Yo

Está entendido que, para poder vivir, todos debemos llevar un artista en nuestro interior, llevar bajo nuestras espaldas al único loco que nos salva de la locura y el caos; aquel loco que le da vida a la obra de arte que terminamos siendo.

En esta ocasión todo resulta distinto, ya no debo hablar de ideologías o formas de vida; debo hablar de mí mismo, lo que no deja de ser un reto. Nunca he sabido (ni me he planteado saber) lo que soy, está claro que no me puedo analizar ni desmembrar de forma tan ocultamente masoquista. Probablemente es ese el punto que hace que me cueste hablar de mi locura: jamás he sido masoquista.

¿Qué es la locura?, ¿cómo he de saber si estoy loco?, ¿Quién me asegura que la locura no es una virtud sólo reservada para los elegidos? Sé que en cierta medida poseo algo de esta seudo locura, es por eso que no puedo ser tan pretencioso y pensar que soy algún tipo de elegido o algo así. Quizás la locura no es más que una cotidiana característica de todos los mortales, dentro de los que, lamentablemente, debo incluirme. Mis palabras no son mudas, sé que basta con lo que acabo de decir para tener una vaga idea de lo que representa mi locura y mi forma de enfrentar la vida. Probablemente resulta a veces notorio, pero eso no me atemoriza, no veo algo más absurdo que temerme a mí mismo, mi mejor amigo. Me es más fácil tener una idea de lo que soy, pensando en lo que ven los demás, puesto que, aunque me gustaría, nunca he tenido la capacidad de verme a mi mismo de forma realista. Es parte de mis mayores deseos.

Basandome en las opiniones de la gente que me importa se comienza a configurar una personalidad, y es de pronto eso lo que fomenta mi locura, y aunque a veces no me guste ya aprendí y me acostumbré a vivir con ella. ¿Qué ven en mí? ¿Por qué han de verlo? ¿Por qué debería yo dejarlos ver dentro de mí? No lo sé, pero globalizando lo que recuerdo sé que ven seguridad, a veces pocos errores en mi actuar o en lo que digo, debe ser porque no me gusta erosionar las palabras, y para no gastarlas, las mido. Nunca sabre cuánto de cierto hay en todo lo que suelen halagarme, pero tengo claro que debo creerme el cuento, pues si no, no me lo cree nadie. Creo que de ahí nace mi locura o el arte que Ocupo para vivir. Quizás la clave radica en que me han malacostumbrado y dudo que eso cambie. Han hecho de mí un ser a veces detestable, pero necesario.

Lamentablemente se me ha hecho necesario vivir con todos los "egos" del diccionario y a veces me han tildado de ególatra, egocéntrico, etc. Lo que no entiendo es que a esto le agregan el ya común para mí: "tienes razón". Ya no sé cómo deshacerme de este loco que me muestra como no quiero que me vean. Me doy cuenta de que esto viene sólo de este año, al menos en su mayoría, y caigo en la interrogante: ¿Cómo viví todo mi pasado? ¿Cuál era mi arte?. No sé dónde está la respuesta y tampoco me interesa buscarla, no vivo del pasado.

Este trabajo me ha puesto en un dilema: He tenido que usar muchas veces la palabra locura y no me gusta para nada, ya que me doy cuenta de que este mundo está lleno de sabiondos seudo inteligentes que creen alcanzar la genialidad por medio de una mal entendida locura. Me enfrento a otro problema, iba a cambiar la palabra locura por "arte" o "artista", pero también eso me trae problemas, puesto que jamás me he sentido artista, supuestamente hay un artista dentro de cada uno de nosotros, mas siento que no reúno los requisitos suficientes para ser un artista, creo que soy demasiado concreto, muy objetivo y así no puedo alcanzar el arte. Para mí un artista conocido es Álvaro Merino, lo sé porque me ha tocado conocer su faceta de artista.

Realmente ya no sé qué me gusta, porque tampoco me gusta clasificar a la gente, parto de la base de que yo pretendo no ser nada para poder ser todo. Tal vez esta constante ignorancia o indecisión en mis propios pensamientos y el prolongado cuestionamiento de todo sea parte de la crónica enfermedad que me da vida en lugar de quitarmela.

Todo lo anteriormente mencionado es parte de lo que me da energía para persistir en la vida y en lo que hago, unido a lo peor de todo: mi constante e inútil búsqueda de la perfección, donde sé que persigo una meta inexistente y sin embargo no me rindo. Quizás todo eso puede hacerme ser una persona detestable, pero no deja de gustarme, puesto que cuando me di cuenta de que podía ser así me gustó y aunque a veces piense en cambiar, siempre el ángel malo predomina. Tal vez cambiaré, pero nadie sabe lo que me pasará en el futuro y nadie quiere saberlo, pues no me interesa lo que pueda pasar en un tiempo inexistente, además el tiempo nunca me ha importado; ni como forma de madurar ni de esperar cambios, pues son los hechos los que me hacen crecer, no el tiempo en el que ocurren.

Me doy cuenta que ni este trabajo me gusta, pues todo lo cuestiono, pienso que mientras más escribo, más incoherente, imperfecto y contradictorio soy; el problema es que haciendo algo apurado no tengo tiempo para estar cambiando detalles. En suma y a modo de gran resumen, veo que soy un completo maniático, ya que nada me gusta, siempre quiero ser más, a veces soy ególatra, cuestiono todo, soy imperfecto y contradictorio. Tal vez no voy a cumplir con el requisito de las cinco hojas pero prefiero calidad a cantidad y no quiero escribir leseras sólo por llenar espacio; quiero que esto sea lo más perfecto posible. No me rindo, aunque parezca imposible.

 

©1998 Roberto Varas A.

Puta el pendejo odioso... menos mal que ya no soy así... creo.

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