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ORACIONES REVELADAS POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A SANTA BRIGIDA CON APROBACION, PERMISO Y RECOMENDACION PAPALES, DADAS EL 31 DE MAYO DE 1862. PARA SER REZADAS DELANTE DE UN CRUCIFIJO O LA SANTA FAZ DEL SEÑOR. CONTIENE DIVINAS PROMESAS ENTRE ELLAS LA DE PROTECCION PARA LOS HIJOS LAS PROMESAS: El Divino Crucificado prometió a Brígida los siguientes privilegios, con la condición de que ella fuera fiel a la diaria recitación del Santo Oficio. Y se garantizaban también a todo aquel que diga las oraciones devotamente cada día por el espacio de un año, las siguientes promesas: 1.Los familiares que las hagan rezar a los jóvenes por lo menos durante un año, les asegurarán los privilegios especificados, así como el ser preservados de todo accidente grave que pueda ocasionar la pérdida de alguno de sus cinco sentidos, aunque su vida sea larguísima. Estos privilegios se realizan sin ninguna excepción. 2.La persona que las rezare alcanzará los primeros grados de perfección, y antes de su muerte, tendrá conocimiento perfecto de todos sus pecados, una amarga contrición de ellos y le daré a comer Mi Precioso Cuerpo y a beber Mi Preciosa Sangre para que eternamente no tenga hambre ni sed. 3.Pondré el signo de Mi victoriosa Cruz delante de él para su amparo y defensa contra las acechanzas de sus enemigos. 4.Antes de su muerte, vendré con mi carísima y bienamada Madre y recibiré benignamente su alma y la llevaré a las delicias eternas y, habiéndola conducido hasta allá, le daré de beber de la fuente de Mi Divinidad, lo que jamás hago con los otros que no recen mis oraciones. 5-Se debe saber que quien hubiera vivido en pecado mortal y rezare devotamente o hubiere propuesto rezarlas, el Señor no permitirá que muera sin recibir los Sacramentos y lo defenderá de las malas tentaciones, lo conservará y preservará sus cinco sentidos, lo protegerá de la muerte repentina, salvará su alma de las penas eternas y conseguirá todo lo que pidiera a Dios y a la Santísima Virgen, como si hubiera vivido siempre según la Divina Vluntad y si debiera morir al siguiente día, se le alargará la vida. Todas las veces que alguien rezare estas oraciones ganará cincuenta días de indulgencia y se le asegura que será puesto junto al Supremo Coro de Angeles, y al que las enseñare a otro, se le promete que su alegría y mérito no faltarán jamás, sino que serán estables y durarán eternamente. Donde se encuentren o se recen estas oraciones, está presente Dios con su Gracia. 6- Cualquiera que recite estas oraciones, obtendrá el grado máximo de perfección. 7- Quince días antes de su muerte, tendrá un conocimiento perfecto de todos sus pecados y una contrición profunda de ellos. 8- Quince días antes de su muerte le daré mi precioso cuerpo a fin de que escape del hambre eterna; le daré a beber de mi preciosa sangre para que no permanezca sediento eternamente. 9- Libraré del purgatorio a 15 miembros de su familia. 10- Quince miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia. 11- Quince miembros de su familia se convertirán. 12- Cualquiera que haya vivido en estado de pecado mortal por 30 años, pero si recita o tiene la intención de recitar estas oraciones devotamente, Yo, el Señor le perdonaré todos sus pecados. 13- Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y está por morir, prolongaré su existencia 14- Obtendrá todo lo que pida a Dios y a la Santísima Vírgen. 15- En cualquier parte donde esté diciendo las oraciones, o donde se digan, Dios estará presente con su gracia. 17- Todo aquel que enseñe estas oraciones a los demás, ganará incalculables méritos y su gloria será mayor en el cielo. 18-Por cada vez que se reciten estas oraciones, se ganarán 50 días de indulgencia. 19- Será librado de la muerte eterna. 20- Goza de la promesa de que será contado entre los bienaventurados del cielo. 