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Mantis sobre un árbol (Mantis religiosa)
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IntroduccionLas mantis, tatadios o santateresa (inclusive rezadora) (Mantis religiosa) viven en lugares floreados, bonitos, calurosos y con insectos. Son insectos de aspecto apagado muy largos, feroces y engañadores muy rapidos que viven en lugares húmedos, cálidos y vegetados. Son de luz ycarnívoros. Se calcula que sobre el planeta hay 1,700 especies de mantis, de las cuales todas tienen carácteres parecidos.
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Medida, peso, velocidad y otros detallesMedida: 5- 8 cm. de largo generalmente. Peso: ??????????? Velocidad: Grande (3000- 40000 m. por hora) Depredadores: Algunas grandiosas aves Predadores: Insectos, arañas, reptiles, peces pequeños y algunas avecillas. Estado: Raros Batalla: Nadita Reproduccion: Ponen los huevos en ooctecas. Estas son especies de cartuchos juntados a un árbol. En cada uno hay de 50- 300 huevos. Longevidad: 1-3 años Asociabilidad: Individuales Defensa: Ataque
Asociabilidad y forma de vida
Este insecto se mantiene generalmente inmóvil esperando a sus presas y con las patas delanteras plegadas como si estuvieran rezando, de ahí el nombre de religiosa por el que también se le conoce.
AnatomíaPoseen 2 ojos compuestos grandes y hemisféricos que junto a los tres ocelos centrales y la gran movilidad de la cabeza hace que el campo visual de estos insectos sea muy grande, lo cual facilita la caza de otros insectos e incluso de pequeños vertebrados. No se le considera un depredador selectivo y no tiene predilección por un tipo determinado de presa. Cuando caza tiende a cortar los centros vitales de la víctima devorando cabeza y cuello. Como una de las características morfológicas más importantes se puede destacar sus 2 patas anteriores que son de tipo prensor mediante las cuales captura a las presas. Son patas que desarrollan alta velocidad de movimiento en la caza. Las 4 patas posteriores son de tipo marchador aunque no son muy rápidas ya que la Mantis Religiosa no persigue a sus presas si no que se queda quieta esperando a que se acerquen. Poseen alas que en general suelen estar bien desarrolladas. El abdomen en los machos es largo y delgado mientras que en las hembras es más voluminoso. La coloración de las Mantis Religiosas puede ser de tres tipos: verdosa, grisácea o pajiza. Esta variedad ayuda al camuflaje en distintos hábitats y se cree que el color de un individuo puede estar influido por el color del sustrato en el que sufrió su última muda.
¡Yo quiero uno!Ambiente Natural de Crianza
Comida Agua
El
Manejo Cría
de Jóvenes Precauciónes
OtrosCuando el macho se acerca a la hembra para llevar a cabo el apareamiento la aproximación es realizada con sumo cuidado debido a los hábitos depredadores de la hembra. De todos es bien conocido el denominado "canibalismo sexual", en el que -a veces- la hembra devora al macho en pleno proceso de apareamiento. Este canibalismo comienza por la cabeza, de esta forma la cópula no se interrumpe. Las cópulas suelen ser muy largas, durando varias horas y una vez acabada, la hembra termina de devorar al macho. Cuento El ascensor se detuvo en el piso octavo, y el teniente Soares salió de él. Tras una breve mirada al pasillo, se dirigió al apartamento D. En él ya estaban el sargento Estévez, un agente y un fotógrafo de la policía, tomando instantáneas digitales de la escena del crimen. - Buenas noches, sargento -dijo Soares-. ¿Qué tenemos por aquí? - Buenas noches, teniente -contestó Estévez-. Un asesinato sangriento, por lo que se ve. - Vaya -el teniente se dirigió al fotógrafo-: oiga, ¿le queda mucho? El fotógrafo se volvió, más bien mosca, y dijo: - No, no mucho. - Pues aligere. - Bueno, hombre, bueno -rezongó el fotógrafo, y enfocó su cámara hacia la pequeña estancia. La vivienda era un estudio, con una única habitación que compartían la cocina, la cama y una pequeña mesa de trabajo, con una consola de ciberespacio en ella. El teniente se acercó y la observó: no era un último modelo, pero era potente... en realidad no era ningún modelo en particular; se notaba que sufría ampliaciones regulares de las partes que se iban quedando obsoletas a medida que la tecnología en consolas avanzaba. Los drodos de conexión neuronal estaban tirados de cualquier manera entre una pila de papeles, una cartera, un monedero, bolígrafos, chips bancarios, un mini-equipo de música... - Jefe, ya he acabado- dijo el fotógrafo - Bien, pues entonces váyase -dijo el teniente-. Agente, usted puede irse