:: E.T. Nº 34 - D.E. 9º - ING. E. M. HERMITTE:: Clic para ingresar!!

Nuestra historia
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Profesor Ingeniero Enrique Martín Hermitte 24.04.1871- 28.01.1955

Ing. Enrique M. Hermitte

El fallecimiento del Ingeniero Enrique Martín Hermitte significó en su momento una pérdida notoria para la obra científica argentina

Hermitte nació el 24 de abril de 1871 en esta capital, donde cursó los estudios elementales y secundarios. Ya bachiller en 1887, su vocación y las circunstancias le fueron favorables y el Profesor Hermitte formó su cultura intelectual en los viejos claustros de las universidades francesas; de allí trajo su diploma de Ingeniero en Minas de la Escuela Superior de Minas de París recibiéndose en el año 1891, para comenzar al año siguiente en el país una labor de especialización, tan prolífera y vasta como sostenida, para señalarse en la función pública, en la cátedra universitaria y en la alta jerarquía académica.

En el orden administrativo, el Ingeniero Hermitte organizó y dirigió la Dirección General de Minas e Hidrología, dependiendo del Ministerio de Agricultura, a la que le dedicó sus más nobles afanes y aportó lo mejor de su inteligencia. La exploración y explotación minera habían tenido hasta entonces muy escaso desarrollo; la República Argentina ignoraba la verdadera riqueza mineralógica, base hoy de una valiosa contribución a la economía nacional y el técnico especialista que abordó ese oscuro problema supo darle tal impulso, con su asiduidad en la tarea y con la perseverancia en la acción que despejó el horizonte de esa forma de la vida nacional para mostrar los variados recursos de una explotación que paulatinamente fue creciendo en intensidad y en extensión, señalando los puntos más certeros desde los momentos iniciales. Y hoy que significa tanto el petróleo argentino y su mas adecuado aprovechamiento es justo que se lo recuerde con el nombre de la escuela de minería, origen académico de nuestra institución.
Cuando en el inicio del siglo XX se descubre la existencia del valioso combustible y había que organizarlo todo de manera improvisada, para utilizar tan magnífico aporte de la naturaleza a la riqueza nacional.
Con desconfianza sobre el futuro de tal aprovechamiento, sin conocimiento concreto de la extensión, profundidad y difusión de los yacimientos, sin personal idóneo ni técnicas mecánicas apropiadas para la extracción -se trataba de un renglón completamente nuevo en la economía argentina- el Ingeniero Hermitte afrontó la tarea en circunstancias muy poco favorables y no fueron escasamente discutidas sus ideas al respecto, pero menester es reconocer ahora los jalones que él plantó, en la lejana época de los comienzos vacilantes, en la gran organización que en la actualidad ha llegado a representar lo que se traduce en las difundidas siglas Y.P.F.
Durante muchos años en la Facultad de Agronomía y Veterinaria y por un período menor en la Facultad de Ciencias (1907 a 1933) donde sucedió al Ingeniero Eduardo Aguirre, tuvo a su cargo la enseñanza de la mineralogía, en el carácter de profesor titular. La cátedra como la función oficial en la Administración Pública eran para él motivo de una constante preocupación y fueron proverbiales su puntualidad y rigurosa asistencia, jamás llegaba tarde y sus alumnos no podían darse el gusto de que alguna hora del año faltase su profesor, para ese placer sencillo de proporcionarse un solaz dentro del horario de estudios fijado por la facultad.
Su ingreso como miembro a la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Física y Naturales marcó para él una designación bien merecida y en el seno de ese alto cuerpo, en mas de una ocasión se ocupó de estudios vinculados a la mineralogía, explotación petrolífera y yacimientos de carbón. Un día, en el goce de su retiro por jubilación y afectado por síntomas de enfermedad, se consideró incapacitado para continuar en la Academia y presentó su renuncia. Inútiles fueron las gestiones para disuadirle de esa determinación, pues siempre resultaba ventajosa su presencia en la docta corporación; su firme resolución debió ser aceptada y entonces sus compañeros acordaron por unanimidad, otorgarle la máxima distinción al nombrarlo Académico Honorario.

