| CAPITULO VII La depuraci�n en la Escuela de Econom�a de la Universidad de la Habana (Diciembre 17, 1983) Sucede muchas veces que algunas personas con una profunda f� religiosa en que basan el culto a la personalidad justifican los errores de la pol�tica de un pa�s alegando que el principal dirigente (quien sea el que gobierne) no es culpable por la mala aplicaci�n de sus instrucciones sino los subalternos que hacen y deshacen sin su conocimiento. No se dan cuenta de que si el funcionario sigue en su posici�n, pese a su mal trabajo, se debe a que ha aplicado las instrucciones de su jefe. En los reg�menes totalitarios �sto es m�s claro pues nada esencial escapa al conocicmiento del tirano y es �ste quien manda a actuar para, como Poncio Pilatos, lavarse las manos si la aplicaci�n de sus �rdenes traen problemas de tipo pol�tico o social. La depuraci�n en la Escuela de Econom�a de la Universidad de la Habana en el a�o 1965 fu� ordenada, directamente, por el tirano Fidel Castro, a qui�n se le informaba sobre la marcha de su ejecuci�n. El Sr. Jos� Llanusa, en ese a�o Ministro de Educaci�n, fu� comisionado por el s�trapa cubano para que ejecutara la tarea e hiciera una limpieza inquisistorial de todas aquellas personas que se preocupaban demasiado por el desarrollo de la econom�a cubana. Pero, primero, hagamos un poco de historia. La Escuela de Econom�a de la Universidad de la Habana, de la cual fu� miembro fundador, fu� creada a instancia de Carlos Rafael Rodr�guez, cerebro gris del tirano cubano y conocido portavoz de Mosc�. Comenz� a funcionar en 1962 con unos 600 alumnos y, al final del primer ciclo, en 1967, nos graduamos unas 100 personas. Al inicio su profesorado era pr�cticamente de origen latinoamericano: el mejicano Juan F. Noyola, el argentino N�stor Lavegne, peruanos y un grupo de chilenos. La influencia sovi�tica era m�nima aunque, en dos a�os m�s, creci� bastante. All� por 1964, por orden expresa del tirano Fidel Castro, al director de la Escuela, un un Contador P�blico de apellido Fern�ndez, que amainara sensiblemente la influencia sovi�tica ya que los lineamientos de la misma deb�an ser dados por el Partido Comunista cubano y no por los sovi�ticos. Fu� la �poca de la lucha en contra de los sopor�feros manuales provenientes de Mosc� y que no hac�an m�s que embotar las mentes de los estudiantes. No por gusto hab�a un profesor ruso que impart�a clases de marxismo que siempre iba vestido de negro a dar las clases y los estudiantes lo bautizaron con el nombre de �el cura�. Las lecciones las impart�a en ruso (con un cansino traductor al espa�ol) y eran mon�tonas, �nsipidas y tediosas lo que hac�a que muchos alumnos se quedaran dormidos. En esa �poca Carlos Rafael Rodr�guez di� una conferencia, muy nutrida por cierto pues se dijo que quien iba a disertar era el Ch� Guevara quien, al final asisti� como oyente. El tema versaba sobre la influencia nefasta de los manuales sovi�ticos para conformar mentes estrechas, extremistas y dogm�ticas Entre el p�blico y en la mesa presidencial asist�a un grupo de los profesores rusos de la Escuela. La conferencia fu� muy interesante y cont� con el aplauso y aprobaci�n de los asistentes. Al final, el conferenciante, Carlos Rafael Rodr�guez se dirigi� al argentino Ch� Guevara y le pregunt� si quer�a agregar algo m�s a lo dicho por �l y �ste contest�: �Como dijo Sir Winston Churchill, cuando los enemigos est�n de acuerdo no hay nada m�s que agregar�. Eso de enemigo se refer�a a que Carlos Rafael, camale�n que se adaptaba a las cambiantes situaciones de la neur�tica pol�tica econ�mica cubana, era el portavo calificado del dogma sovi�tico del inter�s material y el argentino el m�stico iluso portavoz del inter�s moral. En 1965 el tirano Fidel Castro decide �unir la teor�a a la pr�ctica� comenzando por la Escuela de Econom�a, creando unos 11 grupos de estudios econ�micos compuestos por estudiantes de econom�a y de contadores. Uno de los grupos, llamado especial, estaba adscripto directamente a la oficina del Primer Ministro (el tirano). Los otros diez abarcaban casi todas las ramas de las ramas econ�micas: ganader�a, pesca, miner�a (al cual yo pertenec�a), turismo, transporte, etc. Un d�a