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INCONDICIONALIDAD | |||||
| Inconditionales Pro Sancta Ecclesia |
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| ADVOCACIONES |
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1. Estamos ante la venerada imagen de "Nuestra Señora del Buen Consejo". Una preciosa advocación mariana, de rico contenido teológico, espiritual y pastoral. La Virgen María es "Madre del Buen Consejo" porque es la Madre de Jesucristo, Hijo de Dios, Verbo encarnado, Sabiduría personificada, al que el profeta anunció como "Maravilla de Consejero". Es "Madre del Buen Consejo" porque, "llena de gracia", ha recibido el Espíritu de consejo con la plenitud más grande que cabe a una criatura. Merece el título de "Madre del Buen Consejo" porque es modelo y maestra que nos enseña y nos ayuda a "conocer lo que es grato al Señor y nos guía en nuestras tareas". María abrazada a Jesús "maravilla de Consejero", se ha convertido en Señora y Madre del Buen Consejo.
Decir "Buen Consejo" es como un urgente mensaje de Dios al mundo, de palpitante actualidad, frente al relativismo que nos envuelve. Nada irá bien, si no nos guiamos por el Buen Consejo, si no nos mueve el buen espíritu, el buen corazón, la sana razón y el buen criterio. No todo tiene el mismo valor, ni todo da lo mismo. No nos podemos dejar llevar de los deseos, de las pasiones. "La tierra está desolada, porque no hay quien piense en su corazón", clama el profeta. Pensar y pedir consejo es
, propio de sabios y prudentes. Dar buen consejo es excelente obra de misericordia. Se han hecho muchas cosas mal, por no haber pedido consejo, o por haber seguido malos consejos. Pueden hacer mucho daño, a los individuos y a la sociedad, los que dan malos consejos. Tienen mucha responsabilidad los dedicados a la enseñanza y a la educación, al asesoramiento, a la toma de decisiones de repercusión social, los que dirigen y gobiernan, cuando no "piensan en la sabiduría", están mal aconsejados, o no se dejan aconsejar.
Todos necesitamos la gracia, el don, del Buen Consejo para tomar decisiones, y para aconsejar a los otros. El consejo es una sugerencia o invitación que hacemos a alguien para que tome las decisiones que estimamos más convenientes, pero sin imponerse. El Señor ha manifestado su voluntad a través de Mandamientos y de Consejos. En el Evangelio hay muchos consejos. El buen consejo es una gracia de Dios. Los buenos consejeros son un regalo de Dios. Quien tiene este don sabe aconsejar y sabe acoger bien los buenos consejos, vengan de quien vengan. De toda persona podemos aprender mucho. Cualquier persona nos supera a nosotros en algo bueno, y en eso tenemos que aprender de ella. Por todo nos habla el Señor, hasta por la burra de Balaán.
2. Todos estamos inmersos en una problemática de discernimiento. Y no siempre somos capaces de discernir bien sobre lo que hemos de hacer y sobre el modo de hacerlo mejor. No siempre sabemos hacer las preguntas realmente fundamentales, ni siempre somos capaces de llegar al fondo de las cuestiones. Hay preguntas que son insoslayables. Pero, no es fácil preguntar, ni es fácil encontrar a quién hacer esas preguntas íntimas, delicadas, comprometidas. ¡Qué bueno es saber que la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, es la "Madre del Buen Consejo".
Todos tenemos mucho que preguntar. Preguntar es un arte y una sabiduría. Saber preguntar y pedir consejo es propio de los que buscan la sabiduría y quieren obrar con prudencia, rectitud y acierto. Para averiguar lo que hay que hacer, casi siempre hay que preguntar. Y aquípuede estar nuestro problema: a quién preguntar; qué preguntar; cómo preguntar; dónde informamos; qué leemos; qué libros tenemos; a quién escuchamos; en qué fuente de información bebemos. ¡Ay de nosotros, si sólo escuchamos palabras de hombre y no escuchamos la Palabra de Dios! "Los pensamientos del hombre son insustancial es", dice el salmista. "La Palabra de Dios es luz en nuestro camino. Jesucristo es "Maravilla de Consejero".
