Me llamarán la Señora, la Madre. Continuad rezando, todo el mundo. Todo el mundo tendrá que regresar a Él (Jesús), desde el más grande al más pequeño, el más pobre como el más rico. Pero costará trabajo. Pongo el pie sobre la tierra, los ayudaré y los conduciré hasta la meta, pero tendrán que luchar. Perseverad rezándolo (el rosario). Primero regresad a Él, sólo entonces reinará la verdadera Paz.

La Religión sufrirá una dura lucha, tratarán de destruirla. Pero lo harán con tanta astucia que casi nadie se dará cuenta de ello. Sin embargo yo los prevengo... Christus Regnum... ¡Roma, ponte en guardia! Cuando empeceis a pedir al Santo Padre la proclamación del Dogma (María Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada), la Señora cumplirá su promesa y vendrá la verdadera Paz. La verdadera Paz, pueblos, es el Reino de Dios. El Reino de Dios está más cerca que nunca. Comprended bien estas palabras... Está más cerca que nunca. Vendrán catástrofes de norte a sur, de sur a oeste, y de oeste a este. En Jerusalén y en sus alrededores tendrán lugar graves batallas. Es como si el mundo se fuera a romper en dos partes. Habrá mucho dolor y miseria. Guerra económica, boicot, crisis monetaria, catástrofes. El reloj solar ha retrocedido. Sobre San Pedro se adensarán nubes espesas, que sólo se disiparán con muchas luchas y esfuerzos. De lo contrario vendrá la ruina.

Todos los cristianos deberán unir sus fuerzas, lo que costará mucho dolor y sufrimiento. Uníos todos, pues la lucha empieza. Las puertas se abren. En Jerusalén, los pueblos orientales se tapan la cara con las manos. Se lamentarán por su ciudad.

Rectitud, Amor, Justicia. Mientras estas palabras no entren en la cabeza de los hombres y no las vivan de corazón, no habrá perspectivas de paz. Pueblos cristianos, los paganos os lo van a enseñar.

Estamos aca, en la oscuridad, es la corrupción de la humanidad. Gente humilde, los más pequeños de mis hijos. No encuentran lugar para ellos, grandes multitudes. Los más pequeños de mis hijos.

Todo será fingido en Rusia, allí habrá un cambio total. La naturaleza también cambia. Cristo ya no existe. Realismo, un espíritu de realismo.

Y ahora vamos a distribuirlos (todos los frutos y riquezas de la tierra). Éste es el espíritu que no han comprendido. Existe en el mundo una tendencia fuerte hacia el bien, y es precisamente esa la razón por la que el otro espíritu está trabajando. Ese espíritu está ocupado en influenciar al mundo y corromperlo. Los hombres no son en sí malos, sino solo débiles. La Iglesia deberá esforzarse en formar el espíritu. Precisamente ahora tiene una gran oportunidad, porque la oportunidad está buscando. La lucha ya no será contra las naciones, sino contra el espíritu. Cristiandad, no sabes qué grave peligro te amenaza. Hay un espíritu que quiere infiltrarse, pero la victoria es nuestra.

Estoy de pie sobre este globo, porque deseo que me llamen LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS. Yo soy la Señora, María, Madre de todos los Pueblos. Me pueden llamar Señora de todos los Pueblos o Madre de todos los Pueblos, que antes era María. Así es como deseo que me llamen. Las personas de todos los países deberán ser verdaderamente un solo pueblo. La Señora de todos los Pueblos desea que la lleven a todos, quienquiera o lo que quiera que sean.

Con la Ascención de Nuestro Señor Jesucristo al Cielo, mediante un acto único entregó a todos los pueblos a Miriam o María, como la Señora de todos los Pueblos. Al decir estas palabras Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre, con esta declaración, Miriam o María recibió este nuevo título. ¿Por qué sólo hasta ahora aparece el título de Señora de todos los Pueblos? Porque el Señor lo tenía reservado para estos tiempos. Los dogmas proclamados con anterioridad tenían que precederlo, de igual manera que su vida terrena tuvo que preceder a ser declarada la Señora de todos los Pueblos. Todos los dogmas anteriores abarcan la Vida y la Asunción de la Señora.

Todos debemos regresar a la Cruz, sólo entonces reinará la paz y la tranquilidad. Reza ante la Cruz: “Señor Jesucristo, Hijo del Padre, manda ahora Tu Espíritu sobre la tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la Señora de todos los Pueblos, que un día era María, sea nuestra Abogada. Amén” Hija, esta oración es tan sencilla y tan corta, que cada persona la puede decir en su propio idioma, ante su propia Cruz. Las personas que no tengan un Crucifijo, pueden rezarla a solas.

Todos los pueblos deberán honrar al Señor y Maestro en Su Creación. Todos los pueblos deberán pedir que venga el verdadero Espíritu, el Espíritu Santo. Por eso les he enseñado esta breve y poderosa oración. El mundo entero se está corrompiendo. Por eso las personas de buena voluntad deberán pedir cada día que venga el Espíritu de la Verdad. Yo soy la Señora de todos los Pueblos. Este tiempo es nuestro tiempo. “Que un día era María” quiere decir que muchas personas han conocido a María como María. Sin embargo ahora, en esta era nueva que va a empezar, quiero ser “la Señora de todos los Pueblos”. Esto todos pueden comprenderlo.