Biografía
Estos datos los transcribimos de la "Gran Enciclopedia Argentina" de Diego Abad de Santillán, Tomo IV (1966), y del libro "Valorización de una vida ejemplar", de Manuel Palacin (1959).

"Nació Enrique Martín Hermitte en Buenos Aires en 1871 y murió en la misma ciudad, el 28 de enero de 1955. Inició sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y egresó con el título de bachiller en 1887. Prosiguió su formación personal en la Ecole National Superieure de Mines, de París (1891-1894), donde obtuvo el diploma de Ingeniero Civil que revalidó en Buenos Aires en 1901.
De regreso al país fue ingeniero de la Comisión de Límites con Chile y luego pasó a prestar servicios en la Dirección General de Vías de Comunicación; actuó posteriormente como Jefe de la Comisión de estudios de napas de agua y yacimientos carboníferos y se orientó definitivamente hacia la mineralogía y la geología. Fue Director General de Minas, Geología e Hidrología de la Nación, hasta 1922. Tuvo intervención directa en el desarrollo inicial de la exploración y organización de la producción petrolera (1907-1911); desde 1911 hasta 1928, fue miembro y luego Presidente de la Comisión Administrativa de la Explotación del Petróleo de Comodoro Rivadavia, y ocupó funciones semejantes en el período 1918-1922, en relación con el desarrollo del yacimiento de Plaza Huincul.
Tuvo igualmente una larga actuación docente: fue profesor de la Escuela Industrial de la Nación (1904-1918), profesor de mineralogía y geología en el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria (1906-1909) y de la misma materia en la Facultad de Agronomía y Veterinaria (1909-1933), y profesor igualmente en la Facultad de Ciencias Exactas, Física y Naturales (1907-1933). Perteneció a la Sociedad Científica Argentina, al Centro Argentino de Ingeniería y a la Academia de Ciencias Exactas.
Asistió a reuniones y congresos de geólogos y mineros. Entre sus publicaciones figuran las siguientes:

"Máquinas perforadoras para pozos" (1903)
"Carbón, petróleo y agua en la República Argentina"(1904)
"Catálogo de colecciones mineralógicas" (1905)
"Investigaciones mineralógicas, geológicas e hidrológicas en la República Argentina (1910)
"La geología y minería argentina" (1915)
"El fomento de la minería en Chile" (1944)
"Nuestros yacimientos carboníferos" (1945)

 

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El mito del petróleo Por Adrián Duplatt

La búsqueda del agua 
"... cual Comodoro, buscando agua encontró petróleo, pero se murió de sed...", cantaba Facundo Cabral a principios de los '70, haciéndose eco de la historia oficial de la ciudad "Capital Nacional del Petróleo". Pero, revisionismo histórico mediante, parece ser que aquel 13 de diciembre de 1907 no era solamente agua lo que se anhelaba, sino que realmente se estaba explorando la cuenca del golfo San Jorge en búsqueda de hidrocarburos. 
 
Cuenta la historia... 
Comodoro Rivadavia nació oficialmente como ciudad en 1901, por medio de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional. El lugar de su emplazamiento dista 160 kilómetros del espejo de agua dulce más cercano: el lago Muster, en cuyas orillas se emplazaba la colonia agrícola "Ideal" -la actual localidad de Sarmiento-. Los manantiales naturales abastecían a Comodoro, pero eran insuficientes para calmar la sed de la población

Por ello, en 1903 la Dirección de Minas, Geología e Hidrología de la Nación mandó a Comodoro una máquina perforadora que, tras alcanzar estérilmente los 172 mts. de profundidad, se dio por vencida. En 1906 desembarcó en la ciudad una nueva máquina para hallar agua, un equipo Fauck traído de Alemania por iniciativa de Julio Krause, Jefe de la Dirección de Minas de la Nación. Se ubicó la perforadora a unos tres kilómetros al norte del cerro Chenque, como indicaron los estudios de suelo realizados previamente. En marzo de 1907 comenzó a perforar. 
 
