| CAPITULO IX Purga en la Junta Central de Planificaci�n (JUCEPLAN) (Diciembre 27, 1983) Hay un hecho cierto y una verdad absoluta (pese a la cacareada dial�ctica marxista) en los reg�menes totalitarios comunistas: nadie puede compartir y, mucho menos sobresalir, al tirano de turno. Es una ley natural (y los hechos de la historia de estos pa�ses lo confirman) pues s�lo hay un sol en el firmamento (el �l�der�) y los dem�s son meros sat�lites de �l. Esta es la raz�n b�sica del por qu� el Ch� Guevara tuvo que irse de Cuba a morir a Bolivia. Cuando se present� la posibilidad de que, debido a la �detent� entre Oriente y Occidente preconizada por Mosc�, se hubiera podido producir un encuentro entre los l�deres mundiales de los Estados Unidos de Norteam�rica y de la URSS, se di� el caso de que el Presidente de la Uni�n Sovi�tico lo era el Sr. Podgorni y, el Sr. Breznev, el Secretario General del Partido Comunista Sovi�tico que, aunque amo y se�or de todo el Pa�s, no ostentaba el cargo formal de Jefe de Estado y no pod�a reunirse con el Presidente nortaamericano. Esto, por idiosincracia b�sica del r�gimen comunista, basado en la egolatr�a humana, no pod�a ser permitido y se opt� por purgar al Sr. Podgorni, elimin�ndolo, incluso, del Bur� Pol�tico. As� se abrieron las puertas formales para que el Sr. Breznev fuera designado Presidente de la URSS (con la pasiva y total anuencia de la fachada legislativa que funciona en los reg�menes comunistas) y reunirse con su hom�logo norteamericano. Como copia al carb�n, digno de un fiel y absoluto sat�lite, el tirano Fidel Castro expuls� de la Presidencia de Cuba al Dr. Osvaldo Dortic�s Torrado y se design� Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba. Parece que el tirano tuvo la pretensi�n de que el Presidente norteamericano le diera igual tratamiento del que se le brind� al tirano sovi�tica, Leonid Breznev. La no siempre sabia proyecci�n norteamericana les induc�a que era mejor tratar con el amo que no con los lacayos. El Dr. Dortic�s, en ese momento, tuvo mejor suerte que el Sr. Podgorni de no ser totalmente purgado y se le di� el importante cargo de Presidente de la Junta Central de Planificaci�n (JUCEPLAN) bajando, tiempo despu�s, hasta Ministro de Justicia antes de �suicidarse�. Un buen d�a un grupo de funcionarios de la JUCEPLAN decidieron dar una fiesta de despedida a una compa�era de trabajo que hab�a optado por renunciar a su cargo para marcharse del �para�so proletario�. Entre esos funcionarios se encontraban los se�ores Sanguinetti y Eliecer Jhones (estudiantes de la Escuela de Econom�a) que, no creyendo que hab�an cometido ninguna falta grave no se arrepentieron de haber acudido a la despedida. Fueron purgado y asignados a otros empleos de menor categor�a en otras dependencias oficiales lo que llev� al Sr. Sanguinetti, a�os despu�s, a solicitar su salida definitiva de Cuba. Es necesario consignar que estos se�ores eran personas serias, honorables, competentes e inteligentes lo que desmuestra, hasta la saciedad que, en los reg�menes totalitarios comunistas estas cualidades no se aprecian sino la sumisi�n. Pensar es un delito, s�lo cuenta la incondicionalidad. Esta acci�n de purga fu� tomada por el Presidente de la JUCEPLAN, el Dr. Dortic�s quien, tambi�n, expuls� a algunos t�cnicos latinoamericanos que, antes euf�ricamente, llegaron a Cuba a ayudarla como t�cnicos y profesionales que era. Uno de ellos, un chileno llamado Alv�n Lataste, fu� expulsado de la JUCEPLAN y de Cuba por haber hecho un comentario que, aunque totalmente cierto y evidente para todo el mundo, no pod�a expresarse en voz alta. El se�or, conversando con unos �amigos� en un bar se expres� del Dr. Dortic�s como que era un pelele y marioneta del tirano Fidel Castro. Estas expresiones llegaron a o�dos del aludido el cual orden� su purga. Como puede observarse con estos ejemplos y, aqu� reside uno de los fundamentos del sistema comunista, los o�dos de los chivatos pululan por doquier y hace que las personas sean m�s reservadas para hablar y emitir sus opiniones en voz alta. Es por eso que la poblaci�n cubana y, en general, en los pa�ses totalitarios, se adquiere una doble personalidad: una p�blica a favor del sistema y una privada a solas con sus verdaderos pensamientos y sentimientos. |
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