Las primarias
© Fernando Martín Pescador 2008
Las elecciones primarias comenzaron
este año,
como viene sucediendo en las últimas campañas, en Iowa. Asustaron a la senadora Clinton,
que hasta diciembre iba en cabeza de la lista de los candidatos demócratas. Parte de la
culpa la tuvo otra mujer. Oprah Winfrey
decidió
apoyar públicamente
a Obama a finales de diciembre y, desde entonces, el
candidato de Illinois no ha dejado de subir en las encuestas. Como si eso fuera
poco, Hillary acabó tercera. Le adelantó, también, John Edwards, el candidato
apoyado por el Hollywood de izquierdas y por el mismísimo Ralph Nader. Así que eso explica que Hillary apareciera compungida, casi llorando, un día antes de las
primarias de New Hampshire.
Los resultados de las elecciones
primarias de Iowa sorprendieron también a los candidatos republicanos. Romney se las prometía muy felices hasta que fue vapuleado por el predicador Huckabee. David venció a Goliat pues Romney había invertido seis veces
más en
anuncios televisivos en el estado de Iowa que Huckabee.
Pero Huckabee es ocurrente y tiene al señor de su lado. En
verdad, el mensaje religioso de Huckabee ha calado
hondo en la estepa rural de Iowa.
El sistema electoral americano
está
diseñado
para que parezca que todos los estados tienen el mismo peso a la hora de elegir
a su presidente. De ahí las primarias. Los candidatos republicanos compiten
entre sí en
cada uno de los estados y lo mismo hacen los candidatos demócratas entre ellos.
Los votantes también se dividen y los votantes demócratas votan a su
candidato demócrata favorito y los votantes republicanos eligen a su
candidato republicano preferido. Los votantes que no son ni una cosa ni la otra
(llamados independientes) pueden optar por votar en las primarias republicanas
o en las primarias demócratas. Eso en algunos
estados. En otros, los votantes independientes no pueden votar en las
primarias. Como si de un sistema de puntos de supermercado se tratara, los
candidatos pueden canjear el número de votos obtenidos por delegados. El candidato que
llega al congreso federal de su partido con más delegados es elegido
candidato para las elecciones presidenciales.
Pocos americanos entienden
este proceso. Sin embargo, entienden perfectamente los comportamientos de los
candidatos durante las primarias, su actitud ante la victoria y su templanza
ante la derrota. Las elecciones primarias son una larga carrera en la que los
candidatos van forjando su carácter, van estableciendo sus compromisos y van creando sus
fidelidades. A la larga, poco importa el número de votos (la
participación en
las primarias es muy baja). Lo que más importa a los americanos es la constancia y las
estrategias que muestran los diferentes candidatos. Además el proceso gusta. Como en las fórmulas televisivas de Gran Hermano o de Supervivientes, al final, en cada
partido, sólo puede quedar uno.