Entre los trabajadores estaban José Fuchs (Fucks, en realidad) y Humberto Beghín, ambos técnicos venidos de Alemania. Pasaron varios meses de infructuosos intentos. Se llegó a los 500 metros bajo tierra, pero el agua no brotaba. Krause dio orden de pasar el límite de la máquina. El 12 de diciembre de 1907 comenzó a salir un líquido aceitoso, burbujeante, con olor a kerosén. El 13, cuando se alcanzaron los 540 metros de profundidad, se confirmó la existencia de combustibles. Había nacido la Capital Nacional del Petróleo. 
 
Una visión diferente 
La memoria popular, retroalimentada por los medios de comunicación, mantuvo en vivo esta visión sobre el descubrimiento fortuito del petróleo. Pero desde el punto de vista científico este relato no es aceptado. 
 
Desde 1904 el gobierno realizaba relevamientos geológicos y mineralógicos en distintas regiones del país y, como explica la historiadora patagónica Graciela Ciselli en su investigación Los italianos al sureste del Chubut, ya desde fines del siglo XIX exploraron distintas regiones del país en busca de minerales, para lo que se adquirieron en el extranjero máquinas perforadoras y aparatos de sondaje destinados a tal fin. 
 
El Ing. en Minas Enrique Hermitte, quien fuera encargado de la Dirección de Minas, Geología e Hidrología en 1904 comentó, años después, que "el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia es una consecuencia, si no directa, por lo menos mediata del superior decreto de octubre de 1904 disponiendo la confección del Mapa Geológico y económico de la República y de la manera cómo se encaró su resolución". 
 
Por su parte las historiadoras neuquinas Orietta Favaro y Marta Morinelli en su libro Petróleo, Estado y Nación, hablan del "mito fundante de la explotación petrolera argentina", el del descubrimiento casual en Comodoro Rivadavia. Con sus trabajos, las investigadoras demostraron que el hallazgo fue deliberado y con objetivos precisos, lo que no excluye que al mismo tiempo se buscara agua. 
 
Asimismo, citan a Hermitte, cuando manifiesta que se han confundido los hechos referidos al descubrimiento del petróleo, atribuyendo su hallazgo a una casualidad, "cuando en realidad ha sido tan solo una buena suerte para aquellos que implantaron el estudio del subsuelo profundamente convencidos de que algún día debe contribuir al desarrollo económico del país en proporciones comparables a la agricultura y a la ganadería...". 
 
Desde las últimas década del siglo XIX se conocía la existencia de combustibles en el suelo patagónico. En 1890 y 1895 el perito Moreno estuvo a 15 kilómetros al sur de Comodoro Rivadavia, en la actual Villa Rada Tilly, y dejó sentado que aquella zona tendría gran impulso por sus puertos o por la explotación de kerosén. 
 
Por otra parte, el escritor comodorense Asencio Abeijón hizo referencias en sus crónicas a que los indígenas prendían fácilmente sus fogatas ayudándose con brea. 
 
Lo cierto es que en el marco de una política de exploración mineralógica del subsuelo nacional, se trasladaron a Comodoro equipos de perforación alemanes, se contrataron técnicos en perforación alemanes -Fucks, Beghín- y que una vez llegado al límite de profundidad de la maquinaria (500 metros), Beghín recibió un telegrama ordenándole que "... en campamento llegar a quinientos metros que es el poder de la máquina, refuerce el asunto y trabaje con precaución para evitar accidentes...". Los investigadores sospechan que son demasiadas molestias para andar buscando solamente agua.

Es así que una vez atados los cabos sueltos de la historia petrolífera argentina, los historiadores infieren que la consigna de los trabajos en 1907 era "Buscar agua y encontrar petróleo", lo que da por tierra con la imagen del descubrimiento accidental de hidrocarburos en Comodoro Rivadavia.

 

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De la escuela de minería...

El 9 de agosto del año 1944, la Cámara Argentina de Minería crea la Escuela de Minería, iniciando sus actividades en dependencias del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia en el barrio de Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires.

El 17 de mayo de 1949, la Cámara Argentina de Minería, inicia los gestiones para obtener la oficialización de esta casa de estudios, por lo cual deja de subvencionarla.

El 29 de diciembre de 1951 se dictó el decreto Nº 27.217/51, por el que se faculta al Ministerio de Industria y Comercio de la Nación para oficializar e incorporar a la Escuela de Minería que funcionaba en ese entonces en la Av. Rivadavia 3557/3577 de la Capital Federal.