La gran- tentación de nuestros tiempos es prescindir de Dios y preguntar sólo a la filosofía, a la ciencia y a la técnica, esperando de ellas la respuesta y la salvación. ¿Por qué no preguntamos también a Dios? Dios está en la raíz de todos los problemas. Si Dios no ocupa el lugar que le corresponde en nuestra vida, no nos podremos realizar plenamente y nuestra relación con el prójimo correrá el riesgo de ir degradándose. Queramos o no, la realidad es que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Dios es la realidad más fuerte de nuestra vida. Nosotros no somos la última palabra, ni la ciencia ni la técnica, por avanzada que sea, son la última instancia de la vida de los hombres ¿Quién nos ha aconsejado tan mal para no contar con Dios?
3. La Virgen María, "Madre del Buen Consejo", es la Virgen que pregunta a Dios: "¿Cómo podrá ser esto?". "¿Por qué has hecho esto con nosotros?". Dos preguntas muy vitales que nos hacemos muchas veces nosotros. La Virgen María preguntó por nosotros a Dios, para damos su respuesta. El ángel vino a decirle: "Éstas son cosas de Dios, que todo lo hace con sabiduría y amor". Qué buena la actuación de la "Madre del Buen Consejo". Todo lo que sucede es "cosa de Dios"; las envía, las quiere, las consiente y permite. Él todo lo ve, todo lo sabe, está en todo. ¿Son cosas de Dios?, pues, "hágase", dice María, y "José hizo lo que el ángel le dijo", sin decir palabra alguna, simplemente lo hizo. Las cosas de Dios se acogen con amoroso acatamiento. Él todo lo hace bien. Con Él, de todo podemos sacar bien. ¡Qué Buen Consejo!
"Dios traza caminos por el mar y sendas por entre las olas, y puede salvar en el peligro, para que se embarque aun el inexperto". Éste es un Buen Consejo: embarcamos en las cosas de Dios. Embarcarse en las cosas, es una necedad. Embarcarnos en nosotros mismos, es un suicidio. Embarcarse en aventuras de hombres, es una temeridad. La verdadera sabiduría es embarcarse en la "aventura de Dios".
Todos hemos de preguntar a Dios las grandes preguntas de la vida. También los que no creen en Dios, los que le niegan, los que no están seguros de su existencia: ¿y si existe? Pregunten también a Dios los creyentes que dudan de su providencia y de su amor, y los que no acaban de descubrir su voluntad, muchas veces muy misteriosamente las dificultades y des orientaciones de la vida. Preguntemos a Dios, consultemos a Dios, hablemos a Dios, oremos. La oración es una exigencia estrictamente científica para encontrar a Dios. Cada cosa hay que buscarla con arreglo a su propio método científico. Dios no cae bajo el campo de observación ni experimentación de ningún laboratorio; pero, sí bajo el campo de la contemplación y de la oración. En estos temas tan vitales, no preguntar, no plantearse estas cosas, negar a priori, por principio, ni es científico, ni es honrado. Lo científico, lo honrado, es llamar, investigar, preguntar, buscar, orar. Se puede comprender que haya quien todavía no ha encontrado a Dios; pero es muy difícil comprender que haya quien "no quiera encontrarse con Dios".
4. En la vida todos vamos buscando algo. Tenemos el presentimiento que hay algo reservado para nosotros. Todos queremos algo. Todos buscamos solución a la problemática que nos envuelve. El problema de los que buscan, de los que andan buscando algo, es que no se aclaran, no saben lo que quieren; que saben lo que quieren, pero no encuentran el camino; que andan por caminos equivocados; o que, estando en el buen camino, no caminan.
El que anda buscando, pregunta, presta atención a las señales e indicaciones, y le es muy útil disponer de un buen guía que le oriente y, aun más, si le acompaña. Esto es la Virgen María, "Madre del buen Consejo": nos aconseja por dónde hemos de ir, y Ella viene con nosotros. El pueblo cristiano siempre ha tenido a María como "guía", "Estrella del Mar", que marca el Norte, "Estrella de la mañana", que precede al sol, "Aurora", que anuncia el día, "Puerta siempre abierta", que da paso a Cristo, "Luna", señal en la noche, que alumbra en ausencia del sol, "Madre del Buen Consejo", a la que invocamos en las Letanías del Rosario.
