Escritos para aburridos crónicos
Yo
Podría empezar esto con una pregunta tan cliché que me molesta... ¿Quién soy?... Una pregunta tan incontestable por mí, que no le veo sentido, además es una característica un tanto repetitiva de aquellos seres que tratan de probar lo que ellos llaman inteligencia usando frases bonitas para intentar responder a algo que quizá a nadie le interese, pues la gracia de esa pregunta, a mi entender, está en el significado propio que somos capaces de darle y de las sorpresas que la misma respuesta nos arroja en el camino. Mas por lo general a nadie le interesa mucho leer las respuestas que ha logrado ver el otro. La idea es que sea algo personal e íntimo.
He vertido mucho de mí en estas páginas, gran parte de mi tiempo, de mis sentimientos... de mi vida, aunque no sea de modo explícito. No se me ocurre mucho qué escribir, porque en realidad quienes me conocen no veran acá mucho más que una posible reafirmación de lo que ya saben que soy.
Es posible que este sitio haya nacido como uno de tantos métodos de expresión que he buscado este año... Cómo nunca me ha tocado verme buscando un modo de escape a esas imágenes que atraviesan mi mente como pequeños, pero no por eso insignificantes, fantasmas.

Otrsa forma de seguir con esto podría ser una descripción de lo que me gusta hacer, mi música favorita y lo bacán que creo ser para tantas cosas... Pero aunque eso se vea a menudo en la red, no es mi estilo. Uno, porque no me parece interesante; y dos, porque no creo ser superior en ningún sentido, no puedo ser tan pretencioso. Día a día me veo enfrentado a interminables esperas, búsquedas, persecuciones que a pesar de ser insoportables son absolutamente necesarias. Y aunque tal vez podría pensar que estoy perdiendo mi tiempo y mi vida en eso, no puedo dejar de ver tampoco que tal vez lo más importante y el sentido de todo eso, sea el mismo período de espera, la persecución del ser es lo que me hace serlo. Quizá como aquel cuento del hombre que vive buscando la felicidad sin saber que la felicidad es la búsqueda misma. Aunque eso no me parezca del todo cierto. Ha de ser porque no creo en la felicidad. Pero eso es parte de mi espera. Si la felicidad no existe y me tengo que ver obligado a vivir buscando un sueño inalcanzable, no he encontrado nada mejor que obviar la búsqueda sabiendo que lo único que me queda por hacer es evitar que la vida se me pase por el lado, aprovechar cada momento cada respiro, cada gota de vida y de alegría que son posiblemente la única forma de construirme una seudo felicidad propia, personal e intrasferible.

Dentro de todo lo que ha sido mi vida, que ha sido mucho o poco dependiendo del cristal con que se mire, he visto como mi vida cambia y se descambia sin darme cuenta, con quiebres que son casi imperceptibles, pero muy significativos. Sin entenderlo muy bien he vivido contrastes bastante marcados dentro de mi propia personalidad. Sin necesariamente perder la esencia, que al parecer es lo único que me consuela. Todo esto me ha llevado a pensar que la única solución válida a mis aflicciones se esconde en mi mismo, posiblemente con el único fin de esperar oculta hasta que haya aprendido otra dolorosa lección. Puede también ser una pequeña muestra masoquista de nuestra maldad inherente. Esa maldad que probablemente viene con nosotros desde el momento de nacer y que solo se esconde por años hasta finalmente estallar... No es una teoría ni mucho menos un hecho, es sólo una idea, que como tal, no deja de tener cierto grado de incoherencia.

Atemorizado tal vez por todas esas cosas que he dejado de hacer y que me perturban por el solo hecho de no saber, por la sola razón de ser una gran muestra de cobardía y mediocridad, dejo de tomar aun más deciones importantes, viéndome encerrado en un círculo vicioso que no hace más que cansarme y robarme esa preciada energía que es día a día más escasa. Es ahí donde aparece la sombra del arrepentiento que no tiene más sentido que el de hacerme saber que siempre está viva la posibilidad de que me pase otra vez. Pero cuál es el problema, dos de los más comunes males endémicos del ser humano son la constante "necesidad" de cometer una y otra vez los mismos errores y la inconsecuencia, de la cual, como todos, soy una presa habitual. A pesar de todos estos problemas y otros que ni siquiera quiero imaginar, pienso que la mejor forma de atenuar la mala onda, es siendo siempre honesto y mateniendo la mente abierta; nada peor que un poco auténtico, cerrado y deshonesto ser humano.