del a�o 1966 el tirano hizo una aparatosa visita al grupo de ganader�a en el edificio que albergaba a los diez equipos econ�micos (si mal no recuerdo estaba en 17 entre M y N en el Vedado) que, por cierto, se comunicaba con otro en que viv�a, lujosamente en el Pent-House, el s�ngoro-consongo de Nicol�s Guill�n, el mal llamado poeta nacional quien, por cierto, le hizo una poes�a al tirano sovi�tico Joseph Stalin, asesino de millones de rusos. Quien a sabienda de �sto a�n admira a este supuesto poeta yo pienso que se hace c�mplice de sus lambizconer�as al oso asesino de Stalin. Y yo tom� unas de sus poes�as mismas para demostrar quien era �l: �Vaya con su ten�a que tener el que tuvo humillaciones del tirano Fidel Castro y, sin embargo, s�lo le di� por inclinar la testa y dar loas, como un �cono cualquiera, tambi�n, al tirano cubano lo que le permiti� lo que quiso tener para subir los pelda�os del placer y de la jerarqu�a. El tirano se present� rodeado de matones guardaespaldas que tomaron por asalto el edificio. Se bloque� la calle y no se permiti� el paso de veh�culos, apost�ndose soldados en cada esquina. Todos los estudiantes trataron de verlo y aprovecharon la ocasi�n para plantearle sus inquietudes respecto a lo mal que se desarrollaba la vida econ�mica en Cuba: la calidad de los f�sforos que estallaban al escenderlos; la dureza de la pata dental: la mala calidad de la comida en el comedor universitario, en f�n �stas eran, entre otras muchas, las interrogantes que se le expusieron al tirano Fidel Castro el cual, abrumado ante tantas verdades mont� en c�lera diciendo que en los equipos econ�micos se encontraban elementos contrarevolucionarios. Mand� a hacer una investigaci�n al Sr. Jos� Llanusa, Ministro de Educaci�n, y le di� instrucciones para que efectuara una rigurosa depuraci�n. El Sr. Llanusa, lo primero que hizo fu� reunir a los integrantes de los diez grupos econ�micos y parlotear de que estaban minados por elementos troskistas por lo que ordenar�a una rigurosa investigaci�n. Esta llabor se le encomend� a un se�or est�pido y lamebota contador p�blico de apellido Fern�ndez-Coss�o (desgraciadamente no recuerdo su nombre) para que ejecutara la depuraci�n. Este se�or, al parecer como premio, lo he visto por televisi�n como portavoz o en alguna funci�n del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. La purga se llev� a cabo conla confabulaci�n de los miembros del Partido Comunista y de la juventud de dicha organizaci�n que pese a estar de acuerdo de que eran necesarios ciertos cambios pol�ticos en Cuba, se plegaron sumisamente a los dictados del tirano Uno de los jefes del grupo depurador lo fu� el Sr. Ren� Infante Matilla el cual era el jefe m�o en el grupo de miner�a y que escond�a si ignorancia en el carnet del Partido. Este se�or me dijo que yo estaba en la lista de los candidatos a la depuraci�n y a ser expulsado de los grupos econ�micos y de la Escuela de Econom�a. La raz�n de mi candidatura a la depuraci�n se deb�a, seg�n me dijo el Sr. Infante, a que a mi me faltaban varias vueltas de tuerca para la �integraci�n revolucionaria�, es decir, la total sumisi�n, ya que yo era muy cr�tico de las cosas malas de la tiran�a castrista y me advirtieron y amenazaron de tomar represalias conmigo siyo continuaba con mis planteamientos cr�ticos. El trabajo de depuraci�n llev� a la expulsi�n de unas diez personas acusadas de troskistas, religiosas, otras por su car�cter y su trabajo y algunas por sus cr�ticas al r�gimen. Una de las personas acusadas de troskista se le aplic� dicha etiqueta por el hecho de haber manifestado las cosas malas que vi� durante un viaje de turismo que efectu� a la URSS. Esta persona, debido a la depuraci�n, intent� suicidarse. Un grupo de miembros de la Juventud Comunista que no estuvieron de acuerdo con la depuraci�n hicieron un intento de protesta que no prosper�. Algunos fueron castigados con la expulsi�n y dos de ellos fueron totalmente separados de los grupos econ�micos y de la Escuela de Econom�a. Pero, la persona que m�s se destac� en las protestas en contra de la depuraci�n fu� un joven achinado llamado Lee, el cual contaba con el apoyo de la Juventud Comunista y de gran parte