La Actividad Investigativa en el Contexto Educativo
Aproximación
Analítica de su Importancia
en el Desarrollo
Científico y Tecnológico
Inés
Otilia Fernández Pérez
Profesora de Biología (UPEL)
Investigadora adscrita a CIEA-Sypal
San
Cristóbal, marzo de 2007
Resumen
En Venezuela, como en otros países de
Latinoamérica, la investigación no constituye una asignatura del plan de
estudio ni en la educación básica y media, ni tampoco en todos los cursos de
pregrado y postgrado. Tal circunstancia es analizada en función de la
importancia que tiene, el desarrollo de la actividad investigativa desde los
primeros grados escolares hasta los cursos de postgrado, en el desarrollo
científico y tecnológico, y, consecuentemente, en la independencia socio-económica
y socio-cultural de los pueblos subdesarrollados y en vía de desarrollo. Para
el análisis del hecho planteado se definen los conceptos de desarrollo,
conocimiento, ciencia, tecnología e investigación; así mismo, se toman datos
suministrados en las obras de Roberto Salas Capriles en 1980, y de Jacqueline
Hurtado de Barrera en 1999 y 2000. Se concluye planteando la necesidad de
mancomunar esfuerzos nacionales e internacionales en pro de la enseñanza de la
investigación en los sistemas educativos.
Descriptores:
Investigación. Desarrollo. Independencia científica y tecnológica
Abstrac
y Key Word (en proceso de revisión por parte de un
traductor)
Introducción
El desarrollo, como
práctica y como ideología, constituye el desafío de los pueblos en situación de
subdesarrollo. En tal sentido, debe considerarse al desarrollo como un proceso
que, mediante una serie de etapas, permite inducir el cambio “hacia una
situación modernizante, conforme al modelo (no siempre explícito) de los
llamados países desarrollados”. (Ander-Egg,
©1995:86).
Según lo señala Ander-Egg
(ob. cit.), la incorporación al uso internacional y a las ciencias sociales de
la expresión “desarrollo” fue iniciado por la escuela económica austriaca en
1947; desde entonces el término ha venido siendo aplicado no sólo en las
ciencias sociales sino en las ciencias naturales, para indicar los cambios que
pueden ser inducidos por la mano del hombre, mediante los cuales, se pretende
asegurar la satisfacción de las necesidades fundamentales y la autorrealización
de la sociedad en general y de cada persona en particular.
Se habla, entonces, de
desarrollo económico, desarrollo social, desarrollo político, desarrollo
educativo, desarrollo ecológico, desarrollo endógeno, desarrollo sustentable… y
claro está, también se habla de desarrollo científico y tecnológico el cual se
sostiene, fundamentalmente, en el conocimiento generado por la actividad
investigativa que se desarrolla en la academia, la industria, la empresa y
demás instituciones públicas y privadas de cada país y de cada región
socio-política.
Latinoamérica, cuyos
países son considerados como subdesarrollados o en vías de desarrollo, no
escapa al desafío que supone lograr la independencia científica y tecnológica
indispensable para lograr el desarrollo integral de sus pueblos. Uno de esos
desafíos lo constituye la producción de tecnologías propias para ser
incorporadas, de manera racional y organizada, en el sistema productivo de cada
país.
Dicha producción de
tecnología requiere del conocimiento obtenido mediante la experiencia y la
tradición --soportes del conocimiento popular-- pero, fundamentalmente, es a
través de la investigación como los pueblos logran su desarrollo integral. Sin
embargo, el desafío planteado en las últimas décadas del siglo pasado, sigue
latente: el déficit de investigadores se mantiene y la investigación, como
práctica educativa en todos los niveles del sistema, no ha logrado el
desarrollo requerido para generar el conocimiento que propicie el desarrollo de
tecnologías propias. Al respecto Salas Capriles (1980) afirma que la
dependencia económica de un país crece en la misma medida que su desarrollo
científico y tecnológico decrece.
