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Fernando Martín Pescador
2000
Si la presidencia de los Estados Unidos
viniera decidida por mis amigos, el próximo inquilino de la Casa Blanca sería Ralph Nader. Por fortuna para el
sistema reinante, no tengo tantos amigos.
Ralph Nader,
candidato a presidente de los Estados Unidos por el Partido Verde, tiene
sesenta y seis años y presenta visibles diferencias con sus conciudadanos:
nunca ha estado casado; no tiene coche, teléfono móvil, ni tarjetas de crédito.
Y algo más, que parece imposible en el país del comercio: no parece estar en
venta. Después de denunciar al público
americano la explotación de niños asiáticos por parte de las multinacionales
americanas del calzado deportivo, Nike le ofreció
25.000 dólares por una ironía de ocho palabras en uno de sus anuncios. Cuando
la rechazó se la dieron a Spike Lee.
Nader consiguió fama y dinero a partir de
1965 gracias a sus publicaciones en defensa de los consumidores americanos,
concentrando sus críticas en el descuido con el que General Motors
manufacturaba sus vehículos. En las elecciones de 1996 presentó su candidatura
a la presidencia sin salir de la Washington. En febrero del 2000, sin embargo,
inició sus andanzas como candidato participando mucho más en el juego
electoral. Hasta tal punto que ha sido declarado amenaza pública por parte del New York Times. Se le acusa de
millonario narcisista que no sólo se pone a estorbar en la reñida contienda
entre Bush y Gore, sino que
pone en peligro la victoria de Gore, al robarle los
votos de la izquierda que por tradición le pertenecen. A Nader
no le preocupa. Ha hablado con otros candidatos alternativos en campañas
anteriores y a todos se les ha tachado de lo mismo. La tradición de este tipo
de candidatos tuvo su mayor triunfo a comienzos de los noventa con Ross Perot, que consiguió los
votos necesarios para que su partido Reformista, con Pat
Buchanan como candidato para estas elecciones, consiguiera una buena ayuda
federal para la campaña del 2000. Y eso es lo que parece que busca Nader en esta campaña, el porcentaje de votos suficientes
para que el partido Verde reciba una subvención federal suficiente en las
próximas elecciones. No hay que olvidar que una situación de bipartidismo
similar fue alterada por el partido Laborista de Inglaterra (ahora en el poder)
en los años veinte. Y el voto del descontento, no sólo permite victorias a
nivel municipal, sino que eligió también a Jesse
Ventura, antiguo gladiador de lucha libre, como gobernador de Minnesota.
Por mucho que digan los demócratas
liberales, Ralph Nader, o Pat Buchanan, no se presentan como alternativas a dos ideas
marcadas, la republicana y la demócrata, como explica el New
York Times, sino que aparecen como alternativa a una
sola idea, otra vez el pensamiento único, que nos da a elegir entre Coca Cola o
Pepsi, perteneciendo las dos a las mismas
corporaciones, y siendo subvencionadas por los mismos poderes. Gore y Bush (Bore
y Gush, como bromean en los medios ante las pocas
diferencias que presentan) llevaban exactamente la misma ropa y el mismo
discurso en los tres debates televisivos. Estados Unidos es un sistema
democrático en el que sólo va a las urnas el cuarenta y nueve por ciento de los
votantes; en el que los partidos mayoritarios piden que vayan a votar solamente
los convencidos, en vez de animar a todo el mundo a participar de su derecho
ciudadano; en el que los partidos siguen las técnicas publicitarias más
avanzadas para venderse como un producto más; en el que se atrae a la gente a
los mítines políticos con promesas de refrescos y golosinas. Y ahí aparece Nader cobrando quince dólares para entrar en sus mítines y
llenando pabellones. Esta campaña la tenéis que subvencionar vosotros, dice,
para que salgan las cuentas. Veinte mil personas en Nueva York,
en la tercera semana de octubre. Lleno total en Oakland,
con más de ocho mil personas, llenando el palacio de congresos de la ciudad
impidiéndome el acceso. Y no estamos hablando de un personaje controvertido,
como podía aparecer Perot, o divertido y escandaloso,
como anunciaba Warren Beatty
en su película Bullworth. No, Nader
es un personaje frugal, tranquilo, sin propuestas populistas y tirando a
aburrido. Veinte mil personas en Nueva York y tan sólo
una breve mención en la puerta de atrás del New York Times. La verdad es que la concentración de poder en
tan sólo cuatro grandes corporaciones de medios de comunicación se lo pone
difícil hasta a los dos partidos mayoritarios, que han reducido su presencia en
los medios a tres debates televisivos, porque las corporaciones prefieren
emitir Quién quiere ser millonario,
el programa concurso de moda.
Nader está en contra de la pena de muerte,
del control del estado por las grandes corporaciones y de las fuertes
inversiones en defensa; y anima al ciudadano a participar en la vida política.
Es parte de las obligaciones adquiridas cuando se quiere ser libre. Nader pide que cada ciudadano ayude en una causa pública
con cien horas de su tiempo y cien dólares de su bolsillo al año. No es mucho a
cambio de todo lo que cambiaría el sistema.
A Ralph Nader lo apoya un voto joven universitario, gente
concienciada con el medio ambiente, Susan Sarandon, Dannie Glover, Paul Newman
y Pearl Jam; según las
encuestas, poco más del cuatro por ciento del electorado. Todos sus votantes lo
imaginan en la Casa Blanca, apagando, una a una y personalmente, las luces de
todas las salas antes de irse a dormir.
Para más información en español: www.votenader.org/spanish/