LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLITICOS CUBANOS DEL TIRANO FIDEL CASTRO!
Momento de la detencion de Raul Rivero en su casa de Centro Habana
POESIA PRESA   (A Raul Rivero de Rafael Ferro Salas)
PINAR DEL R�O - Se lo llevaron preso y no quer�amos creerlo. Nadie lograba imaginar tanta poes�a presa. �l naci� para la poes�a y la poes�a no vino a la vida para estar presa. Lo cierto es que se lo llevaron preso y nadie lo quer�a creer; porque nadie se lo hab�a imaginado nunca en medio de una celda tremendamente peque�a, donde no va a caber jam�s su enorme dimensi�n de hombre bueno.
Sus amigos m�s cercanos, aquellos que hoy son algo menos j�venes que �l, pero siguen cargados de sue�os, le dicen El Gordo. Los menos allegados lo llaman por su nombre: Ra�l.

Ra�l Rivero Casta�eda es su nombre completo. En una gran parte de este mundo donde se hallan los que defienden lo bello han le�do las letras de Ra�l. Hoy esa parte buena del mundo clama por su libertad.

Desde su puesto de periodista independiente cubano al servicio de la verdad, Ra�l Rivero llen� con la m�s limpia transparencia miles de cuartillas que se le�an como gritos de esperanza. Los que lo detuvieron el d�a 20 de marzo van a seguir empe�ados en apagarle la Luz y disfrazarlo de monstruo. Ra�l nunca cometi� un crimen, por eso jam�s estar� conde-nado a quedarse solo. Es de los que llevan luz y la reparten.

Ahora lo condenan a la sombra casi de por vida. Pero los que tienen el poder no van a im-pedir jam�s que Ra�l siga llenando de cosas buenas los amaneceres de esperanzas.
Despu�s de esta larga noche que inevitablemente iremos alejando, un algod�n enorme lle-gar� del horizonte para curar las heridas de estos tiempos duros que vivimos en Cuba. Ser� oda la blancura del amanecer gritado.

"Mi miedo lo administro YO"

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M on�logo del culpable Ra�l Rivero

La Habana -- La letra de la ley sobre la protecci�n de la independencia nacional y la econom�a de Cuba es permite a las autoridades de mi pa�s condenarme por el �nico acto soberano que he realizado desde que tengo uso de raz�n: escribir sin mandato.

El camino que inici� hace unos pocos a�os con la ruptura total con los medios de prensa y cultura del
gobierno me ha ido convirtiendo en un ser humano distinto, alguien que se ha liberado por cuenta pro-pia, alguien que en un entorno amenazado y hostil pudo empezar el viaje hacia la libertad individual. Los miedos, las prisiones, el acoso s�lo han servido para darle m�s valor a esos hallazgos. Han contribuido a que mi devoci�n por la soberan�a del hombre sea ahora un instinto indomable, mucho m�s que una noci�n y una necesidad.

De modo que una disposici�n redactada con la tinta perecedera de las trampas pol�ticas, envuelta en una maniobra chapucera para hacer aparecer a un peque�o grupo de periodistas que trabajamos en Cuba como aliados de narcotraficantes y proxenetas y mercenarios a sueldo de Estados Unidos, me produce s�lo un variado c�ctel de repugnancia.

Los a�os de c�rcel que la ley promete con generosidad, por encima al temor del encierro y el castigo, hay que verlos con consternaci�n. Es presentar a la naci�n cubana como una tribu enquistada en el Caribe, clausurada para la informaci�n y el debate de las ideas, ajena a la evoluci�n y al cambio.

Para el brazo en alto de esta nueva ley, as� como para los insultos de los oscuros funcionarios del perio-dismo oficial, las llamadas amenazadoras a mi casa, para el sobresalto de cada d�a yo tengo --me doy cuenta cuando me quedo solo con mi m�quina-- el regocijo de saberme libre. La certeza de que informar con objetividad y profesionalismo y escribir mi opini�n sobre la sociedad en que vivo no puede ser un delito muy grave.

Me cuesta mucho trabajo sentirme culpable. Es casi como si se me acusara de respirar o se me anunciara una eventual prisi�n por amar a mis hijas, a mi madre, a mi mujer, a mi hermano y a mis amigos. No puedo asumirme como un delincuente por contar con precisi�n el drama de m�s de 300 prisioneros pol�ticos o por informar que se derrumb� un edificio en La Habana Vieja o por publicar una entrevista con un cubano que quiere para su pa�s una sociedad plural y plena de libertad de expresi�n.

Nadie, ninguna ley podr� hacerme asumir una mentalidad de g�ngster o de delincuente porque reporte el arresto de un opositor o d� a conocer los precios de los productos b�sicos de alimentaci�n en Cuba, o redacte una nota donde diga que me parece un desastre que m�s de 20 mil cubanos se vayan cada a�o al exilio, a Estados Unidos, y otros centenares est�n tratando de quedarse en cualquier parte.

Nadie me hace sentir como un criminal, un agente enemigo ni como un ap�trida ni como ninguna de
esas necedades que el gobierno usa para degradar y humillar. Soy s�lo un hombre que escribe. Y escribe en el pa�s donde naci�, y donde nacieron sus bisabuelos.

Texto publicado por el poeta
Ra�l Rivero a ra�z de la promulgaci�n de la Ley 88 en marzo de 1999.
Ra�l Rivero es el asesor de la Sociedad de Periodistas Manuel M�rquez Sterling..

Raul Rivero, periodista y poeta independiente, Agencia Cubapress.

Momento de la detenci�n de Ra�l Rivero en su casa de Centro Habana. Como se ve en la imagen, los
vecinos salieron a la calle a interesarse por lo que suced�a.


                                                                
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