también -le dijo al policía uniformado, que saludó y salió con el fotógrafo. Una vez solos, el teniente se dirigió al sargento. - Otra mantis, ¿eh? El sargento asintió, contemplando pensativamente los restos del cadáver sobre la pequeña cama. Había ropa tirada de cualquier manera por el suelo y sobre la única silla en la habitación. - Así es -respondió el sargento-. Por lo visto se conocieron en un bar a dos bloques de aquí; ya he confirmado en las cámaras de vigilancia callejera que entraron por separado y salieron de él juntos hace tres horas. Tenemos imágenes buenas de ella: una drendoriana típica, con pelo largo y además las orejas ocultas bajo un gorro de lana. - Esto va haciéndose cada vez más difícil de ocultar -dijo el teniente. Hace veinte años, una
nave superlumínica descubrió el sistema de Drendor cerca del agujero de
gusano por el que volvió al espacio estándar. Drendor III tenía un
clima similar a la Tierra y, lo que es más, una raza de seres humanoides;
aunque no eran muy inteligentes. Sin embargo, eran capaz de hablar y de
engañar a un humano con una fluida charla sobre temas casuales durante un
tiempo, pues memorizaban frases completas y las decían en el momento
adecuado. El teniente paseó la mirada por la habitación: fotos 3D de virtuactrices de moda en las paredes, libros de evasión en la estantería. Un típico técnico solitario; la clase baja de la ultra-tecnificada sociedad de mediados del siglo XXI. Carne de cañón para las sectas, los sicólogos, los políticos, los publicistas... En realidad a los drendorianos no les hacían falta los brazos para nada: los machos nacían de las hembras y maduraban en dos meses. Lo que les faltaba en cuerpo les sobraba en el miembro sexual... a los dos meses, buscaban a, o eran encontrados por, una drendoriana, con la que se apareaban. Y allí se acababa su historia, puesto que, una vez consumado el acto o incluso durante el mismo, la drendoriana recuperaba las energías perdidas comiéndose a su pareja eventual. Comenzaba por la cabeza (los brazos no habrían hecho más que estorbar), y luego se comía el resto del cuerpo. Una vez descubierto ésto, algún biólogo historicista especializado en antiguos insectos les había dado el sobrenombre de "Mantis religiosas". Se divulgaron algunos documentales del siglo pasado sobre ellas, ahora extintas como la mayoría de las demás especies terrestres. No obstante, los científicos decían que éste comportamiento sería seguramente cambiado en breve por la selección natural, pues los machos comenzaban a escasear. En respuesta, continuaban los científicos, las hembras se habían hecho zalameras, encantadoras, cariñosas... pero aún no habían aprendido a no comerse a sus amantes. Claro, que también éstos deberían evolucionar para ser "reutilizables". Fuera del cuchitril el cielo resplandecía con los reflejos de las luces de la ciudad, mientras el humo de los vehículos a gas natural ascendía para unirse a la eterna capa de nubes sobre ella. El sargento encendió un cigarrillo. - Debería usted dejar de fumar -dijo el teniente, sin dejar de mirar hacia afuera-, es poco sano. - Ya, pero a mí me gusta -dijo el sargento-. ¿Cree usted que lloverá éste año? -inquirió luego, siguiendo la mirada de su superior. - Y yo qué sé -cortó este. Quizás todo el asunto de los drendorianos no habría tenido mayor importancia de no haber traído la Tyrell Corporation varias hembras a la tierra, para estudiarlas por si servían de algo útil. Aprendían rápido, y pronto eran capaces de relacionarse con humanos de forma más o menos normal... bueno, en realidad sólo con hombres; hacia las mujeres demostraban una conducta totalmente agresiva. Sin embargo, los machos humanos estaban encantados de hablar con ellas; eran halagadoras, modestas, simpáticas... La evolución las había preparado para ello. Y, naturalmente, un día un grupo de ellas escapó, tras descuartizar a un biólogo recién graduado, de prácticas en la Tyrell. Hacía dos semanas de aquello, y éste era el quinto cadáver que se encontraba, semidevorado, con todas las trazas de haber pasado sus últimos momentos con una hermosa pero letal drendoriana. Probablemente tendrían que acabar dándolo a conocer a la opinión pública. Al fin y al cabo, las drendorianas eran fáciles de detectar: tenían unas orejas descomunales. Nadie que lo supiese podría confundir a una de ellas con una humana, aunque llevasen un gorro o el pelo largo. Pero estaban en período preelectoral, y el jefe debía haber recibido instrucciones precisas de ocultar el asunto hasta después de los comicios; si no no se explicaba la reticencia en anunciar la situación.
