67.- Homenajes a la Casa de Beneficencia y Maternidad de la Habana (CBM) y a Sor Mercedes.
Hay momentos en la vida de los analistas pol�ticos en que los temas se vuelven tan repetitivos que es conveniente resfrecar la mente del juicio censorial tratanto otros asuntos m�s refrescantes a f�n de no cansar a sus lectores ni hacer aburridos los an�lisis. Por ello he escogido el tema de reconocimiento a una famosa y bien conocida instituci�n
de la �poca republicana de nuestra
MADRE PATRIA, CUBA y a una menos conocida pero igualmente valiosa mujer que hizo honor a la intituci�n a la que pertenec�a, Las Hermanas de la Caridad.

La Casa de Beneficencia y Maternidad de la Habana (CBM) fu� unas de las grandes instituciones ben�ficas que existieron en la Cuba Republicana la cual fu� creada por el Obispo Ger�nimo Vald�s  (si mal no recuerdo) durante el dominio espa�ol en Cuba, para dar alberg�e a ni�os y ni�as pobres y desamparadas. All� se nos cuidaba, se nos disciplinaba y se nos daba una educaci�n o profesi�n, estando situada en un lugar c�ntrico de La Habana, Cuba, en dos manzanas. Las calles de San L�zaro, Belascoa�n y otras dos cuyos nombres no recuerdo la enmarcaban y ten�a por el frente (Norte) el majestuoso Parque Maceo (pegado al malec�n) con le estatua ecuestre , llamando al combate,  de uno de los grandes mambises de nuestras guerras libertadoras: Antonio Maceo y Grajales.  Por el fondo (Sur) se encontraban dos grandes y famosas instituciones: El Fronton Jai-Alai y la f�brica de tabacos Romeo y Julieta. Al costado derecho (al este, mirando hacia el norte) ten�a la calle Belascoa�n y, en ella, uno de los hoteles bien conocidos de la �poca, el Hotel San Luis. Situados en el mismo plano, hacia el oeste, entre otras cosas se encontraba majestuoso  el Colegio de Se�oritas La Inmaculada, donde se impart�an clases a hermosas muchachas de la pudiente Sociedad Habanera.

Aunque decurs� 18 a�os de mi vida (desde los trece meses hasta los 19 a�os) nunca conoc� la historia de la instituci�n pues, por esas cosas raras que suceden, no se ense�aba. Por lo tanto, mis conocimientos sobre ella, que expongo en
este art�culo, se basan en mis propias experiencias vividas en ese largo per�odo de amarguras y dulzuras. En el primer caso porque psicol�gicamente marca a todo ni�o no criado junto a sus familiares y por basarse en una disciplina cuasi militar. Sus dulzuras proven�an de ciertas hermosas y memorables fechas que se celebraban todos los a�os: El D�a de las Madres, el 24 de Diciembre, Los Reyes Magos el ir gratis a los cines: Palace, Alkazar, Radio Cine, Infanta, etc.

La CBM albergaba a alrededor de mil desamparados (unos 800 varones y unas 200 hembras). Los primeros estructuraban 8 compa��as de 52 varones cada una. Las formas que tomaban las hembras las desconozco pues era muy estricta la compartimentaci�n entre ambos sexos. El resto formaban parte de la estructura de la Instituci�n la cual comenzaba con el Departamento llamado de cunas (mayormente beb�s e infantes). Luego se continuaba con el grupo p�rbulos que se compon�a de dos compa��as: una de varones y otro de ni�as de entre 3 � 5 a�os y el cual era dirigido por una monja llamada Sor Adelina. Aqu� comenzaba ya la rigurosa separaci�n sexual y se continuaba con el resto de la estructura en forma paramilitar. .

