LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLITICOS CUBANOS DEL TIRANO FIDEL CASTRO
Denuncian la situacion por la que atraviesa Victor Rolando Arroyo Carmona.

A las 11 de la ma�ana del jueves 15 de mayo del 2003, recibimos la visita del General Calder�n, Jefe Nacional de C�rceles y Prisones con un s�quito numeroso. Fueron directamente a la celda de castigo #4, donde se encontraba el prisionero de conciencia y miembro de La Comisi�n de Relator�a de Todos Unidos,
V�ctor Rolando Arroyo Carmona y quer�an que �ste se parara en atenci�n. Arroyo quien estaba sentado estudiando se puso de pie y le dijo que �l no era militar. El general visit� a cada uno de los prisioneros de conciencia y nadie se puso en atenci�n.

Cuando se retir� el militar, regres� uno con el grado de Mayor y orden� al patriota Arroyo que recogiera su colch�n, aseo personal y lo acompa�ara. Se lo llevaron para otra �rea de celdas de castigo mucho m�s severas que estas pero que desconocemos el rigor de las mismas.

Hoy 26 de mayo, no lo han reintegrado al grupo y solo supimos que su presi�n arterial La tem�a alta seg�n nos refiri� un oficial el d�a 17.

Estamos atravesando una cr�tica situaci�n en esta Prisi�n Combinado de Guant�namo. Desde el d�a de Las Madres, 11 de mayo, en que nos ubicaron en este aislamiento, no hemos recibido sol hasta el momento de redactar esta nota, d�a 26 de mayo. No hay regularidad con el peri�dico. El agua que es bombeada desde el r�o es imposible de tomar por su contaminaci�n. El mosquito, hay por millones. No tenemos acceso a la televisi�n. Nuestra correspondencia es censurada. La comida mal oliente la mayor parte de los d�as y las visitas cada tres meses. Pero nuestra moral alt�sima y no cederemos ni un mil�metro. Agradecemos todo lo que se ha hecho y se hace por nosotros. Y que aumenten las presiones contra el gobierno de Fidel Castro.

F�lix Navarro Rodr�guez
�rea de Celdas de Castigo del Combinado de Guant�namo.


Esta denuncia fue le�da v�a telef�nica por Sayl� Navarro, hija de F�lix Navarro Rodr�guez en PRIMERA PLANA, Revista Noticiosa de la Poderosa 670 AM, el 28 de mayo del 2003. Grabada y transcrita por el Puente Informativo Cuba Miami el 28 de mayo del 2003.

Victor Rolando Arroyo fue condenado a 26 a�os de privaci�n de libertad.
Es miembro de la Sociedad de Periodistas Manuel M�rquez Sterling.
                                               
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LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLITICOS CUBANOS DEL TIRANO FIDEL CASTRO

Aplican Ley Mordaza retroactivamentea Hector Maseda
Jaime Leygonier, CubaPress. La HABANA, 14 de abril de 2003 -

En el juicio al cient�fico y acad�mico distinguido
H�ctor Fernando Maseda Guti�rrez, de 60 a�os de edad, la fiscal fund� su petici�n de 20 a�os de prisi�n, entre otros hechos, en que Maseda fue uno de los autores de una carta a los inversionistas extranjeros. El acusado aclar� que public� esa carta en 1998 y que la ley 88 fue aprobada en 1999, demostrando con esto que la fiscal erraba al calificar la carta como delito, pues aplicaba la ley 88 con car�cter retroactivo. No obstante, la fiscal ratific� su petici�n de 20 a�os de prisi�n y esa fue la sentencia del tribunal, seg�n informaron familiares de H�ctor Maseda.

