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Universidad de Yacambú Vicerrectorado de Estudios
Virtuales Programa de Doctorado en Gerencia Fase IV.
Período Académico CR:07-3 Participante: Inés Otilia
Fernández Pérez CI: 2.887.379 - [email protected] |
Seminario avanzado el liderazgo educativo para el cambio (Electiva 3)
La gestión municipal ambiental
en Venezuela y en el mundo.
Caso: Los desechos orgánicos
putrescibles.
Esquema de
contenidos
Introducción
Gestión ambiental del municipio en Venezuela y en el
mundo
Consideraciones generales
Gestión municipal de residuos urbanos
Clasificación general de los residuos urbanos
Posibles estrategias para la gestión de desechos
orgánicos
putrescibles en el ámbito urbano municipal
A manera de conclusión
Referencias
San Cristóbal, agosto de 2007
Introducción
En un mundo globalizado como el actual, la
basura constituye una problemática ambiental de la cual no escapa Venezuela; su
solución en el contexto nacional reviste gran complejidad. Su no solución, con
permanencia en tiempo y espacio, no es exactamente falta de responsabilidad de
los organismos gubernamentales, específicamente de la municipalidad. Es más
bien la poca, y a veces casi nula, efectividad de programas y acciones
emprendidos por los organismos competentes, debido tal vez –es posible
aseverarlo— a la falta de participación permanente y efectiva de las
organizaciones intermedias de la sociedad, entre las cuales se pueden contar
las juntas parroquiales, los concejos comunales, las comunidades educativas,
las comunidades religiosas, las juntas de condominio, las administradoras de
inmuebles e, incluso, las organizaciones profesionales y sindicales, y los
partidos políticos.
Los medios de comunicación difunden
diariamente las protestas de todo tipo por parte de los ciudadanos que se
sienten afectados por el problema “basura”. Por lo general los manifestantes
responsabilizan al gobierno municipal de su localidad, los gerentes municipales
culpan a las empresas recolectoras de basura y éstas alegan la falta de pago
por sus servicios o la carencia de lugares dónde depositar la basura o la
incapacidad volumétrica de los vertederos y rellenos sanitarios abarrotados por
toneladas de desechos de todo tipo.
Para dar un ejemplo de esta situación, la
autora de estas líneas se remite a una experiencia muy particular y personal,
cuando en el primer quinquenio de los años 80 del siglo pasado, participaba en
la difusión e implantación a nivel nacional de los “módulos de educación
ambiental” (programa conjunto del Ministerio de Educación y el Ministerio del
Ambiente y de los Recursos Naturales). En el estado Bolívar, ubicado en el sur
de Venezuela, específicamente en el municipio Caroní, una comunidad educativa,
cuyo plantel estaba ubicado en el centro de una urbanización, confrontaba el
problema consistente en que, los habitantes de dicha urbanización,
“depositaban” diariamente su basura doméstica dentro del local del plantel,
específicamente adosada a la cerca metálica que rodeaba las instalaciones.
Luego de muchas reuniones de la directiva y de asambleas de padres, alumnos,
docentes, administrativos y obreros, la comunidad educativa resolvió el
problema al participar a los habitantes de la urbanización (cuyos hijos no
estudiaban en el plantel de la localidad sino en planteles privados) que, en
adelante, la basura que ellos “lanzaran” dentro del plantel les sería
“amablemente devuelta”. El problema se resolvió cuando los habitantes de la
urbanización se vieron presionados a solicitar al Concejo Municipal los
servicios del aseo urbano domiciliario, por cuanto los respectivos camiones
solamente recogían el aseo en el local del plantel.
Es significativo, para la autora de la
presente investigación, que El Diario de Guayana mantenga en su PW (consulta
del 05-02-2007) el artículo ¿Qué hacemos
con la basura? de Guzmán Bigott, publicado en el mismo diario el domingo 03
de julio de 2005, lo cual fundamenta la permanencia en el tiempo del problema
“basura” y cuya problemática puede ser extrapolada a cualquier otro municipio
venezolano. Así mismo es muy significativo el epígrafe con el cual se encabeza
el artículo: “Para la mayoría de la gente
la basura es un estorbo, algo del cual hay que deshacerse, sin detenerse a
pensar que esos residuos `son nuestros´, de ahí que el problema de la basura es
un asunto de corresponsabilidad”.
