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Los anillos de Clite
Clite
espera cada noche a que Pedro regrese del mar. Hay noches en las que oye
el mar a cañonazos contra su cuerpo, hay noches en que los círculos
de su alma se adelgazan e intentan estrangular su amor. Ayer Pedro arrojó
cientos de peces plateados a sus pies atados. Clite observa con sus ojos
mudos como la luna se baña en las aguas. Desea ser la luna, ansía
conocer el fondo de esa masa oscura en la que Pedro se adentra día
tras día. Pasa las horas intentando deshacer los nudos de las cinco
cuerdas que la amarran al suelo., a ese vacío de agua y tierra.
Sus manos traen el pan y su cuerpo hambre.
No regreses. Al amanecer, mientras te vistes una vez más, cuando
tus brazos rompen las olas blancas de la cama, te digo, "hoy no vayas,
quédate a mi lado, una sombra negra se alarga desde el fondo de
tu vientre". Pero durante ese breve instante en que tus dedos acarician
mis yagas, en que tus labios reposan, cansados, sobre los míos,
pienso "no regreses". Pedro, Poseidón, Zeus, sé
que la muerte está más cerca de mí que de tus alas
inmortales.
Veo partir las lanchas, frágiles sobre el fuego azul, con los cuerpos
negros de tantas y tantas razones. Alguno no volverá, pero tú,
flaco, quebradizo, eres como un dios de arena que se mueve bajo el mar,
vuela sobre su superficie y cae en su orilla. Te transformas pero no dejas
nunca de existir. No regreses. Tú puedes elegir tu propio destino,
incluso mi estrella está en tus manos, suéltala, déjala
libre y cambia tu rumbo.
..
Clite arrastra sus pies sobre las baldosas frías, recoge la
ropa sucia que Pedro dejó caer al borde de la cama la noche anterior.
Todavía es temprano, tiene todo el día para pensar, tiene
todo el día para derramar lágrimas, tiene todo el día
para temblar, para esconder su alma blanca, para rezar, para perder, para
morir. Se sienta en una silla y mira el vacío.
¿Por qué continúo aquí, pegada a tu suerte,
adherida a esta miseria, esperando tus golpes?. La casa está helada
pero siento como el sol, a través de la ventana, me calienta la
espalda. Ayer salí a la calle y la luz arañó mis
ojos. Estuve caminando durante horas, no sentí el transcurrir del
tiempo, ni las paredes de mi estómago besándose. Fue al
regresar, cuando la ciudad dormía, que oí llorar a una mujer,
un llanto que desgarraba la noche. La calle estaba muerta , la fatiga
me impedía caminar más aprisa. Empezó como un sollozo
que a otra hora del día ni siquiera lo hubiese escuchado. Me quedé
parada y observé como mi sombra se deslizaba por el suelo y al
tropezar con la pared se alargaba hasta tocar su ventana. Alcé
los brazos como queriendo alcanzar su cuerpo y ví su rostro mirándome.
No sé porqué los cristales semejaban líneas de hierro.
No sé porqué sus ojos eran idénticos a los míos.
No sé porqué sus venas derramaban sangre.
.
Pone la lavadora, limpia la casa, cuelga la ropa, hace la cama, prepara
la cena, besa a sus muertos
Llena la bañera, el agua está
tibia. Pronto se ocultará el sol. "No regreses", repite
cada vez más adentro mientras una arista suave sesga su voz ya
dormida.
laura
La sala se llena de aplausos y Laura sale una vez más a saludar.
Mira al público e intenta enfocar la última fila. Por un
momento pensó que podría ser él
Abandona el
escenario. Con paso apurado se dirige al camerino. Se sienta, levanta
la vista hacia el espejo y comienza a desmaquillarse lentamente. ¡Cómo
le gustaría que en el algodón quedase su tristeza!. Arranca
con fuerza el carmín, desnuda su mirada frágil, se suelta
el cabello, y esconde su rostro con las palmas de las manos. Tiene una
larga y espesa melena que ahora envuelve sus dedos. Está cansada,
sus facciones se han endurecido con el tiempo. Sí, tiene arrugas,
su piel se pliega como la tierra en las montañas, son surcos del
tiempo, y en su pelo se filtran luces blancas, caminos de nieve. Se levanta,
se seca las lágrimas y comienza a desvestirse.
Paso cada día delante de tu puerta pero continúa cerrada,
quemo mis huellas al llegar a casa y me siento, callada, ante tus ojos
ausentes. Abrazo tu cuerpo perdido, intento coger tus manos y se escapan.
Recojo las ruinas de tu espacio vacío. Si consiguiese al menos
detener mis pies, frenar mi ansia, agotar mis fuerzas. La otra noche me
desperté asustada y ví como una sombra pasaba fugaz sobre
la cama y se fundía con el aire. Me acerqué a la ventana
y la muerte cruzó veloz el asfalto. Entonces supe que ya no estabas,
que tu cuerpo yacía exánime en algún lugar. Hoy intenté
encontrar tu rostro entre todos los rostros deshabitados del teatro pero
fue en vano. Era inútil buscarte, ya te habías ido.
Estos días ha perdido algo de peso, apenas tiene apetito y ha
vuelto a fumar, esta vez se lo ha tomado en serio, no baja de dos cajetillas
al día, un ritmo decididamente mortal. Sabe que se ha dejado vencer
por un vicio que podría destrozarla, se lo advirtieron hace dos
años pero, ¡qué más da!, total ya está
rota. Si pudiese dar marcha atrás, retroceder unos meses, tal vez
con uno sería suficiente. Hechizar al alma del tiempo, detener
su vuelo, atar sus alas con una soga y tirar de ellas hasta amarrarlas
al comienzo de sus lágrimas. No sabe nada de él, pero está
segura de que ha muerto, algo se ha quebrado en su alma.
Los pies de Laura serpentean rebeldes sobre la acera. Una vez más
la conducen hasta su puerta y una vez más continúa cerrada.
Se decide a llamar y alguien le da la noticia: el mar se ha tragado el
cuerpo desnudo de Pedro.
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