| --A SOLAS-- El silencio era el �nico habitante de la casa en ese momento. Las gotas de lluvia se estrellaban contra el cristal suavemente y se deslizaban hasta la jardinera, donde terminaban su largo recorrido desde el cielo. En un rinc�n de la habitaci�n, un reloj de pared se hallaba con sus agujas congeladas en el tiempo. Hacia tanto que nadie pasaba por all� que su cuerda se hab�a agotado muchos d�as atr�s. En lo alto, una pesada y antigua l�mpara dominaba el techo. Una ara�a hab�a aprovechado las curvaturas del metal para instalar su tela. En el centro de la estancia, una mesita de cristal con varios objetos sobre ella comenzaba a acumular una fin�sima , pero perceptible, capa de polvo. Los marcos de las fotos que sobre ella estaban empezaban a tener un tono opaco debido a la fina capa gris que aumentaba con el paso de los minutos que el reloj era incapaz de marcar. Y en el otro extremo de la habitaci�n; yo. El silencio que me hab�a acompa�ado durante esos d�as me hab�a infundido suficiente valor como para asomarme a plena luz del d�a. Saque mi peluda cabeza, con cautela eso si, del hueco que me hab�a hecho en una de las patas del sof�. Eche un vistazo r�pido y comprob� que no hab�a nadie. Con un �gil salto , t�pico en mi, saque mi cuerpecito de rat�n y corr� hasta debajo de la mesa. Sabia de sobra que no hab�a nadie pero nosotros, los peque�os ratones blancos como la nieve y de ojos rojos como la sangre mas pura, no podemos permitirnos el lujo de confiarnos demasiado. Hacia un par de d�as que mi joven due�o, Alberto, hab�a cesado mi b�squeda. Por suerte cuando escape de mi jaula la puerta de la calle estaba abierta, y debi� pensar que me hab�a ido de la casa. Es lo bueno de los humanos, se cansan de hacer cosas con una facilidad pasmosa.(Aunque me extra�aba , y mucho, que hiciese tanto que no regresaba).Mi peque�o estomago rug�a de hambre y aquella galleta que me traje conmigo en mi ultima expedici�n a la cocina se hab�a acabado esa misma ma�ana. En el fondo eso fue lo que me impulso a salir de mi acogedora madriguera. Sabia que si quer�a comer algo deb�a ir hasta la cocina. [UF!] Estar bajo esa mesa era angustioso. Hab�a demasiado polvo y costaba mucho respirar sin que se taponase la nariz. Eche a correr hacia el pasillo y con un simple y peque�o derrape, esquiv� la puerta y me plante en la cocina. No quer�a correr riesgos puesto que quiz�s alguien regresar�a en cualquier minuto ,(nunca se sabe), as� que decid� rehacer el camino que ya conoc�a de memoria. Cog� carrerilla y con un simple salto me agarre del trapo que colgaba de una silla y sin mayor esfuerzo trepe hasta lo alto de la mesa. All� estaba mi gran recompensa. Un enorme trozo de queso cheedar desped�a un delicioso aroma. Yo solo pude frotar mis bigotitos y relamerme ante tal manjar. La ultima vez que estuve no lo toque por miedo a ser visto, por lo que solo me fui con una simple galletita. Pero ahora era el momento, era MI momento. Me acerque lentamente mientras saboreaba ese dulce y apetitoso aroma. Aunque a mitad de camino no lo soporte mas y me tire de un salto con la boquita bien abierta para clavar mis dientecitos en aquella dulzura. Cuando mi leng�ecita se poso en la superficie solo note la capa de polvo que hab�a recogido aquel queso durante los d�as que hab�a permanecido fuera de la nevera. Con el mismo �mpetu con el que me acerque tuve que retirarme mientras intentaba quitarme el polvo con mis patitas delanteras. Ahora que lo tenia mas cerca me di cuenta del extra�o tono gris que tenia aquel queso, pero justo en la zona donde hab�a mordido la forma de mi leng�ecita se distingu�a claramente. Me percate al momento de que si quer�a aquel queso, antes tendr�a que tragar un poco de polvo....pero merec�a la pena. A duras penas logre roer un generoso pedazo. Claro que luego estuve casi minuto y medio escupiendo pelusa, pero daba igual. Ahora que lo hab�a limpiado, estaba listo para llevarlo hasta la camita que me hab�a improvisado con el relleno del sof�. Lentamente fui arrastr�ndolo hasta el comedor. Cada seis o siete pasos tenia que pararme a recuperar el aliento. Y es que arrastras objetos con la boca cansa lo suyo. Y tambi�n tenia la dificultad a�adida de no comerme el queso antes de llegar al sof�. No quer�a que me pudiesen sorprender en medio del pasillo comi�ndome mi suculento premio. Al cabo de un rato ya estaba en mitad del comedor. Decid� esquivar la mesa porque no quer�a llenar de polvo mi comida. Ya casi estaba, solo uno metro mas y.... De pronto hubo un gran temblor. Un fuerte estruendo le acompa�aba. Me pillo totalmente por sorpresa. �Acaso era aquello un terremoto? Si, sin duda alguna era un terremoto. Yo estaba asustad�simo, rebotaba contra el suelo y no pod�a echar a correr. Los marcos se ca�an de la mesa y la pesada l�mpara se agitaba de un lado a otro en el techo. El agitaci�n levantaba densas nubes de polvo que durante d�as se hab�an acumulado. Algunos cristales se romp�an por el fondo. Y entonces, tan pronto como vino....se fue. El silencio reino de nuevo y yo me quede quieto por temor a que comenzase otra vez. Cerr� los ojos con fuerza y apret� mis garritas esperando poder estar preparado para una nueva sacudida. Pero no fue as�...solo pod�a o�r silencio...silencio y algo mas....un peque�o crujir. Como un p�ndulo de cuerda. Abr� lentamente mis ojitos y vi enfrente m�a el trozo de queso. Por lo menos mi comida se hab�a salvado. Para recomponerme del susto le di un peque�o mordisco. Aquello sabia a gloria. Me dispon�a a reemprender mi viaje de regreso a mi huequecito del sof� cuando un leve golpe seco hizo que el crujir se disipase. O� un objeto caer. Un ultimo estruendo me envolvi� en la oscuridad. Ahora absolutamente todo estaba en calma, muy oscuro, pero en calma total. En medio de esa oscuridad vislumbre una luz que cada vez se hacia mas intensa. Y entonces, como si fuese algo que siempre hab�a estado en mi mente, lo entend� todo. Los gastados cables de aquella pesada l�mpara no hab�a soportado el zigzagueo del terremoto. Yo estaba justo debajo de ella y ni siquiera me hab�a dado cuenta de que la tenia encima hasta que se callo. Deb� haberme metido debajo de la mesa, que ir�nico. Y aqu� estoy de nuevo, en el limbo, haciendo cola para reencarnarme. �Cu�ntas veces lo he hecho ya? �Y por que sigo queriendo reencarnarme? No tengo ni idea, pero me gustar�a reencarnarme en mi due�o Alberto, parec�a un chico simp�tico. Lo que mas me gusta de esto es cuando llegas al limbo y la mente se desbloquea, permitiendo as� recordar todas las vidas pasadas. Recuerdo cuando fui una chica de valencia que se llamaba Esther....pero esa es otra historia ;) -------FIN---------- A. Aguilera (12/07/2001) 6:17 A.M INSOMNE�2002 |
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