de los miembros de los grupos econ�micos. El se�or Lee prepar� un discurso para darlo a conocer en la asamblea en que se iban a dar los resultados del proceso purgatorio. En un momento de la reuni�n �ste se�or pidi� la palabra y comenz� a leer lo escrito por �l sobre la necesidad de la existencia de un sindicato en compensaci�n al poder absoluto y omn�modo del Partido. Este eufem�stico pensamiento ten�a la aprobaci�n solemne y silenciosa de la gran mayor�a de los asistentes a la asamblea pero, como la mesa que presid�a la reuni�n ten�a conocimiento de que algo se tramaba se vali� de un bastardo lamebota llamado Francisco Delgado que, en forma hist�rica comenz� a insultar al Sr. Lee y decir que no se deb�a permitir que continuara con la lectura de su documento y que, adem�s, deb�a ser expulsado de la reuni�n y de la Escuela de Economia. Hubo un breve momento de dilaci�n, el Sr. Lee, valientemente, insist�a en continuar leyendo basado en un supuesto derecho democr�tico que los comunistas no reconocen pero, el lacayo Delgado, ya fuera de sus cabales, demandaba con vehemencia de mejor causa, que se expulsara al Sr. Lee.. Ahora, apoyado por el grupo especial del tirano Fidel Castro y, posteriormente, con la anuencia cobarde de todos los asistentes, la Asamblea en pleno acuerda la expulsi�n del disertante Lee. Pero, la cosa no termin� aqu�. Un miembro del equipo especial sale corriendo detr�s del Sr. Lee (ya expulsado de la asamblea) y le arrebata su discurso para entregarlo a la tenebrosa Seguridad del Estado cubana, �mulos de la KGB sovi�tica y del SIM del dictador Batista. El Sr. Lee fu� interrogado por los matones de la Seguridad del Estado y nada pudieron probarle que no fuera que �l aspiraba, id�licamente, a que se pusiera en pr�ctica en Cuba los patrones sovi�ticos que �l, erroneamente, cre�a correctos. Esto suced�a en 1966 cuando a�n el tirano Fidel Castro ten�a algunos grados de maniobrabilidad respecto a Mosc� pues, de haberse producido algunos a�os despu�s le hubiera costado al Sr. Lee una buena cantidad de a�os de prisi�n. Al no poderlo condenar por su atrevido discurso lo llamaron, ipso facto, al Sermicio Militar Obligatorio pag�ndole 7 pesos al mes cuando �l ganaba 200 pesos mensuales. Este proceso de depuraci�n ignominiosa y cobarde, propio de dictaduras totalitarias como la del tirano Fidel Castro, trajo sus frutos para los ejecutores de la misma. Al jefe, comisionado por el Sr. Jos� Llanusa para esa nefasta tarea le fu� obsequiada la vice-rector�a administrativa de la Universidad de la Habana. El Sr. Infante Matilla, subjefe de la depuraci�n, fu� ascendido a importantes cargos administrativos con viajes al exterior que es el sue�o de todos los bur�cratas del r�gimen totalitario comunista para conseguir bienes materiales que compensen la sumisi�n ejercida. Dos de los miembros de la Juventud Comunista que inicialmente apoyaron al Sr. Lee, �arrepentidos� de sus actos, fueron galardonados con sendas plazas en embajadas cubanas. Uno como delegado alterno en un Organismo Internacional en Italia y el otro como representante econ�mico de la embajada de Cuba en el Canad�. Este no fu� el �nico caso de persecuci�n realizada enla Escuela de Econom�a pues ya antes hubieron dos m�s. Los se�ores Su�stegui y Sanguinetti fueron investigados por la Seguridad del Estado a instancias de los jefes de los grupos econ�micos. Al yo tener conocimiento de esos hechos, por ser delegado de aula, se lo comuniqu� a ambas personas para que supieran que eran objeto de persecuci�n. Otro caso fu� el del Sr. Sardi�as quien fu� acusado, junto al Sr. Sanguinetti, en una asamblea de la Escuela de Econom�a de ser contrarrevolucionarios. Les comuniqu� a ellos, que no hab�an asitido a la reuni�n, de lo sucedido. Ambos emplazaron al Sr. Manuel Aguirre Gamboa, delegado estudiantil que le hac�a la acusaci�n, ante el director de la Escuela, Sr. Fern�ndez, para que se retractara p�blicamente, de lo dicho y, el Sr. Aguirre, cobardemente, tuvo que desmentir sus propias palabras. El premio a este Sr. Aguirre fu� mandarlo como �asesor econ�mico� a Chile (�pobres chilenos!) en la �poca de Salvador Allende. |
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