Este viernes 8 septiembre 2006, en la fiesta de la Natividad de la Satísima Virgen María, el cardenal Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación del Clero, a nombre de la Santa Sede, erigió el Instituto del Buen Pastor en « Sociedad de vida apostólica ». Reuniendo bajo el alero del Padre Laguérie, antiguo superior de San Nicolás de Chardonnet en París, sacerdotes tradicionalistas de la Fraternidad San Pío X, esta nueva comunidad, la primera de su género reconocida por el papa Benedicto XVI, marca la voluntad seria de parte de Roma de terminar con el separatismo tradicionalista. Algunas precisiones jurídicas son necesarias para tomar conciencia de la medida de este pequeño acto. Este Instituto es reconocido como de Derecho pontificio, es decir que depende directamente de la Santa Sede y que su superior tiene el poder de jurisdicción ordinaria, en los foros interno y externo, sobre todos los miembros de la sociedad. Incardina sus miembros sacerdotes y diáconos. Puede habrir un seminario y llmar a las ordenes menores y mayores a los candidatos reconocidos aptos al sacerdocio. Hecho digno de relevarse, la erección de este nuevo Instituto se llevó en pleno acuerdo con el presidente de la conferencia episcopal francesa, el cardenal Ricard, que acogió la nueva fundación en su diócesis.
La Santa Sede reconoce a los miembros del Instituto « el uso exclusivo de la liturgia gregoriana » (Statuts II, §2). El rito tradicional es « el rito propio » de la fundación, como lo subrayó el mismo cardenal Castrillón, cuando recibía a los miembros del Instituto. Désormais, a travez de los estatutos del Buen Pastor, la misa tradicional no es más sólo un permiso. Se encuentra favorecida por ella misma por la Sede Romana. Por lo demás cada miembro fundador reconoce personalmente « respetar el Magisterio auténtico » de la Sede Romana, en « una fidelidad entera al Magisterio infalible de la Iglesia (Statuts II §2). Además, conforme al discurso del papa Benedicto XVI a la Curia Romana el 22 diciembre 2005, los miembros del lnstituto, en cuanto a ellos, están comprometidos, a una « crítica seria y constructiva » del Concilio Vaticano II, a permitir a la Sede apostólica dar la interpretación auténtica.
Los sacerdotes de esta nueva obra apostólica y misionera se complacen de la generosidad con la que la jerarquía eclesiástica recibió su pedido de una comunión que finalmente sea plenamente manifestada con la Santa Sede.
La creación del Instituto El Buen Pastor no es un fin en sí ; es un comienzo. El cardenal Ricard prometió en el pasado mes de abril que los obispos franceses se comprometeran en « un verdadero trabajo de comunión » con los tradicionalistas. La creación de este Instituto constituye la ocasión propicia de dar la espalda a los anatemas interpersonales y de pasar, tanto de un lado como del otro, de la declaración de intención a una puesta en obra seria y verdaderamente cristiana de lo que en el fondo no es otra cosa sino la caridad sobrenatural entre todos los católicos !
Centre Saint-Paul, París