Es indudable, señala
Hurtado de Barrera (1999), que Venezuela, como el resto de los países de
América Latina, necesita potenciar su desarrollo científico y tecnológico, por
lo cual requiere de un proceso sistemático de formación de investigadores en
todos los niveles educativos; si en tal sentido no logra equipararse con los
países desarrollados, por lo menos se pueden generar las condiciones mínimas
necesarias para el intercambio internacional en todo sentido.
Este requerimiento, según
lo señala Fernández de Silva (nov. 2001) “es un reto para el sistema educativo
de cada uno de los países latinoamericanos que dependen científica y
tecnológicamente de los países desarrollados”, en especial para Venezuela, cuyo
Diseño Curricular propuesto por el Ministerio de Educación en 1998, establece
la “formación integral y holística” de los estudiantes y propone la enseñanza
de la investigación mediante unidades curriculares a ser desarrolladas en todos
los cursos de las diferentes especialidades del Nivel de Educación Media
Diversificada y Profesional.
La puesta en práctica de
la propuesta curricular (ME, 1998) sería un paso de avanzada, por cuanto según
los resultados de investigaciones efectuadas por la Fundación Sypal (Hurtado de
Barrera, oct. 2000:180) “ninguno de los niveles educativos en Venezuela prepara
realmente para investigar”. Dicha circunstancia constituye un fundamento para
que se haga realidad la enseñanza sistemática y metódica de la investigación
desde los primeros años escolares. Ya decía Soria (1985) que, para iniciar el
aprendizaje en investigación, no se debería esperar hasta el postgrado, ya sea
especialidad, maestría o doctorado.
Realidad científica y tecnológica
Para
analizar la realidad científica y tecnológica que, en los albores del siglo
XXI, se evidencia en Venezuela, se requiere de “un ponerse de acuerdo” y unificar criterios con respecto a la
definición de conceptos fundamentales tales como conocimiento, ciencia,
tecnología e investigación.
Ciencia
y tecnología en el mundo actual
Hasta
finales del pasado siglo, la ciencia fue considerada en general, como el
producto de la actividad realizada por personas que, mediante la práctica del
llamado “método científico”, trabajan en la comprobación de hipótesis para
formular teorías y leyes que permiten la producción de tecnologías. El conocimiento
así obtenido, según tal consideración, tenía necesariamente que ser susceptible
de verificación y comprobación mediante la experimentación.
Sin
embargo, a partir de las últimas década del siglo XX, el concepto de ciencia ha
verificado un trascendental cambio en su definición, de tal manera que, en su
comprensión holística, la ciencia es definida como “un producto de la complementariedad
entre procesos objetivos y subjetivos que se suceden en el transcurso de una
investigación” (Hurtado de Barrera,
2000:15), es decir, está relacionada y vinculada, no sólo con la objetividad
sino también con la subjetividad que le imprime el observador; en otras
palabras, la ciencia se concibe tanto como proceso intelectivo lógico,
analítico y secuencial como proceso integrador. En el desarrollo de la ciencia
el investigador asume su trabajo a partir de su complejidad de ser humano
integrando valores, emociones, actitudes, pensamientos, intuiciones, y demás
sentimientos.
En el
mundo actual y con el acelerado proceso de globalización, el campo de la
ciencia es todo lo que comprende la realidad, susceptible de ser estudiado por
el hombre desde los aspectos tangibles y comprobables en un laboratorio, hasta
aquellos intangibles que corresponden al intelecto humano, es decir, el campo
de la ciencia se ha ampliado hasta límites insospechados, de tal forma que,
fenómenos psíquicos y paranormales están siendo objeto de estudio por parte de
científicos interesados en estos temas.
En
cuanto al concepto tecnología, la
decisión 84 de la Junta del Acuerdo de Cartagena (c. p. Salas Capriles, 1980),
la define como “el conjunto de conocimientos indispensables para realizar las
operaciones necesarias para transformar insumos en productos, el uso de esos
conocimientos o la prestación de servicios”. Es decir, la incorporación en forma
racional y organizada del conocimiento al sistema productivo.
