Carta abierta a la Academia Venezolana

 

San Cristóbal, abril de 2004 / Rev. enero 2007)

 

 

Ciudadanos

Rectores de las Ilustres Universidades Venezolanas

Directores de Institutos y Colegios Universitarios

Vicerrectores, Decanos, Subdirectores y Jefes de Departamentos de Investigación y Postgrado

 

Venezuela vive, en los actuales momentos, un proceso de crisis institucional y estructural tanto en lo político como en lo económico, social, cultural y educativo. Tal crisis constituye un hecho comunicacional del cual ningún venezolano puede mantenerse al margen; puede ser que no esté consciente de ello pero de todas maneras le afecta profundamente y le involucra directa o indirectamente.

Ante la crisis, los venezolanos estamos en búsqueda de culpables: un gran porcentaje culpa a los políticos, muchos culpan al gobierno, hay quienes culpan a la Iglesia, los más culpan al Presidente, el gobierno culpa a la oposición y el Presidente culpa a los gobiernos anteriores, a las transnacionales, a la empresa, a la industria, a USA, a los mass media y a todo lo que puede.

Como educadora, personalmente, siento un deseo irreprimible de culpar a la educación, personificada ésta, no en la Escuela ni en el Liceo sino en la Universidad, responsable directa e indirecta de la formación de los educadores de antes, de ahora y de siempre. Sin embargo, la Universidad, como todos los involucrados en la actual crisis, tiene fundamentos valederos para su descargo, para eludir la responsabilidad que le corresponde, para culpar a “otros”. Pero… ¿quiénes son los otros? ¿Acaso no somos todos, esos otros a quienes se pretende culpar? Cabe preguntarse, además, ¿Somos parte del problema o de la solución? Y en lo personal ¿Qué hemos hecho o estamos haciendo por Venezuela?

Un largo análisis –en tiempo y espacio- del Artículo tercero de la Ley Orgánica de Educación de Venezuela (LOE, jul. 1980) puede conducir a profundas y fundamentadas conclusiones, entre ellas, y en esta oportunidad, se puede hacer referencia no al “rol” o “papel” de la Universidad, sino a su función y competencia que -por definición, filosofía, misión y visión- le corresponde:

  1. El Artículo 3º de la LOE establece, entre las finalidades fundamentales de la educación, “la formación y capacitación de los equipos humanos necesarios para el desarrollo del país y la promoción de los esfuerzos creadores del pueblo venezolano hacia el logro de su desarrollo integral, autónomo e independiente”; tal finalidad implica el desarrollo de una permanente actividad investigativa en los centros de estudio de nivel superior, es decir en la Universidad venezolana.
  2. Cada universidad establece su misión y su visión de manera particular. Según sus respectivas formulaciones se infiere que, de manera clara y precisa, la investigación está establecida como proceso generador del conocimiento necesario para el desarrollo social, científico y tecnológico que requiere el país, por cuanto, además, la actividad investigativa es inherente a la formación académica y profesional que desarrolla la Universidad.
  3. Es un hecho conocido que, en el ámbito universitario, se elaboran innumerables Trabajos Especiales de Grado (TEG) por parte de estudiantes de pre y postgrado con el propósito de optar a grados y títulos académicos. Así mismo, los docentes universitarios efectúan Trabajos de Ascenso (TA) con el propósito de obtener acreditaciones curriculares que elevan su nivel académico y profesional.
  4. Los TEG y los TA toman el nombre de Tesis, Tesinas, Tesis Doctorales y otros, los cuales, por lo general, versan sobre diferentes áreas del conocimiento. Muchos de dichos trabajos son presentados como monografías que, a pesar de constituir valiosos aportes al conocimiento humanístico, científico y tecnológico, no pueden ser ubicados dentro de la categoría de trabajo de investigación por cuanto sus aportes no siempre implican la generación de conocimiento nuevo indispensable para el mejoramiento de las tecnologías existentes obtenidas de otros países y para la producción de tecnologías propias que, en general, conduzcan a la independencia científica y tecnológica requerida por Venezuela, y que en particular propicien y potencien el “desarrollo integral, autónomo e independiente” de cada venezolano.
  5. Sin duda alguna, la educación universitaria potencia, facilita y promueve la indagación del conocimiento existente con respecto a determinada temática, a partir de procesos de documentación que implican la revisión bibliográfica y documental, el acopio o acumulación de la información -mediante diferentes técnicas y estrategias de almacenamiento y registro-, la categorización o codificación de la información obtenida, y la organización de dicha información en un texto coherente cuyo contenido y desarrollo temático lo ubica en la categoría de monografía.
  6. Cada universidad posee una serie de fortalezas y potencialidades que, teóricamente, propician el desarrollo de la actividad investigativa, Es decir, cuentan con un Vicerrectorado, Decanato, Subdirección o Departamento de investigación; poseen un presupuesto destinado al desarrollo de actividades investigativas; está en capacidad de generar ingresos propios y de hecho, con tal finalidad, efectúa una serie de actividades de extensión, formación y comunicación; disponen del espacio físico y temporal indispensables para el desarrollo de procesos investigativos, y lo más importante, poseen los equipos humanos (estudiantes y docentes) potencialmente capaces de asumir procesos investigativos que generen conocimiento nuevo a partir del conocimiento existente.