21- Lo defenderé contra las tentaciones del mal. 22- Preservaré y guardaré sus cinco sentidos. 23- Lo preservaré de una muerte repentina. 24- Yo colocaré mi cruz victoriosa ante él para que venza a sus enemigos. 25- Lo recibiré muy complacido y lo conduciré a los gozos eternos. Y habiéndolo llevado allí, le daré de beber de la fuente de mi divinidad. EL ORIGEN DE LA DEVOCION: Desde muchísimo tiempo Santa Brígida deseaba saber el número de azotes que Nuestro Señor recibió en Su Pasión. Un día se le apareció, diciéndole: "he recibido en mi cuerpo cinco mil cuatrocientos ochenta azotes; si queréis honrarlos con alguna veneración, decir 15 Padrenuestros y 15 Avemarías con las siguientes oraciones (que El mismo dictó) durante un año entero; finalizado el año habréis venerado cada una de las llagas." LA APROBACION PAPAL: Estas oraciones y promesas fueron copiadas de un libro impreso en Tolosa (Francia), en 1740, y publicadas por el Padre Adrien Parvilliers, jesuita, misionero apostólico en Tierra Santa, con aprovación, permiso y recomendación de difundirlas. SS el Papa Pío IX se enteró de estas oraciones (con las promesas), reconociendo su autoridad, y por el bien de las almas, las ha aprobado el 31 de mayo de 1862. Este veredicto del Papa Pío IX fue confirmado con la realización de las promesas a favor de todas las personas que rezaron las Oraciones, y por numerosos hechos sobrenaturales con los cuales Dios ha querido hacer reconocer su riguso veracidad. LAS QUINCE ORACIONES: ORACIONES Para empezar, invoquemos al dulce Huésped de nuestras almas. Señal de la Cruz. V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles. R. Y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía Señor tu Espíritu y todo será creado. R. Y se renovará la faz de la tierra. Oremos: Oh Dios, que instruíste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre, y gocemos de la dulzura del bien de sus divinos consuelos. Por Cristo nuestro Señor. Así sea. PRIMERA ORACION ¡Oh Jesús mío! ¡Oh eterna dulzura para los que te amamos! ¡Oh gozo supremo que supera todo gozo y deseo! ¡Oh salvación y esperanza de nosotros, pecadores! Infinitas pruebas nos has dado de que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; y fue este el sublime deseo, ¡Oh bendito amor! El que te llevó a asumir la naturaleza humana. ¡Oh Verbo encarnado!, recuerda aquella Santa Pasión que abrazaste por nosotros, para cumplir con el divino plan de reconciliación de Dios con su criatura. Recuerda Señor tu última cena, cuando rodeado de tus discípulos, y después de haberles lavado los pies, les diste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también cuando tuviste que consolarlos al anunciarles tu ya próxima Pasión. Es en el huerto de los Olivos, oh Señor, donde se escenificaron los peores momentos de tu Sagrada Pasión: porque fuiste invitado por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, y que te llevaron a exclamar todo lleno de horror y de angustia: "¡Mi alma está triste hasta la muerte!"... Tres horas duró tu agonía en aquel jardín; y todo el miedo, angustia y dolor que padeciste allí, ¡fueron tan grandes!, que te causó sudar sangre copiosamente. Aquello escapaba a toda descripción, hasta tal punto que sufriste más allí que en el resto de tu Pasión, porque ante tus divinos ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes, y los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la tierra, y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros!, ¡hasta la consumación de los tiempos! Pero, ¡oh amor que todo lo vence! A pesar de tu temor humano, así contestaste a tu Padre: "¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!" E inmediatamente, tu Padre envió aquel precioso Angel para confortarte... Tres veces oraste, y al final llegó tu discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto te dolió aquello! Fuiste arrestado por el pueblo de aquella nación que Tú mismo habías escogido y exaltado. Tres