Así
mismo, la tecnología es considerada, por una parte, como un producto por cuanto
posee todas sus características: se compra, se alquila, se vende, se copia y,
también, se roba; además, tiene un carácter permanente por cuanto no se agota
ni se desgasta con su uso: puede usarse una y otra vez y luego ser vendida, y
constituye un instrumento de desarrollo económico que sólo tiene valor para los
que pueden entenderla y utilizarla. (Salas Capriles, ob. cit.).
Por otra
parte, según Koontz y O´Donell (1979), “tecnología” es un término de gran
alcance que incluye la totalidad del conocimiento que se tiene sobre cómo hacer
las cosas, entre ellas los inventos. Abarca, además, las técnicas, así como el
vasto almacén de conocimientos organizados en todos los campos del saber, desde
la Aerodinámica hasta la Zoología. Pero su principal influencia es sobre la
forma de hacer las cosas, y cómo se diseña, se produce, se distribuye o se
venden bienes y servicios.
Actividad investigativa y conocimiento
Al
analizar los conceptos de ciencia y tecnología, se puede determinar que, la una
y la otra, son interdependientes y que las dos son el efecto de la actividad
investigativa que, de manera sistemática o no, ha efectuado la humanidad desde
sus más lejanos orígenes.
Según lo
plantea Weis (1971), el hombre primitivo fue primero tecnológico que
científico, pues a partir de su incipiente intelecto, empezó a utilizar
materiales de su entorno para su beneficio y fue generando conocimiento que
trasmitió a su descendencia. Mucho después sin saberlo, se transformó en
investigador al examinar, de manera consciente, la realidad de su mundo y fue
creando técnicas para producir bienes y servicios para sí mismo y para el
núcleo social en el cual se desenvolvía. Así se fue desarrollando el
conocimiento, la ciencia y la tecnología. La humanidad fue creciendo
culturalmente hasta llegar a la industrialización y al desarrollo social,
científico, humanístico y tecnológico del mundo actual.
Según Salas
Carriles (ob. cit.), fue a partir de Tomás Alva Edison (1847-1931) que la primitiva
forma de producir tecnología logró un amplio desarrollo mediante el uso
sistemático del método científico y se difunde así, cada vez más, a todos los
sectores de la actividad humana, lo cual motivó procesos causales que propiciaron
cambios conceptuales y coyunturales en la estructura social y económica del
mundo, especialmente durante la segunda mitad del siglo pasado.
Sin
embargo, a mediados del siglo XX los científicos, empresarios e industriales, e
incluso, los mismos investigadores no habían logrado ponerse de acuerdo en la
definición que debía darse del concepto investigación,
a tal punto que, el Dr. Raimundo Villegas (Director del IVIC para 1970, c. p.
Salas Capriles, ob. cit. p.123), se refería a tal situación en los siguientes
términos:
Si los
científicos lograban ponerse de acuerdo en lo que era investigación básica,
investigación aplicada, desarrollo experimental e investigación industrial y
los campos que debían abarcar cada una de estas actividades habíamos dado, sin
duda alguna, un paso de gran avance en la ciencia y la tecnología en el país.
No es
sino hasta la última década del siglo pasado cuando Hurtado de Barrera, (2000:42),
integra diferentes definiciones y conceptualizaciones sustentada por autores
clásicos, para definir la investigación en los siguientes términos:
Puede
decirse en sentido amplio que la investigación es un proceso evolutivo,
continuo y organizado, mediante el cual se pretende conocer algún evento, partiendo
de lo que ya se conoce, ya sea con el fin de encontrar leyes generales o
simplemente con el propósito de obtener respuestas particulares a una necesidad
o inquietud determinada. La investigación corresponde a la actividad que se
realiza en torno al conocimiento, de acuerdo a objetivos propuestos, métodos
determinados y contextos específicos, en concordancia con el modelo epistémico
(Modelo T) o los modelos epistémicos, y según las eventualidades propias de su
desarrollo.
Según la
misma autora, la investigación genera conocimiento nuevo mediante procesos de
indagación sistemáticamente planificados; es decir, la investigación debe
generar conocimiento nuevo tanto para el investigador, como para la comunidad
científica. Así mismo, Hurtado de Barrera (oct.2000), determina en sus
investigaciones que, para que toda investigación cumpla tal cometido, debe ser metódica,
universal, sistemática, innovadora; clara (concisa y precisa), comunicable y
aplicable.
