El Arte de la Meditación
o el Silencio Productivo

(por Orlando Aguilar C.)

Al buscar la sabiduría, el primer paso es el silencio;
el segundo, escuchar; el tercero, recordar;
el cuarto, practicar; el quinto, enseñar.

Cuando nos miramos AL ESPEJO vemos nuestra apariencia física o nuestro yo exterior.
Cuando nuestra mente mira DENTRO de nosotros mismos vemos nuestro yo psíquico y descubrimos nuestro ser interior. A esta introspección o análisis interior suele darse el nombre de MEDITACIÓN, que no es otra cosa que despojar a la mente de pensamientos y desconectar los sentidos con la intención de activar un estado de consciencia superior que faculta al alma para oír, ver y sentir, mediante un elevado mecanismo de percepción, aquello que los sentidos humanos no pueden advertir.

La meditación es una práctica antigua. Es el delicado arte de adentrarnos en la profundidad de nuestra propia naturaleza, observar nuestras emociones, pensamientos y sentimientos, expandir nuestra consciencia y alcanzar una mayor comprensión de nosotros mismos, de nuestro entorno y de todas las cosas.

Cuando meditamos, aunque sea por pocos minutos, elevamos la consciencia y despertamos al ser interno que reside en nosotros, para que nos hable con esa pequeña voz interior que nos da todas las respuestas si permanecemos perceptivos y conscientes de todas las impresiones que pudiéramos recibir. Así es como nuestro propio SER INTERNO o YO INTERIOR transmite a nuestra mente subjetiva las cosas que precisamos saber, algo así como una inmensa biblioteca universal, abundante en información, que nos habla mediante una silenciosa voz que uno puede escuchar si se capacita y predispone para ello. En otras palabras, el corazón perfecciona el intelecto y lo transforma en conocimiento divino. La meditación nos habla en silencio, desde lo más profundo de nosotros mismos, desde nuestro verdadero ser; los ojos de nuestro entendimiento se abren, la inteligencia pura fluye en nosotros, el corazón nos enseña cosas que el intelecto desconoce, la mente alcanza una comprensión perfecta y nos elevamos al nivel de la Sabiduría Divina.

La meditación nos muestra a qué podemos aspirar y, al mismo tiempo, cómo podemos conseguirlo.
Si practicamos la meditación regularmente podemos estar seguros que nuestros problemas serán resueltos de la manera precisa, nuestra vida se convertirá en una experiencia nueva y fresca cada día, nuestra autoconfianza se fortalecerá y una inmensa paz profunda llenará nuestro ser.

La razón por la que entramos en meditación es por que sentimos que dentro de nosotros hay algo luminoso, algo vasto, algo divino que vale la pena sacar. Sentimos el deseo de ponernos en contacto directo con esas cosas positivas y significativamente profundas de nuestro interior, con las que sólo nos conectamos cuando nuestra mente mira hacia adentro.

Cuando meditamos desarrollamos la memoria, la claridad mental, la inteligencia creativa, la intuición, el discernimiento, la elevada percepción sensorial, la revelación, la autodisciplina y un nivel superior de consciencia. La meditación despierta y estimula las facultades del alma, latentes en el ser humano, abre las puertas a nuevas posibilidades de entendimiento y trae armonía y orden natural a la vida humana. Cuando meditamos se abren los depósitos del cuerpo y de la mente y llenamos nuestros vacíos con energías positivas físicas y mentales, aumentamos nuestra habilidad para distinguir la verdad del error, adquirimos conocimiento puro y recibimos respuestas precisas de una manera convincente: encontramos la salida, vemos la solución, y una cierta actitud emocional nos da a conocer que estamos en lo cierto. Nos sentimos interiormente convencidos, nos sentimos contentos y una sensación de felicidad llena de calor nuestro pecho, proporcionando a la mente un sentimiento de alivio, de descanso y de satisfacción.

La meditación estimula y purifica los afectos naturales y los adapta a su uso legítimo. Inspira, desarrolla, cultiva y madura las finas compasiones, gozos, gustos, afinidades, virtudes y afectos de nuestra naturaleza. Fortalece la salud, el vigor, el ánimo y el sentimiento social. Enriquece todas las facultades físicas e intelectuales. En otras palabras acarrea, por así decirlo, refrigerio para los huesos, gozo para el corazón, luz para los ojos, música para los oídos y vida para todo el ser.

La meditación ayuda a reducir el estrés físico, mental y emocional, a controlar la ansiedad, a corregir las emociones negativas, a fortalecer la autoestima y a calmar el espíritu alterado.

La meditación es una práctica personal; es un ejercicio individual, de carácter íntimo y privado. Para meditar no necesitas unirte a ningún grupo filosófico, político o religioso ni pagar cuotas, membresía ni donaciones de ninguna clase. No tienes que sujetarte a horarios ni asistir a reuniones.

Todo está en la mente Si en nuestra vida cotidiana pasáramos más tiempo dedicados a escuchar nuestro subconsciente y a responder a todo lo valioso que produce, los beneficios que se derivarían de eso para nosotros serían asombrosos. Pero para ello tenemos que aprender a escuchar el SILENCIO de nuestra mente. Si no escuchamos, se nos pasarán por alto muchas cosas de valor. Necesitamos cultivar una actitud de creencia en el valor de lo que nos presenta nuestro subconsciente, y estar preparados para actuar basándonos en una total confianza en esa información.
Necesitamos desarrollar el valor del hombre parcialmente ciego que se ve obligado a reaccionar siempre inmediatamente en base a lo que cree ver, a menudo por el bien de su propia supervivencia. Si vacila o se detiene a analizar o a cuestionar las imágenes nebulosas que ha interpretado el instinto, puede correr, en el peor de los casos, un gran riesgo personal.
Al escuchar la voz interior y actuar según sus instrucciones, mejoraremos nuestra eficiencia general, haremos juicios mejores y más decisivos, aumentaremos nuestras relaciones con los demás, experimentaremos con mayor facilidad el logro de nuestros objetivos y ambiciones, y descubriremos una mayor satisfacción y enriquecimiento en cada uno de los aspectos de nuestra vida.

La meditación no es una fuga. Aunque puede mejorar nuestro presente y perfeccionar nuestro futuro, la meditación no es un escape de la realidad, la meditación es el acto de relajar el cuerpo y calmar la mente para crear un silencio introspectivo en busca de paz y satisfacción, de guía y orientación dentro de nosotros mismos. Tú también, deja que tu corazón te guíe . . . ¡APRENDE A MEDITAR!

¿Preguntas? . . . envía un E-mail

Hosted by www.Geocities.ws

1