�LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLITICOS CUBANOS DEL TIRANO FIDEL CASTRO!

153.- Las hienas del tirano Fidel Castro. �ASESINOS! (Parte I)

Este escrito va dirigido, especialmente, al periodista Carlos Alberto Montaner por su tesis-gritada a voz en cuello en el Programa de Andr�s Oppenheimer- del borr�n y cuenta nueva y de aplicar a  los cr�menes de la tiran�a de Fidel Castro la amnesia del olvido. Tambi�n se lo ofrezco a esos castristas que se est�n plantando en Miami como avanzada de la sucesi�n del asesino vicetirano, Ra�l Castro-con la anuencia c�mplice de los Deptos: de Estado,, de �Justicia� y de �Seguridad� Intern de los Estados Unidos.

Despu�s de este inicio y del final quedan aqu� mis palabras para darle paso a la verdad de la Cuba que sufre la tiran�a castrista, de los que no tienen aires acondicionados, dineros del vivir del dolor de Cuba,  ni clases hip�critas de los castristas universitarios de la Florida International University (FIU) y de la Universidad de Miami (UM), ni Jordanes televisivos del Canal 41, Am�rica TeV�, ni que viajan a Washington a ser traicionados y pagar por dichas traiciones, etc. Ahora las palabras son de una hiena castrista. Se trata de cinco escritos de un periodista independiente cubano llamado Ra�l Soroa quien, a trav�s de Cubanet News, logra dar a conocer, en cinco cr�nicas (hasta ahora) tituladas;
CRONICAS DE UN VERDUGO, el espeluznante testimonio de un ASESINO que NO SE ARREPIENTE de lo que hizo. �Cuanta raz�n ten�a el escritor ingles George Orwell en su libro 1984! Para quien dude de estas  verdades vayan a la fuente mencionada. No es una novela, es la realidad que perdura por m�s de 47 a�os en Cuba.

CRONICA #1, �Yo en el fondo soy un hombre bueno�
.- �Cre�amos hacer lo correcto, est�bamos convencidos entonces.  Nunca hab�a o�do hablar de los Derechos Humanos. Ellos eran el enemigo, pura bazofia, lacras sociales, maricones. Eso�. Se hicieron muchas barbaridades. Yo estuve de jefe en �El Infierno�. Fu� comandante del Ej�rcito Rebelde, combati� en Gir�n y el Escambray. Hoy es CVP de una peque�a empresa, de una talabarter�a estatal. �Hab�a de todo all�. Jehovases, tipos de la dulce vida, maricones. Pura porquer�a. La Revoluci�n echaba pa�lante y a ellos les hab�a cogido la rueda de la historia. Nosotros �ramos la rueda. Dec�an que los llevaban para reeducarlos, pero eso era puro cuento. Nosotros sab�amos bi�n de que se trataba. ��La comida dice usted? �Qui�n iba a gastar comida en esa gente? �Sabe periodista? Hab�an varios as� como t�. No se ofenda. Usted no dura un d�a en esos lugares. Hab�a un escritor, un tipo gordo, fofo, pura manteca. En menos de quince d�as estaba que parec�a un hilo de flaco. El hombre se ve�a desesperado, merodeaba cerca de la cocina por las noches en busca de alguna sobra que botaran  los guardas. Un d�a los cabos UMAP (Unidades Militares de apoyo a la Producci�n-le�se GULAG CASTRISTA- �sto es del periodista Soroa) lo agarraron y le dieron una paliza que por poco lo matan y al d�a siguiente el hombre regres� de nuevo en busca de las sobras. Entonces el teniente Amado se le ocurri� una diversion. Apostaban cu�ntos palos era capaz de soportar el hombre a cambio de un poco de raspa de arroz. Se turnaban los cabos para golpear al tipo. Mientras m�s aguantara m�s raspa le daban. Lo golpeaban por las nalgas con un cuje de guayaba hasta sangrar. La diversion dur� poco. El hombre falleci� al poco tiempo de tifus. �Qu� si era verdad lo del tifus?�

�Las lacras mor�an de tifus, de diarreas, de cualquier cosa. No podia aparecer en las estad�sticas que hab�an muerto de un tiro o de hambre. Este tipo estaba medio muerto y ya hace un rato que no era nada. La diversion se extend�a a lamerle las botas a los cabos y sargentos, a caminar en cuatro patas y ladrar y a cuanta cosa se le ocurr�a al teniente. Un d�a alguien le di� un tiro en la nunca. �Por qu�? Puro aburrimiento, puro berrinche. Nosotros est�bamos tan presos como ellos, a cientos de kil�metros de la familia, entre enormes mosquitos y rodeados de todas esas lacras. �Las jornadas de trabajo? Bueno, eso lo decid�amos nosotros. Pod�an durar 12, 14, 16, lo que nos diera la gana. S�, a veces llev�bamos almuerto al campo. Sopa, claro, sopa de arroz. �Torturar? Bueno, hab�a gente muy imaginativa, y con el aburrimiento, imag�nate lo que es estar d�as y d�as en medio de la nada, lejos de la mujer o de la novia. S�, enterraban hasta el cuello en la tierra, sin agua. Pod�a durar un d�a completo o hasta dos. Los amarraban con alambres de p�as desnudos. Los mosquitos  acaban con ellos.  �Las recuas? �Qui�n te cont� eso? S�, amarr�bamos a los jehovases por el cuello hasta formar una hilera, amarrados uno al otro por el cuello, as� ten�an que ir al campo y a todas partes. �Muertes? Tifus, diarreas, fiebres, hambre, tiros, golpes. En las alambradas quedaron no pocos desesperados que intentaban huir. �Escapar, dices t�? Imposible.�

Pide por favor (dice el periodista Soroa) no mencionar su nombre. Se lo prometo, le doy mi palabra. Pero solo hasta que �sto llegue a su f�n, en cuanto se establezca un regimen democr�tico y libre en Cuba, entonces tendr� que responder ante la ley. No ante m� ni ante nadie, ante la ley. Ser�s juzgado con todas las garant�as que ofrece un estado de derecho, le digo, y el hombre me mira con sorna. Le pregunto si se siente arrepentido. ��Arrepentido?� Pausa. Sus ojos tienen de nuevo ese tono cansado, vencido. �No, entonces cre�amos que era lo correcto�.  F�n de la Cr�nica de un Verdugo, parte I.

CRONICA #2, Mi prisionero favorito.
- Esta cr�nica no la rese�o pues es bastante s�dica. No ofrece informaci�n y s� parece sacada de la obra de George Orwell 1984, especialmente en la parte final en que le d�n un tiro por la nuca al prisionero que se com�a todas las alima�as del mundo animal que merodeaban por su celda.

CRONICA #3,  MUERTE EN LA CARRETERA.-  Hab�amos obtenido una gran Victoria sobre los �bandidos del Escambray�. La banda de Agapito, dispersa por la emboscada que le tendimos cerca de Bocambuilan, fu� aniquilada sin resistencia. Yo mismo le d� muerte a Agapito Capote junto a una ceiba. Le dispar� casi a boca de jarro con el M1. Recuerdo sus ojos fieros llenos de odio. Miraba como si quisiera arrebatarme la vida con la mera fuerza de la mirada. Los prisioneros fueron fusilados en el lugar.. �Festej�bamos la victoria. Ibamos en el jeep tres oficiales del ej�rcito y un miliciano. Compramos ron en una tienda al borde del camino, varias botellas de un alcohol bravo que pronto nos puso alegres. El teniente Sosa alardeaba de su punter�a con la 45, un arma dif�cil que el hombre manejaba a la perfecci�n. �Cada vez est�bamos m�s achispados. El chofer del jeep, un miliciano habanero, trat� de detener la cada vez m�s atrevida competencia pero el teniente Sosa y yo impusimos nuestra autoridad y el hombre prefiri� hacer silencio y atender a la conducci�n del veh�culo. �El teniente Sosa y el capit�n Berm�dez propusieron jugar a la ruleta rusa�. Ya �bamos por la segunda ronda cuando les vimos avanzar por el borde de la carretera. Eran dos muchachos, dos guajiritos. M�s de cerca vimos que se trataba de un ni�o peque�o y una ni�a de unos 8 a 10 a�os. Llevaban una lata colgada por un alambre a un palo que ambos sujetaban por los extremos.  El teniente Sosa apunt� a la lata, y apost� cinco pesos a que hac�a blanco con el jeep en movimiento. Dispar� y fall�. Los ni�os quedaron paralizados un instante por el estruendo del disparo. La ni�a mir� hacia el jeep que se aproximaba a toda velocidad. A�n sosten�an la lata, pude ver su cara de asombro cuando el arma, esta vez en manos del capit�n, hizo fuego. La v� saltar en el aire alcanzada por el terrible impacto de la 45. El jeep no se detuvo.  Vimos una mancha tendida en el suelo, el chispazo de flores rojas de un vestido, unos pies descalzos, la silueta de un ni�o recortarse en el horizonte y un grito que se perdi� en el aire matutino.

�No paramos hasta la ciudad. Nadie dec�a nada. La pistola segu�a en la mano de Berm�dez. Recuerdo el rostro p�lido del miliciano y el silencio. Como oficial de mayor graduaci�n report� el incidente como un ataque de los bandidos. Todo parec�a salir bien, pero pronto la version del ni�o alarm� a la poblaci�n, y un grupo de airados vecinos se acerc� al puesto, exigiendo explicaciones. Logramos acallar las sospechas por unas horas, pero el ni�o era un testigo peligroso, y ordenamos detenerlo para que sirviera de testigo de la nueva fechor�a de los bandidos. A la tarde miles de trinitarios rodearon el puesto exigiendo aclaraci�n de los hechos y justicia. Pedimos refuerzos y una compa��a de soldados vino a custodiar el puesto. �El velorio de la ni�a fu� un acontecimiento memorable. La ciudad estuvo al borde de la rebeli�n, hubo que efectuar algunas detenciones, reforzar las guardias, concentrar varias unidades en el centro y dispersar a los grupos que exig�an se investigara el caso�. ��Y nunca se supo la verdad?� le pregunt�. �S�, mucha gente sospech�, y algunos dieron cr�ditos al testimonio del ni�o, pero todo qued� ah�. Yo fu� traladado primero a la Caba�a, en La Habana y al poco tiempo a Camag�ey, a las UMAP�. �Entonces, �los asesinos quedaron impunes?� �T� eres el primero en conocer la verdad�. Fin de CRONICA #3.

Pienso que desde ahora debemos averiguar quienes son o fueron y donde est�n: el verdugo que le cuenta al periodista Soroa), el teniente Sosa,  el capit�n Berm�dez, el Comandante Camejo, el Chino pues cualquier tipo de justicia popular espera por ellos.  

FIRMADO:   IGNACIO ALVAREZ (Marzo 21, 2006)      e-mail  [email protected]
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