Conocimiento
Entender
la investigación como un proceso generador de conocimiento, implica entender al
conocimiento no como un producto sino como un proceso siempre en desarrollo y
crecimiento. Para llegar a tal entendimiento es necesario integrar las
diferentes concepciones que desde los albores de la civilización, y aún en la
actualidad, son sustentadas por filósofos,
académicos y, en general, por cada persona y por todas las personas.
El
concepto conocimiento, implica entendimiento, sabiduría, inteligencia, ciencia;
su definición es difícil de determinar, por lo cual, en el campo de la
filosofía, se ha generado desde la antigüedad, un campo autónomo de
investigación filosófica que ha recibido el nombre de teoría del conocimiento o
gnoseología, y que en la actualidad
se designa como epistemología
(Quillet, 1971).
No
obstante, se puede entender que el conocimiento es siempre conocimiento para alguien, pensado por alguien, en la
conciencia de alguien; de la misma manera se puede decir que el conocimiento es
siempre conocimiento de algo, de
alguna cosa, ya se trate de un ente abstracto-ideal como un número o una
proposición lógica, de un fenómeno material o aún de la misma conciencia. Para
muchos autores, sin embargo, existen dos “tipos” de conocimiento en atención a
la forma de adquirirlo: el conocimiento “científico”, referido directamente al
método científico, y el conocimiento vulgar que se obtiene sin método
específico alguno, por diferentes vías o por simple ensayo y error. Por el
contrario, para la Holística el
conocimiento es uno, por lo cual no
se establecen tipos de conocimiento sino vías o maneras de obtenerlo.
En todo
caso, la obtención de
conocimiento implica un orden, un sistema y un método, pues, por una parte
constituye una reflexión crítica y metódica sobre los hechos para explicar sus
causas, y por otra resulta ser una creación del espíritu, de la mente humana,
pues el orden, el sistema y el método no existen en la naturaleza y constituyen
sólo medios para interpretar la realidad. En tal sentido, el orden lo establece
la persona al clasificar y categorizar las cosas según la manifestación de sus
cualidades y características aparentes, --observables en un principio sólo por
los sentidos y luego mediante el uso de instrumentos de medición--. El sistema
se crea al formar conjuntos de cosas y relacionarlas entre sí de acuerdo a sus
características. El método se establece al ir discriminando las vías más
fáciles y realizando procedimientos acordes con su criterio y según las
circunstancias de tiempo, lugar y modo
Dichas circunstancias
parecen haber sido determinantes para que, a través del desarrollo científico y
tecnológico, se estableciera el método científico el cual, durante todo el
siglo XX, orientó los procesos epistémicos en todos los niveles científicos,
institucionales y académicos, y quiso imponerse en todas las ramas del saber
hasta llegar al punto de desconocer el carácter científico de los conocimientos
adquiridos por medios y caminos diferentes. Sin embargo, (sin restarle validez
a la enorme significación que dicho método ha tenido en el desarrollo
científico y tecnológico), gracias a la misma dinámica de la actividad
investigativa, se han ido estableciendo otros mecanismos y otras vías
científicas (como el caso de la metodología de la investigación holística) para
obtener conocimiento, especialmente, en el campo de las ciencias sociales y
humanísticas en donde la experimentación no siempre es posible, y en otras
áreas de la ciencia en donde los hechos ocurren una sola vez y son irrepetibles
debido a la presencia de variables circunstanciales imposibles de ser recreadas
en un ambiente experimental.
En
resumen, se puede decir que, la ciencia y la tecnología, son consecuencia del
conocimiento generado mediante la actividad investigativa que realiza el ser
humano a través de procesos que se desarrollan mediante el sistema educativo de
cada país, y mediante los procesos de comunicación, cuyo desarrollo actual
tiene límites insospechados.