Pero ahora el Espíritu debe venir sobre el mundo, y por eso yo quiero que se rece. Estoy de pie sobre el globo terráqueo, porque esto concierne al mundo entero. Los pueblos del mundo entero, no hallarán descanso hasta que no se recuesten y comtemplen pacíficamente la Cruz, el centro del mundo.

Por Gracia de mi Señor y Maestro y por amor a la humanidad, el Padre envió al mundo a Su único Hijo como Redentor. Ahora ambos desean enviar al Santo, al verdadero Espíritu, que solamente puede ser la Paz. Por lo tanto: Gracia, Redención y Paz. El Padre y el Hijo quieren enviar en este tiempo a María, la Señora de todos los Pueblos, como Corredentora, Mediadora y Abogada.

Mi cuerpo fue llevado al Cielo, como el de mi Hijo. Ahora me encuentro ofreciendo ante la Cruz, porque yo he sufrido con mi Hijo espiritualmente y también, de un modo especial, corporalmente. Este será un dogma muy combatido. Con este dogma se concluyen los dogmas Marianos. Ya lo he dicho: la Teología debe hacer paso a los asuntos de mi Hijo. Con esto quiero decir: teólogos, el Hijo va buscando lo pequeño y lo sencillo para Su Obra. ¿Creéis vosotros en lo pequeño y lo sencillo, que vosotros enseñais a los demás? ¡Creed con sencillez! No podemos esperar mucho más tiempo. Este tiempo es nuestro tiempo. Como Corredentora, Mediadora y Abogada estoy de pie sobre el mundo ante la Cruz del Redentor. Por la Voluntad del Padre el Redentor vino al mundo, para esto el Padre se sirvió de la Señora. Por lo tanto, el Redentor recibió de la Señora solamente -y subrayo la palabra solamente- la carne y la sangre, es decir, Su Cuerpo. De mi Señor y Maestro, el Redentor recibió Su Divinidad. De esta manera, la Señora se hizo Corredentora. He dicho que “este tiempo es nuestro tiempo”, lo cual significa que el Padre y el Hijo quieren en este tiempo enviar al mundo entero a la Corredentora, Mediadora y Abogada.

Hoy vengo como la Señora de todos los Pueblos. Yo aplasté la serpiente con mi pie. Estoy unida al Hijo como siempre lo he estado. En la historia de la Iglesia, este dogma (el de la Asunción a los Cielos) ha precedido al nuevo dogma. Como Corredentora, Mediadora y Abogada estoy ahora en este tiempo, nuestro tiempo. El dogma de la Asunción tuvo que precederlo. Vendrá seguidamente el nuevo dogma, el más grande. En este tiempo, el Sacrificio está y estará en el centro del mundo.

Ocasionará muchas controversias. La Iglesia, Roma, lo sostendrá y luchará. La Iglesia, Roma, encontrará resistencia, pero permanecerá firme. La Iglesia, Roma, será cada vez más poderosa y firme, a medida que resistirá en la lucha. Mi intención y el encargo que te doy no son sino para que exhortes a la Iglesia y a los teólogos a que emprendan esta lucha. Yo se, la lucha será dura y grande. Pero ya está decretado.

Teólogos y apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo, poned atención. Yo ya os he explicado el dogma. Trabajad y pedid este dogma. Pedid al Santo Padre por este dogma. Es Señor Jesucristo ha hecho grandes cosas y aún hará cosas mayores para todos vosotros.

Mujeres de este mundo, ¿sabeis vosotras qué significa ser mujer? Significa sacrificarse. Desprendanse de su egoísmo y vanidad y preocúpense por llevar a todos los niños a lo más importante, a la Cruz. Sacrificáos también vosotras. ¿Conocéis todavía vuestra tarea? Escuchad bien: como es la mujer, así es también el hombre. Vosotras, mujeres, teneis que dar el ejemplo. Volved a vuestra femeneidad.

Y ahora me dirijo a los hombres de este mundo. Yo les digo: de vosotros, los hombres, tiene que venir la fuerza y la voluntad de llevar al mundo hacia el único Príncipe de este mundo, el Señor Jesucristo. Tengo que haceros una pregunta, hombres: ¿dónde están los soldados de Cristo? Eso es todo lo que tengo que deciros.
Apóstol de Nuestro Señor Jesucristo, enseña a tus pueblos esta oración tan sencilla y tan profunda a la vez. Es María, la Señora de todos los Pueblos, quien te lo pide. Tu eres el Pastor de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo. Cuida tus ovejas. Has de saber que grandes peligros amenazan a la Iglesia y al mundo. Ahora ha llegado el momento en que hables de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, bajo el título de la Señora de todos los Pueblos.¿Por qué te lo pide María? Porque ella ha sido enviada por su Señor y Creador, para poder salvar al mundo, mediante esta oración y este título, de una gran catástrofe mundial. Tu sabes que María quiere venir como la Señora de todos los Pueblos. Ahora ella te pide que los pueblos puedan oír este título de ti, del Santo Padre.

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