| VICENTE ALEIXANDRE. (1898-1984) |
| BIOGRAF�A |
| Vicente Aleixandre naci� en Sevilla, en 1898. Su infancia transcurri� en M�laga, ciudad y litoral mediterr�neos que tanto hab�an de influir en la poes�a de Sombra del para�so. Desde 1909 vivi� en Madrid -que fue su lugar habitual de residencia-, en donde estudi� Derecho y Comercio. En 1925, una grave dolencia- tuberculosis renal que traer�a como consecuencia, en 1932, la extirpaci�n de un ri��n- le aleja de cualquier actividad profesional o social y le fuerza a llevar una vida de reposo y cuidados cl�nicos que favorecer� su dedicaci�n por entero a la poes�a, al convertir el placer de escribir en aut�ntica necesidad. En 1933 obtuvo el Premio Nacional de Literatura con La destrucci�n o el amor, uno de los m�s hermosos libros de toda la poes�a surrealista, que confirm� a Aleixandre como un maestro de la poes�a contempor�nea. En 1949 es elegido miembro de la Real Academia Espa�ola. Con la obra Poemas de la consumaci�n (1968) logr� el Premio Nacional de la Cr�tica. En 1977 recibe el Premio Nobel de Literatura. Muere en Madrid, en 1984. |
| UNIDAD EN ELLA " Cuerpo feliz que fluye entre mis manos, rostro amado donde contemplo el mundo, donde graciosos p�jaros se copian fugitivos, volando a la regi�n donde nada se olvida. Tu forma externa, diamante o rub� duro, brillo de un sol que entre mis manos deslumbra, cr�ter que me convoca con su m�sica �ntima, con esa indescifrable llamada de tus dientes. Muero porque me arrojo, porque quiero morir, porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera no es m�o, sino el caliente aliento que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo. Deja, deja que mire, te�ido del amor, enrojecido el rostro por tu purp�rea vida, deja que mire el hondo clamor de tus entra�as donde muero y renuncio a vivir para siempre. Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo, quiero ser t�, tu sangre, esa lava rugiente que regando encerrada bellos miembros extremos siente as� los hermosos l�mites de la vida. Este beso en tus labios como una lenta espina, como un mar que vol� hecho un espejo, como el brillo de un ala, es todav�a unas manos, un repasar de tu crujiente pelo, un crepitar de la luz vengadora, luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza, pero que nunca podr� destruir la unidad de este mundo." |
LOS BESOS No te olvides, temprana, de los besos un d�a. De los besos alados que a tu boca llegaron. Un instante pusieron su plumaje encendido sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto. Te rozaron los dientes. T� sentiste su bulto, En tu boca latiendo su celeste plumaje. Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha. �Qui�n no besa esos p�jaros cuando llegan, escapan? Entreabierta tu boca vi tus dientes blanqu�simos. Ah, los picos delgados entre labios se hunden. Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste que tu cuerpo ligero, muy ligero, se ergu�a. �Cu�n graciosa, cu�n fina, cu�n esbelta reinabas! Luz o p�jaros llegan, besos puros, plumajes. Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes, que te rozan. revuelan, mientras ciega t� brillas. No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan. Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta. Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo. Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran. |
| CANCI�N A UNA MUCHACHA MUERTA D�me, d�me el secreto de tu coraz�n virgen, d�me el secreto de tu cuerpo bajo tierra, quiero saber por qu� ahora eres un agua, esas orillas frescas donde unos pies desnudos se ba�an con espuma. D�me por qu� sobre tu pelo suelto, sobre tu dulce hierba acariciada, cae, resbala, acaricia, se va un sol ardiente o reposado que te toca como un viento que lleva s�lo un p�jaro o mano. D�me por qu� tu coraz�n como una selva diminuta espera bajo tierra los imposibles p�jaros, esa canci�n total que por encima de los ojos hacen los sue�os cuando pasan sin ruido. Oh t�, canci�n que a un cuerpo muerto o vivo, que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme, cantas color de piedra, color de beso o labio, cantas como si el n�car durmiera o respirara. Esa cintura, ese d�bil volumen de un pecho triste, ese rizo voluble que ignora el viento, esos ojos por donde s�lo boga el silencio, esos dientes que son de marfil resguardado, ese aire que no mueve unas hojas no verdes. �Oh t�, cielo riente que pasas como nube; oh p�jaro feliz que sobre un hombro r�es; fuente que, chorro fresco, te enredas con la luna; c�sped blando que pisan unos pies adorados! |
MIRADA FINAL (Muerte y reconocimiento) " La soledad, en que hemos abierto los ojos. La soledad en que una ma�ana nos hemos despertado, ca�dos, derribados de alguna parte, casi no pudiendo reconocernos. Como un cuerpo que ha rodado por un terrapl�n y, revuelto con la tierra s�bita, se levanta y casi no puede reconocerse. Y se mira y se sacude y ve alzarse la nube de polvo que �l no es, y ve aparecer sus miembros, y se palpa: �Aqu� yo, aqu� mi brazo, y este mi cuerpo, y esta mi pierna, e intacta est� mi cabeza�; y todav�a mareado mira arriba y ve por d�nde ha rodado, y ahora el mont�n de tierra que le cubriera est� a sus pies y �l emerge, no s� si dolorido, no s� si brillando, y alza los ojos y el cielo destella con un pesaroso resplandor, y en el borde se sienta y casi siente deseos de llorar. Y nada le duele, pero le duele todo. Y arriba mira el camino, y aqu� la hondonada, aqu� donde sentado se absorbe y pone la cabeza en las manos; donde nadie le ve, pero un cielo azul apagado parece lejanamente contemplarle. Aqu�, en el borde del vivir, despu�s de haber rodado toda la vida como un instante, me miro. Esta tierra fuiste t�, amor de mi vida? �Me preguntar� as� cuando en el fin me conozca, cuando me reconozca y despierte, reci�n levantado de la tierra, y me tiente, y sentado en la hondonada, en el fin, mire un cielo piadosamente brillar? No puedo concebirte a ti, amada de mi existir, como solo una tierra que se sacude al levantarse, para acabar cuando el largo rodar de la vida ha cesado. No, polvo m�o, tierra s�bita que me ha acompa�ado todo el vivir. No, materia adherida y trist�sima que una postrer mano, la m�a misma, hubiera al fin de expulsar. No: alma m�s bien en que todo yo he vivido, alma por la que me fue la vida posible y desde la que tambi�n alzar� mis ojos finales cuando con estos mismos ojos que son los tuyos, con los que mi alma contigo todo lo mira, contemple con tus pupilas, con las solas pupilas que siento bajo los p�rpados, en el fin el cielo piadosamente brillar." |
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