�LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLITICOS CUBANOS DEL TIRANO FIDEL CASTRO!

154.- Las hienas del tirano Fidel Castro. �ASESINOS! (Parte II y final)

Antes de continuar con estas cr�nicas debo escribir sobre un tema de moda, el asunto de los peloteros que el tirano Fidel Castro mand� a jugar pelota en la reciente serie mundial. Hay muchos nacidos en Cuba que pululan (gracias al bombo de la loter�a controlado por el regimen castrista, a los enviados en lanchas r�pidas, etc.) en Miami, en la radio y en la televisi�n que quieren confundiar y utilizan el concepto sentimentaloide de cubano para disfrazar que est�n  identificando al tirano como si �l fuera Cuba.  En la Poderosa (programa de las 8 y � de la ma�ana) hay una se�ora que constantemente lo hace. En los noticieros televisivos (canales 23 de Univisi�n  y 51 de Telemundo), el Canal 41, Am�rica TeV� (cubil de los castristas) y otros medios han identificado a los simpatizantes de la tiran�a castristas con Cuba. Veamos: el pelotero Ariel Contreras naci� en Cuba, el Duque Hern�ndez es Cubano. El cantante Silvio Rodr�guez naci� en Cuba, Willy Chirino es Cubano, Radio Mamb� sabe a Cuba , La WQBA no. Los tiranos Fidel y Ra�l Castro nacieron en Cuba pero no son Cubanos. Aruca, Marx Len�n y comparsas nacieron en Cuba pero no son Cubanos. Los esp�as castristas nacieron en la Isla pero no son Cubanos. Maidique (el de la FIU) naci� en Cuba pero no es cubano sino oportunista. Y as� podemos alargar la lista.  Ya en mi escrito anterior expliqu� esta diferencia y continuar� haci�ndolo en mis pr�ximos art�culos en los que escribir� sobre la dicotom�a pol�tica entre los nacidos en Cuba y los verdaderos Cubanos. Ahora seguimos con las cr�nicas del periodista independiente Ra�l Soroa que parece ser Cubano.

CRONICA #4, EL CHINO.- �El hombre no hablaba. Camejo le hab�a dado con todo, y el tipo permanec�a en silencio. No s� si ser�an ideas que yo me hac�a, pero el hombre sonre�a. Se lo llevaron casi a gatas por el pasillo a oscuras, el rostro tapado por una capucha negra, desnudo. Camejo desesperaba, llevaban una semana de interrogatorio y el detenido no dec�a palabra. �Era el �nico capturado del grupo de Polito vinculado al MRR en las Villas. Un delator nos hab�a se�alado el escondite. Eran seis hombres y una mujer. La mujer muri� en la acci�n. Los dem�s fueron ametrallados por orden del comandante Camejo. �Entre Camejo y dos de los soldados que nos acompa�aban desarmaron al contrarrevolucionario, lo condujeron a uno de los cuartos de la vivienda y lo amarraron a una silla con su propio cinto. Ah� comenzaron a golpearlo sin mediar preguntas, por puro odio.  Le comenzaron a dar corriente en las tetillas, en los labios y los o�dos del hombre. �Un teniente de la Seguridad del Estado intent� llevarse consigo al prisionero cosa que Camejo no permiti�. Lo llevaron a una casa en las afueras de la Ciudad. �Era una sucursal del Infierno. Los presos eran sometidos a todo tipo de humillaciones y maltratos. Le daban poca agua para beber. Los azuzaban perros pastores. Durante los primeros d�as ca�an en manos de Camejo y su grupo. Eran sometidos a golpizas, choques el�ctricos, eran humillados. Camejo acostumbraba a obligar a los presos a beber su orina, les embarraba heces fecales, los escup�a, los pon�a a ladrar como perros, etc. Al tercer d�a, si el preso no confesaba,  lo cog�a  El Chino. 

�En el caso que nos ocupa, Camejo se hab�a tomado la cosa como algo personal. Aquel hombre re�a a sus verdugos, y de sus labios apenas escapaba una queja. No sab�amos su nombre, nada de �l, guardaba empecinado silencio. Camejo le hab�a quitado la capucha, el segundo d�a porque el hombre no emit�a sonido. Llevaba una semana interrog�ndolo, al menos quer�a saber su nombre, pero el tipo le miraba con lo que le quedaba de ojos, y sonre�a.  Pero nada, silencio, ni una palabra ni para ofender. A la semana, el comandante Camejo, jefe del Puesto de Mando de Operaciones Especiales, verdugo voluntario y por placer desisti� y cedi� el lugar al especialista, al Chino. Era un hombre viejo, un chino viejo. Su rostro no reflejaba emoci�n alguna. Era fama que quien ca�a en sus manos hablaba a los pocos minutos.