Las anteriores consideraciones pueden ser entendidas como fortalezas para el desarrollo de la actividad investigativa en el contexto educativo específico al ámbito universitario, es decir que, tal actividad, posee fundamento legal, infraestructura adecuada, equipos humanos con innumerables potencialidades, y cuenta con los recursos tecnológicos, bibliográficos y económicos indispensables para asumir procesos investigativos en diferentes líneas de investigación, en todas y cada una de las áreas del conocimiento de competencia particular a cada universidad.

Así mismo, las circunstancias coyunturales por las cuales atraviesa el país, tanto en lo político, económico y social como en lo educativo, institucional y organizacional, brindan excelentes oportunidades a la Universidad venezolana para que se amplíe y se intensifique la actividad investigativa en forma humanizada a fin de que sus resultados constituyan fundamentos con un alto grado de validez y confiabilidad para la toma de decisiones por parte de los diferentes estamentos gubernamentales o por parte de la empresa privada, las organizaciones no gubernamentales o la sociedad civil.

En el ámbito universitario también se evidencian ciertas debilidades o dificultades que, de alguna manera, afectan negativamente el desarrollo de la actividad investigativa. Dichas dificultades varían de una universidad a otra, sin embargo, las más recurrentes son de carácter epistémico y metodológico entre las cuales se pueden anotar las siguientes:

  1. Dispersión de la información metodológica en innumerables textos cuyos autores, muchas veces, sustentan múltiples criterios epistémicos, paradigmáticos y contradictorios que confunden y desorientan al investigador.
  2. Deficiente claridad en torno a los conceptos de conocimiento, ciencia y tecnología, proceso y procedimiento, método y metodología; y una enorme confusión entre los conceptos de investigación (proceso mediante el cual se genera conocimiento nuevo para el investigador y nuevo para la comunidad científica) y documentación (metotactécnica de revisión bibliográfica y documental mediante la cual se obtiene conocimiento ya existente generado y procesado por otros investigadores a través de los tiempos).
  3. Rigidez metodista sustentada como “política” académica según la cual lo que otorga validez científica a la investigación es el método (por lo general el llamado método científico, “cualitativos” y “cuantitativos”), por lo cual muchas veces se imponen modelos cerrados y rígidos que dificultan el desarrollo de procesos investigativos, en detrimento de otros tipos de investigación y otros diseños metodológicos.
  4. Enseñanza de la metodología de la investigación como contenido y no como proceso, es decir, se explican y definen los procesos, pero no se ponen en práctica mediante el desarrollo de procesos investigativos: herramienta básica del aprender haciendo.
  5. Evaluación centrada en el informe y no en el proceso: Tutores, asesores y jurados (salvo valiosas excepciones) evalúan solamente el informe y no el proceso desarrollado por el estudiante, incluso, el cumplimiento de normas para la presentación general tiene más peso que el contenido, y la llamada “defensa de la tesis” tiene más valor que los logros obtenidos.
  6. Predominio del criterio erróneo de que el hecho de efectuar investigaciones como exigencia programática en pregrado y postgrado, es suficiente para adquirir formación académica como metodólogos con capacidad de ejercer la docencia en esta disciplina.
  7. Predominio del criterio erróneo de que la docencia y la investigación son actividades incompatibles: los investigadores no enseñan a investigar, y los profesores de investigación no investigan.
  8. La carencia de facultades, escuelas y especialidades universitarias directamente destinadas a la formación de docentes-investigadores y docentes-metodólogos propicia que, las limitaciones epistémicas y procedimentales, se trasladen de docentes a estudiantes en un círculo vicioso que se repite cíclicamente en los procesos de enseñanza y de aprendizaje, por cuanto los egresados universitarios imparten las clases de metodología en la educación media, en los institutos que forman técnicos superiores e incluso en pregrado y postgrado, muchas veces sin haber efectuado ninguna investigación.

Por otra parte, no se puede desestimar, entre otras, cierta amenaza que atenta de manera casi imperceptible contra la actividad investigativa en el contexto educativo, no sólo en el ámbito universitario sino también en el liceo, la escuela y hasta en el campo profesional cuando los egresados universitarios efectúan Trabajos de Ascenso. Tal amenaza es resumida en forma de chiste académico por el Ingeniero Geodesta y Profesor jubilado de la Universidad del Zulia Douglas Chacín Neumann (Humor Vítreo, 2003:11) en la forma siguiente: “Copiarse de un artículo se llama plagio. Copiarse de un libro se llama Trabajo de Grado. Y copiarse de varios libros se llama Tesis Doctoral”. ¿Cómo podría llamarse al hecho de ni siquiera copiarse sino mandar a hacer el Trabajo o Tesis a un mal llamado asesor o comerciante de la investigación que cobra una determinada tarifa económica?