Siempre hubo en Cuba varios mitos sobre
la CBM basados en la desinformaci�n.. El primero de ellos era que todos los ingresados ten�an que llevar el apellido Vald�s en honor a su fundador. Falso. Solamente aquellos cuyas madres dejaban abandonados sus beb�s en el famoso torno y no eran posteriormente reclamados ostentaban dicho apellido. El torno era una puertecita que daba a la calle Belascoa�n que al abrirla daba lugar a una bandeja donde se colocaba al beb� e, inmediatamente, sonaba un timbre el cual era escuchado por una monja que, constantemente, estaba al acecho de su sonido para recibir a los abandonados beb�s. El otro mito consist�a en creer que la Iglesia Cat�lica era quien reg�a y controlaba la Instituci�n. Falso. La misma ten�a influencia, especialmente con las ni�as, pero su papel era meramente de educaci�n religiosa.

La educaci�n en la Casa de Beneficencia y Maternidad (CBM) era laica como Escuela P�blica que fu� en la Cuba Republicana que, por cierto, ten�a por n�mero 113 en homenaje a nuestro Ap�stol Jos� Mart� el cual llevaba dicho n�mero cuando los colonialistas espa�oles, salvajemente, lo condenaron a trabajos forzosos en las Canteras de San L�zaro siendo �l un menor de edad. Las clases eran obligatorias y comenzaban con el primer grado hasta el octavo grado, teniendo un horario de 8 � l2 de la ma�ana y de l � 3 p. m. en la tarde. Se hacia la jura de la bandera diariamente antes de comenzar las clases las cuales eran impartidas y supervisadas por el Sistema P�blico de Escuelas de nuestra amada Isla. Por lo regular, todos los a�os un peque�o grupo de los internados pod�an asistir a clases de Bachillerato o de Comercio en prestigiosos colegios privados tales como:Baldor, La Salle, Bel�n, Montori, etc., mediante becas y los costos de ropas, libros, etc. eran costeados por la CBM. A m� se me di� una beca para estudiar Comercio en el Colegio Baldor en donde estuve por cuatro a�os. Otros internos recib�an calificaciones en barber�a, m�sica, mec�nicos, zapateros, carpinteros, etc. Es decir, todo el que quisiera y se lo propusiera sal�a de la Instituci�n bastante bien preparado y disciplinado.

El sistema de vida interno era como sigue: a las 6 de la ma�ana sonaba una corneta para levantarse, lavarse la cara y prepararse para aprender y ejecitar marchas hasta las siete en que se iba a desayunar. A las 8 comenzaban las clases hasta las doce del d�a en que, al menos los varones desde la segunda hasta la quinta compa��a ten�amos que rezar el rosario despu�s de lo cual se iba a almorzar para, a la una de la tarde comenzar las clases especiales (canto, dibujo, etc.) hasta las 3 de la tarde. Nos cambi�bamos los overalls por simples trusas para ir al gran terreno que ten�a la instituci�n para jugar todo lo que se quisiera: pelota, balompi�, quimbumbia, a las bolas, etc. etc. Y, los que ejerc�an las profesiones antes mencionadas �bamos a ejercitarnos  y trabajar en las distintas dependencias. Yo, por un tiempo fu� barbero A las 4 p.m. hora en que hab�a que ducharse despu�s de lo cual se hac�a un descanso hasta las seis de la tarde en que tocaba la corneta para bajar la bandera cubana y toda actividad se paralizaba y hab�a que estar de pi� hasta que se bajara, despu�s de lo cual se iba a comer. Luego un respiro hasta las 8 de la noche que, mediante un peque�o rezo, se iba uno a la cama y a las diez de la noche se tocaba de nuevo la corneta para apagar las luces. As� terminaba el d�a. Los s�bados y comingos hab�an ciertas variaciones como, por ejemplo, un grupo (yo era uno de ellos) �bamos al Edificio de la Loter�a, en la Habana Vieja a cantar el sorteo semanal. Los domingos, las consabidas misas y las salidas con los familiares de aquellos que los ten�an y los iban a sacar a pasear y pasarse el domingo juntos. No es posible detallar m�s pues se requer�a demasiado espacio
.