Además,
en dicho artículo, la autora (Guzmán Bigott, ob. cit.), con toda propiedad asevera:
Por Ley, las alcaldías
están en la obligación de garantizar un servicio de aseo urbano eficiente, pero
de igual forma la Ley añade que para lograr un ambiente libre de contaminación,
el Estado debe contar “con la activa participación de la sociedad” (artículo
127 de la Constitución). La pregunta a formular es ¿Cómo participar en la
solución de un problema que nos compete a todos?
Es un hecho comunicacional –tal como lo
refiere el artículo de El Diario de Guayana--, que en el sistema jurídico
venezolano están previstas las responsabilidades y competencias relativas a la
gestión ambiental que debe ser desarrollada por las municipales. De tal manera,
la primera Ley Orgánica de Régimen Municipal, decretada en Venezuela en 1989
determinaba claramente, en su artículo 36, las competencias ambientales que
contribuyen a satisfacer las necesidades y aspiraciones de las comunidades que
forman parte del ámbito municipal. Tal disposición permitió que, en la
actualidad, las Alcaldías y Concejos Municipales del país gocen de la autonomía
indispensable y necesaria para gerenciar planes y programas tendientes a lograr
el desarrollo integral que requiere el Municipio.
Del mismo modo
y de manera específica (además de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela –CRBV-), la vigente Ley Orgánica del Poder Público Municipal
(LOPPM) en el literal “d” del Artículo 56 otorga a los Municipios competencias específicas para
promover una gestión ambiental eficiente y efectiva, tales como “La protección
del ambiente y la cooperación en el saneamiento ambiental (…) el aseo urbano y domiciliario, incluidos
los servicios de limpieza, recolección y tratamiento de residuos”. Asimismo, en
el numeral 8 del Artículo 37 la LOPPM atribuye a las juntas parroquiales la
expresa facultad de “Velar
por el cumplimiento de la limpieza urbana y aseo domiciliario”.
Una Cámara Municipal ambientalmente
responsable debe establecer los mecanismos necesarios para que el mandato legal
se cumpla a cabalidad. Para ello, la misma LOPPM establece en sus Disposiciones Generales
las competencias del municipio para “incorporar la participación
ciudadana de manera efectiva, suficiente y oportuna, en la definición y
ejecución de la gestión pública” (Artículo 2), y para “Gestionar las materias de su competencia” e “Impulsar y promovver la participación ciudadana” (Artículo 4).
Lo expuesto en los anteriores párrafos,
conduce a suponer que, el problema “basura” debería estar resuelto en toda
municipalidad. Sin embargo al contextualizar la problemática en un determinado
municipio, se puede observar que los problemas persisten con mayor incidencia
en unos aspectos que en otros, que el transporte de desechos confronta
situaciones similares en cualquier contexto; que los rellenos sanitarios son
problema común de muchos municipios; que la disposición de bolsas y tobos de
basura en calles y avenidas sigue afeando las ciudades; que los ciudadanos
botan basura y cualquier desecho desde las ventanillas de los vehículos (ya sea
transporte público o privado); que la falta de conciencia para la conservación
y el mejoramiento del ambiente es el común denominador del problema “basura” en
toda municipalidad.
Gestión
ambiental del municipio
en
Venezuela y en el mundo
Consideraciones
generales
El desarrollo
que requieren los países subdesarrollados y en vías de desarrollo está íntimamente asociado a la
solución de los principales problemas ambientales globales tales como: el
agotamiento de la capa de ozono estratosférico, los cambios climáticos, la
pérdida de la diversidad biológica, la degradación del suelo y de las fuentes
acuíferas, y el aumento progresivo de la contaminación ambiental como resultado
de las actividades humanas.
En tal
sentido, los estamentos gubernamentales y las diferentes organizaciones no
gubernamentales establecen procedimientos, mecanismos o sistemas para la
gestión necesaria e indispensable que permite minimizar los efectos del impacto
de la problemática ambiental. Esto significa que, dicha problemática, requiere
de una eficiente gestión ambiental que garantice el mantenimiento de la
salubridad ambiental, y por ende, de la calidad de vida de los ciudadanos.
Tanto en
Venezuela como en la mayoría de los países del mundo, corresponde a la
municipalidad (llámese asamblea o cámara municipal, ayuntamiento, concejo
municipal…) velar por el mantenimiento de la calidad ambiental; es decir, el
Municipio, como núcleo fundamental de organización social y geopolítica en todo
país, está facultado de hecho y de derecho para propiciar, impulsar y potenciar
el desarrollo de planes y programas que garanticen una efectiva gestión
ambiental.
