ADIOS SOLEDADAD
Escrito de
Rogelia Castellon
Rogelia Castellon Dr. Oscar Elias Biscet
NOTA.- Este escrito fue publicado en el Diario Las Americas del Condado Miami-Dade. La autora, nada mas como referencia pues meritos propios tiene, es la madre de la famosa analista politica Ninoska Perez Castellon. Espero les complazca a todos. Gracias.
Diario Las Americas
Publicado el 06-07-2007
                                                

Hoy escribo esto porque me parece injusto el silencio, envolviendo a nuestros prisioneros pol�ticos. Porque no veo voces con poder luchando por ellos, porque Oscar El�as Biscet a�n vive dentro de ese silencio triste.

Pienso mucho en los cubanos, mis hermanos de isla. Todos son prisioneros del dolor de no ser libres. Los m�s cercanos a mi coraz�n son los presos pol�ticos, casi siempre abandonados a su mala suerte. Muchas voces del mundo libre no los nombran, no los defienden, no usan los privilegios de sus voces escuchadas, para ayudar a liberarlos.

Hoy me detengo en el silencio de una c�rcel cubana y puedo ver las marcas del crimen al cual est� sometido cada prisionero pol�tico cubano �Son tantos, y son tantas las heridas!

Y pregunto, �por qu� se�or por qu�? �Por qu� tantos no comprenden y permanecen indiferentes al drama cubano? Quiz�, porque cierran sus o�dos a las voces denunciando las torturas, el dolor callado, y los cr�menes escondidos entre las piedras del interminable pared�n castrista. Aqu� los puedo ver. Cierran los ojos para sentir el silencio de la soledad llev�ndolos por caminos de sue�os malogrados. Extienden sus brazos para recibir un abrazo colgado en el aire. Pero el abrazo, no llega para borrar ese mundo de tristezas visto y sentido en estas celdas. Cada hombre est� acompa�ado por Soledad. Si te acercas a ellos y les hablas puedes ver una casi sonrisa, buscando los labios de un hombre, siempre esperando o�r alguna voz amable, alguna voz querida. Entonces quisiera decirle �Estoy a tu lado, quiero abrazarte!

Entro en una celda muy oscura y me acerco a su ocupante. La tiran�a no permite la entrada de la luz, cree alejar sus pensamientos de esa manera. �Tontos! No reconocen a los so�adores. Ellos no necesitan ver luces ni para so�ar, ni para pensar, ni para amar las ideas. Siempre van a continuar siendo libres, pero sus verdugos no lo saben. Conozco a su ocupante. Su nombre es Oscar El�as Biscet. Un hombre vertical. Mantiene la entereza que un d�a lo trajo a esta c�rcel acusado de no respetar a la bandera cubana. �De no respetar a la bandera por la cual estaba entregando su libertad! La bandera usada por �l, como s�mbolo de protesta en favor de los derechos de todo un pueblo. Biscet, no se lamenta, no lanza una queja, parece como si el dolor no lo tocara. Sigue siendo un hombre protesta y muchas veces es un hombre silencio. Al mirarlo, presiento su gran deseo, quiere ver alg�n d�a a nuestro pueblo en libertad. En ese d�a volver� a hablar y a llevar en sus manos la bandera cubana, pero entonces sin protesta, solamente la mostrar� al mundo como s�mbolo de amor y de rebeld�a.

Mir�ndolo aprendo mucho de sus dolores callados, de sus sonrisas tristes y sobre todo de sus silencios a los cuales no puedo llegar, porque est�n con �l, para ser escuchados por Dios, para pedir que Oscar El�as Biscet pueda continuar recibiendo de su bondad infinita la fortaleza necesaria para soportar los efectos de una tiran�a, la cual lo oculta y lo maltrata porque le tiene miedo. El r�gimen sabe de la fuerza de este hombre creyente, sabe de sus palabras alentadoras. �S�, le tiene miedo! �Por que? Sencillo, conoce la verdad de este hombre, hecho para alertar al pueblo esclavo, para hablar con las palabras esperadas por los amantes de la patria libre.

Aqu�, en esta c�rcel, existen muchos hombres viviendo solamente en soledad o debo decir con Soledad la compa�era eterna, siempre al lado de cada uno de ellos para ayudarlos a recordar sus vidas y sus sue�os de vivir en cada primavera la alegr�a de encontrar d�as con futuro. Ellos han sido condenados por diferentes acciones.

Detr�s de todos hay una verdad, los han condenado porque han enfrentado a la tiran�a. Los han condenado por hablar. Los han condenado por ser los hombres de la verdad. Hay palabras ausentes en estas celdas. Paz y libertad, amor y compa��a, pan y palabras. Palabras lindas con sabor a lejan�a. Los prisioneros desean nuestra presencia porque nos ven como a hombres y mujeres libres capaces de alejar a Soledad, siempre culpable de ausencias. No hab�a pensado mucho en la tristeza de vivir en silencio. De vivir en un silencio impuesto por la fuerza de las bayonetas. Ahora, cuando ya lo comprendo quiero luchar para borrar la palabra del diccionario de una Cuba nueva. Vivir� buscando palabras capaces de mostrar compa��a y amor y alegr�a.

Pienso en Biscet, y veo solamente en todo el precio pagado por �l y por los otros prisioneros en sus deseos de entregar la palabra m�gica, a un pueblo despojado de sus derechos. No quiero nombrar sus dolores porque ellos no hablan de ese tema. Espero solamente por el momento en el cual puedan todos repetir hasta el cansancio la palabra sue�o: libertad.

Pienso en el tirano y le digo. Vas a morir perseguido por el recuerdo de los hombres a los cuales mataste o encarcelaste, para sentirte rey. Vas a morir acompa�ado por el desprecio de los cubanos. Vas a morir con Soledad acompa��ndote en tu partida.

Biscet, tambi�n pienso mucho en tu alegr�a a la llegada del momento esperado, cuando escuches a una mano amiga tocando a la puerta de tu celda para decirte:

�Ya eres un hombre libre!

Te traigo la alegr�a de haber alejado a Soledad para siempre.
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