Tecnología y Soberanía
Nacional
La
Soberanía Nacional es un concepto que ha sido plasmado en todas las
Constituciones venezolanas desde la independencia del país. De tal manera, la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) establece en su
Preámbulo que Venezuela es “una patria libre y soberana” lo cual se consagra en
los derechos establecidos en los “Principios Fundamentales” (Título I) y en el dominio
que ejerce en su territorio o “Espacio Geográfico” (Título II).
No es
objeto de este estudio hacer un análisis del concepto de “Soberanía” establecido
en la Constitución. Sin embargo, se puede decir que independencia y soberanía
nacional están ligadas a la capacidad de producción de tecnologías propias.
Como ya
se dijo, el desarrollo tecnológico es interdependiente con el desarrollo
científico, y los dos, dependen directamente del nivel de desarrollo alcanzado
por la actividad investigativa, tanto en la academia como en la empresa, por
cuanto tal actividad constituye la vía más expedita para generar nuevo conocimiento
sin esperar que, conocimientos y tecnologías sean aportados por los países de
mayor desarrollo.
Al
respecto, Roberto Salas Capriles, Doctor en Ingeniería, empresario industrial y
eminente investigador venezolano de temas referentes a la ciencia y la tecnología,
hace en su obra “Se busca un industrial” (1980:108 a 112) una serie de señalamientos
algunos de los cuales, por su pertinencia con la soberanía nacional, se comentan
a continuación:
·
La ciencia y la tecnología
constituyen un insumo del proceso de industrialización y, en consecuencia, son
instrumentos de desarrollo
·
En materia de tecnología el
aporte de América Latina al progreso del mundo fue, hasta 1980, de muy poca
significación
·
En Venezuela las compañías
transnacionales que explotaban el petróleo venezolano antes de la nacionalización
de la industria, utilizaban la más moderna tecnología disponible en los países
de origen de dichas compañías, por lo cual, con la creación del INTEVEP (instituto
venezolano de investigaciones petroleras), se inició un proceso de
investigación que elevó a la industria petrolera venezolana a los primeros
puestos a nivel mundial; sin embargo, la reciente disolución (2002-2003) de
dicho instituto, ha detenido la actividad investigativa que con tanto éxito se
venía desarrollando.
·
Los países latinoamericanos no
son tecnológicamente dependientes sino “interdependientes” por cuanto, en el
mundo actual, ningún país puede hablar de independencia, ya que todos dependen
los unos de los otros.
·
Puede suceder que un país sea
total o casi dependiente del exterior, por cuanto la tecnología es una variable
que restringe y limita la libertad de acción, y sobre todo, la capacidad de
decisión de los países que no poseen tecnologías propias.
·
Las inversiones extranjeras no
siempre conllevan al desarrollo tecnológico pues, sólo en determinadas
condiciones, pueden ser favorables para el desarrollo de los países. Es decir,
la adquisición de tecnología es independiente del hecho de que la empresa
proveedora se convierta o no en inversionista.
Entre
las causas de la dependencia económica que han impedido que la ciencia y la tecnología
puedan contribuir a acelerar el cambio económico y social de los países latinoamericanos,
Salas Capriles (ob. cit.) señala, por una parte, la carencia de una eficiente infraestructura científica y tecnológica lo cual
obliga a los países no industrializados a importar tecnologías foráneas en
condiciones poco favorables. Por otra parte, señala el mismo autor, no hay
correspondencia entre la actividad investigativa y las necesidades reales del
país y, además, tampoco existe una verdadera transferencia o transmisión de las
tecnologías foráneas sino un simple alquiler, todo lo cual coarta la libre
selección “en forma autónoma entre distintas alternativas de conocimientos
científicos y tecnológicos las que mejor se adapten a sus condiciones
naturales, a su objeto de desarrollo, a su capacidad de asimilación y a sus
patrones de vida” (ob. cit. p. 110).
Indicadores del desarrollo científico y tecnológico de Venezuela
Un
indicador o indicio es el señalamiento de una situación existente. En el caso
del desarrollo científico y tecnológico de Venezuela, Salas Capriles (ob. cit.
p. 120) señalaba, en 1980, que, según la UNESCO, para aquel entonces Venezuela confrontaba
la siguiente situación:
·
Existencia deficitaria de
investigadores.