Pero… ¿De qué
se habla cuando se habla de “una efectiva gestión ambiental”? ¿Cuáles son sus
implicaciones?
Por lo general
se utilizan variadas expresiones derivadas de la traducción libre de otros
idiomas o tomadas del vocabulario propio de otras ciencias, lo cual ha
contribuido a la conformación de la ciencia o ciencias ambientales. De tal
manera, se manejan expresiones tales como gestión ambiental, gerencia
ambiental; gestión integral, participativa y holística del ambiente; desarrollo
sustentable y sostenible; calidad ambiental y calidad de vida; impacto
ambiental y problemas ambientales; medio ambiente y contexto ambiental;
conciencia ambiental y responsabilidad ambiental…
Para efectos
del presente estudio, se conviene en conceptualizar algunas de tales
expresiones y dilucidar sutiles diferencias entre unos y otros conceptos. Por
ejemplo, se debe entender que la expresión “desastres naturales” es inexacta:
lo que ocurren son fenómenos naturales que causan desastres. Así mismo la
expresión “medio ambiente” (de la cual se abusa y se usa con mucha soltura) por
ser una traducción del inglés environment,
constituye –de alguna manera en castellano— una redundancia; en consecuencia en
adelante es preferible hablar de ambiente natural, ambiente cultural, entorno
geográfico, o simplemente “ambiente”. Por otra parte, la Comisión Mundial sobre
Ambiente y Desarrollo (c. p. Tripier, PW s/f), definió al Desarrollo Sostenible
como “...aquel que cubre las necesidades del presente sin comprometer la
capacidad de las generaciones futuras para cubrir sus propias necesidades”.
En cuanto a
los conceptos de “gerencia” y “gestión” ambiental es pertinente determinar la
diferencia sutil que posiblemente existe entre ellos. Así por ejemplo Saavedra Vaca (dic. 2000, PW), alude al
concepto “gerencia” como al rol “del funcionario encargado de la gestión ambiental,
cualquiera sea su función al interior de una
institución pública, como tomador de decisiones”. Según el mismo autor, la
gerencia ambiental tiene como objetivo la conservación de la "calidad del ambiente"
y el mejoramiento de la "calidad de vida" de
la población, y en consecuencia, al Gerente Ambiental le
corresponde “conseguir, dirigir y aplicar recursos humanos,
financieros y materiales para atender
las expectativas de control ambiental de la población, dentro de un
contexto de condicionantes tecnológicas, políticas, sociales,
económicas y legales” (Saavedra Vaca, ob. cit.).
Para Tripier (PW s/f), "La gerencia ambiental es una aproximación
sistemática al cuidado del ambiente en todas las áreas del negocio de una
empresa. Incluye actividades de planificación estratégica y táctica, así como
desarrollo, logro, mantenimiento, revisión e implementación de políticas
ambientales”, es decir, en toda empresa la gerencia ambiental implica la
gestión de aspectos ambientales, tales como la utilización de recursos; el
manejo de desechos, de efluentes y de emisiones contaminantes; el uso eficiente
de energía y de recursos naturales; el control de los procesos productivos, de
transformación, de transporte y distribución de productos… En este sentido, se
debe entender, además, que la gerencia ambiental como toma de decisiones por
parte del gerente, implica el cumplimiento de actividades o procesos
administrativos tales como la planificación y la programación; la dirección,
organización y ejecución; el control y supervisión; la comunicación y la información
veraz y oportuna; la evaluación y la toma de decisiones.
Por una parte, la expresión “gestión
ambiental” debe ser entendida –y de hecho así se entiende en el desarrollo del
presente estudio— como el conjunto de diligencias conducentes al manejo del
sistema ambiental el cual incluye el concepto de desarrollo sostenible o
sustentable, entendido éste, como la estrategia mediante la cual se organizan
las acciones que permiten y propician el logro de una adecuada calidad de vida
mediante la prevención o mitigación de los problemas ambientales resultantes de
actividades antrópicas y de fenómenos ambientales de carácter natural. Es decir,
según lo establecido en Wikipedia (PW, s/f), “para conseguir un equilibrio
adecuado para el desarrollo económico, crecimiento de la población, uso
racional de los recursos y protección y conservación del ambiente” la gestión
ambiental debe responder al "cómo hay que hacer" para conseguir lo
planteado por el desarrollo sustentable.