Ese d�a lleg�, se acerc� al preso, lo contempl� unos minutos y luego solicit� que todos se marcharan de la habitaci�n.  Pidi� un ayudante y Camejo me orden� quedarme.  Mir� fijo a los ojos del preso. Pude ver agujas de distintos tama�os, pinzas, bistur�s, unos peque�os martillos y otros artilugios desconocidos. Se los mostr� al hombre. �Tom� una de las agujas y se la introdujo al tipo en una zona del cuello, Despacio, muy lentamente, la aguja fu� hinc�ndose en el cuello. El Chino la hac�a girar.  Unas gotas de sudor aparecieron en el rostro del prisionero, nada m�s, ni un gesto de dolor, nada. El Chino tom� una jeringuilla e inyect� algo al hombre en las venas. Con el bistur� le di� un tajo en una de las rodillas. A los pocos minutos otro bi�n cerca del primero, en la articulaci�n, despu�s bajo el brazo. El hombre no emit�a sonido alguno. Introdujo una aguja, ahora en el hombro, y le di� un corte en la axila, en la otra axila, en la articulaci�n del codo. �Nadie aguanta la tercera aguja�, dijo, y removi� las dos que sobresal�an del cuerpo martirizado. El prisionero le mir� fijo a los ojos y le sonri�. El tipo me mir� con desprecio. S�, hab�a un profundo desd�n en su mirada. Lleg� la tercera aguja, y luego la cuarta. Una en la espalda, otra entre los ojos y m�s cortes de la cuchilla. La sangre y el sudor corr�an juntos por el cuerpo del hombre, que ya no sonre�a, pero tampoco dec�a palabra. El bistur� cortaba con una calculada frecuencia, y el cuerpo del tipo se estremec�a.� A las seis horas de interrogatorio, el Chino recogi� sus instrumentos y se march�. Camejo entr� y di� la orden. �Este no va a hablar, mat�nlo�. Le dieron un tiro en la nuca. Era una hermosa casa en las afueras de Santa Clara, cerca de donde est� el motel Los Caneyes. En ella yacen cientos de hombres y mujeres, casos especiales. No hay testigos, de esa casa nunca se sal�a vivo�.

CRONICA #V, Automutilaciones.- �Tu te empe�as en lo de la UMAP. Compadre, hay cosas m�s interesantes. Puedo hablarte de la Caba�a o de cualquier otra cosa. �Bueno, tienes raz�n, la UMAP fu� mucho con demasiado.---s�, yo corr� casi todos los campamentos�..cuando decidieron acabar con aquello me encargaron una investigaci�n. Esos tipos, los UMAP, eran lacras sociales, lo peor de la sociedad. �S� como t� dices, nada justifica lo que pas�, pero lo que sucede es que miras el problema con los ojos de hoy. En aquellos a�os era diferente.�Claro que lo cre�. No, no era analfabeto. Yo hab�a estudiado en la Universidad hasta que la cerraron. Entonces sub� a la Sierra. Por eso, por estar preparado , fu� que cre�. Estaba convencido de que constru�amos una sociedad superior, que �ramos hombres selectos. Si pasabas por la Rampa encontrabas a esos tipos con sus melenitas, perdiendo el tiempo, escuchando una m�sica decadente, del capitalismo. Ve�as a los maricones, pervertidos, pura escoria. No se podia tener piedad, estaba en juego el futuro. �Uno de los peores campamentos , en mi opini�n, era el de Manga Larga. Ah� los mosquitos eran fieros, anormes, volaban en bandadas negras y se cebaban en los prisioneros.�Se castitigaba a los confinados de diversas formas. Los amarraban a los postes a la entrada de los campamentos, desnudos. Permanec�an largas horas sin beber agua, a sol y luna, acribillados por los mosquitos. Otro castigo era el cepo, que consist�a en un caj�n de madera con el piso de cemento, de medio metro cuadrado, donde met�an al soldado UMAP en cuclillas y lo cerraban con candado. Amarraban a los UMAP en las cercas de alambre de p�as, los enterraban vivos, los met�an en la llamada �perra�, un agujero donde cab�an dos o tres personas.  Los pon�an sentados, desnudos, luego colocaban un saco arriba y les echaban tierra. Les quitaban las comidas,. Las palizas eran habituales, las ofensas, las humillaciones�hundimientos en las letrinas llenas de excrementos, ahogamientos, falsos fusilamientos, flagelaciones con cables el�ctricos torcidos, fracturas de miembros, etc.  Formaban parte del repertorio �educativo� en las UMAP. Para escapar se hac�an automutilaciones. Se cortaban los tendedones de las manos con el machete, se amputaban miembros. Tambi�n abundaban los suicidios. �S�, recuerdo algunos nombres de campamentos: Ant�n, Ceballos, Cunagua, La Cien, Cubitas, Chamba, Gato Prieto, Guayabal, Infierno, Kilo 8, La Tumba, Manga Larga, Purificaci�n, Mola, Tres Golpes. Eran unos 60, aproximadamente, en la Antigua provincia de Camag�ey. M�s o menos 35,000 pasaron por los campamentos. Creo que fueron 720 los muertos. Dur� del 65 al 68. Se orden� guardar absoluto silencio. Fidel mand� a destruir los campamentos y borrar todas las huellas de la barbarie�.

Hasta aqu� la confesi�n tard�a de un VERDUGO, de un ASESINO. Su version, contada al periodista Ra�l Soroa, aunque las cr�nicas est�n escritas como si fueran un libro de novela, es la realidad s�dica y morbosa de como tom� el poder el asesino tirano de Fidel Castro, su hermano asesino Ra�l Castro y toda la camarilla  que a�n es parte del vivir de los cubanos. No. No diga que �sta es historia pasada de m�s de 47 a�os. Estos hechos contin�an. Se los hacen a Martha Beatriz Roque Cabello, al Dr. Oscar El�as Biscet, a la familia Zigler Amaya, a los Ant�nez, al ciego abogado Juan Carlos Gonz�lez Leiva, a los presos plantados, a los 75 de la Primavera Negra del 2003, etc. No, no es una novela como me dijo alguien. Quien no cree �sto no puede creer en el Holocausto Judio, no puede creer en la cruxifixi�n de Jesucristo, no puede creer que existi� Hitler, Mussolini, Stalin, Mao Tse Tung, Kim Il Sung y otros grandes asesinos. Es por eso que no creo en la justicia formal sino en la justicia de los propios pueblos.

FIRMADO :  IGNACIO ALVAREZ  (Marzo 24, 2006)        e-mail: [email protected]
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