Las chicas Gilmore - ¿Dónde diablos están todos esos yunques?
Lorelai Gilmore está cenando en casa de sus padres. Si eres un seguidor de la serie, sabes que eso significa que es viernes. A la mesa, Lorelai, sus padres y su hija Rory. Lorelai empezó la serie con treinta y dos años. Rory con dieciséis menos. En las cenas de los Gilmore se habla de los éxitos escolares de Rory, del mal gusto de los vecinos a la hora de poner la decoración navideña o de lo mal que está el servicio. A la madre de Lorelai le gusta despedir a los criados. Siempre que se puede, en las cenas de los Gilmore, Lorelai es víctima de una crítica o de un reproche.
Hoy, sin embargo, Lorelai ha tomado las riendas de la conversación y se ha puesto a hablar de yunques. Su hija la admira. Sus padres piensan que el tema no tiene sentido. ¿Dónde diablos están todos esos yunques?, dice Lorelai. Todo el mundo sabe lo que es un yunque y nadie ha visto uno. Los yunques son tan populares en el conocimiento colectivo que llegaron a ser usados con frecuencia en los dibujos animados como arma arrojadiza. Lo normal es que, si eras un dibujo animado y caías por un precipicio, acabaras aplastado por un yunque. Pregúntale a cualquiera qué es un yunque y todo el mundo lo sabe. Desde los más pequeños. Y nadie ha visto uno. ¿Dónde diablos están todos esos yunques?
Las chicas Gilmore son tan increíbles y tan divertidas como la conversación de los yunques. En Lorelai Gilmore se juntan tal número de paradojas que uno no sabe por dónde empezar. Lorelai se escapó de casa de sus padres cuando tenía dieciséis años y estaba embarazada de Rory. El padre de Rory se marchó a California. Lorelai salió adelante como madre soltera limpiando en un hotel y dieciséis años más tarde empieza una teleserie en la que tiene una casa donde vive con su hija y dirige el hotel en el que empezó limpiando. Le da tiempo para hacer un módulo de gestión de hoteles en la universidad popular y para tomar café en el restaurante de Luke a todas las horas del día. Lorelai no hace deporte y tiene un apetito feroz, que sacia sólo con comida basura. Lorelai ha tenido tiempo de verse todas las películas del mundo y se ha mantenido al día en las modas musicales. Y lo mejor de todo es que Lorelai Gilmore tiene los gustos musicales y cinematográficos de un chico a la vez que se las arregla para estar siempre estupenda como chica y tener el comentario más divertido de la fiesta. Es lo que tiene ser protagonista de una serie.
Lorelai vive en un pueblo y se jacta de ello. Se siente orgullosa de la pequeña comunidad en la que vive. Todo el mundo conoce a todo el mundo, todos se llevan bien y todos aguantan las excentricidades de los demás en las reuniones del consejo del pueblo. Pero muchos de los protagonistas de la serie son urbanitas viviendo felizmente en un pueblo pequeño. A Stars Hollow, el pueblo de Connecticut donde vive Lorelai Gilmore, le pasa un poco lo mismo que a sus habitantes. Es increíble cómo una población con un solo semáforo tiene una vida tan apasionante. Porque en Stars Hollow hay una feria o un evento cultural de alto nivel cada fin de semana. Por tener, Stars Hollow tiene cine forum y músico callejero con cara de Elvis Costello.
Posiblemente, una de las mayores paradojas de todas las teleseries es el dinero. Y Las chicas Gilmore no son una excepción. Muchos de los personajes de las teleseries consiguen siempre ser pobres (buscan así la simpatía de los espectadores) y tener dinero para hacer de todo. Cuando Lorelai quiere montar su propio hotel y no tiene dinero, llega su amigo Luke y le presta toda la pasta que necesita. En la primera temporada, Lorelai tiene que tragarse su orgullo y pedir dinero a sus padres ricos para que Rory pueda ir a un instituto privado. Quiere el dinero como préstamo. Ya se lo devolverá poco a poco. Sus padres se lo prestan gustosos a cambio de que madre e hija vayan a cenar con ellos todos los viernes. En las cenas de los Gilmore se habla de los éxitos escolares de Rory, del mal gusto de los vecinos a la hora de poner la decoración navideña o de lo mal que está el servicio. A veces, Lorelai puede tomar las riendas de la conversación y se pone a hablar de yunques.
A las teleseries se lo perdonamos todo a cambio de una sonrisa. Una sonrisa que normalmente nos arrancan haciéndonos ver que el sistema racional en el que apoyamos nuestros días (nuestras vidas) tiene flecos. Las telecomedias tiran de esos flecos sin llegar a cargarse el sistema. Simplemente nos recuerdan que dos pasos más allá está el precipicio y, al final del precipicio, un río seco donde podemos caer de bruces, primero, para ser aplastados, luego, por una roca, un piano y un clavicordio[1].