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Pap�, tu no me entiendes.

Estando de visita en casa de un amigo escuch�, desafortunadamente, una discusi�n entre �l y uno de sus dos hijos el cual, al final del altercado le espet�, simple y llanamente, la frase: �Pap�, tu nunca mes has entendido�.  Aquello me produjo un tremendo shock y la frase se me qued� grabada en la mente. Cuando mi amigo me pidi� disculpas por lo ocurrido lo �nico que se me ocurri� decirle fu�: �No te preocupes pues es la t�pica actitud egoista de muchos j�venes en contra de sus padres y madres (los progenitores)�. Mi amigo agreg�: �Y �sto no es lo peor. Ya te contar�.�

Muchas personas tienden  a idealizar a la familia. Uno piensa en lo bello que luce la familia de los D�az-Balart, la familia de los propietarios de las cadenas de muebles El Dorado, con un padre y sus 12 hijos, la familia de los M�s Canosa (antes de morir el cabeza de la misma Jorge M�s Canosa), la familia de Olga Chorens y Tony Alvarez,  la familia Bush,  etc., pero, cuantas amargas realidades pueden existir dentro de ellas que no salen a la luz p�blica. Por supuesto, tambi�n deben existir muchas alegr�as y orgullos.

En el desarrollo intelectual de nuestros descendientes (hijas e hijos) se van produciendo en los progenitores (padres y madres) risas, placeres y j�bilos. Cuando ellos van creciendo desde que nacen, gatean, comienzas a dar los primeros pasos, van al colegio y entran en la etapa terrible que los norteamericanos llaman �teen ages� (trece a�os en adelante) y los de habla hispana llamamos la pubertad (�poca de la vida en que empieza a manifestarse la aptitud para la reproducci�n) comienza un periodo de adquisici�n de una personalidad muy propia que, constantemente, choca con los progenitores.


Tambi�n, durante la pubertad  se van produciendo situaciones muy dolorosas para los progenitores cuando sus descendientes tienden a rechazarlos, a sentirse molestos con ellos, a no querer presentarlos a sus amistades, a no querer salir con ellos. etc. Este proceso puede durar varios a�os hasta que ellos comienzan a recapacitar y a valorar mejor a sus padres y madres y al resto de la familia. Claro, la confrontaci�n no se extingue totalmente y cada vez que existe una discusi�n  vuelve a surgir la frase egoista: �Papa, tu no me entiendes�. As� el padre y la madre cargan con la culpa de haber criado a sus hijos e hijas con amor, cari�o y dedicaci�n pero, en el egoismo de ellos se esconden sus frustraciones diarias que descargan en sus progenitores

La vida no ofrece escuelas ni clases para los padres y madres sino que ella misma les ense�a a base de golpes y porrazos. Toda profesi�n (abogados, psicol�gos, ingenieros, m�dicos, etc.) requiere de estudios y ex�menes, aprobaci�n o desaprobaci�n para poder ejercerlas. Los progenitores, no. Pero, tambi�n es cierto que tampoco existen escuelas  para ser hijos e hijas (los descendientes) para saber como comportarse con sus padres y madres y ellos tienen que aprender a serlos seg�n como las ocasiones y circunstancias se presentan.

La otra cosa que me cont� mi amigo, con mucho m�s profundo dolor que la anterior, fu� que su otro hijo un d�a le dijo que era �gay�,que luce una palabra suave en el marco norteamericano pero que, en la cultura de los pa�ses latinoamericanos de habla hispana  tiene la connotaci�n m�s fuerte y doliente de mari..... Cuando me lo dijo no supe que decirle pero �l continu� dici�ndome que le ha tomado varios a�os  tener que enfrentar esta dura realidad y que, a�n hoy, todav�a no la asimila y que la relaci�n con su hijo es como una �guerra fr�a�.


Le pregunt� de cual fu� la explicaci�n que el muchacho le di� para tal comportamiento pues yo sab�a que su hijo era novio de una bonita muchacha de excelente familia. No me supo explicar pero que un d�a �l le dijo que pod�a ser hereditario o de orden gen�tico, lo cual molest� mucho a mi amigo pues pens� que esa declaraci�n era una indebida justificaci�n para echarle en cara a su padre lo que sab�a que le molestaba. Dem�s est� decir que, a�n con los a�os que han pasado y que mi amigo ha tenido que tragar buches de sangre amarga con esta situaci�n, �l sobrelleva el problema  en aras de no hacerlo m�s frustrante  con el resto de la familia.

