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http://www.infocatolicos.cjb.net/ La Asunción Gloriosa de la madre de Dios. La Asunción de Nuestra Señora fue transmitida por la trdición escrita y oral de la Iglesia. Ella no se encuentra explícitamente en la Sagrada Escritura, pero está implícita. Los protestantes creen que la Madre de Dios, a pesar de haber sido el Tabernáculo vivo de la divinidad, debía conocer la putrefacción de la tumba, la voracidad de los gusanos, la muerte, el aniquilamiento de su persona. Vamos a analizar el hecho histórico, según lo que nos cuentan los primeros cristianos y transmitido por los siglos de forma indiscutible. En ocasión de Pentecostés, María Santísima tenía mas de 47 años de edad. Después de ese acontecimiento, Ella permaneció otros 25 años más en la tierra, para educar y formar, por así decirlo, a la Iglesia naciente, como otrora Ella educara, protegiera y dirigiera la infancia del hijo de Dios. Ella terminó su "carrera mortal" a la edad de 72 años, conforme a la opinión común. La muerte de Nuestra Señora fue suave, mas comunmente llamada "Dormición". Quiso Nuestro Señor dar esa suprema consolación a Su Madre Santísima, y a Sus Apóstoles les dió el asistir a esa "dormición" de Nuestra Señora, entre los cuales se encuentran San Dionisio el Aeropagita, discípulo de San Pablo y el primer Obispo de París, el cual conservó la narración de este hecho. Diversos padres de la Iglesia cuentan que los Apóstoles fueron llevados milagrosamente a Jerusalem la noche precedente al desenlace de la Bienaventurada Virgen María. San Juan Damasceno, uno de los más ilustres de la Iglesia Oriental, refiere que los fieles de Jerusalem, al tener la noticia del fallecimiento de su amada Madre, como la llamaban, vinieron en multitud a prestarle el último homenaje y que luego se multiplicaron los milagros en derredor de la reliquia sagrada de su cuerpo. Tres días después llegó el Apóstol Santo Tomás, al cual la Providencia divina lo había retrasado, para mejor manifestar la Gloria de Nuestra Señora, como se sirvió también de él para manifestar el hecho de la Resurrección de Nuestro Señor. Santo Tomás pidió ver el cuerpo de Nuestra Señora. Cuando retiraron la piedra, el cuerpo no se encontraba más. De dentro de la tumba se exhalaban un perfume de suavidad celestial. Como Su Hijo y por la virtud de Su Hijo, la Virgen Santa resucitaba al tercer día. Los ángeles retiraron su cuerpo inmaculado y lo transportaron al Cielo, en donde goza Ella de una Gloria inefable. Nada es más auténtico que estas antiguas tradiciones de la Iglesia sobre el Misterio de la Asunción de María Madre de Dios, encontradas en los escritos de los Santos Padres y doctores de la Iglesia, en los dos primeros siglos, y relatadas en el Concilio General de Calcedonia, en el año 451. Como Nuestra Señora estaba excenta del pecado original, Ella estaba inmune a la sentencia de muerte (consecuencia de la expulsión del paraíso terrenal). Todavía, por no tener acceso al "arbol de la vida"(que estaba en el paraíso terrestre), María Santísima tendría que pasar por una "muerte suave" o una "dormición". A muy poco de andar descubrimos sobre la grandeza de Nuestra Señora, como bien dice San Luis Grignon de Montfort en su libro "Tratado de la verdadera devoción de la Santísima Virgen". Es cierto que Nuestra Señora esogió pasar por la muerte, aunque no tenía necesidad. Cuáles fueron, entonces, las razones por las cuales ella la eligió? Hay varias hipótesis. Pedro María, señala cuatro: 1) Para refutar, de antemano, la herejía de los que más tarde pretenderían que María Santísima no era una criatura humana como nosotros, sino que era un ángel. 2) Para asemejarse en todo a Su Hijo. 3) Para no perder los méritos de la aceptación resignada de la muerte. 