El 31 de diciembre de 1951 por resolución ministerial Nº 1.030/52 en su artículo 1º resuelve designar con el nombre Eva Perón a la Escuela de Minería.

Esos fueron años difíciles ya que desde octubre del año 1951 y por un lapso mayor a 2 años el personal del establecimiento no cobraba sus sueldos, llegando a pedir, telegrama mediante, al presidente de la Nación que intervenga y haga justicia.

En la mañana de 17 de diciembre de 1953 se procedió a la transferencia de la Escuela de Minería Eva Perón al Ministerio de Educación de la Nación por decreto Nº 16.750/53. Funcionando para esa época en Arcos y Correa.

En el año 1954 se abre la especialidad de Mecánica.

En el año 1956 cambia su denominación en el ámbito del Ministerio de Educación y se la identifica como Escuela Industrial de la Nación Nº 13. En esta época la escuela ya funciona en su emplazamiento actual en Loyola 1500 en el barrio de Villa Crespo de la Capital Federal.

En el año 1957 se abre la tercera especialidad, Construcciones Civiles.

En el año 1965, con la creación del Consejo Nacional de Educación Técnica (CO.N.E.T.) la escuela pasa a identificarse como Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 34 Ingeniero E. M. Hermitte. (E.N.E.T. Nº 34)

En el año 1982 cambia la especialidad Mecánica por la de Electromecánica.

En el año 1992 con la transferencias de las esuelas secundarias a la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, nuestra escuela pasa a identificarse como Escuela Municipal de Educación Técnica Nº 5 Distrito Escolar 9 Ing. E. M. Hermitte (E.M.E.T. Nº 5 D.E. 9).

Por ùltimo, con la autonomía de la ciudad, se reorganizan las escuelas secundarias y cambian las identificaciones, con lo cual pasamos a la denominación actual de Escuela Técnica Nº 34 Distrito Escolar 9º Región VIII Ing. Enrique  Martín Hermitte (E.T. Nº 34 D.E. 9º Región VIII).

 

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El Mirador Comastri

 

Nuestra escuela funciona actualmente en el lote donde se halla emplazado el Mirador Comastri, sin duda este hito arquitectónico único en la ciudad nos identifica y, hablar de su historia es hablar - y mucho - de la historia de la Escuela Técnica 34 ¨Ing. Enrique Martín Hermitte¨.

Era la época en que el aljibe decoraba los grandes patios y perfumaba la magnolia, cuando el Renacimiento Italiano no se conocía, cuando se edificaban los altos miradores que competían con las torres de los campanarios para alcanzar la altura y permitir disfrutar de la amplitud del panorama y la distancia interminable. Corrían los años del a década de 1890.

Actualmente los miradores han desaparecido o, al menos quedan algunos perdidos entre las gigantescas masas de cemento, pero de ellos hay uno que se levanta en el centro de una manzana, cuyos jardines y arboleda rodean el edificio principal, único en pie con esta tipología, en el podemos ver lo que fuera la residencia de los Comastri, antigua casa quinta conocida como ¨El Mirador de Comastri¨ , que se encuentra delimitada por las calles Loyola, Fitz Roy, Aguirre y Bonpland. Este mirador , al que le hacen compañía hermosas magnolias y palmeras centenarias perteneció a la familia de Don Agustín Comastri, familia esta de inmigrantes italianos, que arribaron a nuestro país por el año 1860. El estilo de su arquitectura es Renacentista italiano y su construcción data del año 1870. La cúspide, de forma cónica y decorada con vidrios de colores, fue diseñada copiando el estilo de la Catedral de Santa María de los Ángeles de Florencia, su armazón, que se encuentra a una altura de 5 pisos fue durante años el punto más alto de la ciudad.

En aquella época, la región era una llanura, mas precisamente, el valle del arroyo Maldonado, que hoy corre entubado bajo la Avenida Juan B. Justo. Nada se veía construido en torno, todo era campo y por el oeste se divisaban los montes frutales de la antigua Chacarita de los Colegiales.

