Me maravilla la
facilidad con la que una cama puede convertirse en un barco pirata, en una nave
espacial o en una perseguida diligencia. La cama de nuestra historia, sin
embargo, nunca llegó a albergar tan infantiles momentos. Ya desde los primeros
años, tan sólo encubrió los más solitarios vicios del señorito.
Fantasías sexuales que pronto ilustró engatusando, zancadilleando e, incluso,
amordazando a las sirvientas, que, una a una, fueron cayendo en sus manos. Y
como el deseo desbocado sólo lleva a la degeneración y al sadismo, acto seguido
empezó a acoger no sólo al señorito y a su víctima,
sino a grupos que, de reducidos, pasaron a numerosos. Difícil era ya parar esa
agonía hacia el placer; difícil era ya atraer a esa cama a la senda natural. Y
aun vieja, sus muelles sirvieron de fustas al orgasmo y sus sábanas
estrangularon el cuello del éxtasis.
Bed Mutations
It is amazing how easily a bed can be turned into a
pirate vessel, a space rocket or a stagecoach in the run. Mind you, the bed of
our story never harboured such puerile games. From
its very first days, it only hid Dave’s solitary perversions. Sexual fantasies which he soon realized by tricking, tripping and,
even, gagging one after another, all his family’s housemaids. As
unbridled desire only leads to degeneration and sadism, it didn’t take our bed
long to witness not only Dave and his victim, but also groups, which grew in
numbers all the time. It was then too difficult to brake
agony from the cliff of pleasure; it was difficult to bring this bed back to
the right path. Even in its last days, its springs whipped people to orgasm and
its sheets strangled ecstasy at the neck.