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ASTURIAS, 10/11/2002
SUCESOS
Cinco gijoneses arrollan a 28 personas con su coche en una calle peatonal de copas de Oviedo
El conductor, que dio positivo en alcoholemia, y los dos matrimonios que lo acompa�aban fueron arrestados en la madrugada del s�bado en Gij�n tras un espectacular despliegue policial
Cuatro heridos graves fueron hospitalizados, y el resto fue recibiendo el alta a lo largo del d�a
Un testigo asegura que los detenidos cantaban �puta Oviedo, puta capital� antes del atropello
Oviedo, C. PEQUE�O /
C. MATEO / I. RONZ�N
Era una noche de copas cualquiera. Varios cientos de personas beb�an el viernes por la noche en la calle peatonal Mon, el coraz�n de la �movida� ovetense. Las m�sicas de los bares se mezclaban con el griter�o y el ruido de vasos y botellas. Un viernes m�s, la calle era el lugar de cita. Se ped�a dentro y se beb�a fuera. Tampoco faltaban los insultos, las peleas y �los bajones� en las esquinas. A�n quedaba mucha noche para ganarle el pulso. Pero de pronto, a las cuatro de la ma�ana, la sinraz�n de un joven de 30 a�os, nacido en Caracas (Venezuela) pero nacionalizado espa�ol, N. J. R. N., de 30 a�os, se convert�a en indeseable protagonista, junto con cuatro amigos: P. L. F., de 38 a�os, y su esposa, M. R. G. G., de 40, y otro matrimonio integrado por A. C. R., de 22 a�os, y su mujer, L. J. M. G., de 27. Los cinco residen en Gij�n.
La noche se detuvo. Un coche, un PT Cruiser gris plata con matr�cula 0310 BYS, entraba a gran velocidad en la calle �peatonal� con cinco personas en su interior (el joven venezolano acompa�ado de las dos parejas) y arrollaba a su paso a casi treinta personas. Sin detener su marcha, hu�a despu�s cruzando la plaza de la Catedral, dejando tras �l una estela de sangre. El balance, 28 heridos, cuatro de ellos hospitalizados (dos ya hab�an sido operados al cierre de esta edici�n y una joven permanec�a en la unidad de cuidados intensivos del Central). Los cinco ocupantes del turismo fueron detenidos en Gij�n tras una espectacular persecuci�n y despliegue policial, aunque despu�s de prestar declaraci�n ante el titular del Juzgado de instrucci�n dos de Oviedo (de guardia) quedaron en libertad provisional: el conductor, N. J. R. N., defendido por el abogado Miguel Fern�ndez Arango, bajo una fianza de unos 600 euros.
Minutos antes de la tragedia un camarero de la calle Oscura que ha preferido permanecer en el anonimato observ� c�mo sobreven�a el accidente. �Vi a un grupo de t�os bajando calle abajo... iban cantando a voces el himno del Sporting y gritando ��Puta Oviedo!� ��Puta capital!�. Al llegar al fondo de la calle Mon, casi a las puertas de uno de los �ltimos bares, comenzaron a pelearse �con otros t�os��, relat�. No obstante, seg�n otras versiones, la reyerta previa al siniestro se inici� en la calleja de M�ximo Fromestano, donde a�n ayer por la tarde se pod�an observar varios regueros de sangre.
El testigo ignora qui�n inici� la reyerta pero s� comprob� su tr�gico resultado. �Se pegaron una paliza salvaje y, mientras estaban en el suelo, uno de los que cantaba grit�: ��Hijos de puta, os voy a matar a todos!��. El grupo abandon� entonces la calle y apareci� minutos m�s tarde en coche, seg�n los numerosos testigos que vieron el incidente. El camarero, que segu�a a las puertas de su local, vio c�mo el coche �atropellaba a no s� cu�nta gente que intentaba apartarse desesperadamente�. No s�lo cumpl�a su amenaza, sino que �supongo que, para hacer m�s da�o, el coche iba dando volantazos, acerc�ndose as� a los dos lados de la calle, donde m�s gente hab�a, para pillar a m�s�, relat�.
Algunos de los j�venes que estaban en la calle salieron corriendo, persiguiendo al coche y lanz�ndole botellas y vasos con la casi nula esperanza de intentar detenerlo. A menos de dos metros de su paso, una muchacha sub�a a una camilla de una de las ambulancias. Sangraba por la cabeza. El impacto le hab�a desgarrado la cazadora y los pantalones, ten�a heridas por todo el cuerpo, pero insist�a: �Estoy bien, de verdad�. Junto a ella, dos guardias civiles (ante la gravedad de los hechos todas las fuerzas de seguridad se unieron en la operaci�n) intentaban abrir paso a las UVI m�viles. Pero no era f�cil.
�Es incre�ble, esto pod�a haber sido una aut�ntica masacre�, coment� uno de los agentes. A su lado, un grupo de j�venes avisaba a gritos a los servicios de emergencia: ��Oye, venid aqu�, que �ste no puede moverse!�. En el centro del grupo un joven se sujetaba la cabeza con una mano. Con la otra se acariciaba su pierna. �Joder, joder...�, sollozaba.
Por una vez, a las seis de la ma�ana la �movida� en Mon se hab�a terminado. Los que quedaban en los locales comentaban lo ocurrido. Otros s�lo observaban la estela dejada tras la tragedia.
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