| LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLITICOS CUBANOS DEL TIRANO FIDEL CASTRO | ||||||||
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| Desde la Carcel, "ALAS EN MI CELDA" JULIO CESAR GALVEZ. | ||||||||
| Julio C�sar G�lvez, condenado a 15 a�os. Hay momentos en la vida de las personas en que los recuerdos lejanos vienen al presente, por un hecho fortuito o inesperado que reafirma nuestras convicciones o nos hace reflexionar. En mi caso particular me ocurri� algo que voy a referirles. Fue un regalo de Dios que sirvi� para fortalecer mi esp�ritu y mi posici�n de libre pensador, a�n guardando encierro en una prisi�n oscura, estrecha y h�meda en Villa Marista, cuartel general de la Seguridad del Estado cubana. Eran alrededor de las siete de la ma�ana del s�bado 5 de abril del a�o 2003. Ya el carcelero hab�a dado el de pie, esper�bamos el desayuno, consistente en un pan muy peque�o con picadillo y un vaso de 6 onzas con leche, rara vez lleno. La celda, marcada con el n�mero 50 en la puerta, la habit�bamos temporalmente 4 hombres. Para que tengan una idea aquellos que han tenido la dicha de no pasar por esto, all� el tiempo transcurre indefinidamente.Los m�sculos se aflojan, los huesos se entumecen y el cerebro trabaja constantemente. Cuando el detenido lleva muchos d�as o meses puede llegar al l�mite de perder el inter�s por la vida. Est�bamos acostados, cada uno en su litera, a la espera de comer algo, seguir durmiendo o ser sacados de la celda para un conversatorio de rutina con el oficial investigador de la causa. Afuera aclaraba el d�a pod�amos ver la luz del sol a trav�s de los tres peque�os espacios que separaban las persianas de concreto empotradas en la pared, y que daban al exterior. Para no perder la perspectiva en nuestras vidas, discut�amos la ubicaci�n del lugar. La hip�tesis era que colind�bamos con el patio de la cocina, pues se escuchaban diferentes voces y ruidos de calderos y cacharros al ser raspados y fregados, era una forma de ejercitar el raciocinio pues no pod�amos ver absolutamente nada a nuestro alrededor. A pesar de todo, aquellas persianas eran nuestro aliciente, hab�an sido construidas de tal forma que pod�amos apreciar cuando era de d�a o de noche. En el gran patio de la "caldera del Diablo"llamado as� entre cubanos, se escuchaba el trinar de gorriones mayitos, y tomeguines y el graznar de los zorzales gato, los que alborotaban en busca de las migajas de pan y los restos de arroz que con toda intenci�n pon�amos a diario en un saliente de la ventana, el cual pod�amos tocar con la punta de los dedos de las manos y que no alcanz�bamos a ver. Acostado con los ojos cerrados pero despierto, sent� un leve golpecito sobre mi hombro izquierdo, sorprendido me sent� en la dura litera y con curiosidad mir� a mi alrededor. En el delgad�simo colch�n donde dorm�a, descubr� un tomegu�n del pinar asustado y atolondrado por el golpe. Lo tom� con mucho cuidado para no lastimar a la peque�a ave que revoloteaba tratando de escapar. Cerr� un poco mis manos para imped�rselo y poder tener la oportunidad de mirarlo detenidamente y as� gravar el momento. Examin� sus alas y las delgadas patas, al parecer no ten�a magulladuras. El animalito me miraba con ojos asustados. --�Buscabas m�s comida y te ca�ste verdad �--le pregunt� burl�n, mientras le pasaba la punta de mi dedo �ndice por la cabecita. __Seguro cay� de la persiana cuando vino a comer, f�jate en el tama�ito que tiene. Dijo Samuel levant�ndose de su litera. -Es un mensaje Julio. Agreg�. Ya todos se hab�an levantado ante la aparici�n inesperada del peque�o intruso dentro de la celda. Convencidos de que no lo retendr�amos, era necesario sacarlo y devolverlo a su medio, que regresar� a la libertad, lo que no pod�amos hacer nosotros. Fue entonces que record� a Leopoldo, el vecino de los bajos de mi casa, all� en la calle Tamarindo en Santo Su�rez. Tendr�a yo unos 8 a�os cuando acostumbraba recostarme al muro que daba al patio de Leopoldo. Ten�a decenas de pajareras llenas de canarios, sinsontes, azulejos, tomeguines del pinar, petirrojos y negritos. El mismo cuidaba de sus prisioneros. Limpiaba las jaulas temprano en las ma�anas, siempre comenzaba por una enorme jaula donde conviv�an 40 periquitos de diversos colores. Muchacho al fin, me encantaba verlos, era un espect�culo hermoso. Pero en honor a la verdad, los prefer�a