CAPITULO XII

    
El enfrentamiento del tirano Fidel Castro con ciudadanos de Santiago de Cuba
                                                                    
(Marzo 21, 1984)

El capricho del tirano Fidel Castro de imponerle a los ciudadanos cubanos la enorme tarea del �salto al vac�o a lo Mao Tse Tung�, con la meta de producir 10 millones de toneladas de az�car en 1970 cre� una tensi�n tan fuerte en el pueblo que hubieron conatos de rebeli�n en Santiago de Cuba, Provincia de Oriente. Precisamente, de esa regi�n proviene un chiste t�pico cubanos que retrata la emoci�n y el sentir de la ciudadan�a.

Se encuentran reunidos una serie de escogedores de caf� a f�n de seleccionar el grano m�s id�neo para la producci�n y todos repet�an un estribillo que dec�a: �
el Partido no sirve, el negro se queda y el blanco se va�. Para aquellos que no conozcan la idiosincracia del cubano y la naturaleza criminal del r�gimen castrista quiz�s no detecten el significado de esa frase cuyo contenido de rechazo pol�tico e ideol�gico al comunismo era tan evidente para los cubanos. Claro, en esa fecha (1970) el grueso de las personas que se marchaban de Cuba era blancos y alguno que otro negro pero, a partir de 1980, cuando la salida masiva por el Mariel, la cantidad de negros que quer�an salir de la Isla era alarmante.

Casualmente yo me encontraba en Santiago de Cuba, capital de la antigua provincia de Oriente, por la fecha de 1970 de la zafra de los 10 millones y pude apreciar un fuerte descontento popular debido al cierre de todas las tiendas de ropas, peluquer�as, barber�as, cafeter�as, etc. ya que se obligaba a las personas que trabajaban en estos comercios a participar en la zafra azucarera y en la recolecci�n  y recogida del caf�. La escasez de comida, ropa y de las cosas m�s elementales ten�a en tensi�n a la poblaci�n. A todo �sto hay que a�adir que era vox populi en Santiago de Cuba que el representante del Bur� Pol�tico del Partido Comunista en la Provincia de Oriente, el  Comandante Armando Acosta, miembro del Comit� Central del PC, daba fastuosas fiestas y se mencionaba muy en especial la celebraci�n de los 15 a�os de la hija  lo que conmocion� a la ciudadan�a oriental por lo grandiosa y fastuosa que fu�, dando la impresi�n de que el millonario norteamericano Rockefeller se la ofrec�a a su hija.

En esos d�as el tirano Fidel Castro concurre al parque C�spedes de Santiago de Cuba y la ciudadan�a comienza a quejarse, a diestra y siniestra, abrumando al tirano. Este, desesperado, busca una cabeza de turco y nervioso pregunta de qui�n es la culpa de todos los desafueros. Una se�ora, ni corta ni perezosa, le espet�: �T� eres el �nico culpable! La cobard�a del tirano (que, por cierto, de �sto se deb�a hablar m�s. Yo lo he demostrado en un escrito publicado en el peri�dico La Campana y que se encuentra entre mis art�culos en mi website). El s�trapa caribe�o, no habituado a estas acusaciones directas, se marcha inmediatamente del parque al igual que hizo aquella vez que fu� a visitar a los equipos econ�micos de la Universidad de la Habana que �l hab�a creado y que los estudiantes aprovecharon para echarle en cara sus desafueros como due�o del gobierno.

Fu� en esa visita a Santiago de Cuba que el tirano, tambi�n, se entera de que el presidente de los estudiantes de la Universidad de Oriente dice en una reuni�n que los males de Cuba se deb�an a la egolatr�a del tirano Fidel Castro
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La situaci�n en la antigua Provincia de Oriente era tan explosiva que algunos temieron un alzamiento y, para evitar eso, el tirano toma una serie de medidas dr�sticas y urgentes. Bota de la jefatura de la provincia de Oriente al representante del Bur� Pol�tico del PC, el Comandante Armando Acosta y, en su lugar coloca a uno de los �12 ap�stoles�, el Comandante Juan Almeida (el �nico negro dentro del Bur� Pol�tico). Decreta una movilizaci�n perenteria de recursos econ�micos a la regi�n a f�n de calmar los �nimos y otras medidas que le ayudan a capear el temporal. El Comandante Manuel Acosta, a�os despu�s, se le designa como Secretario General de los Comit�s de Defensa de la Revoluci�n (CDR).
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