·
Deficitaria inversión económica
para investigación y desarrollo.
·
Pago de sumas cuantiosas por
concepto de royalties.
·
Bajísimo porcentaje de patentes
venezolanas registradas por investigadores venezolanos.
·
Apreciable déficit de
estudiantes universitarios, tanto de pre como de postgrado orientados hacia la
investigación y hacia especialidades correspondientes a las áreas de desarrollo
prioritario del país.
Veinte
años más tarde (durante los años 1998-1999), Hurtado de Barrera, desarrolla un
concienzudo estudio sobre la situación de la investigación en Venezuela y la
formación de investigadores en el contexto de diferentes universidades. Los
resultados de dicha investigación se plasman en la conferencia “Mitos y
verdades acerca de la formación de investigadores en Venezuela” (sep. 1999) y
en el libro “Retos y alternativas en la formación de investigadores” (oct.
2000).
De
los resultados de dicha investigación se desprende que la situación señalada en
1980 por Salas Capriles persistía en las postrimerías del siglo XX y el
comienzo del siglo XXI. Es decir:
·
Persistía el número deficitario
de investigadores: en 1994 (según los datos disponibles), en América Latina
sólo había el 6,00% con respecto al 94% del resto del mundo.
·
Del total invertido en investigación
en el mundo (datos para 1990), el 95,2% correspondía a los países desarrollado,
mientras que sólo el 4,8% correspondía a los países en desarrollo, y entre
éstos, el 0,6% correspondía a América Latina.
·
Aún cuando no se poseen datos
concretos, es posible suponer que el gasto por royalties seguía siendo alto, y
que el número de patentes por parte de investigadores venezolanos no había
sufrido modificaciones.
·
En cuanto a la formación de
investigadores en pre y postgrado parecía no haber mejorado sensiblemente, a
pesar de que, la educación universitaria está llamada a vincular estrechamente
la formación especializada con la producción científica, tecnológica y humanística.
·
Según datos del CNU (c. p.
Hurtado de Barrera, ob. cit. p. 77), para 1997, en Venezuela existían 499
programas de maestrías distribuidos en 33 instituciones de educación superior;
sin embargo, no se puede considerar que dichas maestrías constituyan en sí
mismas opciones para la formación de investigadores. Según datos obtenidos en
el diagnóstico efectuado, el 88% de los profesores de metodología de la
investigación entrevistados, estuvo de acuerdo en que los programas de maestría
tal como estaban diseñados, no eran suficientes para la formación de investigadores.
·
Los hallazgos de la investigación
de Hurtado de Barrera apoyan la percepción de que, por lo general, en los
postgrados se enseña metodología de la investigación como un cúmulo de
contenidos, como un tema más que hay que aprender en un determinado semestre, y
no como un proceso que el participante debe ir desarrollando a lo largo de todo
el programa, desde el primero hasta el último día de su desarrollo académico.
(ob. cit. p. 179).
Mitos y errores que retardan el desarrollo científico y
tecnológico
En
su obra, Salas Capriles (ob. cit. pgs.
· “Que la
tecnología puede ser únicamente desarrollada por los países altamente industrializados
que poseen grandes empresas con muchísimos e importantes centros de
investigación en los cuales se invierten sumas cuantiosas.
· “Que el
tamaño del mercado de los países latinoamericanos no permite producir
determinados bienes en condiciones económicamente justificables.
· “Que estamos
asistiendo al momento culminante de la revolución científico-tecnológica, y
que, en consecuencia, de lograr una intervención en ese proceso, es poco lo que
podemos esperar.
· “Que es
utópico para los países pequeños en, no digamos alcanzar, ni siquiera tratar de
aproximarse, al grado de avance científico y tecnológico de los países adelantados”.
Según
el mismo autor (ob. cit.), los anteriores señalamientos constituyen creencias
erróneas por cuanto no es necesaria una cuantiosa inversión económica para
investigar y generar conocimiento para ser puesto al servicio de la tecnología.
Tampoco es indispensable la creación de “muchísimos” centros de investigación,
pues cada empresa, cada universidad y cada plantel educativo son,
potencialmente, centros de investigación, tal como lo establece la misión y
visión de cada institución.
