| CAPITULO V Discrepancias entre el �Ch� Guevara y el tirano Fidel Castro (Septiembre 29, 1983) Antes de ofrecerles el escrito original que aparece en mi libro debo aclarar que, bajo ning�n concepto pretendo justificar ni apreciar al argentino terrorista y mercenario internacional Ernesto �Ch� Guevara. Mi �nico objetivo con este art�culo es exponer experiencias reales percibidas por m�. La Am�rica Latina tiene una historia bastante triste de frustraciones, miserias y demagogias todas las cuales se deben a los dictadores y tiranos. Nuestro Continente adolece, permanentemente, de la ambici�n de los lidercillos demagogos de pasar a formar parte de la historia continental y universal y aqu� se d� la fuente b�sica de los innumerables tiranos que han irrumpido en la escena pol�tica latinoamericana y de los demagogos politiqueros que han �gobernado� m�s para robar que para servir con honradez a sus propios pueblos. Si se hiciera un verdadero y profundo an�lisis cr�tico de la historia latinoamericana es posible que se dificulten los dedos de ambas manos para contar aquellos que habiendo llegado a la cima del poder hicieran gobiernos honrados y de visi�n futura para sus pueblos. Esto, claro est�, si el estudio se encargara a personas de profunda honradez y objetividad que no nublaran sus mentes con sensibleras peque�eces politiqueras pues, en Am�rica Latina se da mucho el �demagogo ilustrado� como el escritor Gabriel Garc�a M�rquez de Colombia. Para Am�rica Latina es dif�cil ahora, despu�s de siglos que van desde su descubrimiento hasta la fecha, lograr un cambio radical para elegir como gobernantes a personas honradas, pragm�ticas, cultas e inteligentes que le ayuden a salir de la postraci�n humillante en que se encuentra y pasar de ser un continente de segundo o tercer orden a uno de primero. Dejar de lado su sentimentalismo postrante que aupa a tantos demagogos y adquirir una conciencia m�s pragm�tica y visionaria le ayudar�a m�s en su desarrollo socio-econ�mico que estar siguiendo a lidercillos que s�lo piensan en el poder para robar. Uno de los defectos de la Am�rica Latina es que todo lo ve y justifica mediante su torpe sensibler�a �nacionalista� que muy bi�n saben explotar los dictadores y politiqueros (preg�ntenle a los mexicanos) para enga�ar a las �masas�. Adquirir un poco del pragmatismo visionario norteamericano (y a �stos les har�a muy bi�n adquirir algo del sentimentalismo latinoamericano a f�n de evitar otra guerra racial) ayudar�a mucho a este continente a salir del marasmo pol�tico en que se encuentra y sacudirse de cu�ntos tiranos y politiqueros pululan por estos lares. Cuba, l�gicamente, como parte de este Continente, no es ajena a los males cong�nitos que a �ste le aquejan. En sus cortos 95 a�os de existencia de vida republicana no ha conocido un per�odo de elevada pol�tica. Entre dictadores, gobiernos corruptos y sometidos al dictado del embajador norteamericano de turno, nepotismos, politiquer�as, etc., ha visto transcurrir su magra historia y ahora, en las postrimer�as del siglo XX sigue a�n bajo el yugo de un poder totalitario marxista-leninista controlado por un tirano igual o peor de los muchas que han crecido, como verdolaga, en esta irrelevante Am�rica Latina. Algunos de los demagogos del Mundo llam� a esta zona del globo terr�queo, El Continente de la Esperanza. Seg�n la historia de Am�rica Latina est� todav�a por ver de a que esperanza se refer�a, pues sus pueblos ven como malos a sus propios dictadores pero como buenos a los dictadores de otros pa�ses y, en especial, al tirano Fidel Castro al que aplauden y apoyan. Dec�a una uruguaya que conoc� en Cuba que el �Ch� era el dirigente favorito de los intelectuales y t�cnicos (especialmente de �stos �ltimos) pues apreciaba su valor y no les exig�a una completa sumisi�n sino que trabajaran bien en sus especialidades para hacer avanzar la econom�a de Cuba. El autor conoci� a un Contador P�blico muy calificado que entr� a formar parte del grupo de asesores del argentino cuando �l era Ministro de Industrias. El se�or contador se negaba a participar en trabajos voluntarios en el campo pues alegaba ser m�s �til haciendo horas extras gratuitas en su oficina que en el monte. En esa �poca el Ch� luchaba porque la mayor�a de los empleados de su Ministerio ganaran el bono de trabajo comunista haciendo trabajos extra-laborales en el campo. Aunque el Ministro no aceptaba lo planteado por el contador nunca tom� represalias en su contra ni le sac� de su cuerpo de asesores. Todo lo contrario hac�a el tirano Fidel Castro que ve�a en los t�cnicos e intelectuales eventuales enemigos y, como dec�a la uruguaya, era el dirigente favorito de �las masas� por su demag�gico hablar y por la religiosidad tejida alrededor de su persona a trav�s del sutil culto a la personalidad. Entre estos dos se�ores, el argentino Guevara y el tirano Fidel Castro, exist�an fuertes contradicciones y, en especial, en lo referente a la pol�tica interna del Pa�s. Mientras al principio de su nefasta tiran�a totalitaria el tirano Fidel Castro era partidario del inter�s material como est�mulo al trabajo, copia sumisa del esquema sovi�tico, el Ch� lo era, eufem�sticamente, del inter�s moral y de la �creaci�n� de una nueva �conciencia proletaria� que