Por otra parte, sin embargo, es pertinente
clarificar que el ambiente natural existe independientemente de la existencia
de la humanidad; lo cual significa que el ambiente no necesita “ser gestionado”,
es decir, no necesita a los seres humanos para subsistir, y más bien como lo dice
Dourojeanni (Pw, s/f) “la tierra seguramente se va a salvar sacándonos del
medio”. Al respecto, el mismo autor comenta la importancia de gestionar las
acciones o intervenciones que el ser humano realiza en el ambiente natural
teniendo como meta un escenario ambiental deseable y posible que posibilite la
calidad de vida que los conglomerados humanos se merecen.
En este orden
de ideas, y luego de las consideraciones anteriores, es posible hablar de la
gestión ambiental que compete a cada municipalidad tanto en Venezuela como en
el resto del mundo. Para ello es necesario delimitar el estudio de dicha gestión,
al manejo y disposición final de desechos orgánicos putrescibles, en función de
Las áreas normativas y legales que involucran la gestión ambiental, las cuales, según información disponible
en la Red de desarrollo Sostenible de Colombia (RDS-Colombia, PW, s/f) son las siguientes:
1. La Política Ambiental: Relacionada con la
dirección pública y/o privada de los asuntos ambientales internacionales,
regionales, nacionales y locales.
2. Ordenación del
Territorio: Entendida como la
distribución de los usos del territorio de acuerdo con sus características.
3. Evaluación del
Impacto Ambiental: Conjunto de
acciones que permiten establecer los efectos de proyectos, planes o programas
sobre el medio ambiente y elaborar medidas correctivas, compensatorias y
protectoras de los potenciales efectos adversos.
4. Contaminación: Estudio, control, y tratamiento de los efectos
provocados por la adición de sustancias y formas de energía al medio ambiente.
5. Vida Silvestre: Estudio y conservación de los seres vivos en su medio
y de sus relaciones, con el objeto de conservar la biodiversidad.
6. Educación
Ambiental: Cambio de las actitudes
del hombre frente a su medio biofísico, y hacia una mejor comprensión y
solución de los problemas ambientales.
7. Estudios de
Paisaje: Interrelación de los
factores bióticos, estéticos y culturales sobre el medio ambiente.
Puede observarse, por una parte, que las anteriores
áreas normativas y legales involucradas en la gestión ambiental, están fundamentadas
en las normas ISO 14000(1) y
tienen como finalidad facilitar el cumplimiento de los principios y
declaraciones formales de carácter internacional que expresan las bases sobre
las cuales puede ser construida una política ambiental.
Por otra
parte, y en función de la necesidad de delimitar el presente estudio a ciertos
aspectos de la problemática ambiental, se toma como temática general la
Política Ambiental y como temática específica las áreas correspondientes a la
contaminación y a la educación ambiental, enmarcando su desarrollo en la
gestión de residuos orgánicos putrescibles generados por actividades humanas en
el ámbito urbano de los municipios.
Al respecto,
es pertinente señalar que en el presente estudio, no se pueden perder de vista
los 27 principios proclamados en la Declaración
de Río sobre Ambiente y Desarrollo (1992), entre los cuales es bueno
destacar los siguientes (Comité Técnico ISO/TC207, 1996):
Principio 1. Los
seres humanos son el centro de las preocupaciones para un desarrollo sustentable.
Ellos tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la
naturaleza.
Principio 4.
Para lograr el desarrollo sustentable, la protección ambiental constituirá una
parte integral del proceso de desarrollo y no puede ser considerada
aisladamente.
Principio
10. Los temas ambientales son mejor manejados con la
participación de todos los ciudadanos interesados. A nivel nacional, cada
persona tendrá acceso apropiado a información concerniente al ambiente que es
mantenido por autoridades públicas, incluyendo información sobre materiales
peligrosos y actividades en sus comunidades, y la oportunidad para participar
en el proceso de toma de decisiones.
Los
estados facilitarán y animarán la conciencia y participación públicas para que
la información esté ampliamente disponible. Se proveerá acceso efectivo a
procedimientos judiciales y administrativos, incluyendo reparación y remedio.
Principio 21.
La creatividad, ideales y ánimo de la juventud del mundo debe ser movilizada
con objeto de forjar una sociedad mundial para lograr el desarrollo
sustentable.