La familia del prisionero de conciencia H�ctor Maseda afirma que el abogado defensor, Lic. Alarc�n solo tuvo acceso al expediente de la causa el d�a anterior al juicio, y solamente se entrevist� con su defendido minutos antes de la vista oral. Durante esta, el defensor aleg� que los miembros del Partido Liberal Democr�tico, del cual es vicepresidente Maseda, hab�an solicitado al Ministerio de Justicia la inscripci�n como asociaci�n legal, seg�n prescribe la ley de asociaciones y como el Ministerio de Justicia no di� respuesta negativa, y que las reuniones de dicho Partido pod�an ser consideradas por Maseda y sus participantes, como amparadas legalmente. Aleg� tambi�n que no recib�an �rdenes ni dinero de potencias extranjeras y aunque solicitaron cambios pol�ticos, no incitaban a subvertir el orden, pero el abogado omiti� el importante hecho de que aplicaban de forma retroactiva la ley 88, y fue el propio acusado Maseda, quien tuvo que subsanar la omisi�n, explicando este acto antijur�dico.

Adem�s, mientras los abogados defensores de otros acusados demandaron disminuci�n de las condenas, cambio a prisi�n domiciliaria y hasta la absoluci�n, el defensor de Maseda no concret� propuesta alguna y se limit� a solicitar que la condena no fuera tan severa. En el recurso de apelaci�n de la sentencia, una abogada alega este aspecto de la aplicaci�n retroactiva de la ley y que a los mayores de 60 a�os de edad le es disminuido por ley, un tercio de la condena.

"Siempre fui, soy y seguir� siendo un liberal"
Hector Maseda, vicepresidente del Partido Liberal
Democr�tico de Cuba, y periodista independiente
del Grupo Decoro


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Testimonio de Yolanda Huerga Cede�o, esposa del poeta y periodista independiente Manuel V�zquez Portal

LA HABANA, abril - Cuando el 19 de marzo de 2003, entre las 5:30 y 5:45 de la tarde abr� la puerta de mi casa a la polic�a pol�tica, supe que mi familia iba a ser cercenada y mi hijito de 9 a�os condenado a sufrir vejaciones. Esa tarde ser� inolvidable para nosotros, y sobre todo para nuestro hijo. Mi esposo, Manuel V�zquez Portal, y yo est�bamos en el cuarto conversando cuando llamaron a la puerta. No fueron toques fuertes, m�s bien mesurados, lo que se contradice con el despliegue polic�aco que hicieron al llegar al edificio los agentes de la Seguridad del Estado, seg�n me contaron los vecinos.

Muchos de ellos me comentaron que parec�a que iban a capturar a Bin Laden: tres carros, dos motos. Catorce hombres subieron a mi apartamento con c�maras fotogr�ficas, de video y otros artefactos propios e impropios de lo que se propon�an realizar, todos vestidos de civil.

El responsable del "operativo" me meti� un papel por los ojos y termin� de empujar la puerta que yo s�lo hab�a abierto a medias. Me siguieron hasta el cuarto donde estaba Manuel y le mostraron la orden de registro. A partir de ese momento se dividieron en cuatro bandos, uno con Manuel en la habitaci�n donde escrib�a, otro conmigo en el otro dormitorio, un grupo estaba en la sala con el jefe, quien se sent� a nuestra mesa a recopilar las "evidencias" y un �ltimo bando que entraba y sal�a de la casa sin cesar. Abajo hab�a otro grupo m�s, en los alrededores del edificio, pero entonces yo no lo sab�a.

El ni�o estaba en ese momento en casa de un vecino y le ped� al "jefe" que me permitiera salir a decirle a �ste que retuviera lo m�s posible al ni�o para que no estuviera presente en nuestra casa durante el registro. Ellos accedieron, recalcando que no eran monstruos y que no deseaban hacer da�o a un ni�o. Me dejaron salir sin el carnet de identidad y as� pude avisar a alguien quien se encarg� de divulgar la noticia. Revisaban minuciosamente, con verdadera habilidad, mueble por mueble, gaveta por gaveta; hojeaban los libros, escudri�aban entre la ropa, le�an los papeles, miraban las fotograf�as y hasta opinaron sobre la fotograf�a de la cubierta del libro de Alexis D�az Pimienta "Prisionero del agua".

