CINCO
REQUISITOS
Un hombre fue llevado bastante enfermo hasta la sala de urgencias de un
hospital. Dentro de este moderno local de atención medica que estaba atiborrada
de todos los aparatos y enseres necesarios para la atención de la salud física,
ya lo esperaba un grupo de -especialistas listos para cualquier imprevisto que
surgiera; había médicos urgenciólogos, enfermeras especializadas, alteros de
medicamentos, aparatos funcionando, una plancha dispuesta con todo lo necesario
en el centro... Y más al fondo una puerta abierta en donde se podía apreciar
una escalinata intensamente iluminada y en el piso, antes del umbral, un cesto
de basura.
Conforme introdujeron al hombre en la camilla fue levantado en vilo y
puesto sobre la fría plancha a la que sintió como hiriente hielo.
Inmediatamente después le colocaron todo tipo de agujas, tripas y tuberías por
todo el cuerpo y mientras prácticamente sobre él se hacían toda suerte de
cosas, le voltearon la cabeza sobre un costado y quedo con la vista fija sobre
el fondo de aquella sala, y de nuevo observó la puerta que tenía la escalera
iluminada asasmente, y por fuera el oscuro bote de basura. Ahora los pudo
observar con detenimiento y alcanzó a ver en cada uno de ellos algo escrito.
Mientras que aquel personal le hacía y le tornaba cualquier
clase de peripecias, le invadió un suave y dulce sopor que no pudo
explicarse y, acto seguido comenzó a escuchar cada vez mas lejos la voz de
médicos y enfermeras y ese molesto y agudo “bip, bip”, de los aparatos que de seguro tendría conectados a su
cuerpo. Ya con mayor tranquilidad se dispuso a ver de nuevo aquellos letreros
procediendo a darles lectura.
El letrero de la puerta estaba encabezado por la
palabra “salvos” y enseguida se leía: Mt. 24:13 “mas
el que persevere hasta el fin, este será salvo”.
Volteo de pronto al cesto de basura del piso, en donde
bajo la expresión “no salvos” se leía: Mt. 7:23 “y
entonces declarare: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.
El darse cuenta del contenido de ambos letreros le
estremeció el alma. -en estos momentos nadie se puede engañar a si mismo- se
repetía. Al fondo, muy lejos y con apagado eco escucho: -“hicimos lo posible,
avisen a sus familiares”-.
—o—
Aquí cabria pensar si la anterior historia debe o no
tener como final la palabra “continuará...” Los salvos van a la luz, pues el
Señor ya tiene preparada la morada celestial reservada como herencia a quienes,
como dice el apóstol Pedro en su primera epístola universal cap.
1, versículos 4 y 5 “..reservada en los cielos
para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para
alcanzar la salvación...”
Por contraparte, el símbolo manifiesto del cesto
oscuro es para los no salvos; aquellos que por cualquier cantidad de circunstancias,
al no aceptar la oferta de salvación del Señor como lo dice el Judas en su
carta, en el versículo 13, se convierten en “...estrellas errantes, para
las cuales esta reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.”
Para el personaje de la historia solo había cinco
pasos de la plancha a la puerta de salvación; cierto, también eran cinco pasos
hasta el bote oscuro de los ‘no salvos’. En nuestra existencia, igualmente
encontramos cinco pasos que hacen la diferencia entre la salvación o la condenación
eternos. La palabra de Dios manifiesta en las sagradas
escrituras nos aclara cada uno de esos cinco pasos, la diferencia estriba en
obedecerlos o no; a
saber:
1) oir la palabra de Dios,
2) creer en ella de todo corazón,
3) arrepentirse
del pecado para iniciar una nueva
vida;
4) confesar a
Cristo Jesús como Señor de tu vida; y
5) bautizarse
por inmersión, que es la forma
correcta, en el nombre (la autoridad ) de Jesucristo
para recibir el Espíritu Santo y el perdón de sus pecados.
Si lo puedes llevar a cabo; es decir, si realizas
estos cinco sencillos pasos y después de ello te conservas fiel a nuestro Señor
y Dios, en el nombre de su unigénito Cristo Jesús, ten por seguro que la salvación
es tuya. ¿qué otra cosa puede haber más importante
para tí mismo, que tú mismo?, que tu salvación.
Recuerda lo que dice Mateo en el capitulo 6, versículo 33 de su evangelio:
“mas buscad primeramente el reino de dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
GUADALAJARA, JULIO DE 2004
SERGIO OCHOA AGUILERA
Miembro de la congregación en Yañez