Tampoco escapa
al presente estudio, la importancia del Estatuto
Empresarial para el Desarrollo Sustentable promulgado por la Cámara
Internacional de Comercio (ICC), entre cuyos postulados cabe resaltar los
siguientes:
1. Prioridad corporativa.
Reconocer la administración ambiental como una de las de más alta prioridad
corporativa y como un determinante clave para el desarrollo sustentable, a fin
de establecer políticas, programas y prácticas para conducir operaciones de una
manera ambiental (sic).
4. Educación de los empleados. Educar,
entrenar y motivar a los empleados para conducir sus actividades de manera
responsable con el ambiente.
8. Instalaciones y operaciones.
Desarrollar, diseñar y operar instalaciones y conducir actividades tomando en
consideración el uso eficiente de energía y materiales, y un uso sustentable de
recursos renovables, la minimización de impacto ambiental adverso y la
generación de desperdicio, y la disposición responsable y segura de
desperdicios residuales.
9. Investigación. Conducir
o apoyar investigación sobre el impacto ambiental de materia prima, productos,
procesos, emisiones, y desperdicios asociados con la empresa y sobre los medios
de minimización de tales impactos adversos.
14. Contribución al esfuerzo
común. Contribuir al desarrollo de políticas públicas y
para negocios, programas gubernamentales e intergubernamentales e iniciativas
educacionales que mejoren conciencia y protección ambientales.
Gestión municipal de residuos urbanos
Entendida la gestión ambiental como el
conjunto de estrategias mediante las cuales se organizan acciones que permiten
y propician el logro de una adecuada calidad de vida, la gestión municipal de
residuos urbanos (GMRU) puede ser definida como el proceso mediante el cual los
residuos generados en los conglomerados humanos son tratados o manejados, desde
el lugar donde se producen hasta su disposición final en vertederos, rellenos
sanitarios o plantas de reciclaje, sin causar impacto adverso al ambiente y sin
desmejorar en manera alguna la tranquilidad y calidad de vida de los ciudadanos.
A partir de esta definición, se puede
entender que la GMRU tiene las siguientes implicaciones, las cuales deben
atender a normas previamente establecidas por el nivel gerencial
correspondiente:
·
Clasificación
de los desechos en su lugar de origen.
·
Disposición
en recipientes (tobos o bolsas) ubicados en el lugar en donde se originan los
desechos y convenientemente identificados mediante colores que atiendan a la
clasificación establecida.
·
Disposición
fuera del lugar de origen, en sitios destinados a tal fin (contenedores,
cubetas de plástico o metal, centros de acopio…) igualmente identificados
mediante colores.
·
Recolección
en camiones o vehículos especializados o acondicionados para tal fin, y manejo
apropiado, de forma manual o mecanizada, atendiendo al tipo de desecho.
·
Transporte
según rutas y horarios predeterminados a un destino final establecido:
Para que, en tal sentido, la gerencia ambiental
se cumpla de manera eficiente, se requiere, fundamentalmente, de procesos
informativos y educativos que motiven y propicien la participación protagónica
de manera permanente y sistematizada por parte de las organizaciones
intermedias de la sociedad, con apoyo estructural y financiero de instituciones
gubernamentales y privadas, garantizando, de tal manera, el liderazgo educativo
para el cambio que requieren los países, en especial, los subdesarrollados o en
vías de desarrollo.
Clasificación general de los residuos urbanos
Sin duda alguna, para estudiar los
procesos involucrados en la GMRU su efectividad, y el cumplimiento de los
requerimientos establecidos en normas internacionales, nacionales, locales o
institucionales es necesario, por una parte, definir operacionalmente el
concepto “basura”, y por otra, establecer una clasificación tentativa de los
residuos urbanos, a fin de facilitar una definición lo más precisa posible del
concepto basura orgánica putrescible.
El concepto basura es definido atendiendo
a diferencias socioculturales, geográficas, económicas e incluso atendiendo a
criterios personales y familiares. Sin embargo, en forma general el término
“basura” se emplea para hacer referencia a todo tipo de objeto que haya sido
despojado de su valor de uso y de su valor capital, por lo cual no puede ser
canjeable ni transferible, ni negociable; es decir, algo que debe ser
desechado, botado o expulsado. Según Castro (oct, 1999, PW) “…en el universo
exuberante de las mercancías no hay lugar para tal cosa”.