libres, no me agradaba verlos en cautiverio me pon�a en su lugar y la idea me espantaba. Dios hizo las alas para volar y no para estar cautivo, el derecho a la libertad es para todos los seres vivos que habitan la tierra. Un d�a, mirando hacia m�, Leopoldo me dijo furioso: --Hoy los voy a soltar a todos, �Est� bueno ya � Es demasiado trabajo, llevo a�os en esto y total para nada.. Y de la palabra al hecho, comenz� a abrir jaula por jaula. __? Te volviste loco-gritaba Pancha, la esposa de Leopoldo, gesticulando nerviosa y llev�ndose las ma-nos a la cabeza. -- �Yo los suelto a todos y se acab�! Contesto m� vecino. --No seas anormal, llevan mucho tiempo en cautiverio, no est�n acostumbrados a vivir por si solos. Su�ltalos poco a poco dentro del patio hasta que se acostumbren y no mueran. -Prosegu�a diciendo la mujer insultada La escena que presenci� pueden imaginarla. El cementado patio interior se colm� de asustadas aves que aturdidas saltaban y aleteaban de un lado para otro, sin rumbo fijo. Estaban desorientadas. Unas fueron hacia una vieja mesa, otras a la azotea de la casa contigua, los m�s osados llegaron hasta la acera. Algunos que alcanzaron la calle sin volar fueron aplastados por un cami�n que pasaba. Me retir� para no seguir viendo aqu�l espect�culo dantesco. Cuentan los vecinos que los gatos tuvieron alimento por varios d�as, pues aquellos animalitos no atinaron a irse de los alrededores de la vivienda de Leopoldo y Pancha. Siempre pens� que tal vez los m�s fuertes y valientes pudieron luchar y alcanzar la libertad Han pasado m�s de 50 a�os de este aciago suceso. Yo jur� que nunca tendr�a animales enjaulados. Se escuch� una �spera voz que me sac� de mis recuerdos: --- �Y eso que es? �Que hacen ustedes � -- pregunt� uno de los custodios, asom�ndose al mirador de la celda. --Un regalo del cielo.-respond�. El hombre mir� detenidamente el interior de nuestra jaula y dijo:--Est� bonito, pero saqu�nlo inmediata-mente, seguro entr� por la rendija de la ventana. --�Seguro! Dijimos casi al un�sono y sin ponernos de acuerdo. Mir� por �ltima vez a mi ef�mero amigo, me pegu� a la pared, y por el peque�o espacio de una de las persianas coloqu� el tomegu�n, dej�ndolo caer suavemente por el alero donde a diario ech�bamos las migajas de pan y los restos de arroz. Sent� alivio y fue como si parte de mi se fuera en busca del aire fresco de la libertad. Nos miramos y sonre�mos satisfechos, creo que mis compa�eros experimentaban lo mismo que yo. Han pasado los meses. No se donde se encuentran los hombres que estaban conmigo en la celda 50 de Villa Marista. Estoy condenado a 15 a�os, precisamente por escribir sobre lo que podr�a ser la libertad para los cubanos, pero ese d�a confirm� aun m�s, que nunca me faltar� el mensaje alentador y esperanzador de Dios, ya en forma de alas o de aire fresco. Julio Cesar G�lvez Rodr�guez, nacido el 22 de agosto de 1944 en Ciudad de La Habana. Comenz� su vida laboral en Diciembre de 1959 como Inspector de �mnibus de la desaparecida Cooperativa de �mnibus Aliados, siguiendo una tradici�n familiar. Graduado como Entrenador en Levantamiento de pesas en 1967. Graduado en la Escuela Superior de Educaci�n F�sica en 1972. Comentarista y Corresponsal Deportivo a partir de 1972. Graduado del Curso de Narraci�n Deportiva en 1976. Evaluado como redactor por la Comisi�n Nacional de Prensa en 1982. Graduado de Redactor Publicitario de 1983. Curso de postgrado de Teor�a de la Informaci�n y la Comunicaci�n en 1984. Postgrado Est�tica marxista y la Cultura en 1986. Ponente en la Conferencia Internacional sobre Arquitectura y Desarrollo Cultural. Realizada en el Instituto Superior de Arte en 1986. Graduado como Licenciado en Cultura F�sica en 1987. Graduado Curso De T�cnicas Narrativas por la Fundaci�n Alejo Carpentier. Obtuvo en febrero del 2001 una evaluaci�n de excelente por un diplomado realizado por el Instituto Internacional de Periodismo Jos� Mart�. Vida Laboral Redactor Deportivo en la emisora COCO. Jefe de turno de Redacci�n en la emisora COCO. Jefe de Turno de Redacci�n en la Emisora Radio Ciudad De La Habana. Director y redactor del Noticiario de la Emisora Radio Ciudad de La Habana. Redactor y Director en la emisora de Radio Progreso. Julio C�sar G�lvez es miembro de la Sociedad de Periodistas Manuel M�rquez Sterling. -37- y -38- |
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