El Incidente del Caco

Eran más o menos las 2 y tanto de la mañana, todo parecía marchar bien, por lo menos para mí; hasta que mi vejiga me avisó que la armonía de mi ser ya no era tal. Estaba con Cagone, que en ese momento también necesitaba cambiarle el agua al pescao. En el baño estaban cobrando $100 por entrar, y como a esa altura de la noche los bolsillos ya suelen estar vacíos, optamos por ir al parque, que como todos sabemos, es gratis. Tras cumplir con éxito nuestra tarea, nos quedamos conversando en la parte con pasto del parque (esa que parece paradero de micro con la reja que le pusieron), hasta que nos aburrimos y decidimos volver al patio. En el camino, vimos un grupo de apoderados reunidos en circulo. "Estarán conversando", me dije; y seguí avanzando a paso firme (bueno, entiendase firme por lo máximo de seguridad en los pasos que mi cuerpo me podía entregar a esa altura de la noche). No alcanzamos a entrar a la carpa cuando nos encontramos con el Tío Ricardo, quien con la cara llena de risa nos dice: "¿Quieren pegar?". Qué nos dijeron a nosotros, antes de 30 segundos ya estabamos en el parque otra vez. Ahí nos dimos cuenta de que la supuesta "reunión" o "tertulia", no era más que un "arinconamiento" al malandro que había sido descubierto en malos pasos.

Al llegar a este punto de la historia, es necesario hacer un salto temporal para entender lo que estaba pasando.

Hace no mucho rato, la mamá de un alumno, se dio cuenta de que alguién le había sacado las llaves del auto, ¿cómo?, no sé. El asunto es que le contó a su marido, quien afortunadamente llegó justo a tiempo a su vehiculo, pues encontró al caco haciendo de las suyas, tratando de abrir el auto. Lo que pasó ahí exactamente no lo sé, pero me acabo de enterar de que al cuma le llegaron: 4 combos, un mangazo y 10 patás en el suelo... Después de eso, entre varios apoderados lo rodearon para que no se arrancara. Eso era mi supuesta tertulia.

Volvemos al punto en que llegamos a la escena con nuestro querido inspector.

Los apoderados no nos alcanzaron a hablar cuando el Tío Ricardo ya había agarrado al tipo con toda la intención de sacarle la cresta. Con Cagone los seguimos. Si el gallo trataba de hacer algo, obviamente estabamos listos para tirar nuestras no despreciables humanidades encima y rajarle todo lo que se llama cara.

Pero optamos por la calma, los pacos venían en camino y para no darle una "ayuda" al delincuente, preferimos no pegarle, solamente asustarlo un poco, que cachara que no se podía arrancar. Ahí fue cuando mi tío Cagone se me anduvo acobardando y dijo: "ay, la Coty... Coooty!!" y se fue. Ya habían hartos curiosos mirando y con la ayuda de algunos papas y el Nico Fritsch, calmamos los animos. En eso ya había llegado el Cristian Maureira, diciendo que a su camioneta le faltaban 2 ruedas. Chuuuuu... ahora se habían robado las ruedas y tuve que calmar a Maureira pa que no le pegara él al loco. Igual le tiró una pataíta por debajo, pero pasó piola. El tipo dijo que andaba buscando a un amigo y que venía con la Cathy Cardenas. Que le dijeron a la chica, en 2 tiempos ya estaba arreglando el mundo, celular en mano. En menos de 5 minutos llegó la mamá de la Cathy, diciendo que lo conocía, pero que no tenía porque responder por las cagás que se mandan los hueones del barrio. En sus palabras. Acto seguido, llegan los pacos. Preguntan por el individuo y cuando lo estaban revisando, se tira Tío Ricardo encima otra vez. El paco le dijo que se alejara o que se lo iba a tener que llevar a él, jejeje. Ya había llegado el Pancho y me ayudó a calmar a Tío Ricardo otra vez. Ya, los pacos se llevaron al caco, que en estos momentos debe estar en una plaza tomandose un par de chelas, y nosotros volvimos al patio a ver que onda.

Ya la tensión era menos, pero un apoderado, coronel de carabineros, nos dijo que a este trozo de escoria lo soltarían pronto, pues el único testigo no iba a declarar. No alcanzamos a terminar de hablar con el señor Guzmán cuando la tía Marianela me dice: "Roberto, acompaña al Tío Ricardo a revisar los camarines, por favor". Claro, el portón para entrar a los camarines de la piscina estaba abierto, siendo que lo habían dejado cerrado. Al más puro estilo comando, con Tío Ricardo y el señor Guzmán entramos a revisar, abriendo puertas y mirando por sobre ellas tb, en busca de algún caco resagado. No pasó ná, no había individuo escondido, así que vovimos a la carpa y me quedé ayundando a guardar las bebidas remanentes en una sala.

Decidimos irnos: abrazos, invitaciones, "puta que te quiero's" y todo lo que conlleva una despedida tras casi 8 horas de "carrete", leanse las comillas. En suma, lo pasé bien, una kermesse bien organizada, mejor que las anteriores, cuyo único problema fue la desgana o fomedad de los asistentes.

Aparte de la laaarga historia recién contada, fue una noche sin novedad.

 

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