jueces te juzgaron, falsos testigos te acusaron, cometiendo el acto más injusto de la historia de la humanidad, ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor! ¡A aquél que venía a regalarnos la vida eterna! Y te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos... e inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearte, y a llenarte de escupitazos, y golpes llovieron contra tu delicado cuerpo. Y te retaban a que les dijeras quién era el que te lo hacía. De repente, aquella corona de espinas te la incrustaron mutilando tu cabeza de mala manera; ¡rompiendo carne, venas y nervios! Para contemplar la mofa a tu condición de Rey, te dieron un cetro: una vulgar caña que colocaron en tus Sagradas manos. ¡Oh sublime enamorado de nuestras almas!, recuerda también cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flageló aquella gente!... No quedó lugar alguno en tu maravilloso cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes... La escena era terrible: ¡huesos y costillas podían verse! ¡Cuánta furia desatada contra el Hombre-Dios! Oh Jesús mío, en memoria de aquellos crueles tormentos que padeciste por mí antes de la crucifixión, concédeme antes de morir un verdadero arrepentimiento de mis pecados, que pueda satisfacer por ellos, que haga una santa confesión, te reciba en el Signo Eucarístico, y así, alimentada mi alma, vuele yo hacia Ti. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) SEGUNDA ORACION ¡Oh salud y alimento de mi alma, libertad verdadera de Ángeles y Santos!, ¡Paraíso de delicias! Recuerda el horror y la tristeza que sufriste camino al lugar donde te aguardaba una cruz, cuatro clavos y los verdugos cuando toda aquella turba se apretujaba a tu paso, y te golpeaba e insultaba impunemente, haciéndote víctima de las más espantosas crueldades. Pero más te dolía la ingratitud de ellos, que los golpes que te infligían, pues era precisamente por ellos y por todo el género humano, que llevabas aquella Cruz sobre tus hombros destrozados. Por todos aquellos tormentos y ultrajes, y por las blasfemias proferidas contra Ti, te ruego, ¡oh dueño de mi alma! que me libres de mis enemigos, visibles e invisibles, y que bajo tu protección logre yo tal perfección y santidad, que merezca entrar en tu Reino. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) TERCERA ORACION ¡Oh dueño de mi existencia! Tú que siendo el Creador del Universo, del Cielo y de la Tierra, de Ángeles y hombres, a Quien nada puede abarcar o limitar y que todo lo envuelves y sostienes con tu amoroso poder, sin embargo, te dejaste matar por tu obra maestra, el hombre, para justificarlo ante Tí mismo. Recuerda cada dolor sufrido, cada tormento soportado por nuestro amor, como cuando los judíos con enormes clavos taladraron tus Sagradas manos y pies. ¡Qué espantosa escena se produjo cuando con indescriptible crueldad, tu cuerpo tuvo que ser estirado sobre la Cruz para que tus manos y pies llegaran hasta los agujeros previamente abiertos en el madero! ¡Con cuánta furia agrandaron aquellas heridas! ¡Cómo agregaron dolor al dolor, cuando tuvieron que estirar tus Sagrados miembros violentamente en todas direcciones! ¡Oh Varón de dolores! Recuerda cuando tus músculos y tendones eran estirados sin misericordia, y tus venas se rompían, y tu piel virginal se desgarraba horriblemente, y tus huesos eran dislocados. ¡Oh Cordero divino! en memoria de todo lo ocurrido en la colina del Gólgota, te ruego me concedas la gracia de amarte y temerte cada día más y más. