La Concentración
La concentración es más importante de lo que ordinariamente nos damos cuenta. La concentración correcta es necesaria para la realización armoniosa de muchas de nuestras funciones en la vida.
La concentración es el enfoque de la atención haciendo que nuestra consciencia responda a sólo una clase de impresión, suprimiendo nuestras otras facultades sensoriales externas, es decir, subordinándolas por el momento a la sola facultad sensorial que estamos usando. Por ejemplo, enfocar el sentido auditivo suprimiendo la vista, el gusto, el olfato y el tacto; o enfocar la facultad visual suprimiendo o subordinando las otras cuatro facultades sensoriales: el oído, el gusto, el olfato y el tacto.
Hay una diferencia principal entre la concentración y la contemplación. La diferencia está en el uso de la consciencia. La concentración es un acto voluntario, es primariamente el enfoque de la consciencia o atención sobre aspectos externos, cosas fuera de nosotros, que se perciben por medio de nuestros sentidos objetivos, mientras que la contemplación es un proceso más subjetivo que toma lugar dentro de la mente en sí, y es independiente de los órganos sensoriales externos. Este proceso subjetivo ocurre cuando estamos imaginando, visualizando y hasta en la meditación cuando centramos nuestra atención a las impresiones que se perciben como experiencia meditativa.
Cuando te concentras, enfocas toda tu atención sobre un solo objeto usando una sola facultad sensorial, nada más importa. Cuando meditas desconectas todas tus facultades sensoriales objetivas: vista, oído, olfato, gusto y tacto, nada importa. Cuando contemplas toda tu atención se enfoca en un drama que se desarrolla en tu mente, sin que se involucren las facultades sensoriales objetivas, sólo importa lo que está ocurriendo en tu mente en ese instante.
Cuando te concentras, enfocas toda tu energía en un objeto elegido para descubrir sus misterios. En la concentración te esfuerzas por llevar a tu consciencia el conocimiento del objeto. Cuando meditas, liberas la consciencia de todo esfuerzo y desconectas o subordinas o ignoras todas tus facultades sensitivas objetivas, con lo que asciendes a una consciencia más elevada. En la meditación asciendes de tu limitada consciencia objetiva a un nivel más elevado y más abierto.
Si quieres agudizar tus facultades objetivas, concéntrate. Si quieres liberarte de ti mismo y agudizar tus facultades subjetivas, medita.
Cuando nos concentramos somos como una bala que entra en algo para descubrirlo o para conocerlo mejor, o como un imán que atrae el objeto de la concentración a nosotros. Durante la concentración toda la mente ha de estar enfocada en un objeto o sujeto particular. El paso final de la concentración es descubrir la verdad última escondida en el objeto o sujeto de la concentración.
A través de la concentración nos volvemos unidireccionales, hacia un sólo centro. A través de la meditación expandimos nuestra consciencia en lo vasto, hacia todas direcciones.
Así como nadie puede convertirse en atleta mediante la indolencia o los estados pasivos del cuerpo, nadie puede alcanzar altos niveles de consciencia mediante la indolencia o los estados pasivos de la mente.
La actividad interior de una percepción altamente aumentada, pasa desapercibida para el observador exterior que sólo ve el reposo del cuerpo por que no puede ver la mente veloz y realizadora del que medita.
Los estados alfa y beta de la meditación son la antítesis de los estados atentos de concentración de la mente, esenciales para la evolución del cerebro. Este poder de atención continuada puede cultivarse por esfuerzo voluntario.
El estado mental de un escritor, de un pensador, de un astrónomo o cualquier otro profundamente absorto en su trabajo, no es un estado pasivo, vago o vacío, tal como el representado por las ondas alfa o teta del que medita. El de ellos es un estado de concentración sin esfuerzo, adquirido por la práctica, en el que la mente permanece activamente comprometida todo el tiempo. De ese estado es posible pasar tranquilamente al estado de contemplación.
La mente intensamente concentrada o focalizada en un único objeto es como un pájaro de alas atadas que no puede mover la cabeza. En esa condición él sólo puede ver lo que está directamente delante de sus ojos. No tiene, absolutamente, ninguna posibilidad de hacer su vuelo en círculos cada vez más amplios, hasta el infinito. No es esta concentración intensa lo que produce frutos, sino la abstracción que viene después de ella, poniendo la mente en descanso, en actitud meditativa, hasta recibir las impresiones que serán objeto de nuestra contemplación
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En la práctica de la meditación, el objetivo de la concentración es solamente estimular el reservorio adormecido de energía psíquica para orientarla en determinada dirección o hacia cierto objeto durante la consiguiente abstracción.
Si la intensa concentración fue la focalización de un único punto como pre-condición indispensable para la experiencia meditativa, el intelecto continuará funcionando a fondo durante la abstracción, sin pedirnos permiso y sin nosotros notarlo, para producir entonces la revelación que es natural en esta práctica.
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