Acciones
a seguir para romper la dependencia tecnológica
Salas
Capriles (ob. cit. pgs.
·
Búsqueda de información para
seleccionar tecnologías adecuadas y convenientes (preferiblemente tecnologías
“libres”, que no hay que pagarlas) para producir un nuevo producto.
·
Aumentar la inversión e
incrementar la capacidad de investigación en diferentes contextos: la empresa,
la industria, la educación, además de los centros especializados (IVIC, Conicit
y otros).
·
A nivel de los diferentes
contextos académicos y empresariales, ponerse de acuerdo en la definición de
los conceptos fundamentales de ciencia, tecnología e investigación.
Al
respecto, Hurtado de Barrera (oct. 2000) señala que, la dependencia científica
y tecnológica sólo podrá ser rota a través de la investigación, la cual debe
ser entendida (se insiste en ello) como un proceso holístico, permanente y evolutivo
que genera conocimiento nuevo para el investigador y para la comunidad
científica, que se efectúa mediante procesos de indagación sistemáticamente
planificados, y que se caracteriza por ser metódica, universal, sistemática,
innovadora; clara, concisa y precisa, comunicable y aplicable Además, la comprensión
holística de la investigación permite, sin duda alguna, reafirmar la
interdependencia ciencia-tecnología-investigación con desarrollo, crecimiento
económico y bienestar social.
En
tal sentido, es posible atreverse a decir que, a partir de la definición que Hurtado
de Barrera hace del concepto investigación se avanza bastante en ese “ponerse
de acuerdo” al cual aludía Salas Capriles en 1980, por cuanto los principios de
la holística aplicados a la investigación posibilitan que, los paradigmas
contradictorios que signaron la actividad investigativa en el pasado, sean trascendidos
hacia el pensamiento siglo XXI.
En
este orden de ideas, se puede entender que, algunos señalamientos de Hurtado de
Barrera (oct. 2000) como los que a continuación se transcriben, son puntuales
para romper la dependencia tecnológica que aún impera en el país:
“Frente a la
globalización, los países requieren del mejoramiento substancial de la
competitividad, entendida ésta, como posibilidad de cada país de participar,
ser respetado y tomado en cuenta en los procesos económicos, políticos y sociales
a nivel mundial. La competitividad implica conocimiento, tecnología, manejo de
información y destrezas; para alcanzarla es necesario elevar la calidad de los
sistemas educativos y la preparación de los miembros de la sociedad”. (p. 18)
“En los
países desarrollados los nexos entre la investigación científico-tecnológica y
la sociedad resultan vitales para la transformación de la sociedad. Es decir,
es evidente que el desarrollo de la sociedad y del ser humano está cada día más
en relación con la capacidad de los pueblos para crear, innovar, manejar
información y conocimientos, investigar y aplicar los inventos y
descubrimientos que la investigación produce, de tal manera que el bienestar de
las naciones estará condicionada ya no sólo por los recursos naturales y materiales
que posean, sino por sus recursos y potencialidades intelectuales”. (p. 22)
“La
educación debe preparar al ser humano dentro de un contexto de creatividad,
sentido crítico y conciencia social, para la percepción amplia del mundo y para
el dominio de los medios necesarios en su transformación tal como los cambios
actuales lo exigen ( Hurtado de B., 1999:11).
A
manera de conclusión
En
consecuencia, según lo indicaba salas capriles en 1980, sigue siendo necesario
mancomunar esfuerzos que permitan, a los países latinoamericanos, establecer
políticas comunes de desarrollo científico y tecnológico como estrategia para
encontrar soluciones a los problemas socioeconómicos que confrontan en la
actualidad.
Entre
tanto, en Venezuela, ante los señalamientos hechos por Salas Capriles en ese
entonces, y por Hurtado de Barrera en el año 2000, le corresponde al sistema
gubernamental venezolano asumir la actividad investigativa en todos los niveles
socio-económicos de la población, a través de procesos de enseñanza y de
aprendizaje tendentes a propiciar la toma de conciencia, el cambio interno de
cada persona y, fundamentalmente, el cambio de las posiciones paradigmáticas
sustentadas por los responsables de establecer las políticas educativas y socio-económicas
que deben orientar los procesos productivos del país.