Ambos, mi amigo y yo, somos amantes de la psicolog�a y, sobre todo, de las teor�as del considerado padre del psicoan�lisis, Sigmund Freud, del cual hemos le�do algunas cosas.. Yo le expliqu� que pod�a ser la no identificaci�n sexual que se produce en la temprana edad de alrededor de los cinco a�os y que Freud explica en su famosa teor�a del complejo de Edipo. El no estuvo de acuerdo conmigo y atribuy� la actitud de su hijo a un acto de venganza personal debido a las relaciones que, con respecto al muchacho, tuvieron su esposa y �l. Ella m�s condescendiente y permisiva y �l, de caracter m�s duro, siempre en confrontaci�n por  la forma tan complaciente de su compa�era. Por supuesto, el hijo percib�a claramente la diferencia entre ambos.

Yo estoy de acuerdo de que los padres y las madres somos responsables por la educaci�n que le hayamos dado a nuestros hijos e hijas (descendientes) pero, tambi�n creo que no es justo que lo tengamos que llevar a cuesta, toda la vida, como una cruz o carga pesada que implique un complejo de culpa. Hay que darse cuenta que ellos, cuando llegan a la mayor�a de edad, ya son capaces, intelectualmente, de conocer y estudiar que estuvo mal en la educaci�n que le dieron sus progenitores y corregir cualquier defecto pero no esconder sus mediocridades y frustraciones detr�s de cualquier error derivado de su desarrollo.


Recuerdo en Cuba que este tipo de discusi�n yo la ten�a con una sobrina y su padre que era mi hermano. Resulta que sus progenitores se divorciaron y, como una perenne desgracia que existe en la Isla, tuvieron que seguir viviendo dentro de la misma casa en tanto y cuanto encontraran otra  que pudieran permutar con la suya y en cuanto ambos estuvieran de acuerdo en hacerlo. Esto tra�a constantes confrontaciones entre las tres partes y la hija siempre se me quejaba de la crianza que le di� su padre, que era de caracter duro.

Entre explicar a mi hermano del por qu� de sus constantes confrontaciones con su hija y a �sta hacerle entender que ya ella era mayor y con buena educaci�n para comprender las razones del comportamiento de su padre, se me gastaban las palabras pero no lograba que ambos se entendieran entre s�. Claro, es m�s f�cil ser consejero de otros que aplicarse uno mismo las teor�as en que se basan dichos  consejos.

Por cierto, ya que he tenido que mencionar aqu� y en otros art�culos sobre la homosexualidad creo que debo escribir que, si �sta se extiende y se propaga bastante, la Humanidad se pone en peligro de extinci�n pues estas personas no procrean y s�lo pretenden criar hijos de otros para perpetuar sus propias im�genes y hacer m�s grande, con el tiempo, a su grupo. Adem�s, de hecho, se convierten en anticristianos pues una de las obligaciones de los miembros de las iglesias emanadas de Cristo es crecer y multiplicarse  y �sto no lo hacen los homosexuales. Por eso me molesta mucho oir decir a estas personas las siguientes frases: si Dios quiere, si Dios lo permite, gracias a Dios, etc., etc. pues ellos son la mejor contradicci�n y oponentes de las doctrinas cristianas que supuestamente emanan del mismo Dios.  Tomen en cuenta �sto todos aquellos que asisten, aplauden y dejan pasar las acciones repugnantes que publicamente hacen estas personas para vanagloriarse de sus deseos  sexuales (que debieran ser privadas) y echarles en cara a los no homosexuales sus condiciones antisociales y antireligiosas. Por eso, esas paradas de orgullo gay no debieran ser prohijadas ni por las organizaciones p�blicas ni privadas pues afectan a todos, menores  y mayores de edad, pues no son m�s que la r�dicula ostentaci�n sectaria de un grupo con complejos mentales de un querer ser aberrantes. Si quieren enorgullerce de su comportamiento antisocial, que lo hagan en privado, pero no en p�blico.


Firmado:  IGNACIO ALVAREZ  (5 de Noviembre, 2002)
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