La escuela en casa

Los programas escolares americanos están en continua reforma, buscando solventar los grandes problemas del sistema de enseñanza: falta de profesores, violencia en las aulas y bajos resultados en los exámenes estatales. Hasta que lleguen las soluciones, miles de familias han decidido educar a sus hijos en casa.

www.geocities.com/imaginoyo/                                                                                                                                                                  Fernando Martín Pescador

 2001

 

En su primer día de trabajo como presidente, George W. Bush se dedicó a la espinosa tarea de la educación en su país. No le faltaban razones. Un día tras otro, los periódicos americanos no dejan de encontrar nuevos síntomas de la crisis educativa estadounidense. “Es normal,” dice Mike Lee, profesor de secundaria, “este país no necesita invertir en educación porque podemos permitirnos el lujo de importar gente preparada del extranjero.”

Las alternativas a la escuela tradicional se multiplican en Estados Unidos. Todas ellas cuestionan diferentes aspectos de un sistema que se ha impuesto por ley en casi la totalidad del planeta y que, tal vez, necesite ser replanteado. “Hoy en día, el primer objetivo de nuestras escuelas no es la educación,” afirma Bonnie Halpern, madre que educa a su hija en casa, “el primer objetivo es utilizar la escuela como guardería mientras los padres van a trabajar.”

Homeschooling (educar a sus hijos en casa) es una de estas alternativas a la que ya han acudido más de quinientas mil personas en Estados Unidos. La página web de la asociación de Homeschooling en California aclara que es muy difícil establecer un número exacto de niños que están siendo educados en casa: muchos no se registran; otros hacen uso de la organización como complemento a la escuela tradicional; muchos otros padres crean pequeñas escuelas privadas con cinco o seis estudiantes que, dependiendo del estado y de la Oficina de Educación, son incluidas en la modalidad de escuela en casa o no. Así, las estimaciones oscilan entre los 500.000 y los 2.000.000 de estudiantes en el conjunto de todo el país.

Cada experiencia de escuela en casa es diferente, pero en la mayoría de los estados se puede contactar a una asociación que se ocupa de suministrar programaciones y materiales a los padres, además de organizarlos por áreas o barrios para que puedan preparar clases y talleres juntos, a partir de las habilidades de cada uno de los padres. Cada zona tiene una publicación bimensual independiente además de la revista de la organización.

¿Es ilegal no ir a la escuela?

           Las preguntas más frecuentes que se hacen las familias americanas cuando empiezan a plantearse esta modalidad con sus hijos están relacionadas con la legalidad del sistema y con las posibles dificultades que tendrán los muchachos más adelante si deciden ir a la universidad. En otros países, entre los que se incluye España, ha llegado a haber acusaciones a los padres de estos estudiantes de pertenecer a sectas e, incluso, se les ha llevado a tribunales para quitarles la custodia de sus hijos, por privarles de un derecho universal como debería ser el de la enseñanza.

La Asociación para la enseñanza en casa de California no sólo confirma la legalidad de la escuela en casa en Estados Unidos, sino que ayuda a los padres inscritos en  esta agrupación a registrar a sus hijos en la Oficina de Educación para garantizarles que no van a ser discriminados al optar por esta modalidad de enseñanza.

En cuanto a la posibilidad de acceder a la enseñanza superior, la mayoría de las universidades exige que este tipo de estudiantes tomen algún test más que un estudiante que se gradúa en un centro tradicional.

La filosofía de la escuela en casa

           Muchas son las ventajas de aprender en casa: La dedicación exclusiva al estudiante no sólo agiliza el aprendizaje sino que atiende las necesidades personales en cada momento. Se potencia la creatividad de los niños desde el primer día y se les anima constantemente para que desarrollen una gran seguridad en sí mismos. El aprendizaje se basa en el diálogo y en las numerosas lecturas. Los chicos empiezan a leer a temprana edad y devoran un libro tras otro.

