaci�n como "cazador que escribe": desde el Diario de un cazador (1955) y Diario de un emigrante (1958), hasta El libro de la caza menor (1964) o Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo (1979) entre otras obras, a las que hay que a�adir aquellas que reflejan tambi�n su inter�s por la pesca, el f�tbol y la vida al aire libre. Es tambi�n autor de los cuentos de La mortaja (1970), de la novela corta El tesoro (1985) y de textos autobiogr�ficos como Un a�o de mi vida (1972). Entre los motivos de su obra destaca la perspectiva ir�nica frente a la peque�a burgues�a, la denuncia de las injusticias sociales, la rememoraci�n de la infancia, por ejemplo El pr�ncipe destronado (1973), la representaci�n de los h�bitos y el habla propia del mundo rural, muchos de cuyos t�rminos y expresiones recupera para la literatura. La novela Diario de un jubilado (1995) es un retrato ir�nico y tierno sobre la vida y las relaciones entre dos viejos que alcanz� un gran �xito de p�blico. Su �ltima obra publicada, He dicho, es una colecci�n de ensayos sobre los temas m�s diferentes pero muy propios del mundo de Delibes, por lo que en realidad es una semblanza autobiogr�fica. Adem�s del Nadal, ha recibido el Premio de la Cr�tica (1953), el Premio Pr�ncipe de Asturias (1982), el Premio Nacional de las Letras Espa�olas (1991) y el Premio Cervantes (1994).



MUJER DE ROJO SOBRE FONDO GRIS (fragmento)

" En la vida has ido conociendo algunas cosas pero has fallado en lo esencial, es decir, has fracasado. Esa idea te deprime y entonces es cuando buscas apresuradamente un remedio para poder arrastrar con dignidad el futuro. Ahora no tendr� a nadie a mano cuando me asalte el miedo. (...) Ninguno de los dos era sincero pero lo fing�amos y ambos acept�bamos, de antemano, la situaci�n. Pero las m�s de las veces, call�bamos. Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Est�bamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todav�a lo vi m�s claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran sencillamente la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversaci�n que pudieran interesarla, pero me suced�a lo mismo que ante el lienzo en blanco: no se me ocurr�a nada. A mayor empe�o, mayor ofuscaci�n. Se lo expliqu� una ma�ana que, como de costumbre, camin�bamos cogidos de la mano: �Qu� vamos a decirnos? Me siento feliz as�, respondi� ella. (...) Una voz misteriosa me soplaba la lecci�n entonces y yo atribu�a a los �ngeles, pero ahora advert�a que no eran los �ngeles sino ella; su fe me fecundaba por que la energ�a creadora era de alguna manera transmisible �De qui�n me compadec�a entonces, de ella o de m�?. "


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