Si se considera basura a todo lo que
carece de valor en sí mismo o que debido al uso ha perdido su valor, entonces
puede hablarse de una gran gama de cosas que pueden ser clasificadas atendiendo
a diversos criterios tales como la constitución físico-química; el ámbito en el
cual se generan los desechos; la capacidad de degradación, de lixiviación y de putrefacción
en tiempo y espacio; la posibilidad de ser reciclables para producir bienes y
servicios; la posibilidad de ser compostables para producir abono orgánico; si
se consideran como materia prima para la producción de energía alternas, si
deben ser considerados como materias tóxicas y peligrosas para el ambiente y
para la humanidad…
Ante la imposibilidad de hacer una
clasificación que atienda a tantos criterios, se presenta a continuación, un
cuadro esquemático que no es más que un intento de visualizar (sin muchas
especificaciones) la variabilidad de desechos que en la práctica se producen en
los conglomerados humanos en el mundo entero, y que es motivo de estudio por
gobiernos y organizaciones no gubernamentales de países de los cinco
continentes.
Es pertinente señalar, que en la copiosa
literatura revisada, en su mayoría proveniente de la Red Internet, he podido
constatar (permítaseme hablar en primera persona) que el énfasis de los
diferentes autores está puesto en los desechos sólidos, pero unos cuantos nos
ocupamos de los desechos putrescibles, que a la final, en un alto porcentaje,
convierten en basura el resto de los desechos generados en la vida doméstica de
las personas.
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Criterio de clasificación |
Tipos y características generales de
los residuos generados en el ámbito urbano
municipal |
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Según su constitución
físico-química |
Orgánicos |
Restos
vegetales y animales procesados o no procesados: desechos resultantes de la
actividad alimenticia. Restos textiles no sintéticos. Madera, papel, cartón. Escombros
vegetales resultantes de la poda de árboles, plantas ornamentales y
jardinería |
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Putrescibles |
Compostables: Restos vegetales sin
cocinar. Restos de poda |
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No compostables: Restos de animales y
productos cárnicos. Alimentos cocinados. Aceites y mantecas requemadas. |
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No putrescibles |
Materiales
secos: papel, cartón, restos de carpinterías, papelería en general |
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Inorgánicos y sintéticos |
Restos
de materiales y sustancias tecnológicamente procesados: vidrios, latones,
restos de electrodomésticos, cables, pilas, escombros de la construcción.
Incluye textiles sintéticos y todo tipo de plástico |
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Sólidos |
Desechos
orgánicos e inorgánicos con poca o nula humedad, con poca o casi nula
capacidad de degradación, de lixiviación y de putrefacción por lo cual pueden
ser almacenados para su posible reciclaje. |
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Desechos tóxicos |
Pilas,
baterías, medicinas vencidas. Restos
de pintura y demás materiales químicos resultantes de la actividad industrial
Lodo generado en plantas de tratamiento de aguas
servidas |
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Criterio de clasificación |
Tipos y características generales
de los residuos generados en el ámbito urbano
municipal |
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Según el ámbito en el cual se
generan |
Domésticos |
Desechos
provenientes de residencias familiares, condominios y conjuntos residenciales |
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Institu-cionales |
Desechos
generados en instituciones educativas |
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Desechos
generados por la actividad industrial y comercial |
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Desechos
generados en centros de comercialización y expendio de alimentos: mercados
municipales, mercados libres, abastos, restaurantes, cafeterías y afines |
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Desechos
farmacéuticos y quirúrgicos provenientes de clínicas médicas y hospitales |
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Desechos
generados en instituciones y oficinas gubernamentales |
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Barreduras de la calle y limpieza
de áreas públicas |
Basura
abandonada en calles y áreas públicas resultante de la inadecuada disposición
de residuos de todo tipo (incluye animales muertos) |
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Lodo extraído de tanques sépticos, sumideros,
alcantarillas (no incluye el lodo generado en plantas de tratamiento de aguas
servidas) |
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Escombros
generados por la actividad urbanística y de construcción. Escombros vegetales
resultantes de la poda de árboles y plantas ornamentales de calles y áreas
públicas |
||
Elaborado por Fernández de Silva para
efectos del presente estudio.