Una vez al a�o se invitaba al p�blico habanero a visitar la CBM para que la conociera f�sicamente. Se entraba por una reja grande y le segu�a una puerta, tambi�n grande. Entrando de Norte hacia el Sur se encontraba uno con el portero, las oficinas de la dirigencia y control de la Instituci�n seguido por la sastrer�a, la zapater�a, el club de la primera compa��a (los mayores), la barber�a, la mec�nica, la carpinter�a, el edificio de la octava y s�ptima compa��as, un terreno grand�simo para juegos de pelota, balompi�, camplo y pista, etc. Se continuaba con un hospital de dos pisos (arriba las hembras y abajo los varones), y ya al tope del Sur y comienzo de la traves�a hac�a el Norte se encontraba una gran reja de hierro que se habr�a en dos partes adem�s de tener dos peque�as para entrada y salida de personas. Inmediatamente, se localizaba el gimnasio, un edificio grande que abrigaba las compa��as: quinta, cuarta, tercera y segunda, las aulas de clases, un patio grande,  el dormitorio de los profesores que cuidaban a esos varones, los ba�os y un club para despu�s de la comida donde se jugaba: domin�, ping-pong, billar y otros juegos de mesa. Hab�a un radio grande y un inmenso televisor ya que la CBM fu� una de las 2 organizaciones que recibieron, por primera vez la entrada de la televisi�n en Cuba y me toc� en suerte ser su operador. El recorrido continuaba hasta los comedores encima de los cuales se encontraba la secci�n de p�rbulos.A continuaci�n el comedor de las hembras y la entrada trasera del edificio de las ni�as. Siguiendo el camino se encontraba uno con la enorme cocina y los grandes espacios de lavar y planchar las ropas. Despu�s el departamento de m�sica, el almac�n de la comida para ya encontrarse con la entrada principal del sitio de las hembras y como saludo final un enorme cuadro pintado del Padre Vald�s.

Ya este homenaje es  algo largo y no quiero dejar pasar el que se merece
Sor Mercedes. Era una mujer baja, gorda, ya bastante arrugada, de origen espa�ol  a la que le encantaba los gatos. Ella recog�a el sobrante de las comidas que dejaban los internados y se las daba a los gatos de los alrededores que acud�an masivamente a comer. Esto le impregnaba un olor no muy agradable  pero, ella impasible continuaba su cotidiana labor cristiana de ser la responsable espiritual de los ingresados de las quinta, cuarta, tercera y segunda compa��as. Ella conduc�a los rezos, ten�a un peque�o cuarto donde cos�a y vend�a dulces a los muchacos.

La raz�n de mi homenaje a
Sor Mercedes es que fu� testigo de sus bondades y generosidades pues ella me llevaba cuando iba a entregar  comidas y un poco de dinero a personas desahuciadas y enfermas fuera de la Instituci�n. Ella tambi�n  se interpuso una vez en una bronca que tuve con un negro fuerte que tra�a una viga de hierro para darme con la misma y yo me enfrent� a �l con un palo de trapear despu�s de yo expulsarlo del club por mala conducta. La monja  se interpuso en el medio entre nosotros dos, sin ning�n miedo, y evit� una gran tragedia.

Esta prestigiosa y famosa instituci�n ben�fica sufri� los embates de la nefasta pol�tica cubana. El primero, lo cometi� el dictador Fulgencio Batista quien llev� a cabo negocios, quiz�s pr�cticos desde el punto de vista comercial por la gran valoraci�n de los terrenos y que tambi�n incluyeron los terrenos del antiguo hospital de Reina Mercedes que se encontraba en 23 y L�nea en el Vedado donde ahora se encuentra la helader�a Copelia.
La CBM la sacaron del lugar en que se encontraba y la trasladaron fuera de la Habana. Luego vino el tirano Fidel Castro y como convirti� a la Isla de Cuba en algo peor que un orfanato pues la pobreza circund� todo el Pa�s, la Instituci�n ya no era necesaria por lo que desapareci� completamente. As� es como la ambici�n humana es capaz de destruir una gran obra creada por la compasi�n del sacerdote Vald�s.

Firmado:   IGNACIO ALVAREZ  (Julio 31, 2002)
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