Los Magos buscaban al Mesías y lo hallaron en brazos de María. Y, gozosos, se volvieron a su tierra por otro camino. La "Madre del Buen Consejo" nos dice dónde está Jesús, nos lleva a su encuentro y nos hace volver por otro camino, el de la evangelización, el del anuncio de la Buena Noticia. Los cristianos vivimos entre "paganos y gentiles", y muchas veces en minoría. Y ahí hemos de ser puntos de referencia, señales, guías, buenos consejeros, para cuantos andan buscando o están perdidos. No podemos desaprovechar las mil oportunidades, que cada día se nos ofrecen de dar un buen consejo. Y no olvidemos que la mayor parte de personas no necesitan consejos o no les basta un consejo, sino que necesitan ayuda fraterna. El buen consejo no se puede quedar sólo en consejo, se tiene que traducir en ayuda, en acompañamiento. Hay que dar noticia de Dios a tantos que andan despistados. ¿Quién da hoy noticia de Dios? Lo nuestro es, con nuestro modo de actuar y de ser, dar noticia de Dios, provocar en todos el deseo de Dios, y dar razón de nuestra esperanza. Hemos de ser, para todos, "Buen Consejo", orientación, cercanía y ayuda. Predicar y dar trigo.
5. "Madre del Buen Consejo" es una advocación mariana de palpitante actualidad. Con ella, la Virgen María nos está constantemente diciendo: "Haced lo que Él os diga". Lo que Él, Jesús, nos dice. Hoy nos dicen muchas cosas desde muchas instancias. Nos lo advierte Jesús: "Habéis oído decir". Claro que oímos decir muchas cosas, y muy insustanciales. "Pero, yo os digo", añade Jesús. No hagamos caso de lo que "se dice", de lo que "nos dicen", lo que se va diciendo por ahí". No hagamos lo que dice la "mayoría", lo que todos hacen", lo que es "moderno", lo que "está de moda". No se trata de hacer lo que dicen los que sientan cátedra, se proclaman líderes, ostentan títulos y van por la vida como si en sus labios estuviera la ciencia, la última palabra. No hay que hacer caso a lo que cualquiera dice desde medios de comunicación y desde inptancias de poder, Hagamos lo que Jesús dice. Jesús es el Salvador, es la última Palabra, la definitiva Palabra de salvación. Este es el gran "Buen G;onsejo" de Santa María.
Se dice que, "para andar por la vida, hay que tener mano izquierda, la derecha es buena para "bendecir", pero la izquierda es necesaria para no ser "bendito". Con la mano derecha se podrá ganar la vida, pero la izquierda es necesaria para "soportarla". Esto "se dice". Pero no es lo que dice el Señor. Ése no es un Buen Consejo. El Señor río nos quiere bobos, ni ignorantes, ni ingenuos; el cristiano no puede ser un insensato, pero tampoco un pícaro, hipócrita, ni taimado. Ha de ser "sabio", de "buen consejo".
Dice Jesús: "Yo os envio corno ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes corno serpientes y sencillos corno palomas". He aquí el consejo que hemos de acoger los cristianos con toda el alma: prudentes y sencillos a la vez, es decir, "sabios", con la sabiduría de Dios, que es don del Espíritu Santo. La verdadera sabiduría, el Buen Consejo, no está necesariamente identificado con la ciencia, la intelectualidad, la erudición o el progreso material. Puede ocurrir, y de hecho ocurre, lo que dice el profeta: "Te has pagado de tu belleza -de tus cualidades y saberes-; has corrompido tu sabiduría a causa de tu esplendor". El poeta, refiriéndose a los "sabios a la violeta", lo dice de otra manera: "Con su borla, título y dinero, es un grande majadero". Hoyes infinito el número de majaderos que hablan de lo que ni saben ni viven, juzgan y aconsejan en materias que ignoran. "De cuantas cabezas veas, pocas hallarás vacías; pero, diez tienen ideas, y noventa, tonterías". ¿Dónde está el Buen Consejo?