Fundados rumores propalan la posible “eliminación” de los trabajos de grado, seguramente con el propósito de evitar el síndrome TMT (todo menos tesis), evitar la tendencia de copiarse de otros autores, y evitar el comercio existente. Ya en muchos planteles del nivel de Educación Media Diversificada y Profesional (EMDP) el trabajo de investigación llamado proyecto científico, monografía, o informe, ha sido sustituido por un trabajo de tipo social o por un “proyecto” ecológico consistente en una obra social, construir una jardinera, hacer labores de limpieza de espacios públicos, pintar la institución educativa, y otras actividades similares.

Es posible que esta amenaza se revierta en posibilidad o fortaleza que conduzca al desarrollo de verdaderos procesos investigativos que generen el conocimiento indispensable para el desarrollo social, científico y tecnológico que requiere Venezuela a corto, mediano y largo plazo. En tal sentido la Universidad venezolana debe promover la desmitificación de la investigación, la ciencia y la tecnología a la cual hacía referencia Roberto Salas Capriles (1980 en Se busca un industrial), es decir, la Universidad deberá asumir, más pronto que tarde, la comprensión holística de su función para que se fortalezca el carácter de universalidad implícito en su Misión y Visión. En otras palabras, no permitir que los conceptos de “rol” o “papel” limiten o anulen la función de la Universidad por cuanto, desempeñar un rol o representar un papel implica actuación en un momento y en un escenario determinados sin tomar en cuenta la universalidad y la permanencia, en tiempo y espacio, de la función universitaria.

En este orden de ideas, la Universidad venezolana conformada fundamentalmente por sus autoridades, sus docentes y sus estudiantes, deberá tener presente que:

  1. No es necesaria una cuantiosa inversión económica para investigar y generar conocimiento para ser puesto al servicio de la tecnología. Tampoco es indispensable la creación de “muchísimos” centros de investigación, pues cada empresa, cada universidad y cada plantel educativo deben ser “centros de investigación” tal como lo establece la misión y visión de cada institución.
  2. La revolución científico-tecnológica no ha culminado. Los estudios prospectivos vaticinan grandes e insospechados adelantos: apenas se inicia el cambio científico y tecnológico de la humanidad. No se puede adoptar la postura del “no hago nada porque todo está hecho”, pues, falta mucho por hacer.
  3. El tamaño del mercado no siempre es determinante en la producción de bienes y servicios, pues ocurre que pequeños países, mediante el desarrollo de una adecuada tecnología, compiten en condiciones ventajosas, en ciertos productos, con las grandes potencias.
  4. No es utópico para los pequeños países alcanzar el grado de avance científico y tecnológico de los países adelantados. No es utópico, si existe, como en efecto existe, la voluntad y la mística de los pueblos para lograrlo.

En consecuencia, es imperativo que la Universidad confronte sus fortalezas y debilidades internas con las oportunidades y amenazas externas y establezca las estrategias necesarias para que, objetivamente, revise su función, analice el cumplimiento de su misión y visión, establezca líneas de investigación vinculadas con la docencia, la extensión, la formación, la comunicación, el servicio comunitario, la administración de sus equipos humanos y de sus recursos económicos y estructurales, y sobre todo, que difunda -dentro y fuera del ámbito académico- los logros obtenidos mediante su actividad investigativa.

Además, la Universidad no puede seguir “guardando”, en innumerables estanterías, el sin número de trabajos efectuados por sus docentes y estudiantes; por el contrario, debe posibilitar la publicación sistemática y periódica de los logros obtenidos para ser puestos al servicio de las personas interesadas en utilizarlos en la toma de decisiones y en la planificación y ejecución de programas en los diferentes niveles sociales, culturales, económicos, políticos… de la comunidad venezolana.

Agradezco altamente la amable atención dispensada y el haber dedicado un valioso espacio temporal a la lectura de las anteriores consideraciones.

Así mismo, me permito informar que, la presente comunicación obedece a una profunda inquietud personal acerca de los procesos causales que han desencadenado y desencadenan los hechos comunicacionales que día a día sorprenden a cada compatriota. En tal sentido, la presente sólo constituye o pretende constituir una reflexión acerca de la función educativa de la Universidad, expresada por una venezolana jubilada del Ministerio de Educación desde 1985, que no ha dejado de ejercer la docencia en ningún momento, porque entiende que su magisterio no ha sido ni es un rol ni un papel desempeñado en un momento y en un lugar determinado, sino que por el contrario, el ser Maestra tiene un carácter de universalidad que sólo puede terminar con la muerte y que, sin embargo, aspira trascenderla mediante los aportes derivados de su hacer hologógico iniciado en la Normal Gervasio Rubio el 15 de Julio de 1959.

Atentamente,

 

Inés Otilia Fernández de Silva

CI: 2.887.379

[email protected]

 

 

 

Es auténtico: IOFS/iofs/abril 2004/rev. enero 2005

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