Los Simpsons - La edad de Homer Simpson
La mañana se levanta fresca pero soleada. Se avecina, sin embargo, una tormenta de nieve que acabará bloqueando las carreteras y obligando a nuestros protagonistas a quedarse, una noche más, en ese pueblecito impronunciable (Punxsutawney) de Pennsylvania. Así comienza una y otra vez cada día, el mismo día, de Atrapado en el tiempo. De la misma forma, cada episodio de Los Simpsons comienza con un cielo azul y unas nubes que se abren para dejarnos ver Springfield.
Como en Atrapado en el tiempo, no importa lo que haya sucedido en el episodio anterior: da igual que Homer haya recibido el premio Pulitzer, que Bart haya ganado seis millones de dólares en la lotería, que Marge haya hecho una fortuna con una aventura empresarial o que la casa se les haya hecho cenizas. No importa. Borrón y cuenta nueva. Saldrán las nubes, Bart escribirá su castigo en la pizarra y, poco a poco, la familia Simpson irá regresando a la misma casa de siempre para acabar en frente del televisor. Homer seguirá madrugando para ir a la central nuclear y Marge le seguirá recordando que no tienen un centavo en la cartilla de ahorros.
Los Simpsons fueron creados para girar en torno a Bart, el niño punk. Bart se desliza hacia casa en su monopatín de la misma forma que Pedro Picapiedra se deslizaba por el dinosaurio cuando sonaba la sirena. Bart es el único nombre que Matt Groening inventó para la serie. Bart era un anagrama de BRAT que significa algo así como “mocoso maleducado”. A los demás, Groening los llamó como a los miembros de su familia. Y así comenzaron los Simpson. La mayoría de los episodios de la primera y segunda temporada relataban las aventuras y desventuras de Bart Simpson. Las camisetas, las tazas, los lapiceros, en todos los objetos de merchandising, aparecía el pequeño Bart. Pero se le presentaron dos problemas: para empezar, como en Entrevista con el vampiro, Bart estaba atrapado en el cuerpo de un niño; y encima, no podía competir con un niño prodigio, Homer, su mismísimo padre.
Homer Simpson en México es Homero Simpson. Homero, como el ciego que nos contó la guerra de Troya y el viaje de Ulises. En España, mantuvimos el inglés Homer, el hombre que se queda en casa (home), bebiendo cerveza Duff y comiendo comida grasienta. Porque es la comida, la gula, el único motor capaz de mover el pesado cuerpo de Homer Simpson (en un episodio, llegó a vender su alma al diablo por un donut). Homer Simpson tiene treinta y seis años. Treinta y seis años mal llevados, sin pelo y con una barriga inmensa. Sus únicas inquietudes son pasar la tarde en el bar de Moe e ir a restaurantes de buffet libre.
No esperamos nada de su futuro porque nada nos ofrece su presente y poco podemos encontrar en su pasado: no acabó sus estudios, se casó con Marge de penalti y encontró su puesto de trabajo en la central nuclear de pura casualidad. Y de repente, Homer se hace astronauta, conductor de monorraíl, quitanieves, policía, concejal de medio ambiente, hombre bala, productor de música country… El secreto de Homer es que tiene treinta y seis años desde hace más de quince temporadas. El secreto de Homer es ser un dibujo animado. El secreto de Homer está en ponerse ciego de donuts. Ciego como el Homero que nos contó la guerra de Troya y el viaje de Ulises.
Cada mañana las mismas nubes y el mismo cielo se abren paso en mi pantalla de Windows XP. Parece que hace fresco pero el sol no deja de brillar. Tengo treinta y seis años.