- Teniente, mire ésto -dijo el sargento. Sostenía en las manos el terminal de información conectado a la central del ministerio del Interior, en el cual estaba inserta una tarjeta de identificación que el sargento había obtenido de entre el batiburrillo de la mesa. La pantalla decía que el fallecido, un hombre feúcho de treinta años llamado Christopher Johnson, trabajaba en la Tyrell Corporation, como biólogo ayudante en el área de Proyectos Especiales. - ¿Cómo pudo éste tipo confundir a la drendoriana con una mujer? -se preguntó el sargento- En ese área todos conocían bien a las drendorianas... Estuvieron estudiándolas durante un par de meses. El teniente volvió a echar una mirada a la habitación, a las virtumodelos en las paredes. Chris debía llevar una vida aburrida y solitaria. De pronto, una mujer hermosa le hacía caso en un bar... - Quizás no la confundiese, después de todo -dijo el teniente. - ¿Qué? -respondió el sargento - Nada, olvídelo -dijo el teniente-. Bueno, avise al servicio sanitario; nosotros cerramos ésto y volvemos a la comisaría. - Como usted quiera -dijo el sargento, encogiéndose de hombros.
Poema Yo la vi subir, toda de verde hasta los pies vestida, romera en penitencia, por los caminos que van del río Arno, serpenteando por los jardines de Boboli, atravesando el Piazzale Michelangelo, hasta la basílica de san Miniato, una tarde de otoño luminosa y casi veraniega todavía. Iba sola, ella, y lo primero que me alcanzó por detrás, pues iba yo también solo, soñando los caminos de la tarde, fue su sombra esbelta y ágil, que se enredó en mis pies, hasta que nuestras sombras se juntaron y por un leve trayecto fueron una sola sombra larga. Pero pasó adelante con un vientecito de calumnia en los labios, con una mirada verdosa que apenas sí me rozó los ojos, con zapatos alados en los pies, con piernas fuertes que andaban a mejor paso que las mías. La seguí, mi corazón la siguió, mi espíritu la anheló, quiero decir que mi poco aliento y mi desbocada taquicardia la siguieron, ambos sobresaltados por el esfuerzo de quererla seguir. O no fui yo, quizá fue
mi sombra la que la siguió, este viejo instinto que todos llevamos dentro
(y que a veces nos sigue, o nos empuja, o nos dirige), sin tocarla
siquiera, de lejos, con la esperanza de que se detuviera a mirar el
inigualable panorama desde el Piazzale, para coger algo de aire al menos
yo, pero no, las dos sombras siguieron hacia arriba, y yo tras ellas, con
gordas gotas de sudor, por las curvas de la carretera y luego por las
escalinatas, por el cementerio, por el atrio, por las puertas de San
Miniato. No parecía una turista porque a nada ni a nadie dedicaba una
mirada. Entró en la iglesia, buscó un confesonario con la luz encendida,
se arrodilló con la boca pegada como un beso a la rejilla, y estuvo
hablando largo rato con el confesor, al mismo tiempo compungida y
rutinaria. Vi, yo mismo vi las manos que desde la penumbra y encima de la
estola, verde también, explicaban algo con gesto perentorio, y luego una
sola mano, la derecha, que la absolvía, una larga bendición, lenta,
extendida, y pude imaginarme las palabras en latín eclesiástico, ego ti
absolvo etcétera, aunque no las oí.
Leyenda Antes se creía que la mantis era el insecto sagrado: Se creía que cuando plegaba sus patas estaba orando y que si una persona se perdía y le pedía el camino a casa, la mantis levantaba una pata y señalaba el camino correcto.
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