Tal como lo dice Castro (oct, 1999, PW),
“la basura es hija del industrialismo”, la revolución industrial, desde su
inicio, y el consumismo desatado en las últimas décadas han incrementado su
producción a niveles insospechados. En muchos países se dice que “estamos con
la basura hasta el cuello”, que los vertederos y rellenos sanitarios han dejado
de ser una solución, y en muchas localidades la política ambiental permite la
quema o incineración de los desechos sólidos. A la final, la basura se ha
vuelto un negocio para muchas empresas “ambientalistas” que explotan o se
aprovechan del trabajo y la buena voluntad de los llamados recoge-latas, y de
quienes, “trabajando” en los vertederos se autodenominan “recicladores”. Los
perdedores vienen siendo las personas que se ocupan del problema de la
contaminación ambiental y que con su actividad intentan ser parte de la
solución.
Sin embargo, no se puede ser pesimista. Si
bien es cierto que el problema de la basura tiene un carácter global, el actuar
local es, en teoría, el comienzo de todo plan estratégico que se emprenda con
miras a paliar los efectos de dicho problema. El meollo está en el hacer… por
cuanto la situación no es coyuntural y por el contrario tiene permanencia en
tiempo y espacio: la basura se produce todos los días en todos los lugares en
donde se asienta una comunidad humana, grande o pequeña, de cualquier nivel
socioeconómico, independientemente del grado de desarrollo de cualquier país
del mundo.
En consecuencia, las acciones deben ser
permanentes. Por ejemplo el actuar local implica la clasificación de los
desechos en cada hogar que se debe continuar con una cadena de acciones que
confieran efectividad a la acción personal de cada familia, conjunto
residencial, comunidad local (llámese parroquia, comuna, provincia…). Es decir
si se clasifica la basura en su lugar de origen, entonces deben haber
contenedores o depósitos para cada tipo de basura y consecuentemente debe haber
camiones especiales para la recolección, locales de acopio, centros de
reciclaje o vertederos para desechos sólidos y reciclables según tipo de
desecho, y, por supuesto, rellenos sanitarios destinados únicamente a los
desechos orgánicos putrescibles o en su defecto, centros o instalaciones
apropiadas para el compostaje.
Pero tal cosa no es la norma. La mayoría
de las personas no clasifican los desechos en su lugar de origen (el tobo o
bolsa de basura contiene de todo), porque no hay ni obligación ni incentivos, y
porque es una tontería hacerlo ya que luego el camión recolector lo revuelve
todo. En consecuencia la clasificación de desechos se hace en los vertederos,
en los cuales pululan gran cantidad de personas: hombres, mujeres y niños que
viven de ese “negocio” pues de los desechos depende su alimentación, su
vestido, su vivienda y su educación.
Existe, sin embargo, en muchos países de
América, Europa, Australia… organizaciones ecológicas gubernamentales y no
gubernamentales) que han venido desarrollando planes y programas cuyo objetivo
es diseñar y establecer mecanismos permanentes que minimicen el impacto
ambiental causado por la basura.
Así por ejemplo, desde los años 80 en
Nueva Zelanda se estableció la llamada “revolución verde” promovida por la
venezolana Ofelia Suárez Méndez quien llevó al continente australiano su
programa “la basura es un tesoro”. En la actualidad el programa “basura cero”
está causando un impacto benéfico para la gestión de residuos en NZ, pues los
diferentes desechos están dejando de ser basura como consecuencia de la
oportuna y eficiente clasificación que facilita y potencia el reciclaje y la
producción de abono orgánico.
Posibles estrategias para la gestión de desechos orgánicos
putrescibles en el ámbito urbano municipal
Toda
estrategia para la gestión de desechos debe fundamentarse en la filosofía de “el pensar global y el actuar local”
(Ander-Egg, 1995). De allí que la planificación y desarrollo de programas
ambientales deberán “empezar por casa”, y para ello se requiere de planes agresivos
de acción educativa, capaces de motivar y formar una conciencia ambiental y
enseñar a todas las persona sobre qué se debe hacer, y lo más importante, cómo
hacerlo. Bien lo dijo el profesor Antonio Cova:
En mi pueblo
resolvieron, y consideran que tienen resuelto, el problema de la basura, porque
les enseñaron como hacerlo: les enseñaron a colocar la basura orgánica en un
recipiente, los plásticos en otro, el vidrio en otro, el papel y cartón en
otro… Los problemas se resuelven enseñando no sólo qué hacer sino como hacerlo.
