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TEXTO DE PRESENTACIÓN DE MI
EXPOSICÓN EN CAMBRE, por
SINDO CERVIÑO:

Quiero comenzar aclarando que si estoy aquí,
presentando a Inma, y por tanto a su obra, es
únicamente en calidad de amigo suyo (de lo que me
enorgullezco) y no como experto en grabado ni como
ARTISTA (así, con mayúsculas) aunque ya me gustaría
llegar a serlo.
Muchos otros (y no es falsa modestia) representarían
mucho mejor que yo al grabado.
Pero es únicamente una amistad recíproca y la
pertenencia común de ambos a RAVAR la que hizo que
pudiera llegar a conocer aspectos suyos que no están
al alcance del resto, y son esos aspectos los que en
este momento voy a mostraros para que acompañen a lo
que todos tenemos acceso, a su obra.
Recuerdo la tarde en la que entré por primera vez en
los talleres del CIEC y como, entre risas, María
Pena me advirtió de lo vicioso que podía llegar a
ser el grabado, que es algo que una vez que se
empieza con él no se deja. Pues esto es lo que
siento en Inma, “un vicio” por el grabado y su
cocina, un ansia por conocer todos los resortes de
un lenguaje con el que comunicarse, y unas ganas
enormes de saberlo todo, de leer sobre las fibras
del papel lo que otros nos cuentan y de contarnos
sobre esas mismas hebras los cuentos y leyendas que
ella gesta en su interior.
Así con la fusión intima de esa actitud dulcemente
obsesiva, unida con su rico mundo interior,
aderezada de una forma particular de percibir las
sensaciones y sazonada de esas ganas enormes de
dominar las técnicas es con lo que consigue la obra
que nos rodea.
Vemos en ella pájaros y jaulas, cuerpos y juegos,
mares, manos, paisajes y leyendas lejanas.
Percibimos en sus estampas las imágenes de sueños,
leyendas y fantasías. Leyendas de aquí y de allí,
todas antiguas y olvidadas; y sueños y fantasías
nacidos de esas leyendas; de lo que queda cuando nos
vamos a dormir pensado en ese universo personal
nuestro, y sólo nuestro. En ese momento en que se
desconecta el lado izquierdo de nuestro cerebro y
sentimos ese dulce levitar que nos transporta a
donde nadie puede acompañarnos.
Ese es el instante que creo que Inma ha plasmado en
cada papel.
Así a través de una matriz, de una tabla tallada,
una piedra dibujada o una plancha de metal mordida y
con la sola ayuda del peso de un rodillo entintado o
con las caricias de una mano que quitan restos de
tinta es como ha sabido abrirnos estas ventanas a su
interior que hoy nos presenta.
Espero haber abierto un camino para que esta obra (y
su autora) sean un poco más conocidas por todos, al
menos en estos rasgos de mi forma de verla. Pero
cada uno de nosotros tendrá su particular modo de
sentirla y será la suma de todos lo que se acerque a
aquello que Inma vivía cuando plasmaba su mundo en
grabados.
Ha llegado el momento de ver las estampas que nos
rodean y de llegar a sentir alguna sensación nueva
ante ellas.
Disfrutémoslas.
Cambre, 8.feb.07
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