6. El don de Consejo es gracia de Dios. Con él llegamos a entender, de forma clara y rápida, corno por una especie de intuición sobrenatural, lo que conviene hacer, especialmente en los casos difíciles. El "Buen Consejo es un maravilloso don de Dios, que calma el "ansia de la duda"; es corno la facultad de juzgar y de determinarse a la acción con seguridad y prontitud. "Dichoso el hombre que piensa en la sabiduría y pretende la prudencia". Así hemos de ser nosotros.
Necesitamos personas que "piensen en la sabiduría y pretendan la prudencia", guías sensatos, de buen juicio, generosos; personas con hondura, que tengan cosas importantes que decir, cosas importantes que hacer, buenas soluciones que aportar, que tengan entusiasmo y estimulen y animen. No sirven los insensatos, ni los superficiales, ni los vacíos; "Tu cabeza es hermosa, pero sin seso". No sirven las "personalidades" de pega, los individuos de "énfasis" y fachada, sólo fachada, los que engañan con zalamerías y viven de apariencias. No sirven los gafes ni los desequilibrados, ni los equilibristas. Necesitamos personas de "Buen Consejo", que "piensen en la sabiduría y pretendan la prudencia".
Pidamos a la "Madre del Buen Consejo" personas ricas en ideas sanas, en afectos sinceros, en ilusiones contagiosas y estimulantes. Personas que se preocupan "desinteresadamente" por los demás, que no vayan tan deprisa que nos estrellen, ni tan despacio que dificulten y retarden la llegada del Reino. Personas que no vivan para sí mismas, que no pasen factura del bien que hacen, que sepan dar, darse, sin reserva, desvivirse, sin esperar a que les den, que den, aunque no saquen nada.
7. La Virgen María siempre ha sido invocada como "Trono de Sabiduría", "Virgen Prudentísima", "Madre del Buen Consejo". Y bien que la necesitamos así, para que sea nuestra ayuda e intercesora, para ser prudentes, para juzgar de las cosas rectamente, para ser equilibrados. Hay muchos desequilibrios y muchos desequilibrados. Todos tenemos que pedir al Señor que no nos deje caer. "En ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores".Necesitamos personas de buen juicio, equilibradas, no equilibristas. Equilibrio no es ambigüedad, medias tintas, salirse por la tangente, ni escoger terceras vías. ¡Cuántos desequilibrios e incongruencias! Desequilibrios en lo social, en lo económico, en lo político, en lo ecológico, en lo psíquico. Desequilibrios en la Iglesia; por un debilitamiento de la "gran disciplina". Desequilibrios en la distribución de agentes de pastoral y de evangelización. La excesiva prudencia, ya no es prudencia, puede ser freno o astucia. La excesiva sencillez, ya no es sencillez, puede ser bobería, populachería.
Pidamos a la "Madre del Buen Consejo" personas que nos inspiren confianza, que sean buenos guías, buenos consejeros. La Iglesia cuida mucho que no falten consejeros, consiliarios, asesores. Hay consejos pastorales, consejos de consultores, consejos presbiterales, episcopales. ¿Son siempre lo más representativo del pueblo-pueblo? ¿o sólo de una élite, de unas ideologías y organizaciones? ¿y a los no organizados quien los representa? ¿Quién escucha. al pueblo-pueblo? ¿Quién aconseja al obispo, al párroco, a las organizaciones de Iglesia? Todo esto nos invita a invocar a la "Madre del Buen Consejo" con incesante clamor.
8. La "Madre del Buen Consejo" nos enseña a estar a la hora de Dios y a la altura que piden las circunstancias que nos toca vivir. Hemos de ser personas de buen juicio, con un claro sentido de la proporción y de las prioridades, y hemos de tener muy clara, la escala de valores, para saber jerarquizar las cuestiones y las urgencias y prioridades. A veces andamos muy preocupados y nerviosos por "muchas cosas", inquietos por nimiedades, y descuidamos los verdaderos problemas, lo que es "necesario". Hay que estar a la altura que nos pide el Señor en este tiempo de gracia que estamos viviendo en la comunidad diocesana.