           Cuando tenían que describir un día normal en la escuela en casa, la mayoría de los muchachos entrevistados decían que no había un día normal, sino que cada día era diferente. Casi todos coincidían en que lo mejor era no tener que madrugar para ir a la escuela. Un día diseñaban y elaboraban las tarjetas de Navidad; otro cocinaban un plato especial para la familia. Todos los días tienen que leer y hacer algo de matemáticas, con lo que cada uno, y dependiendo de los gustos, abordan primero lo que menos les gusta para quitárselo de encima.

           Las quejas que pueden tener los muchachos que han probado algún curso de la escuela tradicional son la imposibilidad de rehuir una obligación o responsabilidad: Los padres siempre recuerdan, tarde o temprano, que tenían esta o aquella tarea. Esto es así porque la figura de los padres y del profesor son la misma para el estudiante.

           No hay que olvidar que una de las razones por las que muchos padres eligen educar a sus hijos es la inseguridad en las escuelas. Algunos detractores de la escuela en casa critican a los padres de estos estudiantes de proteger en exceso a sus hijos y de criarlos en una burbuja alejada de la realidad. Esto se acentúa cuando los padres no tienen televisión en casa o prohíben su utilización a los muchachos. “La televisión y la escuela sólo inculcan una serie de principios que se basan en la violencia y en los prejuicios raciales, sexuales y sociales,” afirma uno de los padres.

Para una minoría

¿Quién puede educar a sus hijos en casa? Varios son los requisitos: tenemos, primero, la cuestión económica y luego el tiempo y la preparación de los padres para dedicarse a esta tarea. Los estudios indican que la mayoría de los padres que optan por esta alternativa pertenecen a dos grupos bastante diferenciados: por un lado grupos de cristianos conservadores y, por otro, familias liberales modernas que creen en el aprendizaje en libertad. Un sector importante dentro del segundo grupo es el de los libertarios (en inglés, libertarians), que son personas que no creen en la necesidad de un estado.

Los Halpern se lo han tomado como una tarea de aprendizaje en familia. Tienen la casa llena de libros y juegos educativos y se dedican a aprender con ellos junto a su hija. Alicia, de nueve años, no deja de aprender en todo el día. Desde por la mañana, lleva a cabo diferentes proyectos con su madre, con los que se prepara en las diferentes disciplinas. Por las tardes, va a clases de piano con su padre o a la clase de español que toma con otros diez estudiantes de la zona que han decidido estudiar en casa.

Las posibles carencias sociales parecen suplirse con actividades fuera de la escuela. Alicia no deja de relacionarse con gente de su edad: los estudiantes de la escuela en casa se organizan para juntarse dos o tres veces por semana y visitan juntos museos o exposiciones; a veces se van al lago o al bosque más cercano para aprender de naturaleza con uno de los padres; otras veces van al Planetario. Las opciones son ilimitadas. Alicia juega al fútbol dos días por semana y los sábados juega al béisbol en equipos de la ciudad.

La respuesta oficial

Las Oficinas de Educación se mostraron, en un principio, reacias a este tipo de enseñanza, pero en la actualidad, los diferentes estudios admiten que los estudiantes acaban muy bien preparados. Así, especialmente, en los estados de la costa oeste, empiezan a crear puestos de colaboradores oficiales para ayudar a los padres y coordinar actividades conjuntas. Walter Glooschenko es el coordinador oficial del distrito escolar de Anchorage, en Alaska, para la enseñanza en casa de estudiantes con problemas de aprendizaje y afirma que “los estudiantes de esta modalidad aventajan rápidamente a aquellos que participan en las aulas convencionales.”

Los defensores de la educación pública se muestran escépticos ante el fenómeno pero valoran muy positivamente el esfuerzo que hacen los padres para educar a sus hijos a la vez que admiten los buenos resultados. Temen, sin embargo, que esto pueda deteriorar más, si cabe, el sistema de escuelas públicas.

 

 

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