Nuestro hijo lleg� por fin al cabo de cuatro horas, pues el vecino no pudo entretenerlo m�s tiempo. El ni�o miraba con ojos aterrorizados lo que estaba pasando en su casa, no entend�a y preguntaba qu� hac�an esos hombres. Manuel y yo trat�bamos de consolarlo y de darle alguna explicaci�n. Se acurruc� en los brazos de su padre temblando como una hoja. Cuando vio los pasaportes le pregunt� a Manuel "Pap�, �y eso?" Y �ste le respondi�: "Esos son los pasaportes que ya no podremos usar".

Alrededor de las 10 de la noche terminaron de husmear en nuestro hogar y se llevaron a Manuel. Al despedirse el ni�o le pregunt� d�nde iba. "Voy a dar una vuelta con estos se�ores, cuida mucho a mam� y p�rtate bien que volver�". Ya se iba con su bolsa de aseo para que supi�ramos que ser�a un largo paseo. D�as despu�s mi hijo me dec�a: "Definitivamente deb� irme con mi pap� para que volviera m�s r�pido".

Yo me qued� desgarrada, pero no llor�. Estaba como aturdida, como si hubiera perdido la ca-pacidad de razonar. Todav�a no era el tiempo de pensar en nuestros sue�os rotos, en mi hombre preso en una celda, en la mirada triste del ni�o. No era el tiempo de saber, como el poeta, que "a este tiempo llamar�n antiguo", y que un d�a no muy lejano podremos estar de nuevo unidos los tres jugando a la dama en peligro y mi hijo me rescata montado en la espalda de su padre. S� que Dios nos juntar� nuevamente, pero entretanto debemos transitar un camino que dejar� cicatrices profundas en nuestras vidas.

Unos buenos amigos vinieron a mi casa esa noche, trataron de consolarme y luego me dejaron con mi ni�o dormido entre los brazos.

Al otro d�a comenz�bamos, la hermana de Manuel y yo, el peregrinaje de un lado a otro, que hace un mes iniciamos las esposas y familiares de los opositores y periodistas independientes presos.

Primero Villa Marista, la sede de la polic�a pol�tica en La Habana, donde no permiten pararse ni en la acerca de enfrente, te revisan la cartera antes de entrar al edificio. Luego por alguna raz�n que desconocemos, ya dentro del local, nos pasaron un aparatico por el cuerpo, supongo un detector de metales. Luego nos atendi� un oficial, quien nos dijo que mi esposo estaba sujeto a proceso de instrucci�n y a lo mejor para el pr�ximo mi�rcoles (en una semana) ver�amos al instructor. Esto no sucedi� hasta despu�s de celebrarse el juicio en que Manuel fue sentenciado a 18 a�os de prisi�n.

Durante cuatro mi�rcoles hemos esperado 2 � 3 horas en la antesala de la Seguridad del Estado, los 10 minutos que nos conceder�a, seg�n su estado de �nimo, el oficial encargado de atendernos. La primera visita fue de s�lo 5 minutos a pesar de explicarles que al otro d�a deb�amos dar respuesta, Manuel y yo de si se le realizaba a nuestro hijo una oper-aci�n quir�rgica muy delicada.

El viernes 28 de abril nos citaron a Villa Marista. All�, despu�s del mediod�a, nos atendi�, a mis cu�adas y a m�, un coronel que no se present�, pero nos dijo que deb�amos nombrar un abogado, pues Manuel ser�a encausado. Al indagar sobre el delito me respondi�: "ser� juzgado por la Ley 88". Yo insist� "�pero qu� art�culos" "No se preocupe, ya se lo dir� el abogado", ripost�.

Durante el fin de semana, correteamos La Habana, mi cu�ada Xiomara y yo y, por fin, el lunes 31 pudimos hacer el contrato con la abogada Amelia Rodr�guez, del bufete colectivo de Carlos III. Al otro d�a, martes 1 de abril, por la tarde me llam� Xiomara a mi casa en Alamar para decirme que la abogada hab�a sufrido, de pronto, una hipertensi�n arterial y hab�a renunciado al caso.
Desesperada, busqu� un tel�fono para llamar a alguien que me orientara, fui a ver a una vecina y se neg� rotunda-mente a prestarme el tel�fono. Ten�a miedo.