"La Madre del Buen Consejo" nos está pidiendo sensatez, serenidad, sentido común, calma, cordura, buen juicio, lucidez, corazón libre. Necesitamos buenos guías, dueños de sí mismos, ricos en reflejos sobrenaturales, que sepan frenar y acelerar, avanzar y parar, que lleguen siempre a tiempo, en el momento oportuno, a la hora de Dios. Casi siempre llegamos tarde, o queremos, histéricos, acelerar la hora del Señor. Dios tiene su hora, y a su hora, actúa. Nadie crea que Dios ha muerto o está dormido: llegará a su hora. Nadie se impaciente. Nadie se ría de Dios. Unos andan gritando ¡¡ya!! Y otros dicen sorprendidos ¿¿ya?? Y el Señor llega a su hora, que es nuestra hora de la verdad.
La "Madre del Buen Consejo" es modelo y guía para acertar en lo que se debe hacer, para pensar rectamente, sin orgullo ni vanidad. "Donde hay humildad, allí hay sabiduría". Hemos de aprender a ver bien, a pensar bien, a juzgar bien, sin añadir ni quitar, ni cambiar la realidad de las cosas. Dicen que los grandes pensamientos nacen del corazón; del corazón nacen también los grandes errores. En la tarea del discernimiento, los afectos son un poderoso resorte. Los afectos desordenados desvían y extravían el pensamiento más recto. Las pasiones son buenos instrumentos, pero malos consejeros. Las pasiones nos han sido dadas como instrumentos para la acción, pero no para directores y guías de nuestra conducta. Ordenemos nuestros afectos. Vigilemos qué llevamos en la bodega del corazón.
9. El Buen Consejo es don de Dios. Está al alcance de todos los que se acercan a Dios. No es privilegio exclusivo de gente de talento y de gran cultura. Iban a escuchar al Santo Cura de Ars obispos y catedráticos de la Sorbona y salían diciendo: "No sé si este santo varón es erudito, pero es luminoso". El Señor nos quiere luminosos. ¿Qué importa el brillo, si sólo sirve para deslumbrar? Deslumbrar no; iluminar. Inmersos como estamos en una cultura icónica, no olvidemos que el corazón humano se siente movido hoy mucho por la impresión y el sentimiento. Es muy importante nuestro comportamiento; "no demos un paso en falso" que pueda desacreditar a Dios en quien creemos y cuya gloria hemos de buscar por encima de todo.
Para poder pensar y juzgar rectamente y dar buen consejo al que lo necesite, es preciso que sepamos percibir bien la realidad. Una mala percepción influye negativamente en nuestro juicio. "Conocer la realidad, para obrar con eficacia". La verdad a medias es mentira; las medias verdades son errores; la ambigüedad, las medias tintas, las cosas a medias, son enemigas del Buen Consejo. El parecer de la mayoría, la opinión pública, no son criterios absolutos de actuación: hay que tenerlos en cuenta en el momento de programar, como una realidad que está ahí. Las cosas no son buenas o malas porque lo diga la mayoría. Se puede influir sobre las multitudes y llegar a formar opinión publica camuflando el error y la mentira con apariencias de modernidad, liberación, progreso o legalidad. Necesitamos fuertes dosis de Buen Consejo.
No es posible tener buen juicio y dar buen consejo sobre materias de religión y moral cristianas, si no tenemos una base doctrinal armónica, una formación básica, una visión orgánica del conjunto de la verdad cristiana. El pensamiento cristiano no está hecho de verdades aisladas e inconexas. Hay una lógica y una coherencia. No es posible entender cuestiones puntuales, si no tenemos una visión de conjunto en la que éstas se enmarcan. No es bueno mariposear; es un modo de trivializarlo todo. La superficialidad, el sarcasmo y la ironía, que le suelen acompañar, no son compatibles con el Buen Consejo.
