| SIMONE DE BEAUVOIR.(1908-1986) |
| BIOGRAF�A |
Novelista francesa existencialista y feminista. Hasta 1943 fue profesora de filosof�a. Tras conocer a Jean Paul Sartre en la Sorbona, en 1929, se uni� estrechamente al fil�sofo y su c�rculo. En su primera novela, La invitada (1943), explor� los dilemas existencialistas de la libertad, la acci�n y la responsabilidad individual, temas que aborda igualmente en novelas posteriores como La sangre de los otros (1944) y Los mandarines (1954), novela por la que recibi� el Premio Goncourt. Las tesis existencialistas, seg�n las cuales cada uno es responsable de s� mismo, se introducen tambi�n en una serie de obras autobiogr�ficas, entre las que destacan Memorias de una joven de buena familia (tambi�n conocida como Memorias de una joven formal) (1958) y Final de cuentas (1972). Sus obras ofrecen una visi�n sumamente reveladora de su vida y su tiempo. Entre sus ensayos escritos cabe destacar El segundo sexo (1949), un profundo an�lisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad; La vejez (1970), sobre el proceso de envejecimiento donde critica apasionadamente la actitud de la sociedad hacia los ancianos, y La ceremonia del adi�s (1981), donde evoca la figura de su compa�ero y colega de tantos a�os, Jean Paul Sartre. |
| PYRRHUS ET CIN�AS (fragmento) " Porque el hombre es trascendencia, jam�s podr� imaginar un para�so. El para�so es el reposo, la trascendencia negada, un estado de cosas ya dado, sin posible superaci�n. Pero en ese caso �qu� haremos?, Para que el aire sea respirable tendr� que dejar paso a las acciones, a los deseos, que a su vez tenemos que superar: tendr� que dejar de ser para�so. La belleza de la tierra prometida es que ella promet�a nuevas promesas. Los para�sos inm�viles no pueden prometer m�s que un eterno aburrimiento. (...) Si Dios es la infinitud y la plenitud del ser, no hay distancia entre su proyecto y su ser realidad, su voluntad es el fundamento inm�vil de su ser. Lo que quiere se hace, quiere cuanto es... Tal Dios no es una persona singular, es el universal, el todo inmutable y eterno. Y lo universal es silencioso... La perfecci�n de su ser no deja ning�n lugar al hombre porque el hombre no podr�a trascenderse en Dios si Dios ya est� todo entero dado. En tal caso el hombre no es m�s que un accidente indiferente a la realidad del ser; est� en la tierra como un explorador perdido en el desierto; puede ir a la derecha o a la izquierda, puede ir a donde quiera; jam�s ir� a ning�n lugar y la arena cubrir� sus huellas. " |
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