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) CUARTA ORACION ¡Oh Divino Mártir de amor! ¡Oh médico celestial que te dejaste suspender en la Cruz para que por tus heridas las nuestras fueran curadas! Recuerda cada una de aquellas heridas y la tremenda debilidad de tus miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que jamás ha habido dolor semejante al tuyo. Desde la cabeza a los pies eras todo llaga, todo dolor, todo sufrías; eras una masa rota y sanguinolenta, y aún así llegaste, para sorpresa de tus verdugos, a suplicar a tu Padre, eterno perdón para ellos ¡porque no sabían lo que hacían! ¡Oh Cristo Bendito! En memoria de esta gran Misericordia que tuviste, que muy bien pudiste lanzar a todo aquel mundo malvado a los abismos infernales con un solo acto de tu poderosa voluntad, por aquella tan grande Misericordia que superó a tu Justicia Divina, concédeme una contricción perfecta y la remisión total de mis pecados, desde el primero hasta el último, y que jamás vuelva a ofenderte. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) QUINTA ORACION ¡Oh Jesús, oh esplendor de la eternidad! Recuerda que cuando contemplaste en la Luz de tu Divinidad las almas de los predestinados que serían rescatados por los méritos de tu sagrada Pasión, también viste aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto te quejaste por ellos! Te compadeciste, mi buen Jesús, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con tu Sangre, ni se alimentarían con tu Carne Eucarística. Por tu infinita compasión y piedad, y acordándote de tu promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso, ¡oh salud y alimento de mi alma! muéstrame esta misma Misericordia en la hora de mi muerte. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) SEXTA ORACION ¡Oh Bien mío, Rey muy amado y deseado por mi corazón! Recuerda aquella infinita aflicción que padeciste cuando te suspendieron en la Cruz, casi desnudo y tratado como si fueras un criminal común. ¡Oh manirroto, cómo te dolió el ver que tus familiares y amigos desertarán! Pero allí estaban María y Juan, que permanecieron contigo hasta tu último suspiro. No importando que su naturaleza humana desmayando estaba, y para colmo de tu inmenso amor por nosotros, nos hiciste aquel precioso regalo: ¡nos diste a María como Madre! ¡Cuánto te debo Amado mío, por este sublime regalo! Sólo tuviste que decir a María: "Mujer, he aquí a tu hijo"; y a Juan: "He aquí a tu Madre"... ¡Oh Rey de la Gloria! Por la espada de dolor que atravesó el alma de tu Inmaculada Madre, te ruego, oh dueño mío que te compadezcas de mi en todas mis aflicciones y tribulaciones, y que me asistas en cada prueba, especialmente en la hora de mi muerte. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) SEPTIMA ORACION ¡Oh Rey de Reyes! ¡Fuente de compasión que jamás se agota! Recuerda cuando sentiste aquella tremenda sed por las almas y que te llevó a exclamar desde la Cruz: "¡Tengo Sed!" Si, no solamente tenías sed física, sino sed insaciable por la salvación de la raza humana. Por este gesto de amor por nosotros, te ruego, oh prisionero de mi amor, que inflames en mi corazón el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos mis actos, que extingas en mi la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos. Así sea (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) OCTAVA ORACION ¡Oh constante dulzura mía! ¡Oh deleite diario de mi espíritu! Por el sabor tan amargo de aquella hiel y vinagre que te dieron a probar en lugar de agua, para aplacar tu sed física, te suplico aplaques mi sed por tu vivificadora Sangre, y mi hambre por tu Redentora Carne, ahora y siempre, y que no me falte en la hora de mi muerte. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) NOVENA ORACION ¡Oh Cristo Bendito! ¡Oh continuo gozo de mi mente! Recuerda aquellos atroces dolores y aquella tremenda soledad que te llevó a exclamar: "¡Padre mío, oh Padre mío!, ¿porqué me has abandonado?" Te contemplo, oh dulce autor de la vida, todo sumido en aquel mar de amargura, , y noto también que tu muerte ya se acerca; pero lo que más me espanta, oh Adorado mío, es ver que los judíos ¡no cesan de insultarte!, los ultrajes y blasfemias ¡parecen no tener fin! A través de las angustias que padeciste en aquellos momentos finales de tu Pasión, te ruego, ¡oh Enamorado de mi alma! Que no me abandones en mis últimos momentos, para que mi alma salvada pueda demostrarte que también vivía enamorada de Ti. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) DECIMA ORACION ¡Oh Jesús, que eres principio y fin de todo lo creado , Virtud, Luz y Verdad! Recuerda que para rescatarnos permitiste ser sumergido en un abismo de sufrimientos de los pies a la cabeza; y yo, en consideración a la enormidad de tu sacrificio, y por los méritos infinitos de tus Sagradas heridas, quiero consagrarme a ti, y pidiéndote estoy que me enseñes a observar, con el más puro de los amores, tus mandamientos, único camino, amplio y seguro para nosotros que te amamos, y que nos conducen a Ti. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) UNDECIMA ORACION ¡Oh Jesús mío!, abismo insondable de Misericordia, te ruego en memoria de tus heridas, las cuales penetraron hasta la médula de tus huesos y hasta lo más profundo de tu ser, ¡que me apartes para siempre del pecado! ¡que no te ofenda más! Reconozco con bochorno que soy un miserable pecador y que te he ofendido ¡tantas veces! Que temo que tu divina justicia me condene. No obstante, acudo presuroso a tu misericordia infinita, para que me escondas urgentemente en tus preciosas llagas, y así, oculto de tu indignado Rostro, pueda tu amante Corazón una vez más, lavar mis culpas con tu Sangre liberadora. De esa forma Adorado mío, tu enojo e indignación cesarán de inmediato. ¡Gracias Señor! Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) DUODECIMA ORACION ¡Oh Jesús, eterna verdad, símbolo de la perfecta caridad y de la unidad! Te suplico que te acuerdes de aquella multitud de laceraciones, de aquellas horribles heridas que te hizo la humanidad pecadora que querías salvar. Estabas hecho un guiñapo humano, enrojecido por tu propia sangre. ¡Que inmenso e intenso dolor padeciste en tu carne virginal por amor a nosotros! ¡Oh dulzura infinita!, ¿qué pudiste hacer que ya no hayas hecho por nosotros? Ayúdame, oh Señor, a tener siempre presente ante los ojos de mi espíritu, un fiel recuerdo de tu Pasión, para que el fruto de tus sufrimientos se vea continuamente renovado en mi alma, y para que tu amor se agrande en cada momento más y más en mi corazón, hasta que llegue aquel feliz día en que he de verte en el cielo, y ser uno contigo, que eres el tesoro y suma total de todo gozo y bondad. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) DECIMO TERCERA ORACION ¡Oh dulce consuelo de mi alma, maravilloso liberador, Rey inmortal e invencible! Recuerda cuando inclinando tu adorable cabeza, toda desfigurada por los golpes, la Sangre y el polvo del camino, exclamaste: "Todo está consumado"... Para entonces, toda tu fuerza mental y física, habíase agotado totalmente. Por ese preciso sacrificio, y por las angustias y tormentos que padeciste antes de morir, te ruego, oh buen Jesús, que tengas misericordia de mi en la hora de mi muerte, cuando mi alma se verá asaltada por inquietudes y angustias. Que no tema nada, que te tenga a ti a mi lado y dentro de mi ser. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) DECIMO CUARTA ORACION ¡Oh doliente Jesús, oh incomprensible Segunda Persona de la Trinidad, esplendor y figura de su esencia! Recuerda cuando con gran voz entregaste tu alma al Padre: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" Tu Cuerpo estaba despedazado, y tu Corazón destrozado, ¡ay, pero tus entrañas de Misericordia estaban aún abiertas para redimirlos! Así expiraste , oh Amor infinito... Por tu muerte ¡tan preciosa! Te suplico, oh Rey de Santos y Arcangeles, que me confortes y me ayudes a resistir al mundo con sus errores, a Satanás con sus perfidias, y a la carne con sus vicios, para que así, muerto a los enemigos de mi alma, viva solamente para Ti. Por eso te ruego, oh sublime Conquistador, que a la hora de mi muerte recibas a esta pobrecita alma que te adora, a este desterrado que sólo quiere regresar a Ti. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) DECIMO QUINTA ORACION ¡Oh Vencedor de la muerte! ¡Vid verdadera y fructífera! Recuerda a aquel torrente de Sangre que brotaba de cada parte de tu Bendito Cuerpo, igual que la uva exprimida en el lagar. Desde el lugar de la flagelación, y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella vía dolorosa, hasta la colina sagrada, tu Sangre derramada escribía las más bellas páginas de la historia del Corazón que más nos ama... ¡El tuyo! Recuerda cómo la tierra agradecida, pero a la vez espantada, recibía tu preciosa Sangre. Toda la naturaleza de horror temblaba, y los Cielos se estremecían, los Ángeles, y hasta los demonios, se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría! ¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer Viernes Santo, oh Jesús ¡abrías el cielo para la humanidad pecadora! Por tres largas horas tu Cuerpo colgó de la cruz. Presentabas un aspecto doliente, triste, todo lleno de dolor, Tu sangre aún manando recorriendo aquella que ya se había secado, que ya había coagulado. Y a todo esto se adhirió el polvo y la tierra del camino... Qué tristeza y dolor padecieron María y Juan al contemplar tus cabellos y barba que ahora daban la impresión que estaban compuestos de alambres, llenos de Sangre y de tierra. Tus oídos y tu nariz tupidos estaban de sangre. ¡Hasta tus ojos y boca sangraban! En verdad que todos tus sentidos fueron atrozmente atormentados. Así inclinaste la cabeza y entregaste el Espíritu... Entonces vino Longinos y perforó tu costado, con tanta violencia, que la punta de la lanza casi sale por el otro costado. Tu Corazón te lo desgarraron, oh Jesús mío, ese Corazón ¡que tanto nos ama! Y de allí brotó Sangre y Agua, las últimas gotas que quedaban... Tu cuerpo era cual bulto colgado, la carne destruída, la sustancia marchita, tus huesos vencidos. Es entonces que el Sol y las estrellas negaron su luz, hubo terremotos, resucitaron muchos muertos, y la naturaleza y los elementos dieron amplio testimonio de que aquel que negaron ¡era el Hijo de Dios! Oh maravillosa realidad, escándalo para los infieles, ¡gozo indescriptible para los que te amamos! Ese tu infinito sacrificio pagó el rescate, y al resucitar y ascender gloriosamente al Cielo, ¡dejaste bien abiertas las puertas para aquellos que quisieran seguirte! Oh Señor, por tu amarga Pasión y preciosa Sangre, te ruego traspases mi corazón, para que mis lágrimas de amor, adoración y penitencia, sean mi alimento noche y día. Haz que me convierta totalmente a Ti, que mi corazón sea tu perpetuo lugar de reposo; que mi conversación te sea siempre agradable; y que al final de mi vida merezca que grabes, oh Dios de amor, el Sello de Tu Divinidad en mi alma, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo, te vean bien reproducido en mi, y poder así ser contado entre tus Santos para alabarte siempre por toda la eternidad. Así sea. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria) Recomendaciones: para que se realice bien la Devoción: 1) Reza antes del atardecer; si lo dejas para mas tarde, luego, puedes estar muy cansado por las tareas del día, y es fácil que te olvides de rezar, o que te quedes dormido. 2) El rezo de las oraciones insume unos veinte a veinticinco minutos; cuanto más compenetrado estés espiritualmente, menos tiempo lleva. 3) Se rezan las quince oraciones cada día, no una oracion cada dia. 4) Se reza ante un Crucifijo; en su defecto, frente a una estampa de Jesús, o con la mente puesta en su Divino Rostro. 5) A partir del segundo mes de estar rezando la devoción, escríbenos para empezar a contarnos las experiencias y bendiciones espirituales y materiales en tu vida y tu familia. 6) Selecciona con el "mouse" el cronograma inferior, e imprímelo; es para llevar la cuenta, cada día, durante un año, de las oraciones.
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