10. En la Virgen María, que es "Madre del Buen Consejo", se dice en el Evangelio que "meditaba en su corazón". No habrá buen consejo, si no hay meditación. Hay que reflexionar, pararse y pensar, y revisar. Los juicios temerarios dificultan la tarea del Buen Consejo. El fanatismo y el desmesurado entusiasmo por las "celebridades", dificultan también la serenidad del juicio. La precipitación y la visión unilateral de las cosas son enemigo del Buen Consejo. Para "atinar" hay que pensar y orar. No olvidemos que "la inspiración del genio normalmente no desciende sobre el perezoso".
Santa María, Madre del Buen Consejo, Abogada, Auxiliadora, Medianera, Refugio, Socorro, es también "Camino de retorno". Esto nos debe animar a establecer contactos fraternos con todos, a llevar a todos la invitación del Señor, y a facilitar a todos el camino hacia Él. La "Madre del Buen Consejo" debe despertar en nosotros el celo apostólico, la solicitud pastoral. Hay muchos alejados. Muchos, es verdad, que no han conocido a la Virgen María; pero hay muchos, muchos, que se han alejado después de conocerla, y, sin embargo, aún visitan sus Santuarios y guardan un amor a su "Virgencita". Ella no está lejos de ninguno. Ella preside la vida de cada Isla de nuestra Comunidad Diocesana. "Retorna, hermano, acude a "tu Virgen", que es la Madre de todos, que es la misma de todos: Madre del Buen Consejo, Camino de retorno". Éste es mi consejo a cada alejado.
La "Madre del Buen Consejo" es la nueva oportunidad que Dios nos da a todos con la llegada del nuevo Pastor y Obispo de nuestras almas que la tiene por especial Abogada y Protectora. "iEa, pues, Señora! Actúa. Sal al encuentro de los que nos estamos alejando, o descuidando, en nuestros deberes religiosos y compromisos pastorales. Corta el camino de nuestros abandonos y fugas. Deténnos en nuestra huída. Crúzate en nuestra senda, y grita con voz potente; dinos a todos, a cada uno, cada vez que nos entibiemos en nuestra vida cristiana, dinos con voz de Madre cariñosa, como nuestro Buen Consejo: "iBasta ya, hijo! Arrepiéntete y vuelve". María nos trae la nueva oportunidad de una profunda renovación espiritual.
11. La Virgen María ejerce de "Madre del Buen Consejo", de un modo singular, cuando nos muestra a Jesús y exclama: "Haced lo que mi Hijo os diga". Éste sí que es un Buen Consejo de verdad. Vamos a Ella, como el niño va a su madre, y Ella nos remite a Jesús. No puede ser de otra manera. Esta es su misión: llevamos a Jesús, que es "el camino y la puerta, la escalera y el vehículo", en expresión gráfica de los Santos Padres. Identificada con Jesús, como ninguna otra criatura, colaboradora singular en la obra de la redención, participa de modo eminente de la condición de Cristo camino y puerta, escalera y vehículo. N os ayuda a ser nosotros también, imitando a Jesús y con su intercesión poderosa, a nuestro nivel de criaturas limitadas y pobres, camino y puerta, escalera y vehículo para nuestros hermanos. Cuánto bien haríamos, si, con sencillez y humildad, pudiéramos decir, más aun con las obras que con las palabras, aquello de San Pablo: "Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo". Podemos ser páginas vivas del Evangelio para cuantos ignoran las cosas de Dios y viven desorientados, del Evangelio traducido en un lenguaje que todos entienden: el amor fraterno.
Me encanta poner énfasis y hacer referencia explícita a eso de "escalera", porque sé que la "Madre del Buen Consejo" es invocada también en la tradición cristiana como "Escalera del Cielo". Qué Buen Consejo es que aprendamos a ser "escalera que salva desniveles". La escalera es para subir y bajar. La vida es un constante subir y bajar. y qué difícil es, muchas veces, subir y bajar en la vida sin marearse y sin caer en orgullo o resentimientos, porque, la verdad, en la vida hay subidas y bajadas tremendas. Es una gran sabiduría saber subir y bajar con normalidad. Todos tenemos que aprender a hacer este ejercicio. Y también tenemos que aprender todos a hacer de escalera sobre todo los que tienen responsabilidades eclesiales y sociales.
