RAFAEL ALBERTI. (1902-1999)


BIOGRAF�A
Nacido en Puerto de Santa Mar�a (C�diz). Inicialmente se dedic� a la pintura. Se traslad� a Madrid con su familia, consigui� el Premio Nacional de Literatura, en 1925, por el primer libro que public�, Marinero en tierra. . En 1926 apareci� La amante, relato po�tico de un viaje en autom�vil, al que sigue un nuevo libro de poemas, El alba del alba�il, al a�o siguiente. Las tres obras se inscriben dentro de la tradici�n de los poetas an�nimos del Romancero y Garcilaso de la Vega, aunque con una sensibilidad de poeta vanguardista. En 1929 tuvo lugar un cambio importante en su poes�a, cuando public� Cal y canto, influido por Luis de G�ngora y el ultra�smo. Tambi�n de ese mismo a�o es Sobre los �ngeles. La tendencia surrealista, que llevaba a Alberti a introducir asuntos personales en el �mbito de las cuestiones hist�ricas, supuso en �l una inclinaci�n hacia el anarquismo, como demuestra su eleg�a Con los zapatos puestos tengo que morir, de 1930. Posteriormente se afili� al Partido Comunista espa�ol, y public� hasta 1937 un conjunto de libros que el autor denomin� El poeta en la calle, aparecidos conjuntamente en 1938. Tambi�n de la misma �poca son sus obras de teatro, entre las que destaca Ferm�n Gal�n (1931). Posteriormente, y dentro de la misma l�nea de car�cter surrealista y pol�tico, sus obras teatrales m�s conocidas son El adefesio, de 1944, y de 1956 Noche de guerra en el Museo del Prado. Con su compa�era, la tambi�n escritora Mar�a Teresa Le�n, se vio obligado a exiliarse despu�s de la derrota de la Rep�blica en la Guerra Civil espa�ola. Vivi� en Argentina hasta 1962. A partir de ese a�o residi� en Roma, y no regres� a Espa�a hasta 1977, siendo elegido diputado por la provincia de C�diz. Obtuvo el Premio Cervantes en 1983. Muri� en 1999.



PAMPLINAS

" De lona y n�quel, peces de las nubes,
bajan al mar peri�dicos y cartas.
Los carteros no creen en las sirenas
ni en el vals de las olas, s� en la muerte.
Y a�n hay calvas marchitas a la luna
y llorosos cabellos en los libros.
Un polis�n de nieve, blanqueando
las sombras, se suicida en los jardines
�Qu� ser� de mi alma, que hace tiempo
bate el r�cord continuo de la ausencia?
�Qu� de mi coraz�n, que ya ni brinca,
picado ante el azar y el accidente?
Exploradme los ojos, y, perdidos,
os herir�n las ansias de los n�ufragos,
la balumba de nortes ya difuntos,
el solo bamboleo de los mares.
Cascos de chispa y p�lvora, jinetes
sin alma y sin montura entre los trigos;
bas�licas de escombros, levantadas
trombas de fuego, sangre, cal, ceniza.
Pero tambi�n, un sol en cada brazo,
el alba aviadora, pez de oro,
sobre la frente un n�mero, una letra
y en el pico una carta azul, sin sello.
Nuncio -la voz, el�ctrica, y la cola-
del aceleramiento de los astros,
del conf�n del amor, del estampido
de la rosa mec�nica del mundo.
Sabed de m�, que dije por tel�fono
mi madrigal din�mico a los hombres:
�Qui�n eres t�, de acero, esta�o y plomo?
-Un rel�mpago m�s, la nueva vida. "

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