La antigua ciudad de Buenos Aires todavía era un chato núcleo urbano que quería empezar a trepar hacia lo alto. Veamos algunos datos como ejemplo: en 1869 había 20.000 casas y de ellas 18.000 eran de planta baja. Sólo 2.000 viviendas tenían planta baja y piso alto y los "rascacielos" de entonces, que llegaban a tener tres pisos, eran tan solo 253. Las calles céntricas estaban pavimentadas con "piedra bola" traídas desde la isla Martín García. La entonces ciudad conocía límites lejanos, el casco urbano estaba delimitado por un ancho camino de tierra, bordeado de plantas espinosas, al que llamaban "Camino de las Tunas", como se designaba entonces a la actual y señorial Avenida Callao.

Los accesos a la ciudad, se hacían a través del "Camino Real", actual Av. Rivadavia que llevaba a la aldea de San José de Flores. Para ir al pueblo de Belgrano, hacia el norte, se hacía por el Camino "De Santa Fe" y había un atajo, un camino de tierra llamado "Camino de las Cañitas".

El matrimonio Comastri , luego de casarse en la Iglesia del Pilar el 19 de mayo de 1861 oficiado por el Sacerdote Roque Carranza, se instaló en la ciudad hasta que decidieron adquirir unas tierras para construir su vivienda. Como ya no quedaban muchas parcelas amplias en la ciudad, optaron por la provincia de Buenos Aires en la zona de Palermo. Compró un campo en la zona de la Chacarita de los Colegiales, en el borde mismo de la ciudad, teniendo en cuenta que el territorio de la ciudad finalizaba en el entonces arroyo Maldonado y la calle Rivera, hoy Av. Córdoba. Se llegaba al lugar por el camino de "Corrientes" hasta llegar al "Camino del Ministro Inglés, mas lejos se encontraba el "Camino de la Chacarita" hoy Av. Dorrego y en los fondos el "Camino de las Tropas o De Moreno" hoy Av. Warnes. en definitiva los Comastri adquirieron un terreno que hoy tendría los siguientes límites aproximadamente: Av. Corrientes, Av. Córdoba, desde Serrano hasta la Av. Dorrego, algo mas de 60 manzanas, lo que hoy es el centro del barrio porteño de Villa Crespo. Nombre este en homenaje al segundo Intendente de Buenos Aires, el Dr. Antonio F. Crespo.

En sus habitaciones pernoctaron el entonces Presidente de la Nación, Dr. Nicolás Avellaneda, el presidente electo Gral. Julio Roca y el Ministro de Guerra Dr. Carlos Pellegrini, los Generales Luís María y Manuel J. Campos en los días previos a la Revolución de 1880.
El autor Diego del Pino relató en una de sus publicaciones que personajes como el General Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem eran visitantes de los Comastri.
Escribía el historiador Ricardo Llanes: En el Mirador tuvo uno de sus escondites don Hipólito Yrigoyen, mientras fraguaba el movimiento cívico de 1893.

Entre los lujos que le dieron fama al lugar no pasaron inadvertidos la iluminación a gas, contar con el primer pararrayos del barrio y tener un sótano cargado con toneles para almacenar los vinos que allí se producían.

En el año 1978, luego de un incendio, se procedió a clausurarlo, si a esto le sumamos el deterioro propio del paso del tiempo en un edificio cerrado y mas que centenario, deducimos que su estado actual es ruinoso.

Durante 1996, las autoridades del Museo de la Ciudad, consideraron que el edificio reúne los méritos para ser declarado de interés cultural.
En febrero de 2000, el entonces Jefe de Gobierno porteño, Enrique Olivera, visitó el inmueble y mostró interés en recuperarlo, la Dirección de Infraestructura Escolar, realizó un relevamiento para determinar en que estado se encuentra, lo que determina el punta pie inicial para la restauración.

Todo indicaría que la mansión reabrirá sus puertas con el esplendor que tuvo, queda la espera y que no suceda como muchas cosas que se olvidan sobre todo cuando se trata de preservar un edificio histórico y único.

 

Referencia bibliografica consultada de donde se han extraido los datos históricos:
"EL MIRADOR", del pionero Agustín Comastri
Autor. Diego A Del Pino
Buenos Aires. Ediciones del Emigrante, sin fecha.

 

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