(…) Y tal enseñanza debe darse en el hogar y en la escuela, desde los primeros
años escolares. (Programa TV, 27-08-2007)
En este orden
de ideas, es posible aseverar que, cualquier plan estratégico a ser implantado
con el fin de paliar el impacto causado por la basura, se verá favorecido si previa
y simultáneamente se desarrollan planes de educación ambiental con permanencia
en tiempo y espacio diseñados, promovidos y desarrollados por las comunidades
educativas de manera mancomunada con la municipalidad a quien le corresponderá
la gestión de recursos materiales, financieros y de infraestructura, y la
comunidad educativa tendrá la responsabilidad de la gestión del conocimiento en
la temática ambiental de reciclaje, compostaje, y demás tópicos relacionados
con el manejo y disposición final de desechos generados en el ámbito urbano
municipal.
Entre las
muchas posibles estrategias a poner en práctica como acción educativa y como
plan de gestión ambiental del municipio, se ha seleccionado, como ejemplo y
para efecto del presente trabajo, el propuesto por Brenda Platt (2004) del
Instituto for Local Self-Reliance, intitulado Hacia el objetivo basura cero: diez pasos para comenzar a nivel local.
Dicho plan
señala, de manera introductoria, aspectos puntuales como el de que no hay un
solo modo de hacer las cosas, no todas las acciones que se puedan planificar
son convenientes para todas las comunidades, cualquier plan de acción deberá
ajustarse a las expectativas de los conciudadanos… y lo más importante, Platt
(ob. cit.) puntualiza que “Integrar la participación de la comunidad en el proceso de toma de
decisiones mejora el éxito de cualquier programa de manejo de materiales
descartados”. La autora indica, además, que los diez pasos no son excluyentes
unos de otros y que “Las organizaciones comunitarias o gobiernos locales pueden
comenzar con cualquiera de los pasos” es decir, no son secuenciales y podrán
desarrollarse con la simultaneidad que sea posible de acuerdo al criterio de
cada comunidad. En consecuencia, se transcribe a continuación, el planteamiento
inicial de cada uno de los diez pasos propuestos:
1. Adopte un plan de gestión de materiales
descartados sin incineración. Mejor aún sería denominarlo plan de gestión
de recursos, y propugnar la propuesta basura cero como una visión de futuro.
2. Descentralice la gestión de desechos
implementando iniciativas comunitarias mediante recursos locales e inclusión
del sector informal…
3. Identifique una gran variedad de materiales para
reutilizar, reciclar y comportar (particularmente diversas categorías de papel
y todos los tipos de material orgánico)…
4. Composte. El compostaje es esencial para
alcanzar niveles de desvío de la disposición, superiores al 50%...
5. Haga que la participación en el programa sea
conveniente y significativa. Cuantos más hogares y empresas participen, más
materiales serán desviados de la disposición…
6. Establezca incentivos económicos que
premien la reducción de desechos y la recuperación sobre la disposición…
7. Apruebe o promueva políticas y normas para
mejorar la situación de las empresas basadas en el reciclaje o de reciclaje…
8. Cree mercados de materiales, teniendo en
cuenta cerrar el circuito localmente (es decir, dentro de la economía local),
fabricar productos finales de alto valor, y vincular el desarrollo económico
basado en el reciclaje con una visión más amplia de desarrollo comunitario
sustentable…
9. Trabaje para que los fabricantes asuman la
responsabilidad de sus productos durante su ciclo de vida. Los gobiernos
locales pueden ejercer presión para establecer el sistema de extensión de la
responsabilidad del productor tanto a nivel estatal como nacional…
10. Eduque, eduque y eduque. La educación y la
promoción pública son esenciales. Los programas de asistencia técnica y
educativa brindan a los residentes y a las empresas información respecto a
“cómo” y “por qué” reducir, reutilizar, reciclar y compostar desechos. Lance
una campaña informativa pública que permita a los consumidores realizar
elecciones inteligentes a la hora de comprar productos. Las campañas de
educación pública también pueden subrayar los beneficios económicos y
ambientales que conlleva prevenir, reutilizar y reciclar materiales
descartados, y vincular la función que estas actividades cumplen para alcanzar
una economía sustentable.
Posibles conclusiones
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IOFP/Electiva
3 / agosto 2007.-
(1) Normas
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desarrolladas a partir de la Conferencia de la Tierra (1992) por la
Organización Internacional para la Normalización (ISO), y aprobadas, impresas y
distribuidas en 1996.