Sin sentido...
Un hombre se halló solo y desnudo sobre las sabanas arrugadas de una calurosa y angosta cama... se dio cuenta de que ese no era su lugar y de que lo único que quería era no estar... tal vez no estar ahí... quizá no estar en ningún lado... pero eso es algo que ni siquiera él sabía... así que decidió seguir sus instintos y se levantó... poco a poco mientras caminaba se daba cuenta de que el camino se oscurecía... que las paredes se angostaban, que el aire se hacía escaso, que algo le apretaba la garganta... así que paró... miró hacia el suelo... miro al techo.. miro a sus espaldas y no encontró nada... sólo vacío... cerró los ojos, pero al abrirlos se halló en un cuarto oscuro, sin muros visibles, pero si agobiantes... comenzó a acercarse a ellos, a tocarlos, a sentir el frío en sus manos, el sudor en su frente... algo hacía que se sintiera muerto... pero vivo... probablemente eso era lo peor... saber que estaba vivo y que tenía soportar un horrible dolor que lo atravesaba día a día y que había terminado llevandolo a ese lugar tan despreciable y oscuro. De la desesperación pasó a la calma, se sentó en el rincón del cuarto, puso su cabeza entre las rodillas y pensó... al cabo de un rato se dio cuenta de que no quería pensar... de que algo que lo hacía distinto y que lo mantenía atado a un dolor constante era su compromiso con el pensamiento, con la eterna sensación de caminar hacía un final placentero que posiblemente ni siquiera existía, pero cuya imagen se hacía recurrente... tuvo que ver por esos momentos que se hacían eternos cómo su carne ardía entre las brasas que cubrían su camino, pero era imperativo seguir caminando, no había vuelta atrás... Estaba condenado a ser un común ser humano, a vivir con la esperanza de arreglar las cosas sabiendo que la sola idea de hacerlo lo tenía en la más profunda y lenta agonía... Él solía llamarla "mi vida".
©2000 Roberto Varas A.