El mi�rcoles 2 el bufete colectivo pas� el caso a otro abogado, Antonio Lorenzo Hern�ndez, quien, seg�n �l mismo nos manifest�, atend�a asuntos laborales, y a las 5 de la tarde de ese d�a nos encontramos con el futuro defensor de mi esposo. Le pregunt� al abogado si �l podr�a ver el jueves a Manuel, pues ya sab�amos que el juicio ser�a el viernes 4. Me respondi� que no, pues ten�a otra vista, pero que seguramente lo ver�a momentos antes del juicio. As� mismo fue, momentos antes del comienzo de la vista, pudo presentarse a Manuel.

As� llegamos al 4 de abril de 2003, fecha en que Manuel y otros tres acusados fueron juzgados. Ese d�a Xiomara y yo nos levantamos muy temprano y alrededor de las 6:30 A.M. llegamos al tribunal de 100 y 33, donde se celebrar�a la vista. En la calle de entrada al edificio hab�a un carro patrullero. Nosotras cogimos por la acera de enfrente y, encomend�ndonos s�lo a Dios, entramos hasta el portal del Tribunal. Ya hab�a, a esa hora, muchos hombres vestidos de civil pero con walkie-talkies. Despu�s fueron llegando m�s polic�as, oficiales del MININT y algunos que supuse ser�an agentes de la Seguridad. Tambi�n lleg� un teniente coronel, que me pareci� que era el que daba las �rdenes afuera.
Desde donde est�bamos sentadas se ve�a, en el paseo de la calle 100, a un grupo de personas que supongo era el resto de los familiares de los acusados. Recuerdo que uno de los oficiales le pregunt� a otro qui�nes �ramos nosotras y el aludido respondi� bajando la voz: "familiares". Me di� la impresi�n de que no est�bamos en el lugar adecuado.

Sentadas desde nuestro banco en el p�rtico del Tribunal, vimos traer a los prisioneros, cada uno en un carro de polic�a custodiado por dos guardias y el chofer. Ven�an esposados como criminales de alta peligrosidad. Desde all� pude enviar un beso a Manuel que me respondi� con una sonrisa.\

El juicio deb�a comenzar a las 8:30 A.M. pero debido a que los abogados llegaron atrasados (�estos camellos!) empez� mucho m�s tarde. A la sala donde se celebr�, nos entraron primero a los familiares, madres, esposas, hijos, hermanas y hermanos y despu�s llegaron unos grupos de personas que no conoc�amos y se llenaron los bancos. Yo me alarm� porque sab�a que otras dos hermanas de Manuel ven�an en camino desde Mor�n para presenciar el juicio y sal� a decirle al aco-modador de las personas de la sala que faltaban dos familiares de mi esposo. Primero interpel� a un joven alto con walkie-talkie, me mir� con cara de pocos amigos y me pregunt�: "�Pero ellas est�n en la lista?" Yo me sorprend� y le pregunt� a mi vez: "�Qu� lista?" Entonces no me respondi� y me indic�: "Vaya a ver a ese compa�ero". Es decir, al acomodador. Fui diligente a �ste y le expliqu� lo que quer�a y me tranquiliz� dici�ndome que no habr�a problemas con mis cu�adas. As� fue.