4) Para servirnos de modelo y enseñarnos a bien morir. Podemos, pues, resumir esta doctrina diciendo que Dios creó al hombre mortal. Dios dió a María santísima no el derecho ( por no tener acceso al arbol de la vida), sino el privilegio, de ser inmortal. Ella prefirió ser semejante a su Hijo, escogiendo voluntariamente la muerte, pero no como padeciendo como castigo al pecado original pues nunca lo tuvo. Analicemos, ahora, la Resurrección de María Santísima: Los Apóstoles, al abrir la tumba de la Madre de Dios para satisfacer la piedad de Santo Tomás y por deseo de todos, al no encontrar allí el cuerpo, dedujeron su Resurrección. No era preciso ver la Resurrección para creer en este hecho, era una deducción lógica en vista de las circunstancias celestiales de su muerte, de su santidad, de su dignidad de Madre de Dios, de su Inmaculada concepción, de su unión con el Redentor, todo eso constituía una prueba irrefutable de la Asunción de Nuestra Señora. La Asunción difiere de la Ascención en el hecho de que, en el segundo caso, Nuestro Señor subió por Su propio poder, en cuanto Su madre fue Asunta al Cielo por el poder de Dios. Hay varios argumentos racionales en favor de la Asunción gloriosa de Nuestra Señora. Primeramente, habiendo entrado en una manera sobrenatural en esta vida, sería normal que saliese de la misma manera, como principio de armonía entre los actos Divinos. Si Dios quiso privilegiarla como la Inmaculada Concepción, tanto más normal sería completar el acto con una muerte gloriosa. Después, la muertem como dice una frase latina "Talis vita, finis ita", es un eco de la vida. Si Dios guardó a varios santos con cuerpos incorruptos, mucho más debería haberlo hecho con el cuerpo que guardó durante nueve meses al Redentor. Nuestro Señor tomó Su humanidad del cuerpo de María Santísima. Su carne era carne de Su Madre, Su Sangre era Sangre de Su Madre, etc. Como permitir que Su carne, presente en la carne de Su Santísima madre, fuese corrompida por los gusanos y tragada por la tierra? El, que nació de las entrañas amorosísimas de María Santísima permitiría que esas mismas entrañas sufriesen la putrefacción de la tumba y la degradación de la muerte? Sería tentar contra el amor filial mas perfectoo que la tierra haya conocido. Sería romper con el cuarto mandamiento de la ley de Dios, que establece "Honra a tu padre y a tu madre". Cuál hijo, pudiendo, no preservaría a su madre de la muerte? La dignidad de Hijo de Dios hecho hombre exigía que no dejase en la tumba a Aquella de quien recibiera Su Sagrado Cuerpo. Nuestro Señor Jesucristo, por así decirlo, preservando el cuerpo de María Santísima, preservaba a Su propia Carne. Ahora relaionemos la relación inmediate de la Pasión del Hijo de Dios y de la compasión de la Madre de Dios, primulgada de modo enérgico, en el Evangelio, por la profecía de San Simeón, hablando a la propia Madre: "Este niño será puesto para resurrección de muchos en Israel, y para ser signo de contradicción. Y una espada atravesará tu alma" (Lc 2,34-45). El texto en latín tiene una variante que parece ir más allá de la traducción en castellano "Et tuam ipsius animam pertransibit glaudius", es decir, la misma espada traspasará de su alma a la tuya. Cóm sería posible que el Hijo, estando unido a Su madre en toda su vida, en su infancia y en su dolor, no se uniese a Ella en Su Gloria? Todo eso se concluye de los Evangelios. La Asunción de María Santísima fue siempre enseñada en todas las escuelas de teología y no hubo discordancia entre los Doctores. La Asunción es como una consecuencia de la Encarnación del Verbo. Por cierto, Nuestro Señor no desdeñó haber nacido de su seno purísimo, sino que la eleva ahora, a participar con Ella de Su Gloria. Cristo recibió de su vida terrena de las manos de María Santísima. es natural que Ella reciba la Vida Eterna de las manos de Su Divino Hijo. Más allá de conservar la armonía en su propia obra, Dios debía continuar favoreciendo a la Virgen Inmaculada, desde la predestinación hasta la hora de su muerte. Ahora, pudiendo preservar de la corrupción de la tumba a su Santa Madre, teniendo poder para hacerla resucitar para llevarla al Cielo en cuerpo y alma, Dios debía hacerlo, pue El debía coronar en la Gloria a Aquella que ya coronara en la tierra...de esa forma, la Santísima Madre de Dios continuaba en la Gloria Eterna lo que ya fuera en la tierra "Madre de Dios y Madre de los hombres". Tal se nos muestra a María en la Gloria Celestial, como cantaba el Rey de Su madre, así canta Dios de Nuestra Señora: "Sentada a la derecha de su Hijo querido" (3Reyes 2,19), "revestida del sol"(Apocalipsis12), cercada de gloria como "La gloria del hijo único de Dios"(Jn1,14), pues es la misma Gloria que envuelve al Hijo y a la Madre. Esto nos parece tan bello! Y Ella se nos presenta suave y tierna en su sonrisa de madre, extendiéndonos sus brazos, en un convite amoroso, para que vayamos a Ella y podamos participar algún día de Su Bienaventuranza! |