www.geocities.com/imaginoyo/ Fernando Martín Pescador
2001
Cada experiencia de escuela en casa es
diferente, pero en la mayoría de los estados se puede contactar a una asociación
que se ocupa de suministrar programaciones y materiales a los padres, además de
organizarlos por áreas o barrios para que puedan preparar clases y talleres
juntos, a partir de las habilidades de cada uno de los padres. Cada zona tiene
una publicación bimensual independiente además de la revista de la organización.
¿Es ilegal no ir a la escuela?
Las
preguntas más frecuentes que se hacen las familias americanas cuando empiezan a
plantearse esta modalidad con sus hijos están relacionadas con la legalidad del
sistema y con las posibles dificultades que tendrán los muchachos más adelante
si deciden ir a la universidad. En otros países, entre los que se incluye
España, ha llegado a haber acusaciones a los padres de estos estudiantes de
pertenecer a sectas e, incluso, se les ha llevado a tribunales para quitarles
la custodia de sus hijos, por privarles de un derecho universal como debería
ser el de la enseñanza.
La Asociación para la enseñanza en casa
de California no sólo confirma la legalidad de la escuela en casa en Estados
Unidos, sino que ayuda a los padres inscritos en esta agrupación a registrar a sus hijos en la
Oficina de Educación para garantizarles que no van a ser discriminados al optar
por esta modalidad de enseñanza.
En cuanto a la posibilidad de acceder a
la enseñanza superior, la mayoría de las universidades exige que este tipo de
estudiantes tomen algún test más que un estudiante
que se gradúa en un centro tradicional.
La filosofía de la escuela en casa
Muchas
son las ventajas de aprender en casa: La dedicación exclusiva al estudiante no
sólo agiliza el aprendizaje sino que atiende las necesidades personales en cada
momento. Se potencia la creatividad de los niños desde el primer día y se les
anima constantemente para que desarrollen una gran seguridad en sí mismos. El
aprendizaje se basa en el diálogo y en las numerosas lecturas. Los chicos
empiezan a leer a temprana edad y devoran un libro tras otro.
Cuando
tenían que describir un día normal en la escuela en casa, la mayoría de los
muchachos entrevistados decían que no había un día normal, sino que cada día
era diferente. Casi todos coincidían en que lo mejor era no tener que madrugar
para ir a la escuela. Un día diseñaban y elaboraban las tarjetas de Navidad;
otro cocinaban un plato especial para la familia. Todos los días tienen que
leer y hacer algo de matemáticas, con lo que cada uno, y dependiendo de los
gustos, abordan primero lo que menos les gusta para quitárselo de encima.
Las
quejas que pueden tener los muchachos que han probado algún curso de la escuela
tradicional son la imposibilidad de rehuir una obligación o responsabilidad:
Los padres siempre recuerdan, tarde o temprano, que tenían esta o aquella
tarea. Esto es así porque la figura de los padres y del profesor son la misma para el estudiante.
No
hay que olvidar que una de las razones por las que muchos padres eligen educar
a sus hijos es la inseguridad en las escuelas. Algunos detractores de la
escuela en casa critican a los padres de estos estudiantes de proteger en
exceso a sus hijos y de criarlos en una burbuja alejada de la realidad. Esto se
acentúa cuando los padres no tienen televisión en casa o prohíben su utilización
a los muchachos. “La televisión y la escuela sólo inculcan una serie de
principios que se basan en la violencia y en los prejuicios raciales, sexuales
y sociales,” afirma uno de los padres.
Para una minoría
¿Quién puede educar a sus hijos en casa?
Varios son los requisitos: tenemos, primero, la cuestión económica y luego el
tiempo y la preparación de los padres para dedicarse a esta tarea. Los estudios
indican que la mayoría de los padres que optan por esta alternativa pertenecen
a dos grupos bastante diferenciados: por un lado grupos de cristianos
conservadores y, por otro, familias liberales modernas que creen en el
aprendizaje en libertad. Un sector importante dentro del segundo grupo es el de
los libertarios (en inglés, libertarians), que son
personas que no creen en la necesidad de un estado.
Los Halpern se
lo han tomado como una tarea de aprendizaje en familia. Tienen la casa llena de
libros y juegos educativos y se dedican a aprender con ellos junto a su hija.
Alicia, de nueve años, no deja de aprender en todo el día. Desde por la mañana,
lleva a cabo diferentes proyectos con su madre, con los que se prepara en las
diferentes disciplinas. Por las tardes, va a clases de piano con su padre o a
la clase de español que toma con otros diez estudiantes de la zona que han
decidido estudiar en casa.
Las posibles carencias sociales parecen
suplirse con actividades fuera de la escuela. Alicia no deja de relacionarse
con gente de su edad: los estudiantes de la escuela en casa se organizan para
juntarse dos o tres veces por semana y visitan juntos museos o exposiciones; a
veces se van al lago o al bosque más cercano para aprender de naturaleza con
uno de los padres; otras veces van al Planetario. Las opciones son ilimitadas. Alicia
juega al fútbol dos días por semana y los sábados juega al béisbol en equipos
de la ciudad.
La respuesta oficial
Las Oficinas de Educación se mostraron,
en un principio, reacias a este tipo de enseñanza, pero en la actualidad, los
diferentes estudios admiten que los estudiantes acaban muy bien preparados. Así,
especialmente, en los estados de la costa oeste, empiezan a crear puestos de
colaboradores oficiales para ayudar a los padres y coordinar actividades
conjuntas. Walter Glooschenko es el coordinador
oficial del distrito escolar de Anchorage, en Alaska,
para la enseñanza en casa de estudiantes con problemas de aprendizaje y afirma
que “los estudiantes de esta modalidad aventajan rápidamente a aquellos que
participan en las aulas convencionales.”
Los defensores de la educación pública
se muestran escépticos ante el fenómeno pero valoran muy positivamente el
esfuerzo que hacen los padres para educar a sus hijos a la vez que admiten los
buenos resultados. Temen, sin embargo, que esto pueda deteriorar más, si cabe, el
sistema de escuelas públicas.