impulsara el desarrollo econ�mico de Cuba. No se va a ahondar en las razones y sin razones de cada uno de estos se�ores pues ser�a caer en teor�as escol�sticas que no son a discutir en estas p�ginas. De todas maneras, ambos, el Ch� y el tirano Fidel Castro, en un an�lisis profundo de la cuesti�n estaban equivocados pues discut�an s�lo aspectos formales del hombre y no de la esencia de su mismo ser: la Libertad f�sica y espiritual que necesita todo ser Humano para generar esfuerzos y sacrificios en aras de un ideal racional y no m�stico pues, sea con inter�s material o moral, en los pa�ses comunistas, qui�rase o no, se vive en una prisi�n perpetua y �sto mata todo esp�ritu de creaci�n. Sobre las discrepancias entre el Ch� Guevara y el tirano Fidel Castro existen muchas pruebas y, la m�s fehaciente y mundialmente conocida, pese a que no se ha analizado con profundidad, es la famosa carta que el argentino envi� al tirano cuando �decide� marcharse de Cuba en aras de emprender nuevos caminos errados que lo llevar�an a la muerte y har�an verdad absoluta de que, en el Cielo s�lo un sol puede alumbrar. En la misiva el Ch� especific�, claramente, que estaba de acuerdo totalmente con el tirano en cuando a la pol�tica exterior. Bueno, y respecto a la pol�tica interna, �qu�? �Por qu� esa clara distinci�n? Quiz�s algunos hechos conocidos por el autor ayuden a comprender, s�lo en parte, las razones que tuvo el Ch� Guevara para declarar, p�blicamente, su parcial acuerdo con el tirano cubano. All� por los a�os de 1960 se le extrajo un mill�n de pesos del presupuesto del Ministerio de Industrias (el cual era regenteado por el Ch�) por instrucciones del tirano Fidel Castro. Cuando el argentino indag� del por qu� de esa decisi�n el tirano le contest� que era necesario para construir una escuela de ballet. El Ch�, encolerizado, le dijo de como le iba a sacar ese dinero que era para la construcci�n industrial del Pa�s para hacer una escuela para mari........La discusi�n se fu� caldeando y hubo que devolverle el mill�n de pesos al presupuesto del Ministerio de Industrias y la escuela de ballet hacerla con dinero de otros ministerios. El Ministro de Industria Ch� Guevara estuvo empe�ado en el desarrollo integral de los minerales de lateritas del Norte de la Provincia de Oriente con vistas a obtener: n�quel, cobalto, cromo, hierro, aluminio, etc. Contrat� los servicios de un ingeniero hind� llamado T.K.Roy. qui�n hab�a trabajado en la construcci�n de la planta qu�mica de n�quel de la Moa Bay Co. Se le propuso a �ste t�cnico que hiciera un estudio completo de factibilidad (cuyo costo fu� de un mill�n de d�lares) para el aprovechamiento integral de las lateritas en que se llegara hasta una siderurgia de un mill�n de toneladas de acero. El estudio se hizo y se evalu�, exhaustivamente en Cuba (en los que yo particip� por la Escuela de Economia de la Universidad de la Habana). Pues bi�n, en una de esas t�picas desavenencias entre el Ch� y el tirano Fidel Castro �ste plante� que la siderurgia, por el momento, no se pod�a llevar a cabo. El argentino insisti� que s� que deb�a hacerse pues significaba mucho para el desarrollo industrial del Pa�s. El tirano que no y el Ch� que s� para, en este estira y encoje no ponerse de acuerdo y tener que intervenir el ya fallecido por �suicidio�, el ex-presidente del r�gimen y ex-presidente de la Junta Central de Planificaci�n (JUCEPLAN), Dr. Osvaldo Dortic�s Torrado que, participando en la acalorada discusi�n tuvo que llamar a la calma a ambos contendores. Estas confrontaciones entre �stos �stos dos altos dirigentes de la dictadura castrista eran vox populi en los centros econ�micos del Ministerio de Industrias donde tuve muy frecuentes relaciones con los se�ores Figueras, Gabilondo, Su�stegui, etc. Es necesario hacer notar que despu�s de la muerte del Ch� el tirano Fidel Castro, haciendo gala de su doblez ideol�gica y ante el valor y entereza de su indiscutible rival, retom� por poco tiempo, las tesis idealistas del argentino respecto al inter�s moral y trat� de implantarlas pero todo fu� un fracaso. Al igual que con Camilo Cienfuegos, otro l�der natural, respetado y adorado por las �masas� y que le hac�a sombra al tirano por lo que tuvo que morir, el Ch� se ha convertido en un ser mitol�gico para los cubanos (especialmente para los j�venes) y para el Mundo. No por gusto cuando las sublevaciones estudiantiles y juveniles en Europa y los Estados Unidos, all� por 1968, sus portavoces m�s calificados tomaron al Ch� y a Marcuse como los ide�logos de las protestas. Esto no debe haberle hecho mucha gracia al tirano Fidel Castro el cual no fu� tomado en cuenta por las turbas juveniles y es que hay personas , especialmente los tiranozuelos que, al no morir a tiempo se desgastan, dia a dia y no sirven ni servir�n de estandartes a las inquietudes intelectuales del Hombre. Es una creencia firme en Cuba de que la separaci�n del Ch� del r�gimen castrista y su pasaje a Bolivia se debi� mucho a las presiones de la Uni�n Sovi�tica y sus sat�lites de la Europa Oriental pues el argentino era un severo cr�tico de sus sistemas comunistas y cre�a que el tratamiento de ellos hac�a Cuba no ten�a el car�cter de �hermano ideol�gico�. |
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