Además,
se tiene que reconocer, que la ciencia y la tecnología no están fuera del
alcance de Venezuela, por cuanto se posee lo más importante: el ingenio de un
pueblo valeroso, trabajador, con verdaderos deseos de cambiar y, según el decir
popular, con ganas de “echar para adelante”. Luego entonces, la empresa, la
industria, los centros productivos y fundamentalmente la academia venezolana
(universidades, tecnológicos, institutos educativos en general) tendrán, en el
futuro inmediato, que aprovechar tal coyuntura y comenzar actividades investigativas
eficientes y consustanciadas con la comprensión holística del desarrollo y,
especialmente, de la educación en todos los niveles. En tal sentido, es
perentorio iniciar procesos de enseñanza y aprendizaje de la investigación desde
los primeros años escolares, para que en un futuro no lejano, se logre el desarrollo
sustentable que requieren Venezuela y su gente.
Referencias
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actividad investigativa en el contexto de la
educación básica y media diversificada y profesional”. Memorias de las Segundas Jornadas
Internacionales de Investigación Holística” (Caracas, 7 y 8 de nov. De 2001). Barrera M., Marcos F. Comp.
Ediciones Sypal, dic. 2003
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Hurtado de
Barrera, Jacqueline (© 1998). Metodología
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Barrera, Jacqueline (1999). Mitos
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Koontz,
Harold y O’Doonnell, Cyril. (1979). Curso de Administración Moderna,
Editorial Mc Graw-Hill, Book Co. USA.
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Venezuela.
Quillet (1971). Diccionario Enciclopédico
Quillet. Editorial Argentina Arístides Quillet, S.A., Buenos Aires, ocho Tomos.
Salas Capriles, Roberto (1980). Se Busca un Industrial.- 1ª Edición propiedad
de FUNDAINDUSTRIA.- Caracas, 334 pp.
Soria, Oscar (1985). “Docencia de la
investigación en la Universidad”. La Educación. Revista Interamericana de
Desarrollo Educativo. Nº 98 OEA Washington.
Weis, Paul B (1971).
_______________
IOFP/mar. 2007
Resumen
Curricular
Inés Otilia
Fernández de Silva
CI. 2.887.379
Investigadora Venezolana con
conocimientos y experticia en la asesoría y en la enseñanza de Metodología en
Se ha desempeñado como docente desde
1959. Maestra de aula; Instructora de educación física y deporte estudiantil;
Entrenadora de básquetbol; Profesora de Ciencias Naturales, Ciencias Biológicas
y Química General; Directora de planteles educativos; Supervisora Nacional
adscrita a
Ha realizado indagaciones de campo y
consultas documentales que le han permitido elaborar numerosos trabajos, aún
inéditos. Sus investigaciones le han permitido presentar ante la Fundación
Sypal (a) el Manual para la enseñanza y el aprendizaje de la
Investigación Holística, obra en proceso de revisión; (b) el Diccionario
de Investigación Holística (1ª ed. Sypal nov. 2000, y Edit Magisterio
Colombia 2002. 2ª edic. 2007) (c) Revisión Documental y Sintagma gnoseológico
en Investigación Holística, (Sypal-Quirón may. 2005).
Actividad
actual: Cursante del Diplomado en Análisis Integral de Datos
(CIEA-Sypal). Realiza actividades de asesoría en metodología de la
investigación para la elaboración de Trabajos de Grado a tesistas de pregrado y
postgrado. Diseña, promueve y facilita talleres de Metodología en
Comunicaciones: (a) San Cristóbal,
Táchira, Venezuela. Telefax: (+58, 276) 344 51 25
(b) El Paraíso, Caracas,
Venezuela. Telefax. (+ 58, 212)-461 15 13.
(c) CIEA-Sypal
Caracas, Venezuela Telefax (+ 58,
212)-943 2112 - (+ 58, 212)-944 2583
Celular 0416-477 4482
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