Un buen Pastor de almas, que ha de ser "ángel del buen consejo", tiene que saber él, y debe enseñar y ayudar a todos, a subir y bajar en la vida sin traumas ni mareos. Para eso ha de aprender a ser un buen peldaño de escalera, que aguante las pisadas de los que suben y bajan. Se sube y se baja con seguridad por la escalera cuando los peldaños son buenos. Hermosa misión la de ser peldaño en el que se apoya el que sube y el que baja, lo pisa fuerte, pero el peldaño no se hunde. Aguantar pisadas es una misión maravillosa de los que están en medio de los hermanos de la comunidad "como el que sirve". El peldaño no se queja, es para eso; es humilde y manso, aguanta y permanece en su sitio, humilde y sencillo. No hay mayor fuerza que atreverse a ser débil. Tengamos el aguante de la escalera y la mansedumbre del peldaño, que nos pisen fuertemente para subir ellos más arriba. Que sepamos bajar para que otros puedan subir.
12. "Nuestra Señora del Buen Consejo", nos recuerda que hemos de ser sembradores de esperanza. "En la Casa de Dios, esperando se sirve". Sembradores del bien, del buen trigo, nunca de "cizaña". Aunque nosotros no recojamos ni veamos los frutos. Lo nuestro es sembrar en el campo del Señor, no en nuestro campo propio. No tenemos parcelas propias. Por eso, lo nuestro no es recoger el fruto. Lo ha de recoger el Señor. Tampoco hagamos nuestra la cosecha de lo que otros han sembrado. Nosotros somos "campo de Dios", "sementera de Dios", "arada de Dios", según San Pablo. El Señor siembra en nosotros, lo nuestro es acoger la semilla. Le dejemos actuar. Nos dejemos convertir. Lo nuestro es plantar y regar. Él da el crecimiento. "Das el vespertino lo que al mañanero, son tuyas las horas y tuyo el viñedo".
"Nuestra Señora del Buen Consejo" nos ayuda a discernir cuál-es el buen camino, ya buscar siempre la verdad. Le pidamos con audaz confianza que nadie equivoque el camino; que los que van por el buen camino no se cansen de caminar. Muchos que andan alejados de Dios no están alejac;los del todo de la Virgen a la que invocan a su manera, vienen a visitada en los Santuarios de nuestras islas, son como "mechas humeantes". Sopla tú sus cenizas y reaviva la llama, Santa Madre del buen Consejo, Lo pidamos con audaz confianza en este acontecimiento salvífico que estamos viviendo. Nuestra Señora lleva en brazos al Buen Consejo, Jesús: es Madre del Buen Consejo.
"Madre del Buen Consejo", enséñanos a pensar bien, a buscar siempre la verdad, encontrada, vivida y proclamada. Aparta de nosotros la ignorancia, para conocer al Señor. Dinos a dónde tenemos que mirar, para ver al Señor y no andar mirando cosas que no pueden salvar. Dinos por quién tenemos que preguntar para encontrar al Señor, cómo tenemos que mirar todo, para ver en todo al Señor. Enséñanos cómo llegar a Él, que es la Verdad, el Amor y la Belleza. Santa Madre de Dios, Madre del Buen Consejo, haz que preguntemos y busquemos incesantemente a Dios, y que nada ni nadie nos salga al encuentro en lugar de Dios.
Santa María. Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros.
Mons. Damián Iguacen Borau
Al Excelentísimo y Reverendísimo Sr. Don BERNARDO ÁLVAREZ AFONSO, Obispo Nivariense, que venera y ama a la Virgen María, Madre del Buen Consejo, como especial Patrona y Protectora y la honra con singular devoción, en su 'Ordenación Episcopal. - San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), a 4 de septiembre de 2005.
Madre del Buen Consejo (Pascual Sarullo. S. XIX)
@ Damián Iguacen Borau, 2005