Demócratas y republicanos
© Fernando Martín Pescador 2008
Es cierto. Hay unos 140
millones de personas que cumplen los requisitos. 140 millones de personas que
nacieron en Estados Unidos, que son mayores de 35 años, que han vivido en Estados Unidos en los
últimos 14 años y que todavía no han servido dos mandatos como presidentes. Pero
tal vez
nos estemos dejando llevar por el optimismo cuando afirmamos que hay 140
millones de candidatos a presidente de los Estados Unidos. Porque las estadísticas y las tendencias
de los americanos a la hora de elegir a su presidente reducen esos 140 millones
a una cifra mucho más pequeña.
Porque los americanos parecen seguir unas pautas a
la hora de elegir a su presidente. De los 43 presidentes que ha habido en
Estados Unidos, ocho nacieron en Virginia, siete en Ohio, cuatro en
Massachussets y cuatro en Nueva York. De los 43
presidentes, todos han sido hombres y todos han sido blancos. Y, desde 1853,
todos los presidentes de los Estados Unidos se empeñan en ser demócratas (13 en
total) o republicanos (19 en total). Y en las elecciones del 2008, puede que se
rompa la tendencia de que todos sean hombres (aunque sólo hay una candidata) o
puede que se rompa la tendencia de que todos sean blancos (aunque sólo hay un
candidato negro). Lo que parece bastante claro es que el presidente será
demócrata o republicano. Y eso hace que la lista de candidatos se reduzca a
menos de veinte (unos ocho candidatos por partido). Porque sí, sí que hay más
candidatos a la presidencia respaldados por otros partidos políticos. Pero
nadie apuesta por ellos un solo centavo.
A parte de George
Washington, el primer presidente y el único que llegó a ser presidente sin
pertenecer a ningún partido, el resto de los presidentes han llegado a su
posición apoyados por un partido mayoritario. Lo máximo que han conseguido
alcanzar los políticos independientes es convertirse en senadores (en la
actualidad un representante de Connecticut y otro de Vermont) o en gobernadores del estado (como el anecdótico Jesse Ventura, antiguo luchador profesional, que consiguió
ser gobernador de Minnesota de 1999 al 2003).
Así que, si cumplimos todos los requisitos y nos
gusta la cara que vemos en el espejo cuando nos levantamos por las mañanas, si
pensamos que esa sonrisa es digna del próximo presidente de los Estados Unidos,
mejor acudimos a la sede de uno de los dos partidos políticos mayoritarios,
demócratas o republicanos, y les hacemos ver que ahí estamos para lo que haga
falta.