Con la entrada de los abogados comenz� el juicio. En el caso particular de Manuel, yo sal� esperanzad�sima del juicio, me sent�a orgullosa por su valent�a y firmeza, pues no se dej� amedrentar por el fiscal. El instructor, teniente coronel Roberto, al igual que el fiscal dijo que eran ap�tridas, serviles, etc., pero a mi modo de ver no parec�a que tuviera tantas "evidencias", porque hasta el agente Miguel
(cr�a cuervos que te sacar�n los Orrios) no hab�a podido aportar mucho. Eso era lo que pensaba yo, 40 a�os oyendo hablar de justicia me dieron esa falsa esperanza all� en el fondo de mi subconsciente. Me qued� de una pieza cuando tres d�as m�s tarde en el Tribunal Provincial, despu�s de una larga espera, me entregaron la sentencia de 18 a�os de prisi�n para Manuel.

Todo este tiempo hemos vivido en un marasmo de gestiones infructuosas. Nosotras, las esposas, nos juntamos como ovejas para hablar de nuestros maridos, andamos en peque�os grupos para defendernos del terror, dudamos de todo y de todos pero una fuerza m�s poderosa que nosotras mismas nos empuja y nos alienta a seguir adelante, a pesar del miedo; una fuerza que no pueden encarcelar: el amor. Pasamos largas horas esperando en la recepci�n de Villa Marista, largas horas en los bufetes, en el tribunal, y horas tambi�n largas consol�ndonos unas a otras, asegur�ndonos que suceder� un milagro y pronto estaremos de nuevo abrazando a nuestros esposos, cont�ndole que fue tambi�n la nuestra una horrible pesadilla y ya abrigadas por sus brazos de hombres grandes aliviar tanto dolor y rabia.

Unos d�as despu�s de la detenci�n de su padre, el ni�o se ech� a llorar de repente, lo calm� como pude y le dije: �Qu� es lo que te dijo siempre mam� de pap�? �Por qu� debes estar orgulloso? Y �l me contest� con la voz quebrada y muy bajito, bajito me dijo: "Porque es un h�roe".

Hab�a llegado el momento que tanto tem� a lo largo de 9 a�os. Despu�s que Manuel dej� la prensa oficial y comenz� a desempe�arse como periodista independiente yo viv�a en una continua zozobra. Cada vez que tocaban a la puerta, pensaba que ser�an agentes de la Seguridad para amenazarlo con la c�rcel; si Manuel demoraba algo m�s de lo acostumbrado para regresar a casa, yo sufr�a.
Cuando, por las ma�anas, marchaba a hacer su trabajo, lo desped�a con un beso y lo segu�a con la vista pensando que mis ojos podr�an protegerlo y defenderlo de los que lo acechaban.

Pero lo m�s doloroso era la contradicci�n en la formaci�n del ni�o. Por un lado la escuela, donde como a todos lo atosigaban con consignas pol�ticas que, afortunadamente, no entienden a derechas. Por otro lado, su padre luchando con la palabra escrita para mejorar la sociedad en que vivimos.
La maestra del ni�o me cont� que algunas maestras hab�an expresado la duda de si el ni�o estaba imbuido de las ideas de su padre, lo cual ella neg�. Me alegro por esa maestra comunista que me lo protegi� lo que pudo contra la perfidia de otros.

Otra vez, un vecino le dijo a mi ni�ito: tu pap� escribe contra Cuba. Gabriel no quer�a bajar a jugar, estaba apenado. Yo le dije: "Tu pap� no escribe contra Cuba, escribe contra el gobierno de Fidel Castro, d�selo as�". Y mi hijo me respondi�: "Mam�, decir eso es peor". Esto nunca se lo cont� a Manuel.

Ante mis continuos ruegos, Manuel decidi� solicitar refugio pol�tico en los E.U., el cual le fue concedido el 24 de octubre de 2000, pero el 28 de noviembre de ese mismo a�o nos lleg� a nuestro hijo y a m� el permiso de salida de Cuba, no as� el de Manuel, que le fue retenido hasta el 18 de octubre de 2002 cuando los vuelos de refugiados estaban suspendidos. As�, esperando, nos sor-prendi� este golpe esa tarde del 19 de marzo de 2003.

"Toma, toma mis libros: yo tengo m�s en mi cabeza"
Manuel Vazquez Portal, Periodista y poeta independiente. Grupo Decoro
       
                                                         
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