Vinimos de la
ciudad. Estaba allí, a punto de morirse. Tosió varias veces y con agresividad.
Era la última persona que había hablado la lengua de nuestros antepasados, la
lengua que debíamos reconstruir para identificarnos ante el poder central. Pero
él estaba allí, a punto de morir. Todos agudizamos los oídos. A partir de sus
últimas palabras y con unas sabias añadiduras reconstruiríamos nuestra lengua
nacional. Estábamos situados, alrededor de la cama del viejo, con el cuaderno
de notas. Sus músculos se tensaron, su boca se abrió desgarradora y con su
último aliento nos dedicó sus últimas palabras: Ag, ag, gaga, ¡ag!...
We came from the city. He was there, dying. He
coughed several times aggressively. He was the last person who had spoken our
ancestors´ language, the language which we had to reconstruct in order to
identify ourselves against the central government. But he was there, dying. All
of us listened carefully. From his last words and some smart additions, we
could reconstruct our national language. We were around the old man’s bed,
ready to jot down everything on our notebooks. His muscles became tense, his
mouth broke open and with his last breath he dedicated his last words to us:
Ag, ah, gaga, ag!…