No es sólo un conjunto de padrenuestros y avemarias, sino un compendio maravilloso de los misterios de la vida, Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, y de María.
Nuestros padrenuestros y avemarias bien dichos, unidos a nuestras buenas obras de penitencia, no se marchitarán ni agotarán y su brillo será, de aquí a cien mil años, tan vivo como el presente.
Coronémonos a porfía de estas rosas del paraíso recitando todos los días un rosario, es decir las tres series de cinco misterios cada una o tres pequeñas diademas de flores o coronas:
Primero, para honrar las tres coronas de Jesús y de María: la de la gracia de Jesús en la encarnación, su corona de espinas durante la Pasión y la de gloria en el Cielo, y la triple corona que María a recibido en el Cielo de la Santísima Trinidad.
Segundo, para recibir de Jesús y María tres coronas: la de mérito durante la vida, la de paz en la hora de la muerte, y la tercera de gloria en el Cielo.
Aunque estuvieras al borde del abismo, aunque estuvieras con un pie en el infierno, aunque hubieras vendido tu alma al demonio con un mago, aunque fueran herejes tan endurecidos y obstinados como demonios, se convertirán tarde o temprano y se salvarán, siempre que, lo repito, y nota bien las palabras y términos de mi consejo, reces devotamente todos los días hasta la muerte, el santo rosario con el fin de conocer la verdad y alcanzar la contricción y el perdón de tus pecados.
Las hojas verdes de este rosal místico representarán los misterios gozosos de Jesús y María. Las espinas, los dolorosos. Y las flores, los gloriosos. Los capullos son la infancia de Jesús y María. Las rosas entreabiertas representan a Jesús y María en sus dolores. Y las totalmente abiertas muestran a Jesús y María en su gloria y triunfo.
No desprecies, entonces, mi rosal alegre y maravilloso. Siémbralo en tu alma tomando la resulución de rezar el rosario. Cultívalo y riégalo recitándolo fielmente todos los días y obrando el bien.
Que sabios e ignorantes, justos y pecadores, grandes y pequeños, alaben y saluden noche y día a Jesús y María con el Santo Rosario.
Saluden a María, que ha trabajado mucho en ustedes.
A Dios sólo.
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